LOGINEsa voz grave, la mirada apacible pero dominante y el porte imponente del hombre alteraron los latidos de Lía. Sus piernas se volvieron de algodón y su respiración se entrecortó. Algo en ella colapsó; su razón se desvaneció entre miedo, desconcierto y un extraño presentimiento.
¿Debería correr? ¿Alegrarse? ¿Temer por su vida? ¿Resignarse? Antes de entender su propia reacción, mordió la pierna del hombre y corrió desesperada por el mismo camino por donde había entrado el auto. Era absurdo, lo sabía, pero el pánico le nublaba el juicio. El enorme portón que había visto cerrarse tras el coche parecía ahora un muro imposible de atravesar. ¿Qué estaba haciendo? —Iremos por ella, jefe… —dijo una voz detrás. —Nadie la toca —gruñó Adrik Volkov, tan profundo que el eco pareció retumbar en las paredes—. ¡Gitana! —bramó con tal fuerza que Lía sintió vibrar la tierra bajo sus pies—. Te harás daño. Por favor, para. Ella, que ya intentaba trepar el muro, lo señaló con desesperación. —¿Por qué me ha traído aquí? —jadeó—. ¿Acaso quiere hacerme su cautiva? ¡Yo solo lo hice porque necesitaba el dinero! ¡No soy así! —le gritó con voz quebrada, mientras él la observaba con una calma inquebrantable. «¿Cómo demonios puede estar tan tranquilo?», pensó ella—. Si usted era el del hospital… el que escuchó a mi amiga… quiero que sepa que no tiene nada que ver con lo del embarazo y… —Es mi hijo. Lía se quedó muda. Él ni siquiera tuvo que alzar la voz; bastó ese tono bajo y seguro para helarle la sangre. —Y eso —añadió él con una media sonrisa— te hace mía. Lía abrió los ojos y la boca de par en par. —¿Qué…? —Ahora cierra esa boquita y baja. Ella miró hacia arriba, indecisa. —¿Me dejará ir? —preguntó con frustración. Adrik alzó una ceja—. No me mire así. Cualquiera en mi lugar habría reaccionado igual. ¿Me dejará ir o no? —No puedo hacer eso —replicó él con firmeza—. Ese bebé y tú son míos. Lía negó una y otra vez. —Está usted loco. No pienso quedarme aquí. ¿Qué clase de personas lo criaron? —Una madre amorosa que murió de cáncer y un padre estricto pero justo —respondió sin inmutarse—. Esas fueron las personas que me criaron. —Pobres —murmuró ella con sarcasmo—. Les salió un hijo defectuoso con complejo de Dios. Adrik tuvo que contener la carcajada. ¿Cómo era posible que, aun con miedo, siguiera desafiándolo así? —Gitana… —empezó él. El zapatazo lo tomó por sorpresa. ¿Cuándo se había quitado la zapatilla? —¡No me diga así! —estalló ella—. Si cree que por comprar mi primera vez puede tratarme como a una prostituta, está equivocado. ¡No soy lo que usted piensa! Por primera vez en su vida, Adrik Volkov se quedó sin palabras ante una mujer. —¿Y qué tiene de malo el apodo? —repuso al fin—. Tienes sangre gitana, ¿no? —¿Qué? —Lía lo miró confundida—. ¿No me llama así por el seudónimo que usaba en el antro? —Adrik la observó sin responder—. Creí que era por eso y… ¡No! —chilló al verse alzada en brazos de aquel gigante—. ¡Suélteme, por favor! ¡Ayuda! —gritó a una de las mujeres de limpieza, pero esta ni siquiera la miró—. ¡Me han secuestrado! ¡Hagan algo! Nadie se movió. —Te quedarás aquí hasta que quieras hablar conmigo —dijo él, depositándola con cuidado en el suelo—. No hagas nada de lo que te puedas arrepentir. —La miró directamente a los ojos—. Puedes lastimar a mi bebé… y eso me enojaría mucho. ¿Entiendes? Lía sollozó, desesperada. —Por favor, no me deje aquí —imploró. Pero verlo tan tranquilo la enfureció más, y empezó a golpearlo con puños y gritos hasta que terminó encerrada en una habitación enorme. —¡Me van a encontrar! ¡Y te voy a denunciar! ¡Te van a meter en la cárcel! —vociferó desde adentro. Adrik se llevó una mano a la mejilla. Le había dado un buen golpe. —¿Seguro que quiere hacer eso? —preguntó Nikolai, que había presenciado la escena desde la puerta—. Está hecha una