LOGINA su lado, en una silla de ruedas, estaba Natalia, que parecía bastante recuperada, por lo que Vanessa se sorprendió un poco; no sabía de qué medios se habían valido.Todos decían que Natalia estaba gravemente herida y que no le quedaba mucho tiempo de vida.Además, había tres secuaces.Ante los secuaces, que vestían trajes negros, tenían la mirada feroz y no parecían gente con la que conviniera meterse, Vanessa fingió pánico.—Alexis, no puedo creer que ni así te hayas muerto. ¿Qué quieres ahora?Alexis se acercó unos pasos, se rio con desprecio y dijo:—¿Todavía no es lo bastante obvio, Vanessa mía? Fuimos novios cinco años, y ahora te vas a casar con Rafael, que es mi medio hermano. ¿Cómo crees que lo voy a permitir?Vanessa le dirigió a Natalia una mirada larga.Natalia tenía la mirada impasible, pero en cuanto sus ojos se cruzaron con los de Vanessa, se le contrajeron levemente las pupilas.Cuando Natalia movió los labios, como si quisiera decir algo, Vanessa apartó la vista y cla
—Qué buen partido, rico y fiel. La señorita León tiene mucha suerte.—Si hablamos de suerte, el afortunado es Rafael.Cuando Bianca se enteró de que Rafael llevaba cinco años enamorado en secreto de Vanessa, no solo se sorprendió, sino que se alegró por ella.Un hombre tan fiel y constante, sin un solo escándalo amoroso, era una verdadera joya, así que por lo menos estaba a la altura de Vanessa.Verónica recordó el nombre con el que Rafael tenía guardada a Vanessa en sus contactos, “Dinamita”, y le dio toda la razón a Bianca.Se rio y dijo:—El As sí que tiene suerte. Su amor secreto se hizo realidad. Antes no sabía de quién estaba enamorado en secreto. Después descubrí que ya le gustaba Vanessa desde hacía cinco años. Qué bien se lo tenía guardado.Vanessa se quedó paralizada y miró a Verónica.—¿As?Verónica se extrañó.—¿Qué? Así le dicen a Rafael algunos de sus amigos. ¿No lo habías escuchado?A Vanessa se le aceleró el corazón y sintió un torbellino de emociones. Todo encajaba.Cu
Bianca sintió como si algo le hubiera golpeado el pecho, una sensación sorda, y a la vez le daban ganas de reír.Le echó una mirada a Sergio, se le acercó y le dijo en tono burlón:—No necesito la limosna de alguien que se cree superior.Dicho esto, se alejó.Sergio se quedó confundido.¿Y ahora por qué se enojaba?Después de que Vanessa terminó de despedirse de su abuelo, Roberto, y ambos se separaron, Rafael salió cargándola en la espalda.Estallaron a la vez los petardos y las salvas, en medio de un ambiente festivo y solemne.Cuando Vanessa subió al auto, los demás también fueron subiendo a los suyos y, detrás del auto nupcial principal, salieron despacio de la residencia de los León.Roberto se quedó en la puerta, mirando hacia donde se alejaban los autos, con los ojos llenos de lágrimas.El mayordomo se inclinó un poco y le dijo para consolarlo:—La señorita eligió a un buen esposo. Puede estar tranquilo, señor; nadie le hará daño.El abuelo Roberto asintió y dijo:—Lo sé. Los pa
Sin embargo, Leonardo le devolvió la pregunta:—¿Y tú? ¿Ya encontraste a alguien?Ante esa pregunta, que Leonardo hizo con toda intención, Verónica desvió un poco la mirada y respondió de mal humor:—¿Por qué me metes a mí? Yo no soy como tú, que todo te da envidia.Bianca miró a Leonardo con una sonrisa.—El señor Soto puede tener a la que quiera. Más bien, me temo que no quiere buscar.Sergio, de pie a su lado, habló en un tono ni muy alto ni muy bajo, suave pero con cierta carga emocional.—¿Tan bien lo conoces?Bianca frunció el ceño y volteó a verlo.No dijo nada.—Vane, ya es hora. Vamos.Rafael estaba de pie frente a Vanessa, muy erguido, y había un ardor intenso en sus ojos negros.Casi la quemaba.Vanessa sintió la intensidad de su amor y asintió con una sonrisa.—Está bien.Rafael le tendió la mano y ella puso la suya encima.Bajaron juntos.Los demás estallaron en aplausos y bajaron uno tras otro detrás de los novios.Abajo, los dos se arrodillaron ante el abuelo Roberto par
Vanessa contempló las fotografías de sus padres que tenía frente a ella. Aunque le dolía que ellos no hubieran podido verla salir de casa como novia, pronto se recompuso y les dedicó una sonrisa radiante.—Pueden estar tranquilos. Ya sé cuidarme sola y también puedo cuidar bien al abuelo. De ahora en adelante, también me esforzaré por dirigir bien la empresa. Papá, mamá, no se preocupen y vean de lo que es capaz su hija.Sabía que, además de ella, lo que más les preocupaba a sus padres era su anciano abuelo, y aunque separarse de ellos había sido muy doloroso, ya no había vuelta atrás.Lo único que podía hacer era vivir bien, cuidar al abuelo y dirigir bien la empresa.Con el ánimo ya tranquilo, Vanessa se levantó, tomó del brazo a Roberto y lo acompañó de vuelta al patio delantero.No pasaron ni veinte minutos antes de que llegara la comitiva de Rafael que venía por la novia.Era un imponente cortejo de decenas de autos nupciales, todos de lujo y de edición limitada.El auto principal
Vio al doctor sacar una jeringa y acercarse a ella.***Esa noche, después de cenar con Rafael, Vanessa recordó algo.—Por cierto, esta noche tengo que regresar a la residencia de los León.La expresión del apuesto Rafael se tensó:—¿Hice algo malo? Puedes decírmelo.Un momento antes hablaban de Bianca con toda normalidad. Vanessa se rio y respondió:—¿Qué estás pensando? Nuestra boda es dentro de dos días. Según la costumbre de Cartaluz, hoy debo regresar a casa del abuelo y esperar allí hasta que vengan por mí para la ceremonia.Esa tarde, cuando regresaba del hospital, su abuelo, a quien hacía mucho que no visitaba por todo lo ocurrido con Bianca, la había llamado expresamente para recordárselo, por si se le olvidaba.La expresión de Rafael se relajó un poco.Pero luego preguntó:—¿De verdad tiene que existir esa costumbre?Vanessa se plantó frente a él y alzó un poco la cara para mirarlo, radiante.—Son solo dos días. ¿No tienes que ir tú también a casa para preparar todo?Después







