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Capítulo 5. La intimidante habitación negra.

Author: Mel Mel
last update publish date: 2026-07-29 14:54:52

Capítulo 5: La habitación negra e intimidante

Di dos suaves golpes sobre aquella gruesa puerta de madera de tres metros de altura, anunciando mi presencia antes de reunir el valor para empujarla y abrirla.

El suave chirrido de las bisagras resonó en el ambiente. Lo primero que captó toda mi atención fue la estética de aquella habitación, dominada por un negro absoluto. Desde las paredes con textura, el escritorio de una madera exótica hasta el costoso sofá de cuero, todo era negro, reflejando a la perfección la personalidad misteriosa y fría de su dueño.

Gabriel estaba sentado detrás de un enorme escritorio, vistiendo un suéter negro que ocultaba el tatuaje de la serpiente en su cuerpo. Me observaba fijamente. Entré con la cabeza ligeramente inclinada, sin atreverme a mirarlo directamente a los ojos. La severa advertencia del señor Harrison sobre la niñera que había sido arrojada por la ventana del tercer piso no dejaba de repetirse en mi mente, obligándome a actuar con cautela y a recordar cuál era mi lugar.

—¿Por qué bajas la cabeza? —preguntó Gabriel. Su voz grave rompió el inquietante silencio de la habitación—. ¿Acaso doy tanto miedo como un monstruo?

Al parecer, Gabriel ya había notado el temor que intentaba ocultar.

—No, señor Gabriel. Estoy bien —respondí en voz baja, manteniendo la mirada fija en la punta de sus costosos zapatos de cuero.

Gabriel apoyó la espalda contra el respaldo de la silla.

—¿Ya leíste el manual sobre cómo convertirte en mi esposa por contrato?

—Sí, señor —respondí brevemente, sin dejar de mantener la cabeza inclinada.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros. Escuché el sonido del cajón del escritorio al abrirse. Un instante después, algo fino fue depositado sobre la superficie de mármol negro frente a mí.

—Este es tu primer sueldo. Cincuenta mil dólares —dijo Gabriel mientras deslizaba hacia mí una tarjeta bancaria completamente negra: una Black Card sin límite.

¡Pum!

Levanté la cabeza por reflejo. Mis ojos se abrieron de par en par mientras observaba la tarjeta y luego el afilado rostro de Gabriel, conteniendo la respiración.

¿Cincuenta mil dólares? Era mucho más de lo que Gavin me daba cada mes durante nuestro matrimonio. ¿Y aquí podía ganar semejante cantidad solo por cuidar durante un mes a un niño tan adorable y apuesto?

Mi pecho latía con fuerza. Era como si una estrella hubiera caído del cielo en la noche más oscura. Después de haber sido abandonada, humillada y acusada de ladrona por Gavin y la familia Wilson, quienes solo me habían dado sufrimiento, el destino había dado un giro inesperado a mi vida.

Aquella generosidad parecía sencillamente imposible.

—Cada mes transferiré tu salario a la cuenta vinculada a esta tarjeta —continuó Gabriel con el mismo rostro inexpresivo, como si una suma tan enorme no fuera más que un puñado de piedras sin valor.

Tragué saliva y reuní el valor para hablar, aunque mis dedos seguían aferrándose nerviosamente a mi vestido.

—Señor Gabriel... ¿no cree que mi sueldo es demasiado elevado?

Gabriel me miró con indiferencia.

—Todo lo hago por Luca. El dinero no significa nada para mí.

Aquellas palabras firmes quedaron resonando en mis oídos. En silencio, una suposición cruzó mi mente. Quizá Gabriel temía que yo también terminara huyendo de esta casa, como las niñeras anteriores, y por eso me ofrecía una recompensa tan extraordinaria para que permaneciera a su lado.

—Luca necesita una figura materna a su lado —continuó Gabriel, inclinándose ligeramente hacia delante sobre el escritorio y apoyando la barbilla sobre ambas manos—. Así que cumple tu trabajo correctamente.

Asentí de inmediato, intentando controlar los latidos desbocados de mi corazón.

—M-me aseguraré de que Luca siempre se sienta cómodo conmigo, señor Gabriel —respondí con un ligero tartamudeo, temiendo decir algo equivocado y ofenderlo.

Gabriel permaneció en silencio por unos instantes. Sus ojos, tan negros como la noche, recorrieron cada rincón de mi rostro.

—De todas las niñeras que se presentaron e intentaron acercarse a Luca, solo tú has conseguido devolverle la alegría —dijo de pronto. Había un leve matiz de reconocimiento oculto en su voz.

Escuchar aquel elogio directamente de labios de aquel hombre hizo que la mitad de la ansiedad que oprimía mi pecho desapareciera. Me sentí un poco aliviada. Al menos, mis esfuerzos por cuidar de Luca con sinceridad habían sido recompensados.

Pero aquel alivio solo duró dos segundos.

—Pero no te confíes por recibir mis elogios...

La voz de Gabriel se interrumpió de repente. El ambiente de aquella habitación completamente negra se volvió aún más frío, hasta el punto de resultar helado. Mi corazón volvió a acelerarse con violencia, oprimiéndome el pecho hasta dificultarme la respiración. Era como si me obligaran a subir a una atracción extrema diseñada para poner a prueba el valor de cualquiera.

Gabriel se levantó de su asiento. Sus pasos, tranquilos pero pesados, redujeron la distancia entre nosotros hasta detenerse justo frente a mí. Su imponente estatura proyectó una sombra oscura que envolvió por completo mi cuerpo.

Se inclinó ligeramente hacia mí, dejando apenas unos centímetros de distancia de mi oído.

—Veamos qué ocurre durante el próximo mes —susurró con una voz baja, cargada de una amenaza contenida—. Si haces bien tu trabajo, este contrato de matrimonio será renovado. Pero... si causas problemas o te atreves a hacerle el más mínimo daño a Luca...

Gabriel dejó la frase en el aire mientras clavaba en mí una mirada capaz de matar.

—...seré yo mismo quien acabe contigo.

Aquellas palabras atravesaron mi pecho como una daga. Todo mi cuerpo comenzó a temblar. Bajé nuevamente la cabeza, sintiéndome diminuta e indefensa bajo la absoluta dominación de aquel hombre.

En un solo instante, Gabriel me había mostrado el paraíso en forma de lujo y dinero, algo que jamás habría imaginado. Pero, en ese mismo segundo, también dejó claro que este lugar podía convertirse en el infierno más aterrador si alguna vez daba un paso en falso.

Con manos temblorosas, tomé la Black Card que descansaba sobre el escritorio, plenamente consciente de que lo que estaba en juego en esta nueva vida ya no era solo el dinero... sino mi propia vida.

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