Share

Capítulo 5

Author: Ámbar O.
Lo que Vanessa le contó a su abuelo era casi increíble para él. Después de confirmar varias veces, su abuelo soltó una carcajada todavía más animada que la de antes.

—Qué bueno, qué alegría que ya te casaste. ¿Vas a traerlo para que cene conmigo?

Vanessa aceptó con dulzura:

—Claro que sí.

Al colgar, la puerta de la recámara se abrió.

Rafael entró a la habitación y caminó hacia ella con pasos largos y firmes.

Tenía un porte elegante y distinguido, con facciones marcadas y una mirada profunda; era un hombre muy guapo.

A Vanessa se le detuvo el corazón por un instante. Levantó la mirada para verlo y dijo:

—Ya regresaste.

Rafael emitió un sonido de afirmación.

—Acabamos de casarnos, así que vine para acompañarte a cenar.

Vanessa sintió una calidez.

—Gracias.

Antes, cuando era novia de Alexis, a veces acordaban una cena y él la dejaba esperando horas en el restaurante.

Luego se enteraba de que se había ido porque Natalia le había hablado.

Si Natalia estornudaba, Alexis se ponía tan nervioso que la llevaba al hospital.

Vanessa siempre era la que él dejaba plantada.

Y si ella se molestaba, él todavía se quejaba diciendo que era una exagerada y que siempre buscaba pleitos por estupideces.

Vanessa alejó esos recuerdos.

Cerró su computadora, la dejó sobre el sofá junto a la ventana y se levantó con una sonrisita.

—No tienes que esforzarte por venir a acompañarme, no pasa nada.

Al final, este era un matrimonio repentino donde cada quien obtenía lo que necesitaba.

—Tengo que acompañarte.

Rafael la miró fijamente y añadió en tono suave:

—Ya te dije, lo que yo quiero es un matrimonio para compartir la vida y dormir juntos.

Vanessa sintió un ligero alivio, pero no quiso hacerse ilusiones. Sabía que Rafael siempre había sido alguien maduro y centrado, no es que estuviera siendo especial con ella. Así que solo asintió.

—Está bien, voy a lavarme las manos y bajo contigo a cenar.

Caminó hacia el baño.

Rafael la siguió con la mirada; mientras la veía alejarse, sus ojos se volvieron más intensos.

***

En el comedor del primer piso, ambos se sentaron frente a frente en la mesa cuadrada bajo una luz tenue.

Él era apuesto y ella muy guapa; juntos formaban una imagen muy acogedora.

En la mesa estaban servidas varias de las comidas favoritas de Vanessa.

No imaginaba que tuvieran los mismos gustos.

Ella se sentó derecha y empezó a comer con tranquilidad.

De pronto, Rafael tomó una de las costillitas bien doraditas y la puso en el plato de ella.

—Son tus favoritas, come más.

Vanessa levantó la mirada confundida.

—¿Cómo sabes que me gustan?

—Saberlo no es difícil.

Rafael la miró a los ojos con esa mirada profunda y dijo con naturalidad:

—Somos esposos, voy a poner atención para conocerte mejor.

Esas palabras hicieron que a Vanessa se le hiciera un nudo en la garganta.

De hecho, si alguien quiere conocer a otra persona, siempre hay maneras.

Hasta el día de hoy, Alexis no se había aprendido qué le gustaba comer o beber.

Ella era alérgica al mango, pero una vez Alexis le compró un smoothie de mango porque era el que le encantaba a Natalia.

—Rafael... —Vanessa dijo con un tono un poco quebrado.

—Dime —respondió él con suavidad.

Vanessa lo observó fijamente por un momento y se armó de valor para preguntar:

—¿Qué no te caía mal? ¿Por qué me tratas tan bien?

“¿Que me caía mal?”

“Así que eso era lo que ella pensaba”.

La intensidad en los ojos de Rafael se suavizó y mostró una sonrisa misteriosa.

—¿No es lo normal que un esposo trate bien a su mujer?

