FAZER LOGIN—Gracias... y perdón —murmuró Chae-yeong mientras caminaban despacio hacia la entrada de la casa—. Mi abuela puede ser una fuerza de la naturaleza cuando se lo propone. Sé que esto es una pesadilla para ti. Te prometo que en cuanto reestructure la directiva y asegure las acciones de mi padre, te compensaré económicamente por todo este desastre.
Nikolai soltó una leve risa irónica.
—Creame, señorita Yoon, el dinero es lo último que me preocupa en este momento.
«Si supieras que podría comprar este vecindario entero con el saldo de mi cuenta suiza», pensó Nikolai para sus adentros mientras cruzaban el umbral de la mansión.
El interior de la mansión era espacioso y elegante. La abuela Park los guió directamente por el pasillo del segundo piso hasta detenerse frente a una puerta de madera tallada.
—Esta es la habitación principal —anunció la anciana con una sonrisa radiante—. Tiene su propio baño, un balcón hermoso y una cama King size brought de Italia. Aquí se van a quedar los recién casados.
Chae-yeong casi tropieza con su propio bastón.
—¡¿Qué?! ¡Abuela, no! —exclamó la joven, poniéndose roja como un tomate—. Dijiste que se quedaría en la casa, ¡no dijiste nada de compartir habitación! Él es un desconocido... bueno, es mi esposo legal, ¡pero sigue siendo un desconocido!
—¿Y dónde quieres que duerma, muchacha terca? —preguntó la abuela cruzándose de brazos—. ¿En la habitación de huéspedes del fondo? ¿Para que la sirvienta de tu tía Hye-rin, que sé perfectamente que le pasa información, sospeche que el matrimonio es de mentira? Si vamos a jugar este juego, lo jugamos bien. Hay un sofá enorme en esa habitación. El muchacho es grande pero seguro cabe.
Nikolai miró el sofá de terciopelo verde que se veía a través de la puerta abierta. Medía apenas un metro ochenta. Él medía casi uno noventa.
—El sofá estará perfecto, señora Park —dijo Nikolai rápidamente, prefiriendo evitar una discusión de tres horas que terminaría perdiendo de todos modos—. He dormido en cabinas de camión peores que eso.
La abuela le dio dos palmaditas en la mejilla a Nikolai, complacida.
—Ves, Chae-yeong. Aprende de tu esposo, un hombre resuelto y sin mañas. Los dejo para que descansen. A las ocho servimos la cena y no acepto excusas.
La anciana se dio la vuelta y se alejó a pasos rápidos por el pasillo, dejándolos a los dos solos en el corredor.
Una hora después, la habitación estaba en absoluto silencio.
Chae-yeong se había cambiado de ropa con mucha dificultad debido al brazo lesionado, poniéndose un cómodo pantalón de entrenamiento y una camiseta ancha. Estaba sentada en el borde de la cama, mirando cómo Nikolai organizaba sus pocas pertenencias en una esquina del sofá, acomodando dos cobijas gruesas sobre la estructura de terciopelo.
—Ese sofá es demasiado corto para ti —dijo Chae-yeong rompiendo el hielo—. Te van a doler los pies por la mañana.
—He dormido sobre cajas de madera en medio de tormentas en el mar de Japón —respondió Nikolai sin mirarla, ajustando la almohada—. Esto es un hotel de cinco estrellas comparado con mi rutina habitual.
Chae-yeong lo observó detenidamente. Había algo en la forma de hablar de ese hombre que no terminaba de encajar. Tenía la ropa gastada de un chofer de logística, pero sus manos no tenían las marcas de grasa pesada ni el descuido de alguien que solo maneja un camión. Su postura era demasiado recta, sus movimientos demasiado precisos, y la calma con la que reaccionaba ante las amenazas era aterradora.
—Nikolai... —lo llamó ella con voz suave.
Él se giró y la miró.
—¿Por qué te quedaste? —preguntó Chae-yeong directamente, mirándolo a los ojos—. En el vestíbulo del edificio, pudiste haber dicho que mi abuela estaba loca y salir corriendo. Nadie te lo hubiera reprochado. ¿Por qué aceptaste seguirle el juego a mi abuela frente a los directivos?
