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Capítulo 7

Penulis: Melanie Grande
El sudor me cubría la frente y jadeaba, temiendo que el hombre a mis espaldas descubriera mis intenciones.

El agua caliente de la camiseta de tirantes me corría lentamente por la espalda; él estaba arrodillado detrás de mí. Yo temblaba y, de vez en cuando, me rozaba contra su entrepierna, donde incluso sentía el bulto. Esa postura era demasiado sugerente.

Hasta él parecía muy excitado por eso. Dentro de la cabañita, la temperatura fue subiendo.

—¿Tienes frío? —preguntó mientras me acariciaba el
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  • El Oso de La Cabañita   Capítulo 8

    Al mirar con atención bajo la luz de la luna, la nieve que me rodeaba parecía haber sido acomodada. Tuve un mal presentimiento; me agaché y aparté toda la nieve a mi alrededor. Debajo apareció una puerta de madera cerrada.Al abrirla, me llegó una ráfaga de aire caliente. Era la entrada a un sótano. Volteé hacia la cabaña destartalada; desde adentro se escuchaban los ronquidos del hombre.Me armé de valor y me metí. Conforme me adentraba, el calor se volvía más intenso. A mis pies había aperitivos a medio comer en sus envoltorios e incluso botellas de cerveza.Tuve una sospecha aterradora. Apreté los labios y avancé tanteando la pared con nerviosismo. De pronto me detuve. Una luz intensa me encandiló tanto que apenas podía abrir los ojos.Aun así, corrí desesperada hacia el resplandor. Para mi sorpresa, era una computadora encendida. Miré la hora en la pantalla con las manos temblorosas. ¡¿Cómo que no había señal?!El engaño me hizo hervir la sangre. Con manos temblorosas tomé el celul

  • El Oso de La Cabañita   Capítulo 7

    El sudor me cubría la frente y jadeaba, temiendo que el hombre a mis espaldas descubriera mis intenciones.El agua caliente de la camiseta de tirantes me corría lentamente por la espalda; él estaba arrodillado detrás de mí. Yo temblaba y, de vez en cuando, me rozaba contra su entrepierna, donde incluso sentía el bulto. Esa postura era demasiado sugerente.Hasta él parecía muy excitado por eso. Dentro de la cabañita, la temperatura fue subiendo.—¿Tienes frío? —preguntó mientras me acariciaba el hombro y bajaba la cabeza.Negué y sonreí con dulzura.—Para nada, papi. Hasta siento calor aquí, junto a la fogata.—Ah, ¿sí? Me alegro. Te voy a limpiar con mucho cuidado.Apenas terminó de hablar, se enderezó un poco y sentí algo ardiente acomodándose entre mis piernas. En cuanto reconocí esa sensación, el corazón se me aceleró y volteé a verlo. Me tomó tan desprevenida que su gesto me avergonzó muchísimo.—Pero me estás limpiando el cuerpo, ¿por qué...?Fui incapaz de terminar la frase; tení

  • El Oso de La Cabañita   Capítulo 6

    Un segundo después, escuché una voz conocida detrás de mí.—¿Ya despertaste?¡Era él!Me di la vuelta y lo vi frente a mí. Sentía que otra vez podía respirar. Me sequé las lágrimas y, aunque me fallaban las piernas, me abalancé hacia él.—¡Regresó!Se hizo un poco a un lado.—Cuidado, pequeña. No vayas a tirar el agua que tanto me costó hervir.Al sentir el vapor caliente, retiré las manos y me detuve. Tenía en las manos un termo del que salía vapor; la cubierta exterior había quedado negra por el fuego.—Antes de dormir vi lo brusco que había sido contigo y que no dejabas de sangrar, así que salí a buscar nieve limpia para hervir agua y limpiarte el cuerpo.Al decir eso, se rascó la cabeza con aire culpable.—Pero me quedé dormido sin querer. El termo casi explota y el agua quedó hirviendo, así que tuve que salir otra vez por más nieve.Ver sus zapatos empapados de nieve derretida me conmovió. En casa, mis papás siempre estaban muy ocupados con el trabajo; nadie me había cuidado con t

  • El Oso de La Cabañita   Capítulo 5

    El calor me recorría el cuerpo mientras me aferraba a ese hombre maduro.Tenía la cabeza aturdida y la vista nublada; la mente se me quedó en blanco y no podía pensar.Dentro de la gruesa chamarra acolchada, estaba pegada a él, y el sudor me resbalaba por el cuello hasta el pecho.La intensa sensación me hizo gemir y temblé.El aire dentro de la chamarra se volvía cada vez más escaso. Como ya no podía respirar, asomé la cabeza y vi que la tormenta de nieve había cesado.Empapada en sudor, exhalé aliviada. Estaba segura de que, en cuanto la tormenta se detuviera, el entrenador les avisaría a mis papás de mi desaparición y ellos enviarían rescatistas para salvarme.Cuando me separé del entrenador, perdí todas mis cosas y no sabía si en estas montañas había señal. Mientras pensaba en eso, escuché a mi espalda la notificación de un celular. Entusiasmada, intenté incorporarme para mirar, pero él me mantuvo contra su pecho.—¿Qué vas a hacer? —preguntó.Abrí los ojos, feliz de haber encontra

  • El Oso de La Cabañita   Capítulo 4

    Pero el hombre pareció adivinar mis intenciones; se lamió los labios secos y retiró la mano. Apenas había empezado a entrar en calor y no quería dejarlo ir, así que lo agarré de la muñeca.De sus dedos todavía colgaba un hilo brillante. Al ver aquello, la cara se me encendió y el corazón casi se me salía del pecho.Sus dedos me rozaron la mejilla ardiente y dejaron una humedad pegajosa con un sutil aroma a deseo.—¿Tantas ganas tienes?Asentí. Aturdida por el frío y el deseo, solo podía dejarme llevar por el instinto y buscar ese calor.Llevó los dedos hasta mi boca y me rozó los labios, suaves y enrojecidos.—Si quieres algo, dilo. ¿Cómo voy a saber lo que quiere una cosita como tú?Tragué saliva sin poder contenerme y bajé la mirada hasta el bulto entre sus piernas. Me moría de vergüenza, pero no pude frenar mis impulsos:—Quiero... que papi me ayude a entrar en calor...Apenas terminé de hablar, el hombre me tomó de la mano y la puso sobre su pantalón. Se bajó la ropa interior; aque

  • El Oso de La Cabañita   Capítulo 3

    Al pensar en eso, me desilusioné. Soy joven y hermosa como pocas, sobre todo por mi cuerpo tan bien desarrollado; desde la pubertad, ningún hombre ha podido mirarme sin sentirse atraído. Pero el hombre maduro que tenía enfrente solo lo hacía para ayudarme a entrar en calor.Bajé la mirada hacia mi enorme busto bajo la camiseta deportiva de tirantes, me mordí el labio y me lo apreté con una mano.Pero lo que había sentido un momento antes fue tan placentero que se me quedó grabado en la mente. En mi interior, la bestiecita del deseo rugía y golpeaba sin descanso contra su jaula.Agaché la cabeza sin poder dejar de pensar en los videos porno que veía a escondidas por las noches. Sentía una calentura que no cesaba, como si necesitara tener algo dentro de mí.“Si fuera posible... me gustaría tanto hacerlo con él... De tanto subir montañas y trabajar en el campo, seguro está bien musculoso y también debe ser bueno en la cama...” Apenas se me ocurrió ese pensamiento indecente, me zumbaron lo

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