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CAPÍTULO 7: TODOS LOS ACCESOS BLOQUEADOS

مؤلف: susy
last update تاريخ النشر: 2026-10-01 10:27:08

Al escuchar la cruel amenaza que salió de los labios de Leo, la sangre en la cabeza de Bella pareció quemarle todos los nervios. Sin pensarlo más, su mano derecha se lanzó con fuerza hacia el aire, apuntando directamente a la mejilla del hombre.

¡PLAF!

El fuerte sonido del impacto resonó por toda la habitación, pero la palma de Bella jamás llegó a tocar el rostro de Leo. Los dedos de Leo, duros como el hierro, interceptaron la muñeca de Bella justo al lado de su oído.

Antes de que Bella pudiera
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  • El Comprador de Mi Cuerpo   CAPÍTULO 7: TODOS LOS ACCESOS BLOQUEADOS

    Al escuchar la cruel amenaza que salió de los labios de Leo, la sangre en la cabeza de Bella pareció quemarle todos los nervios. Sin pensarlo más, su mano derecha se lanzó con fuerza hacia el aire, apuntando directamente a la mejilla del hombre.¡PLAF!El fuerte sonido del impacto resonó por toda la habitación, pero la palma de Bella jamás llegó a tocar el rostro de Leo. Los dedos de Leo, duros como el hierro, interceptaron la muñeca de Bella justo al lado de su oído.Antes de que Bella pudiera procesar el ardor que se extendía por su muñeca, Leo tiró bruscamente de su brazo hacia abajo de un solo movimiento.El cuerpo de Bella fue empujado con fuerza hacia adelante hasta que su pecho chocó contra el torso firme de Leo. En cuestión de segundos, el brazo izquierdo del hombre se cerró con fuerza alrededor de la cintura de Bella, inmovilizando el cuerpo de la mujer sin dejarle el menor espacio para moverse.El cálido y agitado aliento de Leo golpeó directamente el oído de Bella.Bella gi

  • El Comprador de Mi Cuerpo   CAPÍTULO 6: LEO: «Cásate conmigo, Bella»

    Leo estaba de pie, de espaldas a la habitación, junto a una ventana de cristal que se extendía desde el suelo hasta el techo. Tenía ambas manos hundidas en los bolsillos de sus pantalones de vestir, impecablemente cortados.Afuera, el cielo nublado se cernía pesadamente. El enorme cristal reflejaba vagamente la silueta de Bella, inmóvil en el umbral de la puerta.—¿Qué se siente al regresar a esta casa después de diez años, Bella?Leo no se volvió. Su voz sonó plana, pero el tenue eco que rebotaba en las paredes y el suelo de mármol hizo que el aire de la habitación se sintiera de pronto aún más opresivo y amenazante.Bella apretó con fuerza ambos puños a los costados. Clavó las uñas en las palmas de sus manos hasta que la piel se volvió blanca, tratando de desviar el intenso temblor que le recorría el pecho.—Muy agradable —respondió Bella. Tragó saliva con dificultad, obligando a su garganta áspera y seca a no dejar escapar el temblor de su voz—. Resulta que nada ha cambiado en esta

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    Bella llegó al hospital con pasos apresurados. Maria se puso de pie de inmediato y se acercó a ella en cuanto vio a la joven entrar en la habitación.—Señorita Bella... La señora Beatrix te ha estado buscando desde hace un rato —dijo Maria, recibiéndola con expresión preocupada.—Maria... Gracias por cuidar de mamá mientras yo trabajaba —respondió Bella mientras le daba unas suaves palmadas en el hombro.Bella se acercó enseguida y se sentó al borde de la cama.—Mamá... Ya llegué... —dijo Bella. Forzó las comisuras de sus labios para dibujar una dulce sonrisa hacia su madre, que yacía débil sobre la cama con una vía intravenosa conectada a su mano.—Perdóname, Bella... Apenas saliste de prisión y ya estoy causándote problemas. Tienes que trabajar duro para pagar el hospital —dijo Beatrix con los ojos apagados y húmedos.—Mamá... No digas eso. Te quiero muchísimo. Es lo menos que puedo hacer —la interrumpió Bella rápidamente, sujetando con fuerza la fría y delgada mano de su madre.—Se

