LOGINClaire seguía sin resignarse.Se lanzó a una búsqueda desesperada de la persona que me había ayudado a fingir mi muerte años atrás, como si encontrarla pudiera hacer retroceder el tiempo y traerme de vuelta.Tras meses de seguir las pocas pistas que quedaban, por fin dio con su paradero en la frontera suroeste. Viajó allí de inmediato.Pero la persona que encontró no era un estafador cualquiera, sino un anciano vestido con uniforme militar.Claire cayó de rodillas.—Por favor. Dígame dónde está.El anciano negó suavemente con la cabeza. Su tono era sereno, pero firme.—Lo ayudé en aquel entonces porque le debía la vida a su padre. Por eso falsifiqué su certificado de defunción y lo saqué de allí.Los ojos de Claire se iluminaron.—Entonces, esta vez...—Esta vez no —la interrumpió con voz inexpresiva—. La última vez estaba vivo. Podía esconderlo. Esta vez está muerto. No puedo salvar a alguien que ya ha muerto.Luego, le arrojó un sobre cerrado sobre su regazo.—Léalo. Esto es lo que n
Claire se negaba a creer que yo estuviera muerto.Aun después de que el personal médico lo confirmara una y otra vez, incluso cuando mi cuerpo ya estaba frío y rígido, ella seguía a mi lado, con los ojos enrojecidos. Había mandado construir una cámara frigorífica a medida en una sola noche y ordenó que me colocaran allí con cuidado.Empezó a revisar cada prueba que pudo encontrar. Las grabaciones de todas las cámaras de seguridad de la casa. Todos los expedientes hospitalarios a su alcance.Estaba convencida de que yo seguía vivo.—Ya fingió su muerte una vez, hace tres años. Puede volver a hacerlo.Al tercer día, condujo hasta el hospital para llevar a mi padre de vuelta a la casa de los Harrison.Pero cuando abrió la puerta de su habitación, la cama estaba vacía.Claire se quedó paralizada.—¡¿Dónde está?!La jefa de enfermería mantuvo la mirada baja.—Barry Kingston... falleció hace tres días.—¡Eso es imposible! ¡Le conseguí la mejor atención médica y los mejores medicamentos! ¡¿Có
La sirena de la ambulancia se perdió en la distancia. En el parque de diversiones, lavaron la sangre con una manguera y en un abrir y cerrar de ojos, todo quedó limpio.Dylan se sacudió la camisa y se dirigió al estacionamiento sin mirar atrás.Maya se quedó paralizada, mirando la mancha húmeda en el suelo, donde el agua había arrastrado toda la sangre.—Tío Dylan... ¿no vamos a ir al hospital?Él ni siquiera se dio la vuelta.—Los hospitales están llenos de gérmenes. Mi salud es delicada. ¿Y si me contagio de algo?Maya miró fijamente el vientre de Claire y asintió como si lo entendiera. Claro. El tío Dylan no podía ir al hospital porque podía enfermarse. Mamá siempre decía que era frágil.—¿Entonces... esperamos a que vuelva mamá y vamos juntos a ver a papá?Dylan no respondió. Ya había abierto la puerta y se había sentado.Maya abrió la puerta trasera y miró la fila de asientos vacíos. Un escalofrío le recorrió la espalda. Susurró:—Tío Dylan... ¿podrías sentarte atrás conmigo? Tengo
La hoja se hundió en mi pecho y la sangre brotó en un chorro caliente.Mi corazón artificial se detuvo por completo.Mi cuerpo perdió todo peso y comenzó a elevarse como humo. Con la vista borrosa, vi el rostro de Claire desfigurarse de desesperación mientras gritaba mi nombre.—¡Wesley!Mi alma se volvió más ligera. Vi cómo mi cuerpo se desplomaba en sus brazos, con la sangre brotando de la herida. Claire la cubrió con ambas manos y presionó con fuerza, intentando detener la hemorragia. Pero cuanto más presionaba, más sangre salía, escurriéndose entre sus dedos y esparciéndose sin que nada pudiera detenerla.—¡Wesley! ¡Wesley! —repetía mi nombre una y otra vez con la voz quebrada—. ¡Mírame! ¡No te duermas! ¡Ni se te ocurra cerrar los ojos!Maya se quedó paralizada, con la boca abierta, sin poder emitir un solo sonido.Claire tenía los ojos enrojecidos. Giró la cabeza de golpe y le gritó a la multitud:—¡Llamen a una ambulancia! ¡Ahora! ¡Alguien, por favor!La gente se dispersó rápidam
La habitación del hospital estaba sumida en un silencio sepulcral. El médico me miró con impotencia.—Lo siento. Sufrió una impresión tan fuerte que su estado se agravó de repente. No pudimos hacer nada.Me desplomé en el suelo, sintiéndome completamente vacío por dentro.Al revisar las pertenencias de mi padre, encontré una grabadora escondida debajo de su almohada. Presioné el botón de reproducción.La voz de Dylan, suave y cruel, resonó, cargada de veneno: —Barry, me das lástima, así que te diré la verdad. Nunca fui adoptado. Soy el hijo biológico de mamá. Tú y mi padre se pasaron toda la vida peleándose y, al final, tú criaste a su hijo durante décadas. ¿No te parece gracioso?—Ah, ¿y esa vieja casa por la que tú y Wesley tanto lucharon? Mamá la puso a mi nombre el día que cumplí dieciocho años. Gracias por cuidármela tan bien...—Nunca pudiste vencer a mi padre, y tu inútil hijo jamás podrá vencerme a mí. Su esposa, su hija, su dinero: todo va a ser mío. Ustedes han sido mis amul
Esa noche, bebí la leche que Claire me dio, como de costumbre.Después de que las dos salieran a escondidas, me levanté y las seguí.Llegaron hasta un lujoso departamento. Por la rendija de la puerta, vi a Dylan sentado cómodamente en el sofá. Claire le daba fruta en la boca con delicadeza y le masajeaba las piernas.—Perdón por no haber podido estar contigo estos últimos días. Has sufrido mucho.Maya se acurrucó a su lado, haciendo pucheros.—Todo es culpa de papá. Es tan mezquino que no dejó que mamá te llevara de vuelta a casa.Abrí la puerta de un empujón y dije con voz temblorosa:—Dijiste que lo habías mandado lejos... Claire, ¿qué parte de lo que dices es verdad? Claire se se interpuso entre Dylan y yo y me enfrentó.—¡Wesley, ya basta! Dylan nunca ha intentado quitarte nada. Ha estado aquí sin ningún título ni reconocimiento, solo haciéndome compañía. Ya ha sufrido bastante. ¿Puedes dejar de ser tan egoísta por una vez?Dylan se enderezó, envalentonado.—Vamos, Wesley. Eres ma







