FAZER LOGIN
POV de Paige
Las puertas del ascensor estaban a punto de cerrarse cuando metí el brazo entre ellas para impedirlo.
La piel de mi brazo se retorció dolorosamente bajo la presión y enseguida se puso roja, pero el escozor no me importó.
Era un dolor que podía soportar, siempre y cuando consiguiera llegar a tiempo a la planta ejecutiva.
Tenía el pecho agitado y respiraba con dificultad. El cabello se me había pegado al cuello y al rostro por el sudor. Apenas habían pasado unos minutos de la hora a la que debía haber fichado.
Las miradas extrañas de los demás trabajadores dentro del ascensor no me molestaban.
Lo único que me importaba era llegar a la oficina antes que Larry Whitmore.
Mi corazón latía más rápido de lo que el ascensor subía. En cuanto las puertas se abrieron, fui la primera en salir disparada.
—Por favor, que todavía no haya llegado —murmuré dos veces mientras aceleraba el paso.
Si ya estaba allí, aquel sería mi último día en la empresa.
—Llegas tarde.
Una voz a mi espalda me hizo detenerme en seco.
Por suerte, no era Larry Whitmore.
Era Amanda, una de las empleadas del departamento de finanzas de la planta ejecutiva.
Me giré de golpe, apretando los dientes.
—¿Ya está aquí? —pregunté casi en un susurro.
Ella negó con la cabeza y abrió la boca, seguramente dispuesta a contarme algo más, pero no tenía tiempo que perder.
Perfecto. Eso me daba unos minutos para dejar todo en orden.
Su café.
Negro, sin leche y con dos terrones de azúcar.
Removí la taza hasta que el azúcar se disolvió por completo. Con Larry Whitmore no existía margen para los errores.
La puerta de su despacho se abrió justo cuando dejaba la cuchara con cuidado a un lado.
Entró con el rostro serio de siempre, la misma expresión que lucía desde el día en que empecé a trabajar allí.
Jamás lo había visto sonreír de verdad. Ni siquiera un poco.
Me aparté para dejarle espacio mientras tomaba asiento.
Gracias a Dios, había llegado justo a tiempo.
Piper, mi hermana pequeña, había estado ardiendo de fiebre esa mañana y no podía arriesgarme a dejarla sola.
Para empeorar las cosas, su niñera también se había retrasado.
No podía ni imaginarme tener que volver a buscar trabajos mal pagados solo para poder cubrir sus gastos médicos.
Larry apoyó un dedo en el lateral de la taza para comprobar la temperatura del café.
La comisura de mis labios se curvó en una pequeña sonrisa.
Sabía que lo haría.
No dejaba pasar una sola oportunidad de acusarme de incompetente.
—Paige —me llamó después de dar un sorbo—. ¿A qué hora llegaste?
Tragué saliva antes de responder.
¿Se habría dado cuenta de que llegaba tarde?
Me había asegurado de no preparar el café demasiado caliente.
—No miré la hora, señor.
Era la verdad.
En silencio, recé para que no se le ocurriera llamar a alguien para comprobarlo.
Por suerte, mi plegaria fue respondida.
Larry cambió de tema enseguida y me preguntó cuál era su agenda para ese día.
Se la repasé brevemente: una reunión con su abuelo por la tarde y dos citas románticas que, casualmente, habían sido programadas para la misma hora.
—¿Cuál mantengo? —preguntó sin levantar la vista de su teléfono.
Como siempre, la decisión me correspondía a mí.
Gran parte de mi tiempo libre consistía en organizar y cancelar citas para Larry Whitmore.
También era mi responsabilidad asegurarme de que ninguna de esas mujeres le causara problemas que pudieran perjudicar su imagen.
Si tan solo ellas no estuvieran tan obsesionadas con él.
Reconozco que es atractivo.
Fuera de eso...
Su personalidad es horrible.
Elegí la cita que menos problemas podía causar y continué con mi jornada.
Al parecer, aquello no era todo.