Nikolai se quedó en silencio por unos segundos. La respuesta real era compleja: parte por rabia contra Seung-hyun, parte por protegerla, y parte porque ahora estaba atrapado en su propia telaraña para evitar que investigaran su identidad como el socio mayoritario.
—Los hombres como tu primo... he tratado con muchos de ellos en los puertos —dijo Nikolai, bajando la voz—. Tipos que nacen con todo resuelto y creen que pueden aplastar a los demás solo porque tienen un apellido importante. Me molesta la injusticia. Además... tu abuela tiene una forma muy peculiar de convencer a la gente.
Una pequeña y genuina sonrisa se dibujó en los labios de Chae-yeong. Era la primera vez que Nikolai la veía sonreír desde que la encontró en el almacén.
—Mi abuela es peligrosa —admitió Chae-yeong soltando una leve risita—. Pero tenía razón en algo: mi padre... él no tuvo un accidente. Sé que mi tía y Seung-hyun pagaron para que cortaran los frenos de su auto el año pasado. Quieren el control total de las terminales de transporte porque están haciendo negocios por debajo de la mesa con contratistas extranjeros. Si ellos toman el control, el trabajo de toda la vida de mi padre se destruirá.
Nikolai frunció el ceño al escuchar eso. ¿Contratistas extranjeros?
—¿Qué clase de contratistas? —preguntó Nikolai, poniéndose serio de inmediato.
—No lo sé con certeza —respondió Chae-yeong, abrazando sus rodillas—. He estado buscando los registros de carga de los últimos tres meses en el sistema central, pero alguien borró las listas de manifiesto de la Zona B. Justo la zona donde me emboscaron anoche.
Chae-yeong extrajo del compartimento inferior del asiento una pequeña pistola compacta de nueve milímetros, asegurando la corredera con un movimiento seco y firme que demostraba que no era la primera vez que empuñaba un arma bajo la supervisión de Nikolai.—Entro contigo —dijo Chae-yeong, mirando a Nikolai con una frialdad sin fisuras—. No voy a esperar en el coche mientras sacan las pruebas de la muerte de mi padre. Necesito ver con mis propios ojos la firma del servidor antes de que mi tío sepa que lo tenemos acorralado.Nikolai la observó durante un breve instante. Conocía la determinación que ardía tras la mirada de Chae-yeong; intentar dejarla atrás en el vehículo habría sido inútil.—Te mantendrás dos pasos detrás de mí en todo momento —ordenó Nikolai en un tono que no admitía réplica—. Si se inicia un intercambio de fuego abierto, Do-jin te cubrirá la extracción hacia el sector oeste.—Entendido —asintió Chae-yeong.La lluvia comenzaba a arreciar, convirtiendo el suelo de grava
Kang Tae-shik soltó una larga bocanada de humo gris que flotó dentro del vehículo. Sus ojos pequeños y oscuros se estrecharon.—¿Cuántos eran? —preguntó sin elevar el tono, pero con una frialdad que helaba la sangre.—Solo... solo un hombre, jefe. Un extranjero. Era gigante, se movía como un fantasma. Encontré a El Ancla inconsciente en su despacho. Se llevaron los discos de la caja fuerte secundaria y el registro de llamadas de la red privada.Un silencio aterrador se apoderó de la berlina durante varios segundos. El único sonido era el crepitar del tabaco encendido.—Un extranjero... —murmuró Kang Tae-shik para sí mismo.Las piezas encajaron en su mente con una precisión siniestra. El informe que le había dado el primo de Chae-yeong, Yoon Min-jae, aseguraba que la heredera estaba acorralada en Europa por los mercenarios de Viktor Markov. Pero si un especialista táctico extranjero estaba limpiando sus locales en el centro de Seúl, significaba que Chae-yeong no solo había sobrevivido
