Home / Romance / Edificando nuestro amor. / C7-Cuando todo se derrumba.

Share

C7-Cuando todo se derrumba.

Author: Andry07
last update publish date: 2026-10-17 08:05:36

ANARELA

No podía dejar de sonreír.

Después de tantos años de esfuerzo, noches enteras estudiando, trabajos interminables y exámenes que parecían no tener fin, finalmente estaba a pocos meses de conseguirlo.

Mi título.

Mi graduación.

Mi sueño.

—¡No puedo creer que lo logramos! —exclamó Samantha frente a mí, levantando su vaso.

Solté una carcajada.

—Todavía no nos graduamos.

—¡Eso es lo de menos! Terminamos el último año con excelentes calificaciones. Además, tú volviste a ser l
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • Edificando nuestro amor.   C29-Japon.

    El trayecto hasta el hotel fue otra experiencia inolvidable. No podía dejar de mirar por la ventanilla. Sin poder creer que hacía solo unos meses estaba limpiando baños ajenos y ahora me encontraba allí, en Japón. Sentada en un vehículo que me llevaba hacia uno de los proyectos tecnológicos más interesantes de mi vida, aunque fuera en calidad de secretaria. No era exactamente como lo había imaginado, pero tampoco podía negar que me sentía feliz. —¿Siempre miras todo con tanta atención? —preguntó Raúl desde el asiento de al lado. Me volví hacia él. —¿Cómo? —Los edificios. Las calles. Las estructuras. Llevas todo el camino observándolos como si estuvieras estudiando. Me encogí de hombros. —Es una costumbre. Me gusta la arquitectura. —Lo sé. Lo ví en los documentos que preparaste. Tienes buenas observaciones. —Gracias —murmuré. —No tienes que agradecerme por decir la verdad. Antes de que pudiera contestar, Ramsés intervino desde el asiento delantero. —Espero que también ob

  • Edificando nuestro amor.   C28-El viaje.

    —Mami, ¿por qué tienes esa cara?Bajé la mirada y encontré a Randall observándome con sus enormes ojos curiosos.—¿Qué cara, mi amor?—Esa —respondió, señalándome la frente—. Tienes muchas rayitas aquí.No pude evitar sonreír.—¿Ah, sí? ¿Y sabes por qué?Randall negó con la cabeza.—Porque estoy pensando en muchas cosas.—¿En cosas buenas?Me senté a su lado y le acomodé un mechón de cabello que le caía sobre la frente.—En algunas buenas y en otras no tanto.Mi pequeño guardó silencio unos segundos, como si estuviera reflexionando sobre aquella respuesta.—Cuando yo pienso en cosas que me ponen triste, la tía Samy me da chocolate.—¿El chocolate te hace sentir mejor?—Sí, siempre.—¡Ah, con que esas tenemos! Ahora entiendo por qué te gusta tanto quedarte con ella.Randall rio y se acurrucó contra mi brazo.Aquella escena me hizo sentir una mezcla de ternura y tristeza. Dentro de unas horas tendría que dejarlo para viajar a otro continente. Aunque sabía que estaría bien con Samantha,

  • Edificando nuestro amor.   C27-El hada de los dientes.

    ANARELA El lunes comenzó con una taza de café que se había enfriado por culpa de tres informes pendientes y una lista interminable de tareas que, por alguna razón, parecían multiplicarse. A veces me preguntaba si realmente trabajaba como secretaria o si, en realidad, me habían contratado para resolver todos los problemas que los demás no querían atender... Estaba terminando de organizar una carpeta cuando Raúl apareció frente a mi escritorio. —Buenos días. Levanté la cabeza. —Buenos días, señor. ¿Necesita algo? —¿Tienes unos minutos? Su tono me hizo dejar el bolígrafo sobre la mesa. —Por supuesto. Se apoyó ligeramente en el borde de mi escritorio y miró los documentos. —¿Cómo vas con los informes? —Estoy terminando los de la semana pasada. Después debo organizar los contratos de los proveedores. Raúl se incorporó y cruzó los brazos. —Bueno, vine a informarte que esta semana tenemos que viajar a Japón. Parpadeé. —Ramsés, Víctor y yo debemos visitar las instalaciones don

  • Edificando nuestro amor.   C26-¿Andas dejando hijos regados por ahí?

    RAMSÉS. *Sonido de vasos chocando* —Salud —decimos al unísono. —Te juro que, si vuelves a mirar el teléfono, voy a quitártelo y a lanzarlo por la ventana —amenazó Víctor, señalándome con su vaso de whisky. Levanté la mirada de la pantalla y bloqueé el teléfono. —¿Puedes dejar de pensar en el trabajo por un momento? —intervino Raúl. Los observé a ambos con expresión aburrida. —¿Podemos hablar de otra cosa? —pregunté. —Por supuesto —respondió Víctor con una sonrisa sospechosa—. Hablemos de tu inexistente vida amorosa y de cómo te refugias en el trabajo para no admitir que estás solo. Raúl soltó una carcajada. —Tiene razón. A este paso, la única mujer que vas a tener cerca será Bianca. Negué con la cabeza, con una leve sonrisa. Aquello era precisamente lo que necesitaba: una noche tranquila, unas copas y sus bromas estúpidas. Y de la nada, su nombre apareció en mi mente como una provocación. «Anarela». Apreté la mandíbula y bebí un sorbo de whisky. —¿Qué te

  • Edificando nuestro amor.   C25-Demasiadas conincidencias.

    La comida llegó unos minutos después. Randall comenzó a comer con entusiasmo, aunque de vez en cuando interrumpía su almuerzo para contarle a Ramsés alguna historia de la guardería. —Hoy pintamos un árbol —explicó, levantando su tenedor—. Pero no me quedó bien. —¿Por qué dices eso? —Me salí de las líneas. Ramsés se encogió de hombros. —¿Y quién dijo que todos los árboles tienen que verse iguales?, de vez en cuando es bueno salirse de las líneas. Randall lo miró con curiosidad. —¿No tienen que ser iguales? —Claro que no. Los árboles tienen que ser asimétricos, diferentes. Si todos fueran iguales, el mundo sería bastante aburrido. Mi hijo sonrió. —Entonces mi árbol está bonito. —Estoy seguro de que sí. Me mordí el interior de la mejilla. —¿Y tú qué haces en tu trabajo? —preguntó Randall. Ramsés dejó los cubiertos sobre el plato. —Diseño edificios. —¿De juguete? —No exactamente Randall abrió los ojos. —¿Edificios de verdad? Ramsés asintió y mi hi

  • Edificando nuestro amor.   C24-Otra versión.

    Era miércoles por la mañana y habían pasado días desde aquel beso que me hacía temblar el estómago cada vez que lo recordaba. Y, curiosamente, desde aquel sábado Ramsés no había vuelto a molestarme. Ni una llamada, ni una montaña de documentos que no me correspondían, ni una de sus desagradables observaciones sobre mi capacidad para hacer mi trabajo. Nada. Al principio, pensé que se trataba de una trampa. Quizá estaba esperando el momento oportuno para hacerme pagar por haberle plantado cara en su propia casa. Sin embargo, los días transcurrieron sin incidentes. No sabía si sentirme aliviada o preocupada. —Esto es demasiado extraño —murmuré mientras organizaba unos documentos en mi escritorio. Suspiré. Quizá Ramsés finalmente había decidido dejarme en paz. Tal vez el beso había sido un error que él también prefería olvidar. Después de todo, me había pedido que me marchara, y antes de irme yo le había dejado claro que no volvería a acercarme a él si no era estrictamente

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status