LOGINAtada, enjaulada y vigilada a toda hora. Así estaba Lía, después de rechazar la propuesta de Adrik Volkov y amenazar con hacerse daño para perder al bebé y conseguir su libertad. La culpa la golpeó casi al instante; no por él, sino por ese pequeño ser que no tenía culpa alguna de los pecados de su padre, pero el miedo y la desesperación podían volver cruel incluso al alma más dulce.
Adrik despertó con un suspiro. La había castigado: debía dormir a su lado y aunque dormía profundamente, lo hacía atada, sin forma de atacarlo ni de huir. Cuando él abrió los ojos y la miró, notó que ella ya lo observaba, con ese odio que se había ganado con creces. —Buenos días, gitana —murmuró con una media sonrisa que buscaba provocarla. —¿Cómo puede alguien tan atractivo ser tan repugnante? —escupió ella. La sonrisa se le borró al instante, esa mujer era pura dinamita—. ¿Puedes desatarme? Me estoy meando —añadió con descaro. —Discúlpate primero —ordenó, con voz áspera. Le gustaba su carácter, pero nadie lo trataba así. —Vamos, gitana, no me cabrees. —¿O qué? —rio con ironía—. ¿Vas a nalguearme como la última vez? ¿O vas a decirle a tus sirvientas que me dejen atada mientras tú te vas a quién sabe dónde? —¿Por qué no bajas la guardia, Lía? —gruñó, frustrado—. No te haré daño. Se inclinó hacia ella, su respiración chocando con la suya. —Llevas a mi hijo en el vientre. De mí no recibirás más que dos nalgadas cuando te portes mal… y una sesión de placer cuando me dé la gana. —Ponme un dedo encima y te castro. —Su tono fue una daga. Adrik sonrió de lado. —No pensabas eso cuando despertaste conmigo saboreando tu dulce cuerpo. Lía apretó los labios. No iba a darle la satisfacción de verla temblar, pero cuando su mano rozó su piel, su cuerpo la traicionó. —Vamos, gitana —susurró junto a su oído—. Sabes que me deseas. Ella cerró los ojos con fuerza, negando, intentando resistir el estremecimiento que le recorría el cuerpo. —Solo mira cómo reaccionas a mí. ¿Por qué no lo haces más fácil? —¡No seré tu puta! —gritó, entre rabia y vergüenza—. Déjame, por favor. Pero él la conocía ya. Sabía leer su respiración, sus temblores, el modo en que su piel ardía bajo su toque y aun así, cuando ella gimió, no fue de placer, sino de impotencia. —Eres un imbécil, violador —escupió al recobrar el aliento. Adrik se incorporó de golpe. —¡No vuelvas a decir eso! —rugió, furioso—. Puedo ser un hijo de puta, pero nunca un violador. Lía lo miró con incredulidad. —¿En serio? ¿Y cómo se llama meterte entre mis piernas mientras duermo? —le gritó—. Eres un violador y un secuestrador, Adrik Volkov. Él apretó los puños, conteniendo el impulso de romper algo. Respiró hondo, negó y se alejó. —Piensa lo que quieras. —Ah, claro —continuó ella, venenosa—. Además de todo, eres un abusivo que me obliga a tener a un hijo que ni siquiera quiero. —Era mentira, pero necesitaba herirlo—. En cuanto tenga la oportunidad, me daré tan duro en el vientre que lo perderé, y me reiré al ver la sangre en el suelo. El rostro de Adrik se contrajo. La observó con una mezcla de furia, dolor y desconcierto. ¿Cómo podía ser tan cruel y tan hermosa a la vez? Lía cerró los ojos en cuanto él entró al baño. Soltó un sollozo mirando su vientre. —Perdóname, mi amor… perdóname —susurró entre lágrimas. Sabía que no sería capaz de lastimar a su bebé, pero estar cautiva la estaba destrozando por dentro. Adrik salió sin dirigirle la palabra. Ni siquiera entendía cómo estaba conteniéndose. Cualquier otro en su posición habría reaccionado con violencia, pero él no podía, no con ella. Era la madre de su hijo y, aunque ella lo odiara, él estaba decidido a ganarse su respeto… o su amor. —¿Le ha herido el ego otra vez? —preguntó Nikolai, arqueando una ceja al verlo salir furioso. —Ojalá fuera eso —bufó Adrik—. Quiere perder al bebé solo para librarse de mí. Nikolai suspiró. —¿Y si la deja ir con la promesa de entregarle al niño?