  • El Comprador de Mi Cuerpo   CAPÍTULO 4: Una Nueva Prisión

    Tiempo presente, habitación de hotel.Bella permanecía inmóvil, completamente desnuda. Sus hombros caían con resignación y ambas manos colgaban rígidas a los costados de sus muslos, aunque su pecho desnudo subía y bajaba de manera irregular. Sus ojos permanecían fijos en Leo, sin siquiera parpadear.Leo se quedó inmóvil por un instante. Su mirada recorrió lentamente a Bella desde los pies hasta sus hombros, que temblaban ligeramente. La mandíbula del hombre se tensó, revelando la agitación que se ocultaba bajo las venas marcadas de su cuello.—Al fin reaccionas —dijo Leo. Su voz era tranquila y baja, pero resonaba con profundidad—. ¿No prometiste una vez que me darías tu virginidad? Cuando estábamos en la escuela secundaria, todavía eras mi novia. ¿Lo recuerdas?Los párpados de Bella temblaron con fuerza. Apartó la mirada de los ojos de Leo y la fijó en un punto vacío de la pared blanca detrás de él. Una lágrima recorrió su pálida mejilla, llegó hasta su barbilla y cayó sin que de sus

  • El Comprador de Mi Cuerpo   CAPÍTULO 3: Una Enfermedad Mortal

    Las suelas de los zapatos de Bella golpeaban el piso de porcelana del pasillo del hospital, produciendo un eco agudo que se mezclaba con el bullicio de las personas que iban y venían.El intenso olor a desinfectante le penetraba en la nariz cada vez que respiraba entrecortadamente. Sentía una oleada de calor apretándole el pecho y extendiéndose hasta el cuello, pero obligó a sus piernas a seguir corriendo entre las filas de asientos de espera.Bella se detuvo de repente cerca de las puertas dobles de vidrio que llevaban el letrero de UCI.En una esquina del pasillo, una mujer de mediana edad vestida con ropa sencilla permanecía de pie, secándose los ojos rojos e hinchados.—¡Señorita Bella! —exclamó la mujer en un pequeño grito. Sus ojos se abrieron de par en par mientras recorrían el cuerpo de Bella de arriba abajo, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.—¡Maria! —Bella avanzó a grandes zancadas y tomó ambas muñecas de Maria. Sus dedos fríos se aferraron con fuerza a ellas.M

  • El Comprador de Mi Cuerpo   CAPÍTULO 2: El Día de la Libertad

    Dos semanas antes—¡Leo! ¡Yo no maté a tu madre! ¡Lo que viste no fue así! ¡Estás equivocado!Bella gritó hasta que las venas de su cuello se tensaron y se hicieron visibles. Sus dedos se aferraron con fuerza al borde de la baranda de madera frente al estrado, dejando marcas de sudor frío sobre la superficie. Tenía los ojos rojos e hinchados mientras miraba fijamente hacia el estrado de los testigos de la parte acusadora.Allí, Leo, el hombre que más amaba, permanecía sentado con la espalda erguida y el rostro inexpresivo. No había rastro de emoción en aquel rostro. La mirada de Leo se clavaba en la suya, fría, rígida y sin el menor atisbo de misericordia.¡Crrriiiic!El chirrido estridente de una bisagra de hierro oxidado interrumpió aquel doloroso recuerdo de diez años atrás.Bella sacudió la cabeza con fuerza y cerró los ojos con firmeza para expulsar de su mente la imagen de la sala del tribunal que había irrumpido de repente en sus recuerdos.El frío aire de Westchester le atrave

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