LOGIN—Esto sabe muy raro... y me duele la boca... Atrapada en aquel infierno nevado, busqué calor en los brazos del hombre maduro que también estaba atrapado allí conmigo. Esa cosa enorme me llenaba la boca; su intenso olor me mareaba y la saliva tibia se me escurría de los labios. Las manos ásperas del hombre me rozaban la piel y manoseaban mis pechos. En aquel infierno nevado, él jadeaba mientras me empujaba la cabeza con brusquedad y no paraba de estremecerse de placer. —Cosita buena, lame más ahí para que salgan más nutrientes; si no, nos moriremos congelados en esta cabaña.
View MoreAl mirar con atención bajo la luz de la luna, la nieve que me rodeaba parecía haber sido acomodada. Tuve un mal presentimiento; me agaché y aparté toda la nieve a mi alrededor. Debajo apareció una puerta de madera cerrada.Al abrirla, me llegó una ráfaga de aire caliente. Era la entrada a un sótano. Volteé hacia la cabaña destartalada; desde adentro se escuchaban los ronquidos del hombre.Me armé de valor y me metí. Conforme me adentraba, el calor se volvía más intenso. A mis pies había aperitivos a medio comer en sus envoltorios e incluso botellas de cerveza.Tuve una sospecha aterradora. Apreté los labios y avancé tanteando la pared con nerviosismo. De pronto me detuve. Una luz intensa me encandiló tanto que apenas podía abrir los ojos.Aun así, corrí desesperada hacia el resplandor. Para mi sorpresa, era una computadora encendida. Miré la hora en la pantalla con las manos temblorosas. ¡¿Cómo que no había señal?!El engaño me hizo hervir la sangre. Con manos temblorosas tomé el celul
El sudor me cubría la frente y jadeaba, temiendo que el hombre a mis espaldas descubriera mis intenciones.El agua caliente de la camiseta de tirantes me corría lentamente por la espalda; él estaba arrodillado detrás de mí. Yo temblaba y, de vez en cuando, me rozaba contra su entrepierna, donde incluso sentía el bulto. Esa postura era demasiado sugerente.Hasta él parecía muy excitado por eso. Dentro de la cabañita, la temperatura fue subiendo.—¿Tienes frío? —preguntó mientras me acariciaba el hombro y bajaba la cabeza.Negué y sonreí con dulzura.—Para nada, papi. Hasta siento calor aquí, junto a la fogata.—Ah, ¿sí? Me alegro. Te voy a limpiar con mucho cuidado.Apenas terminó de hablar, se enderezó un poco y sentí algo ardiente acomodándose entre mis piernas. En cuanto reconocí esa sensación, el corazón se me aceleró y volteé a verlo. Me tomó tan desprevenida que su gesto me avergonzó muchísimo.—Pero me estás limpiando el cuerpo, ¿por qué...?Fui incapaz de terminar la frase; tení
Un segundo después, escuché una voz conocida detrás de mí.—¿Ya despertaste?¡Era él!Me di la vuelta y lo vi frente a mí. Sentía que otra vez podía respirar. Me sequé las lágrimas y, aunque me fallaban las piernas, me abalancé hacia él.—¡Regresó!Se hizo un poco a un lado.—Cuidado, pequeña. No vayas a tirar el agua que tanto me costó hervir.Al sentir el vapor caliente, retiré las manos y me detuve. Tenía en las manos un termo del que salía vapor; la cubierta exterior había quedado negra por el fuego.—Antes de dormir vi lo brusco que había sido contigo y que no dejabas de sangrar, así que salí a buscar nieve limpia para hervir agua y limpiarte el cuerpo.Al decir eso, se rascó la cabeza con aire culpable.—Pero me quedé dormido sin querer. El termo casi explota y el agua quedó hirviendo, así que tuve que salir otra vez por más nieve.Ver sus zapatos empapados de nieve derretida me conmovió. En casa, mis papás siempre estaban muy ocupados con el trabajo; nadie me había cuidado con t
El calor me recorría el cuerpo mientras me aferraba a ese hombre maduro.Tenía la cabeza aturdida y la vista nublada; la mente se me quedó en blanco y no podía pensar.Dentro de la gruesa chamarra acolchada, estaba pegada a él, y el sudor me resbalaba por el cuello hasta el pecho.La intensa sensación me hizo gemir y temblé.El aire dentro de la chamarra se volvía cada vez más escaso. Como ya no podía respirar, asomé la cabeza y vi que la tormenta de nieve había cesado.Empapada en sudor, exhalé aliviada. Estaba segura de que, en cuanto la tormenta se detuviera, el entrenador les avisaría a mis papás de mi desaparición y ellos enviarían rescatistas para salvarme.Cuando me separé del entrenador, perdí todas mis cosas y no sabía si en estas montañas había señal. Mientras pensaba en eso, escuché a mi espalda la notificación de un celular. Entusiasmada, intenté incorporarme para mirar, pero él me mantuvo contra su pecho.—¿Qué vas a hacer? —preguntó.Abrí los ojos, feliz de haber encontra






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