مشاركة

Capitulo 4

مؤلف: J Martinez
last update تاريخ النشر: 2025-07-23 23:25:30

El palacio de Paser estaba a tope. No era el trajín normal de los criados y guardias; era algo más, una energía tensa que anunciaba algo importante. Los patios estaban impecables, las fuentes echaban más agua de lo normal, y las mejores alfombras cubrían los salones. El aire olía a incienso, flores frescas y el miedo de los que corrían para tener todo listo.

Nefertari veía todo desde su balcón, con un mal presentimiento. Sabía por qué tanto lío: el príncipe Menkat, sobrino del faraón, llegaba. Su padre, Paser, llevaba semanas hablando de esto, con una mezcla de emoción y seriedad que a Nefertari le daba mala espina. No era una visita cualquiera, sino una revisión. Una evaluación. Y ella era el objetivo.

Baketamon entró con fruta fresca y cara seria: —Mi señora, el visir dice que se prepare. El príncipe Menkat está por llegar, ya se ve su gente en la distancia.

Nefertari sintió un escalofrío, a pesar del calor. —¿Tan pronto? Pensé que teníamos más tiempo.

—Los príncipes no esperan —dijo Baketamon—. El faraón Amonhoteph le dio permiso especial para este viaje. Es un gran honor.

Nefertari se giró, con tristeza en los ojos. Baketamon la conocía bien.

—¿Honor? ¿O una cadena más?

Baketamon no contestó, solo la ayudó a elegir un vestido. Eligieron uno azul oscuro, que le quedaba muy bien con su piel y sus ojos, con un collar sencillo. Nefertari se sentía como una muñeca, vestida para algo que no quería.

Al poco, las trompetas y los tambores anunciaron la llegada. Se oyeron voces en el patio. Nefertari miró desde el balcón, con recelo.

Abajo, llegaba gente a lo grande: carrozas doradas tiradas por caballos blancos con plumas, guardias con armaduras brillantes, y un montón de sirvientes y nobles. En medio, bajando de una carroza enorme, estaba él: Menkat.

Era alto, con pelo oscuro y ojos que, desde lejos, parecían fríos. Cuando saludó a Paser, sonrió de forma amplia y segura, casi creída. Se movía como si tuviera todo el poder del mundo. No era humilde, ni tenía la nobleza que Nefertari había visto en los ojos de un simple guardia. Menkat no veía personas, solo el estatus y lo que le convenía.

Nefertari se apartó del balcón con un nudo en el estómago. Estaba segura: ese hombre no era para ella. No quería pasar el resto de su vida aguantando su arrogancia.

Un rato después, un sirviente dijo que el visir Paser quería ver a Nefertari y Mutemwia en la sala de recepción. Nefertari respiró hondo, intentando calmarse.

Cuando entraron, Paser estaba con Menkat, sonriendo los dos. Menkat la miró como si fuera un objeto.

—Mi hermosa Nefertari —dijo Paser, contento, algo que Nefertari no compartía—. El príncipe Menkat ha llegado.

Menkat se acercó, sonriendo sin ganas.

—Doncella Nefertari, es un gusto conocer a la famosa hija del visir. Es aún más bella de lo que dicen.

Nefertari hizo una reverencia, mirando al suelo, intentando no mostrar lo que sentía.

—Príncipe Menkat, bienvenido a casa de mi padre.

Al principio, todo fueron formalidades, preguntas sobre el viaje de Menkat y comentarios sobre lo bien que iba Menfis. Nefertari contestaba con aburrimiento, pensando en otra cosa, notando la mirada de Menkat. Él hablaba de sus logros, de su poder en la corte, de sus planes de futuro, siempre hablando de sí mismo.

Al final, Paser tosió para llamar la atención. Sonrió más, con una alegría que Nefertari temía.

—Tengo algo que contarles que nos hace muy felices. El príncipe Menkat y yo hemos hablado mucho estos meses. Y con el permiso del gran Faraón Amonhoteph, hemos acordado una unión que traerá honor y prosperidad a nuestras familias.

A Nefertari se le encogió el corazón. Sabía lo que iba a pasar. Apretó las manos. Mutemwia, a su lado, bajó la mirada, resignada.

Paser siguió, con voz satisfecha: —Me complace anunciar el compromiso de mi hija, Nefertari, con el príncipe Menkat. Esta unión unirá a nuestras familias y asegurará un buen futuro para Egipto.

Se hizo el silencio. Menkat sonrió, victorioso. Nefertari sintió que le faltaba el aire. Era oficial, estaba atrapada. Miró a Menkat a los ojos, que brillaban con una satisfacción que le daba asco. No había amor, ni respeto, solo posesión.

