Compartilhar

4. Capítulo

last update Data de publicação: 2022-02-22 10:12:32

Lejos de derrumbarse ante la confirmación de la ilegitimidad de su crianza, Hope sintió que el último vestigio de cordura se astillaba en su interior. Los fragmentos de cristal metafóricos perforaban sus capas más sensibles sin que quedara ungüento capaz de aliviar semejante carnicería emocional.

La amargura estalló en su interior, fracturando sus emociones con la fragilidad de un vaso de cristal al borde de un abismo. Ya no se encontraba en el límite; yacía directamente contra el suelo, reducida a añicos imposibles de recomponer.

—Está bien, voy a recoger mis pertenencias y me largaré de este lugar para siempre —espetó con una fiereza que le quemaba la garganta—. Te juro que jamás volveré a pisar este sitio ni quiero verte nunca más. Te agradezco los años de refugio, incluso si todo este tiempo actuaste por pura obligación moral, porque ahora veo quién eres en realidad. Eres cruel, eres... Ni siquiera encuentro la palabra exacta para definirte. Lo único indiscutible es que ignoras por completo qué significa amar, y tuviste el descaro de jugar con mis sentimientos durante demasiado tiempo.

Hizo una pausa breve para sacujar el aire en sus pulmones; necesitaba que el oxígeno circulara de nuevo por su sistema o el habla la abandonaría por completo. Cada centímetro de su cuerpo dolía con una intensidad desgarradora.

—Espero que no te consuma el remordimiento por esta bajeza, porque te aseguro que mi perdón es algo que jamás obtendrás. Adiós, Marie.

Dio media vuelta y marchó hacia las escaleras con pasos bruscos, ascendiendo con urgencia cada uno de los peldaños que conducían a su refugio. Jamás el trayecto se le había antojado tan eterno y pesado. Al trasponer el umbral de su recámara, comenzó a hurgar en el armario con manos temblorosas, rescatando las prendas indispensables. Hubiera preferido abandonar hasta el último hilo comprado bajo ese techo maldito, pero la cruda realidad se impuso: carecía de recursos, ni siquiera de una modesta moneda en los bolsillos para asegurar el sustento del día siguiente. No tenía la menor idea de dónde pasaría la noche ahora que la habían expulsado con tanta sevencia. Resultaba insólito que una catástrofe semejante pudiera abatirse sobre ella de un segundo a otro, impidiéndole prever un ahorro mínimo de su reciente salario. Estaba completamente a la deriva.

Las lágrimas brotaron con furia mientras atiborraba una maleta grande con su ropa, arrojando las telas sin detenerse a doblarlas, consumida por la prisa de huir de allí, de evitar a toda costa cruzarse con los rostros de quienes la habían traicionado. La falta de un rumbo fijo pesaba como una losa, obligándola a considerar la alternativa de recurrir a su única confidente real. Alicia poseía los medios, vivía en un entorno de opulencia indiscutible. Sin embargo, el pudor la paralizaba ante la perspectiva de presentarse ante su mejor amiga convertida en una pordiosera pidiendo caridad. Además, existía un obstáculo monumental: Alicia compartía hogar con su padre, un hombre de presencia imponente, maduro y de carácter impenetrable. La incertidumbre la ahogaba.

Aun así, el margen de maniobra era inexistente. Permanecer en la calle equivalía a entregarse al terror de la intemperie y la desdicha.

Exhaló un suspiro tembloroso. Si el destino insistía en golpearla con tanta fuerza, ella se obligaría a devolver el impacto con la misma determinación. La vida daba un giro drástico que no le quedaba más remedio que aceptar con una fachada de falsa valentía.

Sí, por supuesto que buscaría a Alicia, o tal vez... ¿debería arriesgarse a buscar a Ashton?

Cuando estuvo a punto de percutir los nudillos contra la imponente puerta de caoba de aquella mansión, la tentación de huir con la maleta a cuestas amenazó con paralizarla. Sin embargo, el movimiento reflejo se anticipó a sus dudas. No tardó en aparecer una joven de cabellos oscuros y ojos verdes, enfundada en su uniforme impecable. Reconoció de inmediato a la mucama, una mujer amable a quien recordaba de sus contadas visitas previas, aunque el tiempo transcurrido desde la última vez se medía ya en años. Regresaba bajo circunstancias radicalmente distintas, portando una súplica que le abrasaba los labios por el temor a ser juzgada como una intrusa abusiva.

Las opciones se habían reducido a una sola: la fastuosa residencia de su amiga y la esperanza desesperada de conseguir un rincón donde pernoctar mientras hallaba una habitación de alquiler.

