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Capítulo 2 – Toque Impuro

Auteur: King'sLight
last update Date de publication: 2026-07-24 11:54:21

Aunque siempre supo que su marido no la amaba y que se había casado con ella por obligación, nunca imaginó que podría traicionarla de esa manera.

Un dolor agudo atravesó su brazo derecho mientras los recuerdos de aquel día, hace cinco años, inundaban su mente.

Era una chica pobre que había crecido con su abuelo.

El día que conoció a Lucas, había acudido a la audición abierta de Casa Delgado para el puesto de diseñadora de moda, una habilidad que se había dedicado a perfeccionar toda su vida tras terminar el bachillerato, ya que su abuelo no podía permitirse enviarla a la universidad.

Tuvo la suerte de estar entre las cinco finalistas seleccionadas para la ronda final de la audición.

Aquél día estaba buscando el baño cuando vio a alguien fotografiar a una pareja perdida en un beso apasionado.

Ni siquiera se habían dado cuenta de que habían dejado las persianas abiertas.

Cuando descubrió que el hombre era el joven heredero de Casa Delgado, se enfrentó a la mujer, que resultó ser una fotógrafa paparazzi disfrazada de una aspirante a la audición.

Para Natalia, no se podía permitir que un escándalo de paparazzi arruinara la reputación de Casa Delgado y perjudicara sus beneficios. Era la oportunidad de su vida y estaba convencida de que sería ella la elegida.

La pelea terminó atrayendo a Lucas al lugar. Pero cuando él llegó, la paparazzi ya había apuñalado la muñeca derecha de Natalia con el filo cortante de una botella rota.

Después de la cirugía, el médico le informó que había sufrido un daño nervioso grave en la mano.

Había perdido la capacidad de agarrar o sostener cualquier cosa, incluso un lápiz para dibujar.

Para ella, eso significaba el fin de su carrera y de la vida con la que siempre había soñado. Significaba que no le quedaba ninguna otra opción.

Lucas estuvo allí todo el tiempo. Sabía que todo era su culpa y se sentía profundamente culpable. No dejaba de recriminarse por haber sido tan descuidado.

Ella esperaba algún tipo de compensación, pero dos días después, él le hizo una oferta aún más tentadora: le propuso matrimonio.

Más tarde descubrió que su abuelo, el señor Álvaro Delgado, le había prometido entregarle Casa Delgado si se casaba, y por eso la eligió a ella.

Aunque solo quería conseguir un buen trabajo y convertirse en la mejor diseñadora de moda de Madrid, vio una oportunidad aún mejor y no dudó en aprovecharla.

Después de todo, pensó que ese sueño ya no era posible ya que había perdido la capacidad de dibujar.

Desde que se casaron, él le había dado una asignación mensual, se había encargado de todas sus necesidades y le había proporcionado todo lo que siempre había deseado. Nunca le faltó nada.

Lo único que le pedía era hacer creer a todo el mundo que tenían un matrimonio feliz, y ella había interpretado ese papel a la perfección.

Pensó que sería un papel fácil de representar, pero la amabilidad de Lucas fue ganándose poco a poco su corazón, y empezó a anhelar su afecto, lo único que él nunca podría darle.

Ni siquiera la tocaba… hasta aquella noche en la que hicieron el amor y susurró el nombre de Elena.

Él siempre había satisfecho sus deseos con una de sus amantes secretas, pero Natalia fingía no saber que le había sido infiel durante todo su matrimonio.

Mientras él siempre volviera a su lado, creía que sería capaz de aguantarlo.

Había planeado darle un gran regalo por su quinto aniversario de bodas. Quizá eso ablandaría su corazón y le haría verla de otra manera. Pero después de lo que acababa de oír, comprendió que no servía de nada.

Se secó las lágrimas, retocó su maquillaje en el vestidor de su hijo y regresó al gran salón de baile, donde retomó el papel de esposa feliz, aunque hacía todo lo posible por contener las lágrimas.

Unos cinco minutos después, Lucas regresó por la puerta lateral acompañado de Elena.

—Hola, Natalia —la llamó dulcemente, apartando la atención de las dos mujeres con las que estaba hablando.

