Share

El beso en París

Author: ARPAN PORAME
last update publish date: 2026-08-25 06:09:57

El viento nocturno del Sena soplaba suavemente, trayendo consigo un frío que se desvanecía al instante entre la distancia, apenas más fina que un hilo de seda, que los separaba.

Los labios de Alejandro estaban tan cerca...

Tan cerca que cada exhalación cálida suya se sentía como una caricia real sobre los labios de Isabella.

—Dime que no, Isabella —susurró Alejandro una vez más, con la voz ronca, profunda y temblorosa por una vulnerabilidad que jamás había mostrado ante nadie—. Dime que me aleje, y me detendré.

Isabella lo miró fijamente a esos ojos oscuros.

Los mismos ojos que la miraron con frío desprecio en una habitación de hotel, hace seis años.

Los mismos ojos que anoche se lanzaron al mar oscuro y profundo para proteger la prueba del futuro de sus hijos.

Esos ojos que ahora solo reflejaban una cosa: a ella.

Toda su defensa construida durante cinco años —murallas de acero, sarcasmo afilado y razones lógicas— empezó a resquebrajarse, poco a poco, bajo el calor de la mano de Alejandro sobre su nuca.

Isabella no se apartó.

No dio un paso atrás.

Al contrario, levantó lentamente su mano libre y aferró el cuello del abrigo de lana de Alejandro.

—Siempre hablas demasiado cuando deberías actuar, Alejandro —susurró ella.

Un suspiro entrecortado escapó de la garganta de Alejandro.

Y entonces, él acortó la distancia que aún los separaba.

Sus labios se encontraron.

No fue un beso impuesto para los flashes de las cámaras sobre una alfombra roja.

No fue un beso fingido para engañar a una junta directiva.

Tampoco fue un beso apresurado bajo el silbido de balas.

Fue un beso genuino.

Ávido.

Exigente.

Y cargado de un anhelo que había permanecido enterrado durante seis años, en lo más hondo del abismo de su dolor.

Isabella dio un pequeño respingo cuando la lengua de Alejandro se abrió paso suavemente, aunque con firmeza, entre sus labios, reclamando su rendición absoluta y dejándola sin aliento.

El sabor del vino tinto de Burdeos, el aroma de su tabaco y el calor de su piel la invadieron por completo, arrebatándole todos los sentidos.

El otro brazo de Alejandro rodeó su cintura. La alzó un palmo del suelo y la pegó con fuerza a su cuerpo, firme y sólido como una roca.

Sus corazones latían al unísono, con un ritmo salvaje y sincronizado.

Isabella le devolvió el beso con la misma intensidad, sintiendo cómo el fuego también la consumía a ella.

Sus manos se perdieron entre los cabellos oscuros, espesos y suaves de Alejandro, atrayéndolo más hacia sí misma, perdiéndose en esa embriagadora sensación que había negado cada noche, en soledad, durante años.

Seis años de rechazo.

Seis años de dolor.

Todo el odio y el amor mezclados en un veneno dulce que consumía hasta la última duda que quedaba entre ellos.

Alejandro soltó un gemido grave. Inclinó la cabeza para profundizar el beso, saboreando cada rincón de la suavidad de los labios de Isabella como si fuera un hombre que acababa de encontrar agua en medio de un desierto árido.

Sus labios descendieron luego por la comisura de los de ella, recorrieron su mandíbula definida y depositaron un beso ardiente en la zona sensible de su cuello.

Un escalofrío intenso recorrió todo el cuerpo de Isabella.

—Alejandro... —susurró ella, con la respiración entrecortada, mientras las manos de él la sujetaban por la cintura con una posesión absoluta.

—Me perteneces, Isa —susurró Alejandro contra su piel, con la voz ronca y oscura por un deseo que apenas lograba contener—. No existe ningún contrato en este mundo que pueda cambiar ese hecho.

Y volvió a unir sus labios a los de ella en un beso largo, lento y embriagador, reclamando una promesa sin palabras, bajo la tenue luz de las calles de París.

El agua del Sena fluía suavemente bajo el puente, testigo silencioso de dos almas que, por fin, dejaron de herirse mutuamente en esa noche de otoño.

Cuando finalmente se separaron, el aire nocturno se sentía frío y cortante sobre sus pieles, encendidas por el calor del momento.