—Hola, ¿puedo ayudarte en algo? Pero pasa, no te quedes ahí a la intemperie —se apresuró a decir la empleada, haciéndose a un lado con una sonrisa genuina al reconocerla—. ¿Eres la amiga de Alicia, verdad? ¿Cómo olvidarte? Ella no se encuentra en este momento, salió de manera imprevista, pero dudo que tarde demasiado. ¿En qué te sirvo? Quizás el señor pueda atenderte; él está en casa hoy.

La mención del dueño de la mansión provocó que un escalofrío recorriera la columna vertebral de Hope. Solo imaginar que él se hallaba a pocos metros disipó la poca valentía que había acumulado durante el trayecto.

El impulso de retroceder y escapar cobró fuerza.

—En efecto... ¿Crees que me sería posible hablar unos minutos con él? Te lo agradecería infinitamente —rogó con un hilo de voz.

Ya no había marcha atrás.

La empleada asintió con comprensión, intuida la gravedad de la situación al posar una mirada compasiva sobre la maleta que la muchacha aferraba con nudillos blancos. Se retiró rauda para anunciar la presencia de la inesperada visita al patriarca de la familia.

Instalada en la vasta sala de estar, Hope tomó asiento en una otomana de terciopelo dispuesta cerca de la imponente chimenea de piedra. Su mente, indomable, comenzó a proyectar imágenes fugaces protagonizadas por el dueño de la casa. Lo visualizó de pie junto al fuego, envuelto en esa atmósfera de poder silencioso que parecía esculpida para las páginas de una novela. De inmediato, el pensamiento adquirió un matiz prohibido, una deriva sensual que la hizo ruborizarse hasta la raíz de los cabellos. Sacudió la cabeza con vehemencia, intentando disipar aquel remolino de pensamientos oscuros y pecaminosos.

Entregarse a semejantes fantasías con el padre de su mejor amiga constituía una transfracción imperdonable, sin importar desde qué ángulo se analizara. Intentó distraerse estudiando el entorno. Aunque hacía más de un año y medio que no cruzaba esas puertas, la fastuosidad del recinto permanecía intacta; cada detalle ornamental respiraba una opulencia calculada que intimidaba los sentidos y la hacía sentirse insignificante, reducida a una silueta frágil atrapada en un palacio ajeno.

Buscó refugio en la pantalla de su teléfono móvil, tecleando a ciegas un mensaje para Alicia en el que intentaba resumir el cataclismo de su vida en treinta líneas apresuradas, consciente de que las palabras escritas jamás reflejarían la magnitud del desastre.

Una voz grave, profunda y magnética resonó a sus espaldas, paralizando el latido de su corazón al instante.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • El Papá De Mi Amiga   Extra

    El tiempo pasó rápidamente y, con cada día que pasaba, la familia de Clara y Alejandro se fortalecía. Lucas había crecido, y su risa llenaba la casa de alegría. Clara se había adaptado a su nuevo papel como madre y pareja, y Alejandro había demostrado ser un padre excepcional. Juntos, habían construido un hogar lleno de amor y felicidad, pero también habían enfrentado obstáculos que pusieron a prueba su relación.Una tarde, mientras Clara organizaba el cuarto de Lucas, encontró una carta que había escrito hace meses, antes del nacimiento de su hijo. Era un recordatorio de sus temores y dudas sobre el futuro. En la carta, Clara había expresado sus inseguridades sobre abrir su corazón y arriesgarse a amar. Al leerla, sintió una mezcla de nostalgia y orgullo. Había recorrido un largo camino desde entonces.Clara decidió que era el momento de compartir la carta con Alejandro. Lo encontró en la sala, jugando con Lucas. La escena era perfecta: Alejandro riendo, Lucas feliz, y Clara sintió u

  • El Papá De Mi Amiga   Extra

    El día del nacimiento del bebé llegó con el sol brillando radiante y una brisa suave que atravesaba la ciudad. Clara se encontraba en el hospital, rodeada de luces y el murmullo de voces. La ansiedad y la emoción la invadían mientras esperaba en la sala de partos. Alejandro estaba a su lado, sosteniendo su mano con firmeza, su mirada llena de amor y apoyo. Desde la última conversación sobre sus sentimientos, ambos habían decidido avanzar juntos, no solo como padre y madre sustituta, sino como pareja.Clara había tomado la decisión de abrir su corazón a Alejandro, y en el proceso, descubrió que el amor podía florecer en las circunstancias más inusuales. Habían hablado sobre sus sueños, sus miedos y, lo más importante, sobre cómo deseaban criar al bebé que pronto llegaría al mundo. Cada conversación los había acercado más, y ahora, en este momento tan crucial, sabían que estaban listos para enfrentar lo que viniera.Cuando las contracciones comenzaron, Clara sintió que el dolor era inte