fiera. Adrik sonrió de lado. —No mostró miedo —murmuró, casi para sí—. Se enfrentó a mí sin pensarlo. —Sus labios se curvaron lentamente—. Ella será mi reina. Nikolai lo miró incrédulo. —¿El mismo que odia las ataduras ahora quiere una esposa? —Nadie nace hecho para este mundo —replicó Adrik, imperturbable—. Pero ella aprenderá. Se giró hacia su amigo. —Para mañana quiero que vacíen la mitad de mi clóset para ella. Habla con el doctor; necesito una obstetra de confianza. ¿Dónde está su teléfono? —Aquí. —Nikolai se lo entregó. —Su amiga está furiosa. —Yo me encargaré de eso. Lía intentó derribar la puerta, golpeó, gritó, lloró, pero todo fue inútil. La desesperación la consumía. ¿Cómo había terminado así? ¿Por qué había aceptado vender su cuerpo? Ya no quedaban lágrimas. Solo un silencio hueco. Horas después, pasada la medianoche, Adrik no pudo resistir más. Tenía fama de caprichoso, pero esa mujer se le había metido en la sangre. Desde que la tocó, no había podido olvidarla y ahora, que llevaba a su hijo, estaba dispuesto a hacerla suya. Cuando entró, Lía retrocedió. —No te me acerques —le advirtió. —No soy lo que piensas —dijo él con voz baja—. Bueno… quizá peor, pero contigo no. Lía soltó una risa amarga. —¿Y ahora su corazoncito se ablanda porque llevo a su hijo? —se burló. —Te tengo una propuesta. —No. —Le cortó de inmediato—. Ya escuché una de sus propuestas y míreme: embarazada y raptada. Adrik sonrió, sin poder evitarlo. —Quédate. —Lo dijo como una orden disfrazada de súplica—. Vivirás aquí conmigo, te daré todo lo que quieras. Das a luz a mi bebé y después tendrás tu libertad. —La miró fijamente, con una intensidad que quemaba—. ¿Qué dices, gitana?―¡Quiero a la zorrä frente a mí ahora! ―Exigió Chely furiosa―. Tuvo la decencia de darle el número a mi marido. ¡La quiero aquí! ―Miró a los hombres quienes permanecían inmóviles, nerviosos. ―Yo les dije que no lo hicieran ―Nikolai miró a su mujer―. Nena, estás embarazada, por favor… ―La bofetada lo calló en el acto. ―¿Crees que mi enorme vientre con tres niños me detiene a disparar un arma? ―Lo miró a los ojos―. ¿Quieres que compruebe que sí puedo? ―Le arrebató el arma aprovechando que él jamás la trata con brusquedad―. ¿Disparo, cielo? ―Lo apuntó con una sonrisa desquiciada. ―Moran ―El aludido llegó en tiempo récord―. Muéstrale a mi mujer porque di la orden ―Rápidamente Moran reprodujo un video. ―Fue vendida al mismo burdel al que vendimos a Marcos ―Sonrió Moran―. El señor le dejó en claro que era casado y ella no escuchó, así que está pagando el hacerla pasar por un mal momento ―Chely miró a su marido con una enorme sonrisa en los labios. ―¡La vendiste por mí! ―Chilló llena de
Todos voltearon a ver a Chely y la mirada de horrorizada de Pedro fue alimento para su alma. No le daba ni una pizca de lástima, él la usó para hacerle daño al hombre que ama y después quiso hacerles daño a todos solo por lo que le pasó a la zorrä de su hija. ―No lo sé, pero podríamos verlo ―Lía le guiñó a su amiga―. Hay que girarlo, abrirle las nalgas y después echarle solo una gota ―Miró a Moran quien es el que se está haciendo cargo. ―Bien, traeré un mejor recipiente ―Salió del lugar para buscar lo que necesitaban.―Esto te va a doler ―Nikolai lo miró a los ojos―. Sí, te has dado cuenta de que no debiste meterte con ella ―Río―, ¿Por qué no aprendiste de la putä de tu hija? ―Le pareció estúpidø. Pedro negó, imploró y suplicó con la mirada, pero nada de lo que hiciera era visto. La desesperación en él fue tanta que no sabía como hacer para que le hicieran caso. No podía procesar lo que le estaba pasando, se suponía que él había ganado, ¿Cómo fue que todo se complicó? ¿Cómo es que