Alejandro apoyó su frente contra la de ella.

Ambos respiraban entrecortadamente, y sus alientos formaban pequeñas nubes de vapor en el aire fresco de la noche.

Alejandro la miró a los labios, hinchados y enrojecidos, con una satisfacción salvaje que no intentó ocultar.

Isabella respiró hondo, intentando recuperar el ritmo de su corazón, mientras sus manos aún descansaban sobre el pecho firme de él.

Lo miró con una expresión severa, esforzándose por ocultar lo nerviosa que se sentía.

—Ese beso —dijo ella, con la voz aún ligeramente ronca— no figura en el borrador de nuestro acuerdo, señor Montenegro.

Una media sonrisa, apuesta y peligrosa a la vez, apareció en el rostro de Alejandro.

—Entonces añada una cláusula nueva esta misma noche, señora.

Isabella soltó un suspiro y lo empujó suavemente por el pecho, alejándolo un paso, intentando recuperar la cordura que estaba a punto de abandonarla.

—No se confíe. Un beso a orillas del río no borra cinco años de mi partida.

—Un beso no —respondió Alejandro en voz baja. Dio un paso hacia ella, acortando de nuevo la distancia, y tomó su mano, entrelazando sus dedos con firmeza—. Pero tengo el resto de mi vida para asegurarme de que nunca más quiera irse.

El corazón de Isabella se le llenó de una punzada dulce y dolorosa.

Esta vez no respondió con sarcasmo.

Simplemente dejó que él la sujetara de la mano mientras la guiaba de regreso por las calles empedradas, hacia el automóvil estacionado.

El trayecto de vuelta, cruzando el puente de la Concordia, transcurrió en un silencio distinto.

Ya no era el silencio de la guerra ni de la desconfianza mutua.

Era un silencio denso, cargado de una tensión latente que flotaba espesa entre los asientos delantero y trasero del coche.

Cada vez que Alejandro cambiaba de marcha, el dorso de su mano rozaba deliberadamente el muslo de Isabella, enviando pequeñas descargas que le robaban el aliento.

Al llegar al apartamento del bulevar de Saint-Germain, todo estaba en absoluto silencio.

Las luces del salón principal se hallaban reducidas a un cálido resplandor dorado.

Isabella se quitó el abrigo color crema y lo colgó junto a la puerta.

Sus pasos la llevaron, casi por instinto, hacia la habitación de los niños, situada en el ala central del apartamento.

Alejandro la siguió en silencio.

Isabella empujó suavemente la puerta de madera blanca.

En aquella amplia estancia, dos pequeñas camas se hallaban colocadas una junto a la otra.

Sofía dormía acurrucada bajo un grueso edredón con estampado de mariposas, abrazando contra su pecho al señor Bigotes, con un suave y adorable ronquido.

En la cama contigua, Lucas dormía boca arriba. Tenía una mano por fuera de las mantas, y su rostro, habitualmente serio y calculador, aparecía ahora sereno e inocente, tal como corresponde a un niño de cinco años.

Isabella entró sin hacer ruido. Se inclinó para arropar a Lucas y le dio un beso en la frente, llena de una ternura infinita.

Alejandro se acercó al lado de la cama de Sofía.

Sus manos, acostumbradas a empuñar armas o a firmar contratos de miles de millones de dólares, apartaron con extrema delicadeza un mechón de cabello rizado de la frente de su hija.

Alejandro miró a ambos niños, y sus ojos oscuros se llenaron de una emoción tan profunda que se le hizo un nudo en la garganta.

Isabella lo observaba desde un lado.

Ver al hombre más poderoso y temido de España, indefenso ante las camas de sus hijos... hizo que algo que llevaba mucho tiempo congelado en su corazón terminara de derretirse por completo.

Alejandro se enderezó y se volvió hacia ella.

Salieron juntos de la habitación y cerraron la puerta con sumo cuidado, dejando solo una pequeña rendija para que pasara la luz del pasillo.

Ahora se hallaban en el estrecho pasillo central.

A su izquierda estaba la puerta del dormitorio de Isabella.

A su derecha, la del dormitorio de Alejandro.

Entre ambas puertas apenas había tres pasos.

Tres pasos que, de pronto, se sintieron como un puente colgante y frágil.