A las cuatro de la tarde, Larry volvió a llamarme a su despacho para cancelar la cita.
Iba a salir con sus amigos y yo también tenía que acompañarlo.
No pregunté por qué.
Nunca me correspondía hacer preguntas.
Simplemente hacía lo que me ordenaba.
Y, en ocasiones, incluso me pagaban un extra por ello.
Le envié un mensaje a la niñera para avisarle de que volvería a llegar tarde esa noche.
Otra vez.
Me tragué el pequeño resentimiento que sentía por perder otra tarde con mi hermana y seguí a Larry hasta el coche, con la tableta bien guardada dentro del bolso.
Durante el trayecto no me dirigió la palabra.
Rara vez lo hacía fuera de la oficina.
A menos que fuera para darme una orden entre dientes.
Llegamos al club y nos condujeron hasta donde sus amigos ya estaban sentados.
En la sección VIP.
Puse los ojos en blanco en cuanto reconocí a uno de ellos.
Blake.
El amigo más cercano de Larry y, además, un completo imbécil.
Solo verlo me hacía sentir incómoda, pero no podía hacer nada al respecto.
Larry quería que estuviera allí.
—Has vuelto a traer a la asistente —comentó Blake cuando nos sentamos.
—Está aquí por trabajo —respondió Larry con tono despectivo.
La conversación entre ellos no tenía nada que ver con asuntos de la empresa, así que dejé que sus voces se perdieran entre la música del club.
En lugar de eso, concentré mi atención en la gente que entraba al local.
Desde donde estábamos sentados tenía una vista perfecta.
Mi teléfono vibró.
Me giré para comprobarlo.
Era un mensaje de la niñera de Piper.
Mi hermana ya estaba empezando a ponerse inquieta.
Solo deseaba que la reunión terminara cuanto antes.
Como si el universo hubiera escuchado mi plegaria, el caos estalló de repente.
Una mujer intentaba pasar a la fuerza junto a uno de los guardias de seguridad de la sección VIP.
Las luces de colores que parpadeaban por todo el club impedían distinguir bien su rostro, pero aquella mujer era escurridiza.
Consiguió colarse en la zona VIP.
—¡Hijo de puta! —gritó en cuanto llegó hasta nuestra mesa.
Oh, no.
Era una de las mujeres con las que Larry salía.
La misma cuya cita había cancelado esa mañana.
—¿Por eso me dejaste plantada? —continuó, fuera de sí—. ¿Para poder estar con esta zorra?
—Espera, ¿qué?
Se refería a mí.
Antes de que pudiera explicarle que todo aquello era estrictamente por trabajo, agarró la copa de champán de Larry y me la arrojó directamente a la cara.
POV de PaigeYa pasaban de las nueve de la mañana y Larry todavía no había llegado al trabajo, algo muy poco habitual en él.Era extremadamente puntual.Sentada en mi pequeño despacho, justo al lado del suyo, no podía evitar mirar hacia las puertas del ascensor cada minuto.¿Podía ser por lo que había ocurrido el día anterior?—Dios —murmuré por lo bajo.Tenía que dejar de preocuparme por aquello.Me había asegurado que mi trabajo no estaba en peligro, así que no había nada de qué preocuparse.Por otro lado, su café se estaba enfriando y la única vez que había intentado llamarlo a casa se había enfadado muchísimo conmigo.Desde entonces, había aprendido a esperar.Unos golpes en la puerta hicieron que levantara la mirada.Era Amanda.Entró sin esperar a que la invitara.—Todavía no ha llegado —susurró.Solo había una cosa capaz de llevar a Amanda hasta mi despacho:Los chismes.Empecé a deslizar el dedo por la tableta, fingiendo estar ocupada.—¿Qué quieres, Amanda?Tomó asiento y se
