เข้าสู่ระบบMariana hizo una seña para que guardáramos silencio.—Shh, cállese. Escuche, parece que ahí adentro se oye algo.Desde el fondo del pasillo llegaba un jadeo, mezclado con el arrastre de una cadena sobre el suelo. Agucé el oído y comprobé que era la voz de Karina. No cabía duda de que estaba ahí dentro.Contuvimos la respiración y nos acercamos despacio, siguiendo el sonido. Por la rendija de la puerta se filtraba la luz tenue de una vela, y el arrastre de la cadena resonaba en el pasillo vacío. Karina estaba adentro, tal como temíamos. La tenían atada a una cama, rodeada de toda clase de instrumentos.Al vernos, a Karina se le llenaron los ojos de lágrimas; le temblaban los labios, pero no podía emitir ni un sonido.Tenía la boca amordazada y no podía hablar. Me abalancé para desatarla, y Mariana me siguió. Le quité el trapo de la boca y Karina tosió con fuerza, mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas pálidas.—¡Karina, rápido, ven con nosotros! —dijo Mariana.Karina apena
Las tres iban vestidas bastante llamativas; una ni siquiera traía ropa interior, y se le veían los pezones. Fui directo al grano.—¿Alguna de ustedes conoce a Karina? Desapareció hace poco. Si saben algo de ella, más les vale decirlo.Al escuchar ese nombre, las tres palidecieron. Se miraron unas a otras y ninguna se atrevió a abrir la boca.Pasó un buen rato hasta que la de adelante murmuró:—Nosotras… la vimos hace un par de días. Dijo que iba a ver a un tipo rico y que con eso juntaría dinero para una cirugía…Sentí un nudo en el estómago y me tembló un poco la mano que sostenía la linterna.—¿Y sabes adónde fue?Respondió que no, con la voz temblorosa.—Mencionó el motel abandonado; dijo que ahí la esperaba alguien. Le insistimos en que no fuera, pero no nos hizo caso… Con tanta vigilancia estos días y la escuela encima de todo, seguro no quiso salir por la puerta principal para que no la reconocieran.Cuando terminó de hablar, un escalofrío me recorrió la espalda. Esa zona llevaba
—Ah, acabo de hacer una ronda por la entrada de la escuela. ¿Necesitaba algo?Mariana se acercó y se plantó frente a mí.—Es sobre una alumna de mi grupo. Se llama Karina. Hoy la maestra notó que faltó a clase, así que vine a preguntarle si anoche salió.Al escuchar eso, sudé frío. Me temblaron los labios y balbuceé:—Ah, ¿alguien desapareció? Pues no sé, anoche no salió nadie.Al verme tan tenso, entrecerró un poco los ojos y se quedó mirándome unos segundos.—Se ve muy mal, ¿no se siente bien?Sonaba preocupada, pero eso solo aumentó mi culpa. Contuve los nervios y forcé una sonrisa.—No, no es nada. A lo mejor me estoy resfriando.Asintió y sacó del bolso la copia de una credencial de estudiante.—Entonces échele un vistazo. Esta es la foto de Karina. Anoche, cuando cerraron los dormitorios, usted estaba de guardia. ¿La recuerda?Clavé los ojos en esa cara fina y delicada de la foto. ¡Era la estudiante de ayer! La mano empezó a temblarme. Me obligué a mantener la calma y dije:—No,
Sentí una oleada intensa de placer. ¡Qué bien usaba esa boquita! Nunca había sentido algo así.Tras varios espasmos, levantó la cabeza y me miró; todavía le quedaba en la boca un hilo de líquido blanquecino.Se rio bajito.—¿Quedó a gusto? ¿Ya me deja salir?Me miraba fijo a los ojos, con una chispa en la mirada. Me subí los pantalones y, medio mareado, caminé hasta la puerta. La abrí y le dije:—En serio que contigo no se puede. Bueno, acuérdate de regresar mañana tempranito a primera hora.Ella salió emocionada y, antes de irse, volvió a mirarme.—Gracias, jefe. Luego le doy otro premio. No imaginé que lo tuviera tan grande. Es mucho mejor que todos los que he visto.Me alegré; con semejante halago, se me calentó el cuerpo. Con solo pensar que mañana volvería a pasar, todo me parecía mejor. Esa noche, incluso entre sueños pensaba en ella; tenía que preguntarle sin falta en qué grupo estaba y cómo se llamaba.A mi edad, sentía por primera vez eso que llaman amor de juventud. Fue como
Yo estaba sentado y ella se inclinó; sus enormes pechos casi me aplastaban la cara. Me llegó un olor dulzón, mezcla de leche y perfume. Se me encendió todo.Pero me contuve y le dije con calma:—La escuela tiene reglas. Los estudiantes no pueden salir de noche. ¿No ves que me metes en problemas?Ella se puso melosa y empezó a pasarme la mano por el pecho.—Por favor, se lo ruego, hoy sí es algo importante; tengo que salir aunque sea un ratito.Con tanto roce se me calentó el cuerpo entero; sentí que el bulto se me marcaba. Tragué saliva como pude, tratando de contener el deseo que me quemaba por dentro.—No, no se puede, de ninguna manera. Son las reglas de la escuela; yo no puedo hacer nada.Al ver que me negaba, ella se puso más coqueta y sus pechos me rozaban la cara a cada rato.Sentí algo suave aplastarse contra mi cara. Llevaba tan poca ropa y el escote tan bajo que, con el golpe, hasta sentí el roce de su piel. Su piel era suave y tersa.¡Quién iba a pensar que yo, con un pie en
En ese momento escuché un ruido afuera, como un roce furtivo. Salí enseguida a ver qué pasaba. Vi a un hombre trepado al muro, a punto de escaparse.Saqué la linterna, lo alumbré y le grité.—¡¿Qué haces ahí?! ¡Está prohibido salir de la escuela de noche!El tipo volteó, muerto de miedo. Solo entonces pude verle bien la cara. ¿No era el mismo hombre al que había encontrado hacía un rato en la arboleda? ¿Y por qué quería salir a esas horas?Respondió nervioso:—Yo no… Yo no estudio en esta escuela. Déjeme salir, por favor.Me puse alerta y le pregunté, desconfiado:—Hace un momento te vi en la arboleda y ahora me dices que no eres de aquí. ¿Cómo esperas que te crea?Al tipo casi se le salían las lágrimas de desesperación; no paraba de suplicarme.—Le juro que no estudio en esta escuela; solo vine a conseguir a una chica. ¿O quiere que se la presente?—¡No no no no! ¡No me vengas con estupideces! —Por fuera me hacía el serio—. Esto es una escuela, no un burdel. Aquí no hay nada que prese







