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El Secreto de la Capilla Maldita
El Secreto de la Capilla Maldita
Author: Saraí Fuentes

Capítulo 1

Author: Saraí Fuentes
—¿Cómo pueden seguir teniendo en casa a una mujer tan despreciable? Si yo fuera ustedes, la habría echado hace mucho.

—Ustedes siempre me han tratado muy bien. Considérenlo un favor: voy a matarla ahora mismo.

Mi nuevo novio, Gabriel Cortés, se abalanzó sobre mí, me apretó el cuello y me derribó. Luché con todas mis fuerzas, pero no era rival para él.

—¡Gabriel, si me matas, irás a la cárcel!

—¡Matar a una mujer como tú es hacerle un favor al mundo!

Le dio igual. Me clavó la rodilla en el abdomen con violencia. Un dolor agudo me atravesó el vientre y me dejó sin fuerzas para resistirme.

Cada vez me costaba más respirar. Sentía que estaba a punto de morir.

Por fin, Gabriel me soltó. Antes de irse, me dio dos patadas más.

—Basura. Tarde o temprano voy a matarte.

En cuanto se marchó, conseguí levantarme del suelo, pero mi padre me derribó de una patada.

No me defendí mientras me golpeaba. No habría servido de nada. Él era el alcalde del pueblo y nadie se atrevía a intervenir cuando le alzaba la mano a alguien.

Me mantuvo en el suelo y me golpeó durante media hora. Me rompió tres costillas y dos dedos.

Según me había repetido mi familia, desde que cumplí veinte años había llevado a diez novios a pedir la bendición; Gabriel era el décimo. Yo no conservaba ningún recuerdo del primero, pero todos los demás habían terminado conmigo después de entrar en la capilla y algunos, como Gabriel, incluso habían intentado matarme.

Mi padre siempre decía ante los demás que yo traía mala suerte y había provocado la ira de nuestros antepasados. Según él, para apaciguarlos tenía que darme otra paliza.

Yo no quería creer que la capilla poseyera ese poder. Sin embargo, durante años había visto ocurrir lo mismo una y otra vez. Al final no tuve más remedio que aceptarlo.

Cada vez sentía más curiosidad por aquel lugar. No pude contenerme y escribí a varias amigas para preguntarles si en sus pueblos existía algo semejante.

"No. En la capilla de mi pueblo puede entrar cualquiera a rezar".

"En la nuestra se celebran ceremonias y reuniones con frecuencia. Nunca he oído que alguien saliera con una personalidad completamente distinta".

"¿Y si tu padre tramó algo allá adentro? Nunca te ha querido, ni siquiera cuando eras niña. Deberías entrar a investigar qué está pasando".

Yo también creía que era la mejor solución. Pero, por mucho que se lo suplicara, mi padre insistía en que aquella capilla estaba reservada para los hombres y que yo no tenía derecho a entrar. Si preguntaba demasiado, solo conseguía otra paliza.

Con mis dos hermanas adoptivas jamás se comportaba así.

Durante un tiempo sospeché que no era su hija biológica, pero me hice una prueba de ADN a escondidas y confirmé que sí era su hija.

También llegué a pensar que me odiaba porque había detestado a mi madre. Sin embargo, ella había muerto muchos años atrás y él seguía solo. Rechazaba a todas las mujeres que le presentaban.

—El amor de mi vida fue Ana. Nunca me casaré con nadie más —decía.

Todos conocían a mi padre como un viudo fiel a la memoria de su esposa y un padre que consentía demasiado a sus hijas. Nadie creía una palabra de lo que yo contaba y mucho menos que quisiera matarme a golpes.

Sin otra alternativa, llamé a mi abuela materna y le mostré mis heridas por videollamada.

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