La caída del enemigo fue fácil una vez fueron identificados. La sorpresa de saber que Pedro era el padre de Griselda fue grande para todos y más aún saber que usó a Chely para acercarse a Nikolai para vengarse de lo que le hizo a su yerno. El cargamento de Damir fue recuperado en su totalidad y dos organizaciones fueron destruidas en cuestión de días.Marcos fue puesto bajo el mando de Lía quien no tardó ni un solo día en iniciar con la tortura del hombre en su camino a la feminidad. Pedro por su parte, ha estado en una habitación oscura encerrado recibiendo tres comidas al día y teniendo contacto cero con nadie. Cualquiera diría que eso no era un castigo, pero estar solo con sus pensamientos sabiendo lo que le espera es una de las peores torturas que pueden existir. Esperar algo que llegará, pero sin saber cuando exactamente es una sensación desagradable a gran escala. Nikolai no quería hacer nada más que mirar a su mujer y estar ahí a su lado. Había pasado dos semanas desde que c
―No te muevas ―Al tener varias armas de su propia gente contra ellos los dejó petrificados a todos. Nikolai miró a su mujer caer de rodillas a suelo con ambas manos puestas en la herida de su vientre. Había visto tantas cosas y nada le había estremecido el corazón como la mirada temerosa de su mujer. ―¿P-por qué? ―Susurró Chely mirando al hombre con lágrimas en los ojos.―¿Por qué? ―Ladeó la sonrisa―. ¡Mataste a mi hija! ―Todos lo miraron visiblemente sorprendidos―. Me arrebataste a mi hija y me vi forzado a ver todo lo que le hiciste ―La miró con asco. ―¡Tú la salvaste! ―Gritó Lía frustrada por no poder ayudarla.―Por supuesto que la ayudé ―Pedro los miró con una enorme sonrisa de satisfacción. Habían pasado años y finalmente los tiene donde quería―. Necesitaba acercarme a ustedes ―Señaló a Adrik y Nikolai―, pero más a ti ―Se centró en Nikolai―. Destruiste el imperio que creé para mi hija, mataste a su esposo y después la abandonaste como si fuera una putä ―Endureció el gesto―. Te
La llegada a Alemania fue discreta, todo lo hicieron bajo el radar, pero sabían que posiblemente el enemigo estaba al tanto, ya que convocaron a la mayoría de los hombres que trabajaban para ellos y uno que otro aliado. Es claro que entre ellos está el traidor que los ha estado vendiendo siempre que puede. Quien sea que se lleve ese honor aceptan que es bastante astuto y bueno en lo que hace, no ha sido más que un grano en el culo y los ha puesto entre la espada y la pared más veces de las que les gustaría aceptar.Chely respiró profundamente, no están actuando a la ligera por lo que parecen más turistas que otra cosa. Su pervertido está molesto con ella y lo sabe a la perfección, él le hace el amor con intensidad, pero algo en él es distinto. ―Amor ―Nikolai que estaba de espaldas no se inmutó en girar. ―¿Qué sucede? ―Preguntó casualmente mientras limpia su arma favorita. ―Pervertido ―Insistió Chely sin responder a su pregunta. ―¿Qué pasa? ―Cuestionó con impaciencia, pero sin gir
Nikolai resopló al escuchar la voz de su mano derecha, él no apartó la mirada de su mujer. No quería dejarla ir sin más, necesitaba que le contara lo que sea que la atormentaba, pero la insistencia de Moran lo hizo gruñir. ―No tardaremos ―Se puso en pie―, no creas que esto ha terminado ―La miró con seriedad―. Se supone que no me ocultarías nada, hace seis putos meses me lo prometiste mientras nos dábamos el sí ―Dándole la espalda se metió al closet para cambiarse de ropa.Chely pasó saliva con dificultad, sabe que lo está decepcionando, pero no es su culpa tener tanto miedo a lo que ahora sabe. Apresurándose a alistarse para que su pervertido no tenga excusa de dejarla a un lado, también se metió al closet para sacar su ropa.Seis meses había pasado desde que se casó con el amor de su vida, seis meses desde que acabó con la vida de Griselda y llevó su venganza a cabo. Meses en los que su trabajo no se ha detenido y donde ha crecido como la reina de la mafia que es. Su marido es uno







