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ES DEMASIADO TARDE PARA AMARME AHORA
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Auteur: King'sLight

Capítulo 1 – Traicionada

Auteur: King'sLight
last update Date de publication: 2026-07-24 11:52:36

—Lucas, ¿dónde estás? —La voz de Natalia tembló mientras se cubría un oído con la mano derecha, intentando ignorar la música de la orquesta y las voces suaves de los invitados.

Se había apresurado hacia un rincón tranquilo de la gran sala, ahora llena de invitados y socios comerciales reunidos para celebrar su quinto aniversario de bodas.

—Acabo de llegar. Estaré ahí pronto —respondió Lucas con voz tranquila y serena.

Una gran sensación de alivio inundó a Natalia, y la tensión de sus hombros se relajó.

Asintió como si él pudiera verla y terminó la llamada. Dejó escapar lentamente el aire para calmar sus nervios antes de regresar junto a una invitada.

Se sintió mucho más tranquila, sabiendo que su esposo se encargaría de los invitados, especialmente porque no conocía a ninguno de ellos.

—¿Quién es esa? —preguntó la mujer con la que había estado hablando en cuanto regresó, con una amplia sonrisa en el rostro.

—¿Quién?

Instintivamente, siguió la mirada de la mujer hacia la entrada.

La sonrisa de Natalia se congeló cuando vio a una mujer con un vestido rojo ajustado acercándose de la mano de Lucas Delgado.

La reconoció al instante.

Más de una vez, había sorprendido a su esposo mirando su foto en el teléfono a altas horas de la noche.

—Es una amiga —le había dicho su esposo cuando ella preguntó quién era. No podía insistir más, ya que él ya había dicho que era solo una amiga.

Además, ellos no tenían ese tipo de relación.

—Hola, Natalia —la saludó la mujer al detenerse frente a ella—. ¡Feliz aniversario!

Tenía una sonrisa radiante que dejaba al descubierto unos dientes blancos perfectamente alineados.

Los latidos de Natalia resonaron con más fuerza que la suave música que flotaba por la sala mientras un miedo frío se asentaba en su corazón.

Forzó una sonrisa, luchando por mantener la compostura.

Los invitados están mirando, se recordó.

Así que aceptó el apretón de manos de la mujer.

—Gracias —murmuró.

—Natalia —la llamó Lucas cariñosamente. Se inclinó hacia ella y la besó en la mejilla—. ¡Feliz aniversario para nosotros!

Le ofreció una bolsa de regalo, mirándola con una sonrisa tranquila.

El gesto de Lucas la conmovió.

Quizá estoy pensando demasiado las cosas, pensó.

—Quiero presentarte a mi amiga, Elena —añadió Lucas, volviéndose hacia ella con ojos tiernos—. También es mi socia comercial.

Aquellas palabras casi hicieron que Natalia perdiera el equilibrio. Sus ojos se abrieron de par en par.

¿Cómo podía olvidar ese nombre?

Era el nombre que su esposo había susurrado cuando llegaron al clímax la única vez que hicieron el amor.

¿Fue amor o un error?

Una noche, él llegó a casa borracho. Ella lo ayudó a cambiarse de ropa y cuidó de él, sin esperar nada a cambio.

Pensó que sería como una de sus noches habituales, en las que dormían en extremos opuestos de la cama, fríos y solitarios, pero él la abrazó.

La atrajo hacia él y hicieron el amor.

Fue una noche apasionada que nunca olvidaría.

Era imposible que la olvidara porque era la única vez que él la había tocado.

Había esperado que aquello pusiera fin a la incomodidad entre ellos y los acercara aún más, ya que aquella noche él se había entregado a ella.

Pero cuando llegó al clímax, un nombre escapó de sus labios. No era el suyo.

En ese momento, Natalia se dio cuenta de que él no había hecho el amor con ella. La había utilizado como sustituta de Elena.

Habría odiado aquella noche para siempre si no le hubiera dado un hijo, lo cual era un consuelo para ella.

Con Elena de pie frente a ella, temía estar a punto de perder a Lucas, aunque él nunca le había pertenecido realmente.

Fue el brazo de Lucas rodeando su cintura lo que la hizo volver al presente.

Se volvió y vio una sonrisa en su rostro.

—Vamos, saludemos a nuestros invitados —dijo cálidamente.

Su sonrisa la tranquilizó un poco y volvió a pensar que quizá estaba exagerando.

Tal vez ya había superado a Elena, pensó.

¡Quizá solo eran amigos y socios comerciales, tal como él le había dicho!

Se acercaron a los invitados y, cada vez que lo hacían, Lucas la presentaba con confianza como su esposa, lo que la reconfortaba enormemente.

Llegaron hasta un grupo de dos mujeres que rápidamente la envolvieron en una conversación.

Lucas aprovechó la oportunidad para disculparse y marcharse.

Natalia estaba tan absorta en la conversación que, para cuando terminó de hablar con las dos mujeres, Lucas ya se había ido.

Se dirigió hacia el jardín, esperando encontrarlo allí.

Tal vez salió para atender una llamada, pensó, pero no estaba allí.

De alguna manera, logró llegar hasta el dormitorio.

Quizá fue a cambiarse de ropa, se dijo.

Pero justo cuando estaba a punto de girar el pomo de la puerta, escuchó su voz desde el interior.

Lo sabía; su sonrisa se ensanchó. Pero las siguientes palabras que escuchó la dejaron paralizada.

—Te he extrañado muchísimo —murmuró Lucas, con la voz quebrándose de emoción—. No puedes imaginar lo difícil que ha sido vivir sin ti.

Su corazón dio un vuelco cuando escuchó el inconfundible sonido de un beso.

—Estoy tan feliz de que hayas vuelto.

Sus latidos retumbaban en sus oídos con cada segundo que pasaba mientras permanecía inmóvil junto a la puerta cerrada.

Pero rechazó todos los pensamientos, negándose a aceptar lo que acababa de escuchar, hasta que oyó la voz de una mujer.

—He vuelto y he venido para quedarme para siempre —murmuró entre besos.

Aquellas palabras la golpearon con fuerza, atravesándole el corazón hasta que sintió que se hacía añicos.

La reconoció de inmediato; era Elena.

Entonces, los suaves gemidos de Elena llegaron a sus oídos, seguidos por el nombre de Lucas y sus súplicas desesperadas para que no se detuviera.

Justo allí... en su habitación... en su cama... su esposo la estaba engañando.

Sintió un nudo doloroso en la garganta.

Su mano izquierda tembló sobre el pomo de la puerta; el aire a su alrededor se volvió helado. Quería irrumpir y despedazar a Elena, pero no podía. Ni siquiera tenía el valor para hacerlo.

Estaba tan devastada que no podía moverse ni un centímetro.

Además, se recordó a sí misma:

¡Eran invitados en la casa!

¡No debería exponer públicamente su sucia aventura!

Todavía tenía que proteger su reputación.

Parpadeó para contener las lágrimas que nublaban su visión y, justo cuando estaba a punto de alejarse de la puerta, las siguientes palabras que escuchó destrozaron los fragmentos restantes de su corazón.

—No me habría casado con ella si no te hubieras ido a Nueva York y me hubieras dejado devastado. Eres la única mujer que he amado.

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