—Do-jin, corta la línea de alimentación de las cámaras del pasillo trasero durante exactamente cuarenta segundos —ordenó Nikolai por el canal de radio interno.—Línea secundaria interceptada. Tienes cuarenta segundos a partir de... ahora.Nikolai descendió por la escala de incendios con una agilidad sorprendente para su corpulencia, cayendo sobre el pavimento del callejón sin emitir el menor sonido.Antes de que los dos vigilantes pudieran reaccionar al ver una figura alta emerger de la penumbra, Nikolai avanzó tres pasos rápidos. Agarró la cabeza del primer guardia por la mandíbula y la nuca, aplicando una presión precisa que neutralizó el nervio vago y lo dejó inconsciente al instante. Al mismo tiempo, bloqueó el brazo del segundo vigilante cuando este intentaba echar mano a la funda sobria de su chaqueta, estampándolo con fuerza medido contra la pared de ladrillo.En menos de siete segundos, ambos guardias yacían en el suelo, desarmados y asegurados con bridas de nylon de alta resi
—Padre, la convocatoria para la junta extraordinaria de mañana a las 09:00 está firmada y distribuida —anunció Min-jae con aire triunfante—. Los consejeros han confirmado su asistencia. Todos están alineados. Chae-yeong ni siquiera ha respondido a las notificaciones enviadas a su correo en Europa.Seong-jin sonrió con suficiencia, ajustándose los puños de la camisa.—Déjala que siga escondida en los Alpes —dijo Seong-jin, sirviéndose un café amargo—. Mañana a las nueve y diez minutos, la era de mi hermano habrá terminado para siempre en este consorcio.En el refugio de Seongsu-dong, Chae-yeong cerró la última pantalla de confirmación. La trampa estaba lista, los consejeros acorralados financieramente, la seguridad de la mafia neutralizada y el contrato de ochocientos millones listo para ser presentado como el golpe de gracia definitivo.Nikolai regresó al centro de mando, cerró la puerta de seguridad y se colocó a su lado.—Todas las piezas están en su lugar, presidenta —reportó Nikol
Chae-yeong acomodó la carpeta sobre su regazo y miró el coche con una sonrisa helada.—Pon rumbo directo al aeropuerto de Incheon, Do-jin —ordenó Chae-yeong—. Es hora de mostrarle a mi familia quién gobierna realmente el Consorcio Yoon.A las 05:15 de la mañana, mientras la niebla del mar Amarillo cubría las pistas de la terminal privada del Aeropuerto Internacional de Incheon, el Gulfstream G650 tocó tierra sin encender las luces de cortesía.El plan de vuelo falso registrado hacia Alemania había cumplido su cometido: para la red de vigilancia de Yoon Seong-jin y los informantes de la mafia surcoreana, la presidenta Yoon Chae-yeong continuaba atrapada en las garras de la burocracia europea.Do-jin coordinó la salida a través del canal logístico de una firma de importación textil de alta gama. En lugar de utilizar los vehículos ejecutivos de la flota del consorcio, la comitiva abordó dos monovolúmenes negros con cristales ahumados de alta densidad y matrículas temporales no registrada
Nikolai revisó el cargador de su pistola antes de guardarla en la funda sobria de su abrigo ejecutivo.—El consorcio Astra-Nordic es el mayor proveedor de litio refinado y tecnología de semiconductores para el mercado asiático —comentó Nikolai, mirando la pantalla—. Llevan dos años buscando un socio estratégico en Corea del Sur, pero la junta directiva de tu tío se negó a firmar porque exigían un porcentaje de sobornos bajo la mesa para los clanes de la mafia de Seúl.—Exacto —asintió Chae-yeong, ajustando el broche de su chaqueta—. Las negociaciones en Singapur estaban paralizadas por esa extorsión. El presidente de Astra-Nordic, el señor Henrik Lindqvist, se encuentra esta noche en su residencia privada de Sentosa Cove. Si cerramos el contrato de exclusividad antes del amanecer utilizando los noventa millones de Liechtenstein como garantía de liquidez inmediata, el consorcio Yoon obtendrá el monopolio de suministro para los próximos diez años.A las 03:15, un sedán de lujo de color