Alejandro la miró, y sus ojos oscuros recuperaron aquella intensidad ardiente.

Dio un paso hacia ella.

—Isa...

Su voz sonaba grave, cargada de una súplica silenciosa, pidiéndole que no dejara que esa noche terminara tras puertas separadas.

El corazón de Isabella latía con fuerza.

Miró la puerta de su habitación y luego volvió a mirarlo a él.

Sabía que si le permitía dar un solo paso más hacia su espacio personal esa noche, ya no habría vuelta atrás.

Justo cuando la mano de Alejandro se alzaba, a punto de rozar su cintura...

La pantalla de una tableta de trabajo, olvidada sobre una consola en el pasillo, se encendió de golpe con una luz roja intermitente.

Una alarma silenciosa sonó tres veces, breve y nítida.

Bip. Bip. Bip.

La intimidad que los rodeaba se desvaneció al instante.

Alejandro e Isabella se giraron al mismo tiempo hacia el aparato.

Un mensaje cifrado de alto nivel, enviado por Marco, aparecía en pantalla junto a un parpadeante símbolo de peligro:

URGENTE: DETECTADO SABOTAJE EN EL TALLER

Alguien ha irrumpido en los sistemas de seguridad de la Casa de Vaneau hace diez minutos.

Todas las sedas exclusivas procedentes de Como y los diseños de apertura del desfile de mañana por la noche... han sido arruinados con sustancias químicas corrosivas.

Encontraron este mensaje escrito sobre el espejo principal: «París no es lugar para modistillas callejeras».

Isabella se quedó mirando la pantalla.

La calidez y el deseo que brillaban en sus ojos se apagaron de golpe, reemplazados por una frialdad glacial.

Faltaban apenas treinta y seis horas para la inauguración de la Semana de la Moda de París.

Y Vivienne Delacroix acababa de quemar su carta más valiosa, antes de que la batalla por la moda hubiera comenzado.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El Matrimonio Forzado del Millonario   El Vestido de Novia en los Viñedos

    En el cuarto piso del atelier Maison de Vaneau, todo el personal se había marchado antes de tiempo.Solo quedaba el aroma de los lirios blancos, una taza de té de rosas que soltaba vapor, y una tela de seda mikado blanca como la nieve extendida sobre la mesa principal de corte.Isabella estaba de pie frente a su maniquí personal.En sus manos no sostenía las tijeras de acero con las que solía confeccionar pedidos para la nobleza de Milán o París.Sino una aguja de coser con punta de oro y un hilo de seda pura.A lo largo de su carrera como diseñadora de alta costura, Isabella había creado cientos de vestidos de novia lujosos para las mujeres más influyentes del mundo.Pero hoy, por primera vez en su vida, sus dedos cosían su propio vestido de boda.No era un vestido negro para una venganza.No era un vestido de acero para una guerra corporativa.Era un vestido de novia de gasa de seda y encaje Chantilly francés antiguo, que unía la elegancia eterna con una espalda descubierta, pura, l

  • El Matrimonio Forzado del Millonario   Lucas da su bendición

    La luz del amanecer en el apartamento del Boulevard Saint-Germain proyectaba destellos arcoíris sobre la mesa de mármol de la cocina.No venían de la lámpara de cristal.Salían del brillo de un diamante talla esmeralda, engastado en el dedo anular de la mano izquierda de Isabella, flanqueado por dos zafiros azules de un brillo perfecto.Sofía fue la primera en romper el silencio de la mañana.La niña acababa de salir del baño con su pijama de conejo rosa, frotándose los ojos con una mano.Pero sus pasos se detuvieron de golpe junto a la silla de Isabella.Sus ojos redondos se abrieron tanto que casi se salían de sus órbitas.Su dedo pequeño se alzó, señalando directamente la mano izquierda de Isabella, que sostenía una taza de té.—¡MAMÁ! —gritó Sofía con una voz tan aguda que habría despertado a todo el distrito de Saint-Germain—. ¡TIENES UN ARCOÍRIS EN LA MANO!Isabella casi derrama su té caliente.Antes de que pudiera decir nada, Sofía ya se había lanzado a su regazo, tomó la mano