  • El Papá De Mi Amiga   Extra

    Los días pasaron y la relación de Clara y Alejandro se tornó más profunda y significativa. A pesar de las complicaciones iniciales, ambos decidieron enfrentar sus sentimientos con honestidad. Sin embargo, la realidad seguía presente: Clara era una madre que tenía que proteger a su hija, y Alejandro, un hombre que había abierto su corazón. La presión de sus circunstancias no se desvanecía, y la incertidumbre sobre el futuro seguía acechando en cada conversación.Una mañana, Clara se despertó con una sensación de determinación. Había decidido que era el momento de tomar el control de su vida y de su futuro. Después de pensarlo mucho, decidió que debía proponerle a Alejandro una reunión para hablar sobre su relación y el camino que querían seguir. La idea de abrir su corazón era aterradora, pero la conexión que habían formado era demasiado fuerte como para ignorarla.Esa misma tarde, Clara se reunió con Alejandro en un parque donde solían pasear. La brisa suave y el canto de los pájaros

  • El Papá De Mi Amiga   Extra

    Los días después de la reveladora cena con Alejandro fueron un torbellino emocional para Clara. En su mente, la idea de un amor naciente chocaba con la realidad de su situación. Cada vez que veía a Alejandro, la tensión entre ellos se hacía más intensa, y Clara no podía evitar sentir mariposas en el estómago. Sin embargo, también sabía que su relación se basaba en un contrato, y eso complicaba las cosas más de lo que podía imaginar.Clara se esforzaba por mantener la distancia emocional, pero la sinceridad de Alejandro la empujaba a cuestionar sus propios sentimientos. Era un hombre admirable, generoso y, lo más importante, mostraba un interés genuino en ella y en Sofía. A veces, mientras conversaban, Clara se perdía en sus ojos, olvidando por completo el contrato que las unía.Una tarde, Alejandro la invitó a un evento benéfico en el que participaría. Clara, sintiéndose un poco nerviosa, decidió aceptar. Quería que Alejandro viera a Sofía y que la pequeña pudiera conocer a su futuro

  • El Papá De Mi Amiga   Extra

    A continuación novela cortitaCapítulo 1: El ContratoClara observaba por la ventana de su pequeño departamento en el centro de la ciudad, mientras la lluvia caía suavemente sobre el cristal. La luz tenue del atardecer iluminaba su rostro cansado, reflejando las preocupaciones que la mantenían despierta por las noches. Desde que su esposo la había dejado, la vida se había vuelto una lucha constante para mantener a su hija, Sofía, de seis años. Las facturas acumuladas y el deseo de ofrecerle un futuro mejor la mantenían en pie, pero el estrés era abrumador.Una tarde, mientras revisaba su correo electrónico, encontró un mensaje que cambiaría su vida. Era de una agencia de reproducción asistida que buscaba a una madre sustituta para un millonario llamado Alejandro Castillo. El correo detallaba la oferta: un contrato lucrativo y todas las necesidades cubiertas durante el embarazo. Clara se sintió intrigada, pero también escéptica. ¿Era realmente posible que alguien estuviera dispuesto a

  • El Papá De Mi Amiga   EPÍLOGO

    Había sido bastante doloroso darse cuenta y ponerse al corriente de que Maximiliano sabía toda la verdad, no importa si dos días antes se había colocado al tanto, de todas maneras no había sido lo suficientemente valiente, como para de de decirle que ya lo sabía. Valentina había estado molesta los primeros días y así pasó incluso casi dos meses, pero llegó el momento en el que ambos pudieron encontrar al momento adecuado para poder hablar sobre ese asunto y olvidar todo eso que ya tenía que quedarse en el pasado, ya no se podía hacer nada para cambiar lo que se desencadenó. Sin embargo las cosas con el padre de Maximiliano no cambiaron en absoluto. A la joven de costaba demasiado mirar al padre de Maximiliano de otra forma que no fuera como la de una persona señalando a alguien más por un hecho así, algo tan atroz como atropellar a una persona y luego dejar a a la víctima tirada como si fuera una basura. Desde ese día en que maximiliano le confesó todo a la muchacha sobre el pasado

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status