LOGINJulieta Durante el camino de regreso, Sebastián permaneció pensativo. Yo por mi parte, no dejaba de preguntarme por qué lo había defendido, pero al escuchar a Hanna despreciarlo por haber vivido en la calle, sentí que la sangre me hervía. Él no había elegido ser secuestrado ni sufrir los maltratos de aquel hombre que lo recogió, había sido una víctima.Cuando llegamos a la mansión ya era medianoche, fuimos directamente a nuestra habitación, pero al entrar noté que la cuna de Héctor no estaba en su sitio. —Tranquila, está con mi abuela —asentí, aunque quería ir a buscarlo, decidí no hacerlo, sabía que estaba bien cuidado y no quería despertarla a esas horas —Julieta—¿Qué pasa? —me giré y encontré una expresión en su rostro, parecía estar debatiéndose entre preguntarme algo o guardar silencio. —Esas mujeres dijeron que mi familia nunca te aceptaría como mi esposa porque eras una mujer manchada —hizo una pausa —¿Julieta el padre de Héctor abuso de ti?Abrí los ojos, sorprendida por
Sebastián La cena estaba llena de empresarios, políticos y miembros de las familias más influyentes del país. Apenas entré, varias miradas se dirigieron hacia mí, algunos invitados se acercaron para saludarme, mientras otros se limitaron a observarme con curiosidad. Julieta caminaba a mi lado robando miradas con un vestido azul que resaltaba su figura, no pude evitar inflar el pecho con satisfacción al verla junto a mí, mientras los invitados la admiraban, pero nadie sabía ahí que era mía.—El hombre de la mesa de la izquierda es el presidente de los empresarios —susurró Julieta, el hombre levantó su copa por amabilidad. Sin embargo, algo me decía que no era de su agrado. No era difícil imaginar lo que pensaban, el heredero perdido por veinticinco años, el hombre que había de vivir en las calles a convertirse de la noche a la mañana en el sucesor de una de las familias más poderosas de México. Tendría que acostumbrarme a sus miradas, aunque jamás permitiría que ninguna de ellas d
SebastiánJulieta podía tener razón, y esa frase hacía referencia a mí. —Esto solo podría significar que tu padre me encontró —murmuré mientras observaba la fotografía —pero no explica por qué estaba en su casa la noche que murió. —Sabía que estaba ayudando a don Maximiliano a buscarlos, pero nunca me dijo que había dado contigo…Antes de que pudiera responder, mi celular comenzó a sonar, miré la pantalla y contesté. —Ya le envié la información que me pidió… —al escucharlo, colgué y abrí inmediatamente mi correo, Julieta me miraba en silencio, y en cuanto lo abrí, aparecieron varias páginas con información sobre su familia, comencé a leer. “La madre de Julieta, murió cuando era niña, su padre Héctor fue uno de los mejores amigos de don Maximiliano, después de graduarse de la universidad, comenzó a trabajar en el periódico…” —¿Investigaste a mi familia? —preguntó Julieta—Si, necesito saber desde donde comenzó todo esto —respondí sin apartar la mirada del informe. Continué leyend
Julieta Si alguien había incriminado a Sebastián, necesitaba descubrir quién y por qué.—Está bien —murmuré finalmente —investiguemos juntos…Sebastián asintió, sin intentar ocultar el alivio que le provocaban mis palabras. —No será fácil, conejita, alguien me hizo pasar por el culpable y es posible que todo tenga relación con el incendio de aquella casa. —Eso lo vamos averiguar. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, aunque desapareció enseguida, cuando miró sus manos, todavía manchadas de sangre seca. —Deberías cambiarte —comenté —y descansar, has tenido una noche terrible.—No podré dormir sabiendo que alguien está dispuesto en hacerles daño —vi la preocupación en sus ojos.—Pero ahora estamos seguros.Su mirada se dirigió hacia la cuna, donde Héctor dormí tranquilamente, su expresión se suavizó al contemplarlo, había algo en la manera en que lo miraba que todavía no conseguía comprender. —Como quisiera ser su padre —murmuró, abrí los ojos sorprendida por sus palabras, S
Julieta No supe en que momento me quedé dormida, pero desperté sobresaltada cuando escuché un ruido cerca de la cama, la habitación permanecía a oscuras, iluminada apenas por la luz del pasillo. Ahogue un grito al ver a Sebastián de pie frente a mí inmóvil, con la camisa arrugada y las manos cubiertas de sangre. —¡Sebastián! —me incorporé de golpe —¿Qué te pasó? ¿Estás herido?El no respondió, su mandíbula estaba tensa y sus ojos parecían perdidos, había algo en su manera de respirar que me hizo olvidar, por un instante, todas las razones que tenía para desconfiar de él. —Dios mío…—murmuré —¿De quién es esa sangre?Sebastián cerro los ojos brevemente —No es mía —aquellas palabras no me tranquilizaron. —¿Qué significa eso? ¿Qué hiciste?Sus ojos se clavaron en los míos. —Necesitaba verte —fruncí el ceño, desconcertada. —¿Qué?—Necesitaba comprobar que estabas bien. Antes de que pudiera preguntar algo más, me rodeó con los brazos, me quedé rígida, sorprendida por la fuerza con
SebastiánJulieta ¿De verdad vas a creer esto? —no respondió, me miraba como si fuera un monstruo, tenía el rostro pálido, apretaba a Héctor contra su pecho, protegiéndolo de mí, me dolió más de lo que estaba dispuesto a admitir —no puedo creer que pienses que sería capaz de hacer algo así —murmuré conteniendo el impulso de acercarme —este mensaje puede ser una mentira, alguien quiere que desconfíes de mí. —¿Y cómo sé que no eres tú quien lo ha enviado para atemorizarme y no seguir buscando pruebas en tú contra?Sus palabras me golpearon, apreté la mandíbula y guardé silenció unos segundos, intentando controlar la frustración que me provocaba verla tan aterrorizada en mi presencia. —¿De verdad crees que sería capaz de amenazar a tu hijo?—¡No sé de lo que eres capaz! Si ya mataste una vez, ¿Quién puede evitar que lo hagas de nuevo?—Héctor es un bebé inocente e indefenso ¡Jamás podría hacerle daño! —repliqué cerrando las manos en puños. —Eso puedes decirme para conseguir que confí







