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Capítulo 96

Penulis: Ámbar O.
Hasta ese momento, Rafael solo se había arrepentido de dos cosas en su vida.

La primera fue hace cinco años.

La segunda era lo que pasaba ahora. No debió haberle hecho caso a Vanessa ni esperar a que ella terminara su compromiso con Alexis para hacer público su matrimonio.

Si todos supieran que ya estaban casados, ¿quién se habría atrevido a ponerle un dedo encima?

Sergio se quedó pasmado por un segundo.

—¿Están casados?

Rafael levantó la mirada y respondió sin ganas:

—¿Te parece extraño?

“¡Pues
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    El resentimiento de Yolanda hacia Natalia también fue en aumento, hasta el punto de hacerle desear que desapareciera de este mundo para siempre. Pensando en todo eso, se compadeció aún más de Alexis y, tras salir de la residencia, fue al hospital.En la habitación, Alexis aún tenía la cabeza vendada con gasas; su rostro apuesto se veía demacrado y consumido, y se le detuvo el corazón al verlo.—Mírate. Sufriste una y otra vez por culpa de Vanessa, te lastimaste hasta quedar así, ¿y al final qué conseguiste?Alexis se impacientó y apretó la mandíbula.—Eso ya me lo dijiste muchas veces. ¿No te cansas? Yo ya estoy harto.Yolanda acababa de pasar un mal rato en la residencia y, ahora que llegaba allí, todavía la cuestionaban a ella. Se enfureció.—Soy tu madre. Si no me doliera lo que te pasa, no me molestaría en repetirte todo esto.Después de desahogar su descontento, al final no tuvo valor para seguir y le contó que Vanessa había vuelto a la residencia a cenar con Rafael, y añadió:—Au

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    Durante todo el trayecto, Vanessa no dijo nada; era día festivo y había mucho tráfico, pero Rafael, en cambio, estaba contento de manejar despacio.—¿Estás molesta por lo de hace rato?Rafael giró un poco la cabeza para mirarla, y en sus ojos negros apareció un destello de ternura dolida. Vanessa supo que se refería a lo que acababa de pasar. Sin apartar la vista del flujo de autos, respondió con calma.—Esa clase de personas no merecen que yo me moleste por ellas.Al verla tan serena y desenvuelta, Rafael sintió que soñaba. Hacía medio mes todavía vivía en la inseguridad, llena de dudas sobre sí misma y sin confianza. Medio mes después, parecía otra persona.—Tienes razón, no vale la pena arruinarse el ánimo por alguien que no lo merece —dijo Rafael en voz baja, con tono complaciente y cariñoso.Vanessa bajó la mirada un instante y entonces, por fin, giró el rostro hacia él. Rafael notó su mirada y también volteó; sus ojos se cruzaron apenas un momento; después, volvieron a quedarse e

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    —Últimamente ha habido muchas noticias en internet sobre Camila. Todos dicen que no tiene moral, que se metió con su tío y hasta quedó embarazada, y que quiere que Rafael cargue con el muerto. Si a ustedes les parece que una mujer así es buen partido, entonces aprovechando que son fiestas patrias, espero que tengan suerte y les deseo a ambas que encuentren una nuera como esa, y que sus hijas aprendan del ejemplo.—¡¿Qué dijiste?!Esas palabras enfurecieron a las dos, que acusaron a gritos a Vanessa de ser maleducada. Vanessa mantuvo una sonrisa, pero sus palabras siguieron siendo hostiles.—¿Para qué voy a hablar de educación con unos animales? Sería ridículo.Casi se ahogan de la rabia; entre maldiciones, se lanzaron sobre Vanessa para agarrarla y zarandearla. Vanessa ni siquiera las tenía en cuenta; desde hacía rato estaba lista para devolver el golpe.De pronto, la ancha figura de Rafael se interpuso frente a ella y atrapó en el aire la mano que la tía ya alzaba para abofetearla.—¿

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    —Papá, hoy es festivo y no nos quedábamos tranquilos dejándote solo, así que regresamos a acompañarte en la cena.Yolanda entró por la puerta cargada de joyas y resplandeciente, con un bolso Hermès de piel de cocodrilo en la mano. Junto a ella venían Édgar Cisneros y dos tías de una rama de los Cisneros. El servicio doméstico los seguía detrás, cargando los regalos costosos.Al verlos, Vanessa entrecerró los ojos y su semblante se volvió frío y distante; Rafael percibió el cambio en ella y, con voz suave, la calmó.—Hazte de cuenta que no existen, no te presiones tanto.Vanessa lo miró con curiosidad. En ese momento, la tía mayor, junto a Yolanda, alzó la voz.—¿Esa no es Vanessa? Yo pensé que Rafael ya se había divorciado de ella.—Aquella vez, en el cumpleaños de Rafael, al final se contuvo a tiempo y no hizo pública la relación. Eso fue porque recobró el juicio y quería terminar, ¿no?Las tías se hacían eco una a la otra, activando el modo pasivo-agresivo contra Vanessa; el rostro d

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    Daniel rechazó la invitación una y otra vez, y en cuanto terminó de saludar se subió al auto y se fue. En ese momento, Rafael habló con suavidad:—Entremos, no se queden ahí afuera, hoy hace mucho viento.Al escucharlo, Vanessa, que hasta entonces no lo había mirado, apenas dirigió la mirada hacia él y se encontró de pronto con sus ojos negrísimos.Cuando sus miradas se cruzaron, Vanessa sintió una oleada de calor. Se quedó paralizada un instante y apartó la mirada sin que lo notara.—Mira nada más, me distraje conversando contigo y se me olvidó. Vamos, entremos.El abuelo Antonio notó que los dos cruzaron la mirada y, por dentro, se puso contentísimo; enseguida entraron a la casa. Ese día iban a comer ellos tres solos.Al resto de la familia Cisneros, el abuelo Antonio no le permitió venir; incluso le ordenó a Yolanda que se encargara cuanto antes del asunto de Alexis y Natalia; lo que ese par había hecho hacía poco dejó por los suelos el nombre de los Cisneros.Por suerte, a Alexis y

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    Vanessa la miró de reojo, con intensidad. La otra solo rio, con actitud despreocupada.—Yo no quise decir eso. Si quieres que liberen a Alexis, tendrás que mostrar algo de sinceridad.Tras decir esto, dio media vuelta y se dirigió al edificio. Mientras observaba su silueta, Yolanda sintió que ya no la reconocía, y un escalofrío tras otro le recorrió el cuerpo. Apretó la mandíbula de rabia y, al marcar un número, su mirada se volvió siniestra.—Encárguense de alguien por mí.Vanessa apenas llegó a su casa y cerró la puerta; le llegó un mensaje de Yolanda:“Vanessa, no faltes a tu palabra”.Vanessa lo leyó sin responder y apenas sonrió. Esa noche durmió profundamente y en paz.A la mañana siguiente, Daniel mandó un auto al pie del edificio para llevarla a la residencia de los Cisneros. Apenas subió al auto, le llegó la llamada del abuelo Antonio, que le preguntó si ya había salido. Vanessa respondió en voz baja que ya iba en camino. La risa del abuelo Antonio sonó alegre y franca.—Bien,

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