Vanessa no obtuvo la respuesta que buscaba y pensó en dejar el tema, pero entonces escuchó a Rafael decir con ironía:

—Además, antes eras demasiado tonta y eso desesperaba a cualquiera.

Vanessa se quedó callada.

“Mejor no hubiera preguntado”.

Terminaron de cenar en silencio, sin decirse nada más.

Al acabar, Rafael se fue a su despacho.

Por la noche, Vanessa tomó el termo con el té que Juana había preparado y tocó la puerta del estudio.

Tenía que preguntarle a Rafael qué pensaba sobre ir a ver a su abuelo.

—Adelante. —Se escuchó la voz de él desde adentro.

Vanessa entró, caminó hasta el escritorio y puso el té caliente a su lado derecho.

—Toma un poco de té.

—Gracias.

Rafael bebió un poco y levantó la mirada con una sonrisa juguetona.

—Té de damiana. ¿Mi esposa me está insinuando algo?

A Vanessa se le encendió la cara. Se acordó de lo que había pasado en la mañana y se apresuró a explicar:

—No, no es eso, doña Juana lo preparó.

En cuanto respondió, se arrepintió.

“¿Por qué tengo que recibir esas indirectas?”

Rafael vio cómo se ponía roja, como una conejita asustada que daba ternura, así que decidió no seguir molestándola.

Se levantó y su figura alta quedó frente a ella. Le entregó un estuche de terciopelo negro.

—Es para ti.

—¿Qué es? —preguntó Vanessa confundida mientras tomaba la cajita y la abría.

Al ver el juego de anillos de bodas, no pudo evitar sorprenderse.

—Ayer el trámite fue muy rápido —dijo Rafael con voz baja—. Estos son los anillos de la propuesta que te debía. ¿Te gustan?

Su mirada era demasiado atenta.

Vanessa empezó a respirar agitada. Aunque fue un matrimonio relámpago, no podía evitar sentirse conmovida al ver que él la tomaba en cuenta.

Asintió con fuerza.

—Me encantan.

Rafael le tomó la mano, sacó el anillo de diamantes y se lo puso en el dedo anular con un tono mandón:

—No te lo quites a partir de ahora.

Él se inclinó un poco; de cerca sus rasgos se veían más definidos. Vanessa, sin darse cuenta, contuvo el aliento mientras el corazón le latía a mil.

Rafael pasó un rato sin escuchar respuesta y pensó que ella no quería. Su mirada se volvió un poco más seria.

—¿No quieres?

Vanessa negó.

—No es eso, sí quiero.

Solo entonces Rafael se relajó un poco. Extendió su mano izquierda; sus dedos eran largos y fuertes.

—Entonces, le pido a mi esposa el favor de ponerme el mío.

Vanessa pensó que era lo justo. Con cuidado, tomó el anillo de hombre y se lo puso con movimientos suaves.

Sus dedos eran delicados y el roce de su piel con la de él volvió el ambiente muy íntimo.

De pronto, Rafael la tomó de la cintura, la atrajo hacia él y la miró fijamente.

—Y ahora, ¿no deberíamos hacer lo que a una pareja le corresponde?

Al escucharlo, el corazón de Vanessa se aceleró todavía más y su mente se quedó en blanco por un segundo.

Después de un momento, logró recuperar el habla:

—¿Qué... qué cosa?

Rafael levantó la mano y acarició con el pulgar la suave cara de ella. Sus ojos brillaban con deseo.

—¿No me digas que nunca has estado con un hombre?

Se inclinó para besarla, pero estaba tan nerviosa que su cuerpo se tensó y echó la cabeza hacia atrás.

Al sentir su rechazo, el brillo en los ojos de Rafael se apagó y la soltó.

—No te preocupes, te daré tu espacio.

Vanessa se quedó pasmada.

“¿Significa que no va a tocarme si yo no quiero?”

Por alguna razón, sentía que Rafael, que antes parecía alguien serio e imponente, ahora se portaba tierno.