—. Adrik lamió sus labios con dureza. ¿Ceder? Jamás lo había hecho en su vida. —Quizá si se disculpa y le explica que actuó por miedo… ella lo entienda—. Insistió Nikolai, pero Adrik cortó la conversación. —Vamos a la reunión. Quiero cerrar ese trato hoy. —Su voz recuperó el tono helado de siempre—. ¿Encontraste al traidor? —Sí, jefe. —Bien. Lo ejecutaremos frente a nuestro socio. Quiero que vea lo que pasa cuando alguien me traiciona. Ambos salieron hacia la parte trasera de la mansión, donde Adrik acostumbraba a realizar las negociaciones “de bajo riesgo”. Cuando Lía fue finalmente desatada, solo suspiró. Estaba presa, sí, pero en una jaula de oro. No la maltrataban, la atendían, la alimentaban, incluso la cuidaban… pero no era libre. Tres días habían pasado y no sabía nada de su amiga Chely. Tampoco había podido ir al hospital. —Señorita —la mujer encargada de cuidarla, una dulce anciana llamada Lucía, entró con una sonrisa—, el desayuno está listo. —Gracias, Lucía —respondió con un hilo de voz mientras se incorporaba—. No he dejado de vomitar. Es frustrante. —Acarició su vientre, entre miedo y ternura. —Ya pasará, querida. Quizás el bebé solo tenga hambre —bromeó la mujer, guiñándole un ojo. —Ve tú adelante, tengo que buscar algo —dijo Lía al llegar a las escaleras. Lucía asintió. —Te espero abajo. Apenas la vio desaparecer, Lía echó a correr. Había estado observando cada rincón de la mansión y sabía que escapar por el frente era imposible, pero había notado movimiento constante de hombres hacia la parte trasera. Tal vez ahí… —¿A dónde va? —preguntó uno de los guardias al interceptarla. —Déjame en paz. Tu jefe dijo que puedo moverme por donde quiera —le respondió con altivez. Ellos, sabiendo que tenían prohibido tocarla, se apartaron a regañadientes. Lía corrió, sin mirar atrás. El corazón le latía con fuerza, la adrenalina la empujaba. Giró por un pasillo, vio una casa más pequeña y un portón lateraly sonrió, pero al doblar la curva… su sonrisa se desvaneció. Allí, frente a ella, estaba Adrik Volkov, con los brazos cruzados y esa mirada dorada que parecía atravesarla por completo.―¡Quiero a la zorrä frente a mí ahora! ―Exigió Chely furiosa―. Tuvo la decencia de darle el número a mi marido. ¡La quiero aquí! ―Miró a los hombres quienes permanecían inmóviles, nerviosos. ―Yo les dije que no lo hicieran ―Nikolai miró a su mujer―. Nena, estás embarazada, por favor… ―La bofetada lo calló en el acto. ―¿Crees que mi enorme vientre con tres niños me detiene a disparar un arma? ―Lo miró a los ojos―. ¿Quieres que compruebe que sí puedo? ―Le arrebató el arma aprovechando que él jamás la trata con brusquedad―. ¿Disparo, cielo? ―Lo apuntó con una sonrisa desquiciada. ―Moran ―El aludido llegó en tiempo récord―. Muéstrale a mi mujer porque di la orden ―Rápidamente Moran reprodujo un video. ―Fue vendida al mismo burdel al que vendimos a Marcos ―Sonrió Moran―. El señor le dejó en claro que era casado y ella no escuchó, así que está pagando el hacerla pasar por un mal momento ―Chely miró a su marido con una enorme sonrisa en los labios. ―¡La vendiste por mí! ―Chilló llena de
Todos voltearon a ver a Chely y la mirada de horrorizada de Pedro fue alimento para su alma. No le daba ni una pizca de lástima, él la usó para hacerle daño al hombre que ama y después quiso hacerles daño a todos solo por lo que le pasó a la zorrä de su hija. ―No lo sé, pero podríamos verlo ―Lía le guiñó a su amiga―. Hay que girarlo, abrirle las nalgas y después echarle solo una gota ―Miró a Moran quien es el que se está haciendo cargo. ―Bien, traeré un mejor recipiente ―Salió del lugar para buscar lo que necesitaban.―Esto te va a doler ―Nikolai lo miró a los ojos―. Sí, te has dado cuenta de que no debiste meterte con ella ―Río―, ¿Por qué no aprendiste de la putä de tu hija? ―Le pareció estúpidø. Pedro negó, imploró y suplicó con la mirada, pero nada de lo que hiciera era visto. La desesperación en él fue tanta que no sabía como hacer para que le hicieran caso. No podía procesar lo que le estaba pasando, se suponía que él había ganado, ¿Cómo fue que todo se complicó? ¿Cómo es que
