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El Arquitecto De Mi Refugio
El Arquitecto De Mi Refugio
Author: Ámbar O.

Capítulo 1

Author: Ámbar O.
—Se supone que hoy te ibas a casar con Vanessa, ¿no? ¿No te da miedo que se enoje si no vas?

—Todo el mundo sabe que ella no puede vivir sin él. Aunque sepa que no fuiste por estar con Nati, no se va a atrever a reclamarte.

—Exacto. Vanessa no es tan importante como Nati; Alexis la ha cuidado desde que eran niños...

Ellos hablaban de Natalia Cisneros, ella era como una hermana para Alexis.

Vanessa León estaba parada frente a la puerta del salón privado y sintió que se le helaba la sangre. Ese era el tipo al que había amado por años; alguien que no valía la pena. Apretó los puños con tanta fuerza que le crujieron los huesos, pero el dolor no se comparaba ni un poco con el vacío que sentía.

Tomó aire profundamente y abrió la puerta.

¡Pum!

El alboroto del salón se detuvo y el lugar quedó en silencio.

—Vanessa... —exclamaron varios, sorprendidos.

La mujer que apareció en la entrada era de piel clara, atractiva y de piernas largas. El vestido rosa resaltaba su cintura y llevaba el cabello recogido con un estilo sencillo que la hacía lucir encantadora. Sin embargo, en ese momento su mirada tenía un objetivo claro. Recorrió a Alexis y a Natalia con la mirada y soltó una carcajada sarcástica.

—¿Así que esta es la razón por la que no pudiste ir al registro civil?

Él pareció sentirse culpable y se acercó.

—Podemos ir a hacer oficial nuestro matrimonio en cualquier momento. Nati acaba de llegar del extranjero y, como su hermano, lo mínimo que podía hacer era organizarle una bienvenida.

—Solo hay un aniversario de novios al año —respondió ella con una sonrisa burlona—, ¿en serio no te importa? ¿No sabes que si no lo hacemos hoy, tendremos que esperar hasta el próximo año?

Lo habían planeado juntos: querían que la fecha de su aniversario se convirtiera en la de su boda. Pero era obvio que él no tenía intenciones de oficializar su matrimonio con ella. A la que quería era a Natalia, su amiga de toda la infancia.

Tal vez al notar lo extraño, Alexis intentó tomarla del brazo.

—No empieces con lo mismo. Regresando a casa te explico todo.

Vanessa se soltó de un movimiento brusco. En ese momento, Natalia intervino.

—Perdón, fue mi culpa. No sabía que hoy tenían lo del registro —dijo bajando la cabeza, con un tono tan apenado que parecía que ella era la víctima.

Como siempre le había tenido resentimiento, no le respondió. Natalia levantó la mirada con los ojos llorosos, viéndose muy frágil.

—Por favor, perdóname. En serio les deseo lo mejor a ti y a mi hermano.

—¿Lo mejor? —Vanessa soltó un resoplido de fastidio—. ¿Podrías dejar de actuar? Si en serio nos desearas algo bueno, ni siquiera hubieras vuelto.

La expresión de Alexis se endureció.

—No seas tan grosera.

—¿Qué? ¿Te molestó que hablara de tu “cariñito”? —preguntó ella, mirándolo como si fuera un extraño.

Él ya lucía bastante molesto y le reclamó en voz baja:

—¡Ten cuidado y no digas estupideces!

Vanessa notó lo mucho que protegía a su supuesta hermanita. Si tanto quería defenderla, ella le daría el gusto.

—Si ya lo hicieron, ¿por qué les da miedo que la gente hable?

A Natalia se le pusieron los ojos rojos y mostró una cara de decepción.

—Mi hermano y yo no tenemos nada de lo que te imaginas. ¿Podrías dejar de malinterpretarme como siempre? Si hubiera sabido que mi regreso iba a causar que pelearan, mejor no hubiera regresado.

Su voz se quebró y empezó a sollozar, provocando que los demás en el salón se sintieran mal por ella y comenzaran a atacar a Vanessa.

—Te pasas. Ellos son como hermanos, ¿cómo puedes tener celos de eso?

—Es cierto. Nati se fue del país hace tres años solo porque tú no la soportabas. Se sacrificó por ustedes, ¿y vas a empezar con lo mismo otra vez?

—Ten cuidado, no sea que Alexis se harte y te mande a volar.

