MasukVanessa no sabía si reír o llorar; la dejó sin palabras. Era la hora de comer. El servicio doméstico preparó avena y la trajo.Por un tiempo, Rafael tenía que llevar una dieta ligera. El clima caluroso y húmedo de Cartaluz no ayudaba a su recuperación, así que había que cuidar todavía más la alimentación.Rafael apretó la mandíbula, reacio, y giró la cara.—No tengo hambre.—Ricardo dice que en la mañana comiste muy poco. ¿Cómo no vas a tener hambre? Come algo y, cuando termines, te tomas la medicina.Vanessa se daba cuenta; era obvio que no quería comer. Apenas escuchó las palabras “tomar la medicina”, Rafael apretó aún más el entrecejo.—Déjalo ahí. Ahora como.No tenía nada de apetito. Todos los días comía avena, aunque se la prepararan de mil maneras y con todos los sabores.Ya no le sabía a nada. Sin ganas, no le entraba ni un bocado.—Hagamos algo. Come unos cuantos bocados, te tomas la medicina y después le pido a doña Juana que te prepare otra cosa.Vanessa lo convencía con dul
—¡Cállate! Hiciste tremendo desastre y todavía no te arrepientes. Te lo advierto. A la Vanessa de antes quizá podías ofenderla, pero a esta, a menos que consigas que los Zárate te respalden, no hay nada que te salve. Si no, ya puedes irte preparando para pasar el resto de tu vida trabajando para pagar lo que debes.Aurora apretaba los dientes de rabia. De haberlo sabido, no habría apostado a que Vanessa se quedaría con los brazos cruzados. Subestimó el cariño que se tenían Vanessa y Bianca.Bianca terminó de almorzar y recibió la llamada de Aurora. Del otro lado, Aurora lloraba y suplicaba, sin escatimar halagos. La idea, en resumen, era que la agencia se haría cargo del asunto de los tacones saboteados que la dejaron lesionada.Además, le devolverían todos los contratos de trabajo que antes le habían quitado y, encima, le darían un lugar en las grandes pasarelas de fin de año.Aparte de eso, la agencia le daría un mes más de vacaciones, indemnización por accidente laboral y demás.Bia
A Aurora y a Claudia les cambió la cara al mismo tiempo. Las dos miraron a Vanessa, atónitas. Sobre todo Claudia.Al ver el video de seguridad, la culpa y el miedo se le notaron en la mirada. ¿Ya habían descubierto algo? Aurora entendió lo que mostraba el video. Era idéntico al que Bianca le había enseñado antes.—Señorita León, no acabo de entender qué quiere decir con esto. ¿No es el video del camerino de la pasarela, donde alguien dañó los tacones de Bianca? ¿Y eso qué tiene que ver con nuestra colaboración?Aurora se hacía la desentendida. Bianca le había dicho que la del video era Claudia. Por la estatura, encajaba.Pero todas eran modelos; hasta la más baja medía un metro setenta y cinco. Claudia medía un metro setenta y ocho, igual que Bianca.La persona del video iba tan cubierta que, aparte de la estatura, no había nada que demostrara que se trataba de Claudia.—Creo que ustedes dos saben de sobra quién tendió la trampa en ese video. —Vanessa no quería perder el tiempo con ell
La agencia, sin importar lo que ella dijera, le entregó de todos modos a Claudia todos los contratos que le correspondían a Bianca.Bianca temía que, si seguía descansando, perdiera la carrera que tanto le había costado levantar. Vanessa conocía demasiado bien a Bianca; que dijera que no pasaba nada no significaba que no estuviera pasando nada. Por eso llamó a Daniel y le pidió que averiguara.En menos de diez minutos, Daniel le dio la respuesta. Resultó que a Bianca le habían quitado el trabajo para dárselo a otra. Nada menos que a la persona que la lastimó a propósito.Vanessa no pudo evitar reprocharse. Antes había querido resolver primero el asunto del asesino de su padre y luego ayudarla a investigar lo del sabotaje a sus tacones.No imaginó que con esos pocos días de retraso le quitarían a Bianca hasta el trabajo.—Encárgate de este asunto. Quienquiera que le haya tendido una trampa a Bianca tiene que pagar las consecuencias. Bianca es de las mías, y no voy a permitir que nadie l
Vanessa se quedó helada. Lo entendió. Lo que Rafael quería decir era que Sergio no sentía nada por Bianca.Pero ¿cómo iba a decírselo a Bianca? ¿No sería como clavarle un puñal en el corazón?Rafael le sostenía la mano y le acariciaba el dorso con el pulgar, despacio. Habló con un tono ronco y suave.—Los dos son adultos; sabrán resolver sus propios asuntos. No puedes preocuparte por ellos, y tampoco te corresponde.Vanessa se resignó. Le dolía mucho lo de Bianca, pero Rafael tenía razón. Quería quedarse en el hospital para acompañar a Rafael, pero a él le preocupaba su salud y se negó en redondo; además, mandó a Ricardo a llevarla de vuelta.—Apenas te estás recuperando, no te esfuerces de más. Con Ricardo y el servicio para cuidarte es suficiente.Rafael se mostró tan firme que casi no le dejó margen para negarse. No quería preocuparlo, así que aceptó que Ricardo la llevara a casa. Eran pasadas las ocho de la noche cuando llegó a Residencial Los Álamos.Esos dos días que estuvo en e
—Por lo visto, a todos les interesa esta licitación.Verónica tenía el semblante grave. Al escuchar el tema, Vanessa tocó la puerta y entró. Al verla, la expresión severa de Verónica se transformó en una sonrisa.—Y yo que pensé que habías dejado a alguien plantado y te habías largado.Vanessa llevaba un vestido de rayas en tonos sobrios; se veía dulce y hermosa. Le sonrió a Verónica.—Entonces me crees mucho más despiadada de lo que soy. Rafael salió herido por mi culpa; no podría ser tan malagradecida.A Verónica se le escapó una risa.—Hace poco Rafael decía que eras una malagradecida de lo peor, y que olvidabas los favores apenas te convenía.Vanessa miró a Rafael, confundida.—¿Y yo cuándo olvidé un favor? Rafael, creo que me debes una explicación.A Rafael se le entristeció la mirada, pero sonrió apenas, sin inmutarse.—Nada de eso, dije puras estupideces. Mi esposa no es así.—Verónica, no me estés sembrando cizaña entre marido y mujer.Verónica puso los ojos en blanco.—Bueno,