Vanessa no entendía por qué, pero se sintió mal por lo de hace un momento y bajó la mirada.

—Perdón, es que todavía no estoy lista.

Rafael sonrió apenas y le acarició el cabello con suavidad.

—¿Pides perdón por algo tan simple? Ya te dije que te daré tiempo, pero no me hagas esperar demasiado.

Por un instante, Vanessa se sintió consentida, algo que jamás había vivido con Alexis.

Después de un rato, asintió con obediencia. Entonces recordó lo importante.

—Por cierto, mi abuelo quiere conocerte. ¿Podrías acompañarme a verlo?

—Claro, pero...

Rafael se inclinó hacia su oído y le dijo con una voz muy atractiva:

—¿Me das un beso, esposa?
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (2)
goodnovel comment avatar
Liliana Garcia
que cariñoso
goodnovel comment avatar
Mariana Rejon
La historia y la trama me gusta está bien, solo que de repente eso de que miraba como gatita asustada o que parecería cachorrita se me hace muy nada que ver, llega a sentirse machista, no le ponen apodos así a los hombres en las historias
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 815

    Ni Sergio ni Bianca habían notado a Vanessa.—¿Te divierte hablar así? —preguntó Sergio con el ceño fruncido; por fin había perdido su calma habitual.—¿Y qué quieres que diga? ¿Que acepte tu compensación? —Bianca soltó una risa indignada.Un rato antes, Sergio había insistido en llevarla a un restaurante para comer y hablar de lo ocurrido la noche anterior.Bianca no recordaba bien lo que había pasado. Cuando despertó, ambos estaban acostados y desnudos. Bianca seguía aturdida y solo quería volver a casa a dormir. Sin embargo, Sergio le había entregado un cheque por quinientos mil dólares como compensación.Ambos eran adultos; no se podía decir que uno de los dos hubiera salido perdiendo. Sergio no tenía por qué compensarla.Aunque Sergio le gustaba, Bianca no pensaba aprovecharse de la situación ni aceptar el cheque de quinientos mil dólares.—Sergio, solo fue una aventura de una noche. ¿Tienes miedo de que me aferre a ti? Tranquilo, no lo haré.Bianca solo quería volver a casa cuant

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 814

    Vanessa se acercó a Rodrigo y tomó asiento en el sofá de enfrente.—Llegó temprano, señor Zárate. Dígame qué quiere que haga.Abordó el asunto de frente porque no quería perder tiempo. Varios guardaespaldas se distribuyeron detrás de ella y a ambos lados, erguidos y alertas.Rodrigo les echó un vistazo y sonrió de forma enigmática.—¿A qué viene esto, señorita León? ¿Teme que le haga daño?—Disculpe. Hay demasiada gente que quiere hacerme daño. Me siento más tranquila si están presentes. Espero que no le moleste.Vanessa ya sabía mostrarse cortés, pero su expresión seguía distante. Rodrigo siempre le parecía peligroso, así que prefería tratar con él lo menos posible. Rodrigo sonrió apenas e hizo un gesto con la mano. Diego Fuentes le entregó un documento a Vanessa.Vanessa lo abrió y lo leyó con sorpresa. Era una propuesta de desarrollo conjunto de autos eléctricos inteligentes.Su expresión se volvió seria y arrojó el documento sobre la mesa.—Está pidiendo demasiado.Grupo León y Cor