Llevaba una amplia sonrisa en el rostro mientras volvía a rodear su cintura con el brazo.

Su tacto le provocó una profunda repulsión, pero sabía que debía controlar su ira. No podía permitirse montar una escena y arruinar la reputación de Lucas.

—¿Dónde has estado? Te he estado buscando —preguntó Natalia, forzando una sonrisa.

—Oh, hemos estado en el jardín —respondió Lucas con calma—. Solo hablábamos sobre el próximo desfile de moda.

—Elena es la diseñadora de moda de nuestra empresa. Estábamos intercambiando algunas ideas.

Sus palabras la atravesaron como cuchillos, hundiéndose cada vez más en su corazón, hasta que la sonrisa en su rostro no fue más que una máscara vacía.

No podía creer que fuera capaz de mentirle con tanta facilidad, sin siquiera parpadear.

Fue entonces cuando comprendió que se había aferrado a un sueño vacío. Ni siquiera sabía cuándo su piel había empezado a sentir hormigueo al tacto de Lucas.

Lucas se inclinó ligeramente hacia ella, estudiando su rostro.

—¿Estás bien, Natalia? —preguntó, fingiendo preocupación en su voz.

—Hacen una pareja encantadora —comentó una de las mujeres con una amplia sonrisa.

—Tienes mucha suerte de tener un marido que se preocupe tanto por ti —añadió la otra mujer.

Pero solo Natalia conocía la verdad.

No aguantaba más. Necesitaba irse.

—De repente no me siento muy bien —mintió, alejándose por completo de su sucio tacto—. Creo que necesito descansar un poco.

Ni siquiera esperó su respuesta antes de marcharse. Mientras caminaba, escuchó de pasada a las dos mujeres comentar que ella se quedaba en casa todos los días disfrutando de la fortuna de su marido.

Esas palabras solo le echaron sal en la herida. Ninguna de las dos entendía realmente todo lo que ella había sacrificado para quedarse en casa y convertirse en su esposa.

Se dirigía hacia la habitación que compartía con Lucas cuando vio a Elena en el balcón hablando por teléfono. Tenía la espalda hacia ella y miraba hacia el jardín.

Solo verla hizo que su sangre hirviera. Caminó decididamente hacia ella. Iba a enfrentarse a ella.

Pero, cuando se acercó lo suficiente, las palabras que alcanzó a oír la hicieron detenerse en seco.

—Me compró el mismo reloj como regalo de bienvenida —exclamó Elena con entusiasmo.

Natalia podía oír la emoción en su voz.

—Me encanta. Es exactamente el mismo reloj que publiqué en mi muro hace unos días, diciendo cuánto lo quería.

Los puños de Natalia se apretaron con fuerza a sus lados, mientras su pecho subía y bajaba por la rabia que apenas podía contener.

Justo cuando pensó que ya había oído suficiente, Elena continuó:

—De los cinco que enviaron a Madrid, él consiguió el último para mí.

Natalia frunció el ceño.

—Me dijo que su esposa quería ese mismo reloj como regalo de aniversario, pero me lo dio a mí y le compró la versión más barata.

—También me dijo que ella nunca se enteraría, porque es analfabeta.

Las palabras golpearon a Natalia como un martillo y sus ojos se agrandaron. En un instante, toda la determinación que había reunido se desvaneció.

Las palabras de Elena vinieron acompañadas de una risa burlona, que solo avivó la furia que ardía en el pecho de Natalia.

No podía creer que su marido pudiera faltarle al respeto de esa manera.

Se dio la vuelta y se apresuró a salir. Elena la miró y una sonrisa satisfecha se extendió por sus labios.

Natalia corrió de vuelta a la habitación de su hijo, donde había dejado el paquete, y vació su contenido sobre la cama.

Al abrirlo, el sonido de sus latidos resonó en sus oídos en cuanto su mirada cayó sobre el brillante reloj de oro.

Lo tomó con dedos temblorosos y, al sostenerlo en su mano izquierda, casi no pesaba.

Lo acercó a su rostro, buscando el grabado en uno de sus lados que diferenciaba el original de la imitación, y su corazón se detuvo.

Elena tenía razón.

Lucas le había comprado la imitación… a su propia esposa.

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