  • El Matrimonio Forzado del Millonario   En la cima de la Torre Eiffel

    Esa noche, París ardía en un derroche de luz dorada y esplendor.En el dormitorio principal del apartamento de Saint-Germain, Isabella permanecía de pie frente al espejo de cuerpo entero.Un vestido de noche de seda azul zafiro oscuro ceñía su figura con una perfección exquisita. El escote era bajo y elegante, mientras que una abertura alta en el lado izquierdo dejaba ver sus largas piernas, calzadas con unos tacones Louboutin salpicados de cristales.Su cabello oscuro estaba recogido en parte, dejando algunos mechones que enmarcaban su esbelto cuello.Detrás de ella, Sofía la miraba con ambas manos apoyadas en sus mejillas.—Mamá… —susurró Sofía con los ojos brillantes—. Pareces el cielo nocturno de París que ha bajado hasta esta habitación.Isabella sonrió con ternura, se dio la vuelta y besó la pequeña nariz de su hija.—Y tú pareces un hadita que halaga demasiado, Sofía.Lucas entró en la habitación, vestido con un pulcro suéter negro.El niño cruzó los brazos sobre el pecho y la

  • El Matrimonio Forzado del Millonario   Vida familiar en París

    La sala del apartamento del Boulevard Saint-Germain de pronto se sintió como el cuarto de interrogatorios más peligroso de Europa.Alejandro cerró los ojos durante dos largos segundos.En su vida, el multimillonario había enfrentado interrogatorios de fiscales federales, amenazas de muerte de cárteles comerciales y enfrentamientos armados sin pestañear siquiera.Pero estar frente a la mirada inquisitiva de Isabella, con Sofía abrazando a su conejo y mirándolo con ojos inocentes, era un tipo de crisis para la que no existía ningún protocolo de defensa.Isabella cruzó los brazos sobre el pecho y dio un paso adelante, con una sonrisa demasiado dulce para ser considerada inofensiva.—¿La cinta blanca en tu armario de trajes, Alejandro? —repitió Isabella con un tono letal—. ¿Acaso estás diseñando una colección de alta costura en secreto a mis espaldas?Alejandro abrió los ojos y se aclaró la garganta, que de pronto se había secado por completo.—Eso… es una cinta para envolver cajas de doc

  • El Matrimonio Forzado del Millonario   LA NUEVA PROPUESTA

    La sede central del Grupo Montenegro, en la Place Vendôme, poseía ventanales curvos de cuatro metros de altura que daban directamente al monumento de bronce de Napoleón.Sin embargo, aquella mañana, los documentos de la fusión valorados en cientos de millones de euros que se extendían sobre el escritorio de caoba de Alejandro no habían sido tocados en absoluto.El hombre estaba recostado en su sillón de piel, haciendo girar una pluma de oro entre sus dedos.En la pantalla de su tableta no se abría el informe financiero del tercer trimestre.Lo que se veía era un boceto de un anillo de diamantes con engaste de esmeralda, diseñado especialmente por el joyero más legendario de la Place Vendôme.Alguien llamó dos veces a la puerta del despacho.Marco entró, llevando una pila de documentos legales de cubierta azul oscuro.—El informe de reestructuración de la Maison de Vaneau ya está listo, señor —dijo Marco, dejando los documentos sobre el escritorio—. Los pedidos de vestidos de gala de l

  • El Matrimonio Forzado del Millonario   La mañana siguiente

    La luz del sol de la mañana en París atravesó las finas cortinas de seda, proyectando un resplandor cálido y dorado sobre el suelo de roble del dormitorio principal.Las pestañas de Isabella se movieron lentamente.Durante el primer segundo en que recuperó la conciencia, un súbito pánico del pasado le punzó el pecho.Era el instinto primitivo de hacía seis años, el miedo a despertar en una habitación de hotel fría, sola entre sábanas arrugadas, acompañada solo por el aroma del vacío y el sonido de una puerta cerrándose con fuerza.Pero al siguiente segundo, otro aroma inundó sus sentidos.El olor a café negro recién hecho.El aroma mantecoso de un cruasán caliente.Y el perfume de madera de cedro mezclado con el calor de una piel masculina que le resultaba demasiado familiar.Isabella abrió los ojos por completo.El lado de la cama estaba vacío, pero la habitación no era fría.Cerca de la consola de mármol junto al balcón entreabierto, Alejandro se mantenía de pie, recargado con calma

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status