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 813

    Rafael la mantuvo entre sus brazos un rato, hasta que ella acabó por levantarse para asearse. Cuando terminaron de comer, salieron juntos.En el auto, Rafael le tomó la mano y entrelazó firmemente sus dedos con los de ella. A pesar de haber bebido la noche anterior, se veía bastante animado.El auto se detuvo frente al edificio del Grupo León. Antes de bajar del auto, Vanessa le advirtió:—Toma mucha agua hoy y no bebas alcohol, aunque tengas alguna reunión.—Lo que mi esposa diga. —Rafael sonrió y la miró con ternura.En apenas un día, ya le había dado varios apelativos cariñosos.Vanessa miró a Ricardo, que conducía.—Hazme el favor de vigilar a tu jefe.—Claro, señora —respondió Ricardo de buena gana.—Me voy.—Está bien.Rafael se acercó, la rodeó por la cintura y la besó en los labios.—Sube.Vanessa se sonrojó. Respondió en voz baja que sí, bajó del auto y caminó hasta la entrada del edificio, donde Daniel la esperaba.En cuanto Daniel la vio, se acercó para repasar con ella la a

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 812

    Para Bianca, era como si la otra persona perdiera todo su encanto y dejara de interesarle. Sin embargo, con Sergio no le pasaba eso y, en el fondo, le resultaba irónico.Sergio apenas mostró desagrado.—¿Y eso qué importa?A Bianca le pareció gracioso, se recostó en el asiento y no volvió a hablar.Hasta donde recordaba, Sergio era el único con quien había coqueteado por iniciativa propia y el único que había logrado frustrarla.No le atraían los retos demasiado difíciles. Ante las dificultades no había que tener miedo; bastaba con saber cuándo rendirse. Bianca decidió rendirse.El trayecto duró veinte minutos, pero a Bianca se le hizo eterno. El auto era estrecho, y el tenue aroma de Sergio llegaba hasta ella. Optó por cerrar los ojos y concentrarse en el movimiento del auto.Sergio permanecía en silencio a su lado. Bianca percibía que Sergio la miraba de vez en cuando, pero tenía los párpados pesados y la cabeza nublada, así que no abrió los ojos para comprobarlo. Sergio contempló su

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 811

    Acto seguido, una mano grande le rodeó la cintura. Rafael la levantó con un solo brazo, volvió a recostarla en la cama y enseguida se inclinó sobre ella hasta cubrirla con su sombra.Él la aprisionó contra la cama mientras la besaba con pasión. Vanessa alzó el mentón y le devolvió el beso con la misma pasión. Aquella noche, ambos se dejaron llevar por el deseo.En el bar, la reunión terminó a las dos de la madrugada.—Sergio, no conduzcas así, estuviste tomando. Pide un taxi o regresa conmigo; luego manda a alguien por el tuyo —propuso Leonardo.—Sí, regresa con Leonardo. No conduzcas —añadió Verónica.Sergio dejó ver un destello en la mirada tras los lentes y respondió:—No pasa nada. Váyanse ustedes; yo iré al baño.Los otros dos no insistieron y se marcharon. Después de verlos partir, Sergio miró con disimulo hacia uno de los privados. Bianca había bebido un poco de más y, sin darse cuenta, se inclinó hacia Joel, sentado a su lado.Él volvió la cabeza para contemplarla. No apartaba

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 810

    Rodrigo respondió:“Mañana al mediodía. Comemos y hablamos”.Vanessa pensó que lo mejor era resolver el asunto cuanto antes y aceptó sin dudar. Apenas salió del estudio, escuchó que se abría la puerta.La luz del recibidor se encendió.Vanessa fue al recibidor y vio a Rafael quitándose los zapatos. Llevaba el saco del traje colgado de un brazo y la corbata floja sobre la camisa blanca. Con su porte alto y esbelto, Rafael tenía un aura desenfadada y rebelde.Aquella luz realzaba tanto sus facciones que era difícil dejar de mirarlo.—¿Por qué saliste?La pregunta de Rafael hizo que Vanessa volviera en sí. Al alzar la mirada, Vanessa descubrió que Rafael ya estaba frente a ella. Percibió un tenue olor a alcohol mezclado con el aroma habitual de Rafael.—Acabo de revisar unos documentos. Salí al escuchar ruido. —Vanessa dio un paso hacia él y Rafael la atrajo contra su pecho con naturalidad.Rafael bajó la cabeza, le besó la frente y murmuró con voz ronca:—Creí que mi esposa había salido

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status