MasukLa figura robusta de Rodrigo se recortaba a contraluz, con los ojos ocultos entre las sombras y una mirada depredadora.—Sigue vigilándola. Quiere montar un gran espectáculo, así que síguele el juego y deja que lo represente bien.Diego Fuentes se sorprendió.—Esto involucra a los Cisneros. ¿Vamos a meternos?—¿Por qué no? Vamos a ponerle sazón. Creo que a Vanessa le va a encantar.—Entendido, jefe.Colgó el celular, echó la cabeza atrás y se bebió el vino tinto de un trago; sonrió con cinismo. Esta mujer estaba loca de verdad. Cada vez lo sorprendía más.***A Vanessa le arrojaron un balde de agua fría encima y despertó. Apenas abrió los ojos, una luz intensa la obligó a entrecerrarlos. Estaba empapada de pies a cabeza y temblaba de frío, porque el cuarto estaba helado y el aire era frío.Antes de que alcanzara a ver dónde se encontraba, alguien la levantó y la sacó de allí. Solo entonces lo entendió. El lugar donde había estado encerrada era una cámara frigorífica.Lo primero que vio
El hombre de gris que forcejeaba con Rafael empuñaba un cuchillo y arremetió contra él; aprovechó el instante en que Rafael lo esquivó para salir corriendo hacia la camioneta.—¡Ricardo!Rafael se lanzó hacia adelante con un grito feroz, agarró el bote de basura de la entrada del edificio y corrió hasta el frente del vehículo como si no le importara morir, para estrellarlo contra el parabrisas.El hombre al volante perdió los estribos, pisó el acelerador a fondo y se le fue encima. Rafael se hizo a un lado y lo esquivó. La camioneta pasó zumbando a su lado y se alejó a una velocidad pasmosa.En eso, Ricardo, que había oído el alboroto, llegó manejando con la cara descompuesta de angustia.—Señor, ¿qué pasó?Rafael tuvo la certeza de que dentro de la maleta grande que arrastraba aquel hombre iba Vanessa. Casi sin darse tiempo a pensar, se metió al auto y ordenó con expresión sombría:—Alcanza esa camioneta, ¡rápido!Ricardo no sabía qué había ocurrido, pero obedeció al pie de la letra y
Pero no se esperaba que Rafael notara algo raro en ella. Al llegar a la entrada del Residencial Los Álamos, él clavó de pronto su mirada ardiente en ella y preguntó:—Vanessa, ¿me estás ocultando algo?Vanessa se quedó paralizada unos segundos; el corazón se le aceleró sin que supiera por qué, pero mantuvo la calma y lo miró tranquila.—No, nada. ¿A qué te refieres? ¿Por qué me preguntas eso?Rafael la observó un buen rato con la mirada oscura, frunció el entrecejo, se inclinó y la abrazó. Su respiración le rozó el cuello, cálida y perturbadora, pero él habló con voz suave.—Vanessa, no hagas nada tú sola. Me da miedo que te pase algo. Si tienes algún problema, búscame y lo hablamos; lo enfrentaremos juntos.Vanessa se sobresaltó y por instinto se tocó el dije que llevaba al cuello. Creyó que él había adivinado su siguiente paso, así que se zafó y alzó la cabeza para mirarlo.—¿Qué pasa? Hoy estás raro. ¿Hay algún malentendido?Rafael sonrió y le acarició la mejilla con el dorso de la
Acababa de asumir el control del consorcio y todavía no tenía una posición firme.Aunque contaba con la ayuda de Federico Serrano para administrar el consorcio, no conocía bien a Federico y no podía confiar plenamente en él.Por eso, en el asunto de Camila Zárate, para no chocar con la familia Zárate, Vanessa no tuvo más remedio que dejarlo en suspenso por el momento y volcar toda su energía en investigar la muerte de su padre.A primera hora del día siguiente, Daniel le trajo nuevas noticias.—¿La grabadora de voz? ¿Quiere decir que Yolanda mandó matar a doña Juana solo porque doña Juana los había grabado?—Así es, pero ni el sicario sabe qué hay en la grabación.Vanessa se quedó atónita y, tras un momento, lo asimiló. Visto así, todo cuadraba mejor. Juana estaba en la residencia de los Cisneros, escuchó algo que no debía y lo grabó.Yolanda no encontraba la grabadora y, para no quedar expuesta, quiso matar a Juana.Quizá nunca imaginó que Juana sobreviviera a heridas tan graves. Al f
Se puso de pie y lo miró desde arriba, con determinación.—No solo a ella. A ti, al Corporativo Halcón y a todos los que se metieron en esto en ese entonces. No voy a perdonar a ninguno.A Bernardo le cayó el café en la cara. El líquido le escurrió por el mentón y le ensució el cuello de la camisa blanca.La furia le encendió la mirada, pero para entonces Vanessa ya se había ido. La cafetería estaba bastante llena y todos voltearon a verlo. No tenía dónde descargar la furia y ya deseaba despellejar viva a Vanessa.Le dio vueltas al asunto sin encontrar una salida, así que volvió a llamar a Yolanda para verse. Cada vez que se reunían, iban al mismo Club Veranda. Cuando Yolanda llegó, ellos ya estaban adentro. Bernardo estaba sentado en un sillón individual y, a su izquierda, también se encontraba Cristóbal Montiel, el expresidente del Corporativo Halcón.Con solo verlo se notaba que Cristóbal no era alguien con quien meterse; tenía la cara alargada y un aire feroz.—Fuiste demasiado de
—Una trabaja con dedicación y entrega, ¿y eso le molesta a la gente? Está claro que este mundo es una enorme telenovela de intrigas. No, mejor dicho, es como una mafia; en todas partes hay víboras rastreras.Y por temor a que Vanessa no la entendiera, agregó:—¡Víboras con “v” de venenosas!Vanessa temió que tuviera el mismo carácter que ella y no pudiera contenerse, así que estuvo un buen rato tratando de calmarla hasta que lo logró.—El ingeniero Palma hizo un análisis técnico de la foto. Hay un noventa por ciento de probabilidad de que quien dañó tus zapatos de tacón sea una mujer. Te mando la foto, y en cuanto termine mis pendientes seguiré ayudándote a investigar, hasta dar con quien te está haciendo daño.—Bien, sé que estás ocupada, tranquila. No voy a actuar a lo loco. Tú primero haz lo tuyo y después te preocupas por mí.Vanessa se quedó a cenar con Bianca y solo entonces se fue. Cuando volvía manejando, era la hora en que el día y la noche se relevaban.El sol del atardecer a