Vanessa observó a todos esos tipos tan indignados y se mantuvo tranquila. Antes, por su relación con Alexis, solía ser muy tolerante con sus amistades. No decía nada cuando se burlaban de ella o cuando hablaban mal a sus espaldas, pero esa vez no se iba a dejar. Su mirada se volvió afilada.

—¿O sea que una hermana que se la vive pegada a su hermano tiene la razón? ¿A todos ustedes les patearon la cabeza o les gusta ver ese tipo de relaciones prohibidas? Si quieren, yo me quito para que les den el espectáculo completo.

Todos se quedaron mudos. No esperaban que la mujer que siempre había sido sumisa frente a Alexis se volviera tan tajante. Sus palabras habían sido directas y pesadas.

—¿Por qué me insultas así? —Natalia parecía a punto de derrumbarse—. Si no te agrado está bien, pero mi hermano te quiere mucho y ha hecho tanto por ti, ¿por qué no puedes estar satisfecha?

Vanessa arrugó la frente. Quizá otros no lo sabían, pero ella conocía lo manipuladora que era esa mujer. Se conocían desde hace diez años y había sido novia de Alexis por cinco.

La primera vez, en el cumpleaños de Vanessa, Natalia llamó a Alexis para decirle que había tenido un accidente y él se fue a buscarla. La segunda vez, en San Valentín, ella llamó llorando porque supuestamente quería quitarse la vida tras una ruptura amorosa. La tercera, la cuarta vez... siempre había una excusa para que él la dejara sola, y él siempre elegía irse con Natalia.

Hace tres años, cuando ella decidió irse al extranjero, todos pensaron que Vanessa la había obligado. Sostuvo la mirada fija en Natalia, con desprecio.

—¿Una relación normal de hermanos haría que alguien cancelara algo tan importante como un registro de matrimonio? Lo que pasa es que uno es un cínico y la otra es una ofrecida. Y ahora resulta que la mala soy yo y que debo ser comprensiva, ¿por qué? ¿Solo porque no tienen vergüenza?

Natalia se puso roja de la humillación. Como no supo qué contestar, comenzó a llorar. Alexis perdió los estribos y le gritó a Vanessa con la cara encendida de furia:

—¡Ya basta! ¿No te das cuenta de lo ridícula que te ves? Es solo un papel. Si no pudimos hoy, lo hacemos el día de tu cumpleaños y ya, ¿cuál es el drama? ¿Por qué no puedes ser más madura?

—¿Madura? —Vanessa sintió una extraña calma en su interior—. Está bien. Alexis, terminamos.

Los presentes se quedaron helados. Él se quedó pasmado unos segundos antes de responder con molestia:

—¿Otra vez con lo mismo? Hace tres años saliste con lo de terminar y por eso Nati se fue, para que no nos separáramos. ¿Vas a seguir con tus juegos para intentar echarla de nuevo? ¡Qué mala persona eres! Ya acepté casarme contigo y aun así no la dejas en paz. ¿La quieres atacar hasta matarla? Si vas a seguir siendo así de maldita, ¡no me casaré contigo!

Natalia disfrutaba la protección de Alexis y, al agachar la cabeza, una chispa triunfal cruzó por sus ojos. Al escucharlo, Vanessa mostró una sonrisa brillante, con el brillo de su nuevo camino claro en su mente.

—Me parece perfecto. No nos casemos, cancelamos todo.

Dicho esto, se dio la vuelta para irse. Alexis le gritó a sus espaldas con tono de amenaza:

—Si te atreves a cruzar esa puerta sin pedirle perdón a Nati, ¡no te voy a perdonar nunca!

Todos imaginaron que ella se doblegaría y pediría disculpas, pues sabían cuánto lo amaba. Pero se equivocaron. Se detuvo, giró la cabeza para mirarlos a todos y levantó la mirada como si fuera a prestar un juramento.

—Ya que están todos de testigos, escuchen bien: yo, Vanessa León, juro aquí mismo que termino con Alexis y que nunca nos casaremos. Si llego a romper este juramento, ¡que él se quede solo, que no tenga hijos y que tenga un final miserable!

Tras decir eso, ignoró a los presentes que se habían quedado con la boca abierta y salió del salón con paso firme. Una vez en el taxi que pidió por la aplicación, empezó a bloquear a Alexis de todos lados. Estaba sumida en sus pensamientos cuando el sonido de una llamada la trajo de vuelta a la realidad.

Miró el número, que le resultaba extrañamente conocido, y sintió que el corazón se le detenía por un instante. Al contestar, una voz de hombre, elegante, se escuchó del otro lado.

—Si quieres casarte, ¿por qué no me consideras a mí?

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