Quería gritar, salir corriendo, desaparecer. Pero se controló y se quedó quieta, como una estatua, mientras la felicitaban. Por dentro, gritaba. Su voz, su verdadero ser, había sido silenciado. Y en ese momento, más que nunca, quería ser libre como el Nilo.

La noticia del compromiso golpeó a Nefertari como un balde de agua helada. Tras la ceremonia que resultó larguísima y llena de discursos aburridos y sonrisas falsas, se encerró en sus aposentos casi sin aire. Se tiró en el diván, arrugando la tela de su vestido, y se tapó la cara.

Baketamon entró al rato, con agua fresca y cara de preocupación. Dejó la jarra y se arrodilló junto a Nefertari, tocándole el hombro.

—Mi señora... ¿está bien? —preguntó en voz baja.

Nefertari levantó la mirada, con los ojos rojos pero secos. Ya no le quedaban lágrimas, solo un vacío enorme.

—¿Bien, Baketamon? ¿Cómo voy a estarlo? Mi padre me ha vendido. Me ha entregado a ese... a ese arrogante.

Baketamon suspiró, entendiendo su dolor.

—El príncipe Menkat es... un buen partido, mi señora. Es sobrino del faraón.

—Es un hombre vacío, Baketamon —interrumpió Nefertari, con una rabia que sorprendió a la sirvienta—. No ve más allá de sí mismo. Solo habla de poder, de tierras. ¿Crees que le importo? ¿Que tengo sueños? No. Solo soy un premio.

Se levantó y empezó a caminar por la habitación, dando vueltas.

—Y lo peor, Baketamon, es otra cosa. No puedo dejar de pensar en... aquel encuentro.

Baketamon frunció el ceño, confundida.

—¿Cuál, mi señora?

Nefertari se detuvo, mirando a la nada.

—El guardia. El que me salvó en el jardín de una caída. Sus ojos... no eran como los de Menkat. Eran... de verdad. Fuertes. Y cuando me sujetó... me sentí segura como nunca. Es una locura, lo sé. Un simple guardia. Pero me impactó más su mirada que todos los discursos de Menkat juntos.

استمر في قراءة هذا الكتاب مجانا
امسح الكود لتنزيل التطبيق

أحدث فصل

  • El Corazón del Nilo   Capitulo Final

    —¿Embarazada? —murmuró Nefertari. Amunet asintió, su sonrisa se hizo más amplia. —Sí, hija mía. La vida, que siempre encuentra su camino, ha escogido vuestro seno. Lo he sentido en su pulso, en la calidez de su piel, en el brillo en sus ojos, aunque lo hayas intentado ocultar. Los dioses la han bendecido. Las palabras de Amunet se asentaron en el aire, y Nefertari sintió una oleada de alegría tan pura, tan intensa, que le robó el aliento. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no eran lágrimas de tristeza, sino júbilo. Su mano se posó sobre su vientre, plano aún, pero que ahora albergaba una vida. Una pequeña vida creciendo dentro de ella. El hijo de Ahmose. La sangre de su amor. La continuidad de su linaje. La esperanza de un futuro. —Un… un bebé —susurró Nefertari, las lágrimas corrían libremente por sus mejillas, sus labios se curvaron en una sonrisa radiante.

  • El Corazón del Nilo   Capitulo 144

    Nefertari se aferró a él, sus manos se apretaron contra la tela de su túnica. —El palacio se sentía vacío sin ti —susurró Nefertari—. Sentía tu ausencia en cada pasillo, en cada amanecer. La vigilancia de Kamilah… la sentí como un escalofrío en la piel. Pero tu recuerdo… tu fuerza… me impulsaban. Ahmose la separó un poco, sus manos sostuvieron su rostro, sus pulgares acariciaron sus mejillas, secando las lágrimas. —Y la tuya, mi Princesa. Tu valentía al desenmascarar a esa serpiente. Al organizar la ayuda para el pueblo. Al mantener la fe de Menfis. Fuiste tan guerrera como yo, Nefertari. Nefertari sonrió. —Hice lo que pude. Pero la guerra… deja cicatrices, ¿no es así? —Sí —asintió Ahmose, su mirada se perdió un instante en el horizonte, donde el sol se ponía—. Las deja. En el cuerpo. Y en el alma. Pero juntos… juntos las sanaremos. Se sentaron de nuevo en el diván, Ahmose la abrazó, su cabeza

