LOGIN—Lo que más feliz me hace es verte feliz, cariño. Espero que siempre te sientas así. No dejaré de esforzarme para lograrlo. Amarte no es algo que decida hacer. Lo llevo en los huesos, me nace solo.Rafael le declaró su amor con una voz cautivadora que conmovió a Vanessa. Un sentimiento de calor recorrió a Vanessa y le encendió las mejillas.—Aunque eres muy cursi, yo también te amo —respondió sin timidez y con toda franqueza.Al decirlo, levantó el mentón y le dio un beso.Rafael no iba a dejar pasar una oportunidad así. Le sujetó la nuca con una mano e intensificó el beso.Rafael volcó en aquel beso todo el amor que sentía por ella y no la soltó hasta dejarla casi sin aire.Jadeó y respiró hondo varias veces. El rubor de sus mejillas le daba un aire inocente y sensual que la hacía aún más seductora.—Eres como un lobo —le reprochó con coquetería después de morderse los labios, enrojecidos e hinchados por el beso.—Si no puedo probar el plato fuerte, ¿al menos puedo comer una entrada?
Kevin, que estaba sentado en el rincón más apartado de la cafetería, se puso de pie, nervioso, al verla llegar.—Vanessa.Kevin apretaba con timidez el borde de su ropa.—Siéntate, por favor. —Vanessa asintió con dulzura.Kevin asintió.Esperó a que ella se sentara para hacer lo mismo.—¿Y lo que ibas a mostrarnos? —preguntó Daniel.Por teléfono, Kevin había insistido en que solo hablaría cuando viera a Vanessa.No había otra opción.Como Daniel no quería ser demasiado duro con un estudiante ni asustarlo, no tuvo más remedio que llamar a Vanessa. Cuando ella llegó, Kevin sacó el celular del bolsillo, deslizó el dedo varias veces por la pantalla y lo puso frente a ella.—Vanessa, mira primero si es este.En las dos fotos del celular aparecían el frente y el reverso del medallón de esmeralda de los Palma. Al ver la letra R grabada, Vanessa se entusiasmó.—Envíame las fotos.Kevin asintió, obediente, agregó a Vanessa a sus contactos y le envió las dos fotos, que ella mandó a Leandro.Apen
—Ya deberías irte.Sergio la sostuvo bajo una mirada fría y sombría durante un largo momento y luego la soltó.Después de que Sergio se fue, rozándola al pasar, Bianca permaneció rígida hasta que escuchó cerrarse la puerta a sus espaldas.La noche anterior habían discutido sin parar.Sergio la había acusado de no sentar cabeza y de coquetear con cualquiera.Tampoco se quedó atrás y le dijo que eran tal para cual porque él estaba a punto de comprometerse y seguía metiéndose con ella.Entonces Sergio le mordió el hombro.Frente al mueble del baño, Bianca apartó la pijama de su clavícula y dejó al descubierto una marca de dientes muy visible. La tocó y se quedó pensativa.Tener que esperar los diecisiete días que aún faltaban para hacerse la prueba y saber si se había contagiado era un tormento interminable, aunque durante ese tiempo se había sentido inexplicablemente relajada.A pesar de las cosas hirientes que Sergio le había dicho durante los diez días que la acompañó y de sus constant
—¿Qué fue ese ruido?Vanessa miró a Bianca como preguntándole si había un hombre ahí.Bianca se puso tensa.No sabía por qué, pero era como si la hubieran descubierto en plena infidelidad. Presa del nerviosismo, respondió:—No se escuchó nada. ¿No habrás oído mal?Vanessa arqueó las cejas, incrédula.—¡Ah! —exclamó Bianca, como si acabara de comprender—. Algún vecino tiene un gato. No sé de quién es, pero estos días se ha metido varias veces por la ventana. Seguro acaba de entrar otra vez.Tras escucharlo todo con claridad detrás de la puerta de la habitación, Sergio rio con frialdad y sarcasmo, mientras su mirada, por lo general tranquila y amable, se ensombrecía.¿Tanto le avergonzaba que lo vieran?¿Un gato?Ja.—Voy a ver. No vaya a pasarle algo aquí y luego su dueño te eche la culpa.En cuanto Vanessa dejó los cubiertos y se levantó para ir a la habitación, Bianca sintió un vuelco en el estómago.—Vanessa...Se apresuró a seguirla y, nerviosa, le cerró el paso.—¿Qué pasa? —pregun
Sergio, que parecía decidido a esperar a que llegara Vanessa, bajó la cabeza y su aliento le rozó la cara.—¿Qué quieres hacer? —preguntó Bianca, entre la desesperación y el enojo.—Ya te dije que vea bien cómo eres en realidad.Sergio lo reiteró con tono perezoso, alargando las últimas sílabas mientras la miraba con provocación, atento a la expresión de desconcierto y nerviosismo de Bianca, quien comprendió sus intenciones, apretó la mandíbula con furia y le dio un fuerte pisotón.—Muy bien, entonces asegúrate de que todo el mundo lo sepa. Así soy.Sergio hizo una mueca de dolor cuando sonó el timbre de la entrada.—¡Vístete y quédate en la habitación! —le advirtió Bianca tras apartarlo de un empujón.Dicho eso, dio media vuelta, salió de la habitación y cerró la puerta antes de apresurarse a abrir la de entrada mientras se acomodaba el cabello y la ropa.Vanessa estaba en el umbral, vestida con un elegante conjunto de oficina blanco y negro que la hacía lucir radiante y muy distinta
—Muchas gracias.Aunque parecía altivo y severo, Rodrigo se mostró amable por una vez al levantar su copa, pero Vanessa rechazó cortésmente la invitación:—No voy a beber. Tengo cosas que hacer, así que me retiro.Le encargó a Federico que firmara el contrato con Corporativo Zarza y, tras darle las indicaciones, se levantó para irse.Rodrigo se puso de pie e intentó detenerla:—¿Tiene tanta prisa, señorita León, que ni siquiera se queda a comer?Vanessa mantuvo una actitud fría y respondió con distancia:—Estoy ocupada. Le pido que me disculpe, señor Zárate.Dicho eso, salió del salón privado seguida de cerca por los guardaespaldas. El contrato solo le ofrecía ventajas, sin ningún inconveniente.En cuanto al asunto de Camila, si decidía proceder legalmente, como máximo conseguiría que le impusieran una pena de prisión de hasta tres años.No serviría de mucho.Para Corporativo Zarza, en cambio, supondría pérdidas incalculables, de ahí que prefiriera pagar una compensación antes que deja