La caída del enemigo fue fácil una vez fueron identificados. La sorpresa de saber que Pedro era el padre de Griselda fue grande para todos y más aún saber que usó a Chely para acercarse a Nikolai para vengarse de lo que le hizo a su yerno. El cargamento de Damir fue recuperado en su totalidad y dos organizaciones fueron destruidas en cuestión de días.Marcos fue puesto bajo el mando de Lía quien no tardó ni un solo día en iniciar con la tortura del hombre en su camino a la feminidad. Pedro por su parte, ha estado en una habitación oscura encerrado recibiendo tres comidas al día y teniendo contacto cero con nadie. Cualquiera diría que eso no era un castigo, pero estar solo con sus pensamientos sabiendo lo que le espera es una de las peores torturas que pueden existir. Esperar algo que llegará, pero sin saber cuando exactamente es una sensación desagradable a gran escala. Nikolai no quería hacer nada más que mirar a su mujer y estar ahí a su lado. Había pasado dos semanas desde que c
―No te muevas ―Al tener varias armas de su propia gente contra ellos los dejó petrificados a todos. Nikolai miró a su mujer caer de rodillas a suelo con ambas manos puestas en la herida de su vientre. Había visto tantas cosas y nada le había estremecido el corazón como la mirada temerosa de su mujer. ―¿P-por qué? ―Susurró Chely mirando al hombre con lágrimas en los ojos.―¿Por qué? ―Ladeó la sonrisa―. ¡Mataste a mi hija! ―Todos lo miraron visiblemente sorprendidos―. Me arrebataste a mi hija y me vi forzado a ver todo lo que le hiciste ―La miró con asco. ―¡Tú la salvaste! ―Gritó Lía frustrada por no poder ayudarla.―Por supuesto que la ayudé ―Pedro los miró con una enorme sonrisa de satisfacción. Habían pasado años y finalmente los tiene donde quería―. Necesitaba acercarme a ustedes ―Señaló a Adrik y Nikolai―, pero más a ti ―Se centró en Nikolai―. Destruiste el imperio que creé para mi hija, mataste a su esposo y después la abandonaste como si fuera una putä ―Endureció el gesto―. Te
La llegada a Alemania fue discreta, todo lo hicieron bajo el radar, pero sabían que posiblemente el enemigo estaba al tanto, ya que convocaron a la mayoría de los hombres que trabajaban para ellos y uno que otro aliado. Es claro que entre ellos está el traidor que los ha estado vendiendo siempre que puede. Quien sea que se lleve ese honor aceptan que es bastante astuto y bueno en lo que hace, no ha sido más que un grano en el culo y los ha puesto entre la espada y la pared más veces de las que les gustaría aceptar.Chely respiró profundamente, no están actuando a la ligera por lo que parecen más turistas que otra cosa. Su pervertido está molesto con ella y lo sabe a la perfección, él le hace el amor con intensidad, pero algo en él es distinto. ―Amor ―Nikolai que estaba de espaldas no se inmutó en girar. ―¿Qué sucede? ―Preguntó casualmente mientras limpia su arma favorita. ―Pervertido ―Insistió Chely sin responder a su pregunta. ―¿Qué pasa? ―Cuestionó con impaciencia, pero sin gir
Nikolai resopló al escuchar la voz de su mano derecha, él no apartó la mirada de su mujer. No quería dejarla ir sin más, necesitaba que le contara lo que sea que la atormentaba, pero la insistencia de Moran lo hizo gruñir. ―No tardaremos ―Se puso en pie―, no creas que esto ha terminado ―La miró con seriedad―. Se supone que no me ocultarías nada, hace seis putos meses me lo prometiste mientras nos dábamos el sí ―Dándole la espalda se metió al closet para cambiarse de ropa.Chely pasó saliva con dificultad, sabe que lo está decepcionando, pero no es su culpa tener tanto miedo a lo que ahora sabe. Apresurándose a alistarse para que su pervertido no tenga excusa de dejarla a un lado, también se metió al closet para sacar su ropa.Seis meses había pasado desde que se casó con el amor de su vida, seis meses desde que acabó con la vida de Griselda y llevó su venganza a cabo. Meses en los que su trabajo no se ha detenido y donde ha crecido como la reina de la mafia que es. Su marido es uno