POV de PaigeEra la primera vez en ocho meses que Larry Whitmore me invitaba tranquilamente a cenar en su casa.Todas las cenas a las que había asistido con él hasta entonces habían sido estrictamente por motivos de trabajo.Esta vez estaríamos solos.Y, como había dicho que se trataba de una disculpa, no me molesté en arreglarme demasiado.Llevaba una camiseta sencilla y unos vaqueros.Una parte de mí seguía gritándome que iba a despedirme.Probablemente solo quería hacerlo de una manera más elegante.—Vaya, no esperaba que vinieras vestida así.Una voz resonó detrás de mí.Me giré y vi a Larry, vestido como si fuera a asistir a algún evento importante.—Eh... No sabía qué ponerme. Después de todo, estamos en tu casa.Su mirada recorrió mi atuendo rápidamente.Luego extendió una mano hacia mí.No sabía qué pensar, pero la tomé.—No importa. Estás aquí, y eso es lo que cuenta.Me ayudó a apartar la silla para que pudiera sentarme.Nunca antes había hecho algo así.Me resultaba extraño
POV de PaigeNunca en mi vida me habían humillado públicamente de aquella manera.Mientras salía del club, no dejaba de mirar a mi alrededor por si acaso la encontraba escondida en algún rincón.Las mujeres así podían volverse muy intensas cuando se trataba de los hombres con los que salían, y yo no tenía ninguna intención de acabar con el cabello arrancado de raíz.Al menos me alegraba de haber podido marcharme a tiempo, aunque no precisamente de la manera más digna.Pedí un taxi y, en menos de dos minutos, ya estaba frente a mí para llevarme a casa con Piper.Mientras estaba sentada en el asiento trasero, recibí una notificación de pago: una tableta nueva, un conjunto nuevo y el dinero extra por el tiempo que había tenido que quedarme fuera de la oficina.Se me escapó un suspiro mientras miraba la cantidad.No venía acompañada de ninguna disculpa.Este trabajo tenía sus ventajas y sus sacrificios.Tendría que acostumbrarme a ambos, porque no tenía elección.Tal como imaginaba, Heath
POV de LarryPor un segundo, cerré los ojos, esperando que el líquido burbujeante me empapara la cara y el impecable traje.No los abrí hasta que escuché a Paige soltar un jadeo de sorpresa.Winnie ya se abalanzaba sobre mí con las uñas por delante cuando los guardias consiguieron sujetarla de los brazos.—¡Haré que pagues por esto, Larry Whitmore! —seguía gritándome mientras se la llevaban a rastras hacia la salida, pataleando y retorciéndose.—Por esto odio salir con modelos —murmuré—. Sobre todo con las nuevas.Uno de los chicos soltó un silbido bajo.—Vaya novia que tienes, Larry.—Lo que sea.No estaba de humor.Paige se limpiaba el champán de la cara y la camisa con una servilleta. Parte del líquido se le había quedado empapando el cabello.Verla así, empapada y humillada delante de mis amigos, hizo que apretara la mandíbula de una forma que preferí no analizar demasiado.—Vete a casa. Nos vemos mañana en la oficina.El alivio cruzó su rostro tan rápido que casi me hizo reír.Fu
POV de PaigeLas puertas del ascensor estaban a punto de cerrarse cuando metí el brazo entre ellas para impedirlo.La piel de mi brazo se retorció dolorosamente bajo la presión y enseguida se puso roja, pero el escozor no me importó.Era un dolor que podía soportar, siempre y cuando consiguiera llegar a tiempo a la planta ejecutiva.Tenía el pecho agitado y respiraba con dificultad. El cabello se me había pegado al cuello y al rostro por el sudor. Apenas habían pasado unos minutos de la hora a la que debía haber fichado.Las miradas extrañas de los demás trabajadores dentro del ascensor no me molestaban.Lo único que me importaba era llegar a la oficina antes que Larry Whitmore.Mi corazón latía más rápido de lo que el ascensor subía. En cuanto las puertas se abrieron, fui la primera en salir disparada.—Por favor, que todavía no haya llegado —murmuré dos veces mientras aceleraba el paso.Si ya estaba allí, aquel sería mi último día en la empresa.—Llegas tarde.Una voz a mi espalda m