  • El Corazón del Nilo   Capitulo 143

    Se acercaron a un grupo de sacerdotes menores que supervisaban la remoción de unos altares improvisados, dedicados a una versión distorsionada de Amón, una que glorificaba el poder y el miedo sobre la compasión. —¿Alguna resistencia, Padre Menkare? —preguntó Nefertari. El Padre Menkare era un sacerdote anciano de rostro sabio y ojos cansados. —Los jóvenes, Princesa. Los que crecieron bajo la sombra de Imhotep. Creen que el Comandante Ahmose es un hereje. Que usted es una afrenta a la tradición por haberse casado con un guardia de baja cuna. Sus mentes están cegadas por el fanatismo. Argumentan que los archivos que delataban la corrupción de Imhotep… que son una invención. Que la caída de Imhotep es una prueba de que los dioses nos han abandonado. Serket intervino. —Pero… las pruebas. ¿No son suficientes? —Para la razón, sí, escriba —replicó Menkare—. Pero la fe, cuando es ciega, no escucha razones. Solo a lo que

  • El Corazón del Nilo   Capitulo 142

    —No habrá palabras suficientes para expresar mi gratitud —dijo Amonhoteph—. Habéis sido mi espada y mi escudo. Mi mente y mi corazón. Los honro, no solo como a mis servidores más leales, sino como a los verdaderos pilares de este reino. Vuestros nombres serán recordados por generaciones. La victoria es vuestra. Y la paz que ha llegado a Egipto… es vuestro legado. Ahmose y Paser, conmovidos por las palabras del Faraón, se inclinaron de nuevo. La carga había sido inmensa, los sacrificios muchos, pero la recompensa, la gratitud del Faraón y la paz de Egipto, valían cada gota de sangre derramada. El aire sobre Menfis ya no olía a humo y ceniza, sino a incienso de loto y al fresco perfume del Nilo. El sol brillante y misericordioso bañaba la ciudad con una luz dorada que parecía curar las cicatrices recientes. La guerra civil había terminado y la paz recién nacida comenzaba a extenderse sobre el reino. El mercado, que antes había sido un

  • El Corazón del Nilo   Capitulo 141

    Nefertari se lanzó a sus brazos, sus manos se aferraron a su armadura, su rostro se hundió en su hombro. El abrazo fue desesperado. Él la apretó contra sí, sintiendo su calor, su olor, la certeza de que estaba a salvo. —Mi guerrero —susurró Nefertari, su voz ahogada por las lágrimas—. Volviste. Volviste a mí. —Siempre, mi Princesa —murmuró Ahmose—. Siempre. El pueblo los rodeó, aclamándolos, celebrando la reunión de sus líderes, un símbolo de la victoria que habían logrado. La guerra civil, que había desgarrado el corazón de Egipto, había terminado. Imhotep estaba muerto, su poder destruido. El Faraón Amonhoteph recibiría a sus héroes en los salones del palacio, pero la verdadera celebración estaba en las calles, entre la gente. Las campanas del Templo de Amón, que habían sonado con lamentos y oraciones por la guerra, ahora repicaban anunciando la paz. … En La Gran Sala de Audiencia

  • El Corazón del Nilo   Capitulo 140

    —¡Alto, Sumo Sacerdote! —gritó Nebu—. ¡No hay escape! ¡La justicia del Faraón te espera! Imhotep se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron, la sorpresa y la rabia lo golpearon. Trampa. Otra trampa. Ahmose. La Princesa. Sabían. —¡Perros! —rugió Imhotep—. ¡No son dignos de tocar al Sumo Sacerdote de Amón! ¡Son herejes! ¡Idólatras de un Faraón ciego! Sacó su daga ceremonial, la misma que había alzado en su último discurso a sus hombres. La hoja afilada brilló bajo la luz del sol. Sus sacerdotes intentaron huir por los lados, pero fueron interceptados por los soldados, y sus gritos se ahogaron. Imhotep, con un rugido de rabia, se lanzó hacia Nebu. No era un guerrero entrenado en el combate, pero su fanatismo y su desesperación lo impulsaban. Nebu paró el golpe con su escudo. El metal resonó. Con un movimiento fluido, su espada se movió con rápida velocidad. No hubo piedad. No hubo duda. Era una orden. La

فصول أخرى
استكشاف وقراءة روايات جيدة مجانية
الوصول المجاني إلى عدد كبير من الروايات الجيدة على تطبيق GoodNovel. تنزيل الكتب التي تحبها وقراءتها كلما وأينما أردت
اقرأ الكتب مجانا في التطبيق
امسح الكود للقراءة على التطبيق
DMCA.com Protection Status