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CAPÍTULO 35

Author: Newt writes
last update publish date: 2026-10-20 22:26:43

A Crescent le dolía la cara de tanto sonrojarse, hasta el punto de que se sentía como una auténtica loca. Para empeorar las cosas, las manos de ambos se habían acercado de forma alarmante al borde de sus braguitas, debajo de la mesa. Tuvo que morderse con fuerza el labio inferior para reprimir un gemido entrecortado, luchando contra las intensas oleadas de cosquilleo que inundaban su cuerpo mientras permanecía allí sentada, con el aspecto de un plato de sopa de tomate recién servida. *¿Cómo dem
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  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 35

    Crescent no dejaba de mirarse en el espejo de cuerpo entero. Este vestido era realmente algo por lo que enamorarse y admirar. El vestido amarillo con abertura hasta el muslo y escote en forma de corazón, adornado con pedrería en el lateral, lucía un peplum en la cintura que resaltaba lo estrecha que era esta. Llevaba el pelo suelto, con unos rizos ondulados, gruesos y naturales que le llegaban justo por debajo de la línea del sujetador, con raya en medio. Su maquillaje era impecable: cejas pobladas con su arco natural, delineador de ojos con cola de gato acentuado con destellos dorados y unos labios nude mate que completaban el look. Combinó el conjunto con un bolso plateado y unos zapatos de tacón con tiras plateadas, a juego con sus pendientes de diamantes y el collar que Kalvin le había regalado por su cumpleaños el año pasado.Satisfecha con su look para su cita con los hombres perfectos de su vida, sacó el móvil para hacerse un selfi en Snapchat. De verdad que no podía pasar ni u

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 35

    A Crescent le dolía la cara de tanto sonrojarse, hasta el punto de que se sentía como una auténtica loca. Para empeorar las cosas, las manos de ambos se habían acercado de forma alarmante al borde de sus braguitas, debajo de la mesa. Tuvo que morderse con fuerza el labio inferior para reprimir un gemido entrecortado, luchando contra las intensas oleadas de cosquilleo que inundaban su cuerpo mientras permanecía allí sentada, con el aspecto de un plato de sopa de tomate recién servida. *¿Cómo demonios pueden estos dos hombres convertirme en una colegiala risueña con solo unas pocas palabras? Estoy perdida.*Afortunadamente, sus padres parecían completamente satisfechos con sus sinceras respuestas y les dedicaban cálidas sonrisas mientras seguían comiendo.—Cressy, ¿por qué estás tan roja? ¿O es que todavía necesitas un poco de aire para refrescarte? —preguntó Kalvin con inocencia.*Lo odio tanto.* Sin duda lo había dicho totalmente a propósito.«¡No, estoy bien! Solo un poco sonrojada p

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 34

    —Espera, vuelve un poco atrás. ¿Has dicho que *gruñen*? —la expresión del señor King se tensó al instante, como si una sombra helada hubiera cruzado el día.—Sí, papá. Una locura, ¿verdad? Pero conmigo se comportan como cachorros perdidos, siempre ansiando mi atención y olisqueándome en cuanto nos acercamos. Y para que sea aún más raro, siempre dicen que soy suya para siempre. Ya lo tengo grabado a fuego en la memoria, porque lo repiten cada vez que me ven hablando con otro chico, como si fuera un mantra obligatorio que tengo que aprenderme. —Crescent imitó sus voces graves en broma, aunque la imitación se quedó a medias cuando se echó a reír, hasta que notó que su padre miraba al frente con la vista perdida, completamente absorto en sus pensamientos.—¿Papá? ¿Papá, estás bien? Parece que estás a kilómetros de aquí —intentó devolverlo a la realidad.—Perdona, no hagas caso a tu viejo. Tenemos que volver antes de que tu madre me desuelle vivo. Recoge tus cosas mientras guardo estas cab

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 33

    Crescent no habría sabido describir su noche; solo una palabra le vino a la mente: *inquieta*. Pero la mañana llegó pronto, cuando su padre la despertó a las 6:00 de la mañana para su carrera matutina de siempre. En un día normal, le habría encantado correr a su lado, ganándole casi siempre en la meta, aunque sabía que él solía dejarla ganar por diversión. Esa mañana, sin embargo, sintió que todo tenía mucho que ver con los destrozos emocionales de la noche anterior.Después de correr, fueron directos al gimnasio de casa, levantando pesas y llevando las cintas al límite. En todo ese rato no hubo ni una conversación casual, salvo sus órdenes secas y tajantes para que mantuviera el ritmo. Para cuando por fin volvieron a la casa, eran las 10:00 de la mañana, más o menos.Aún no había visto a mamá desde que habían llegado, a menos que se hubiera escapado a hacer la compra del sábado. Crescent subió corriendo a su cuarto a ducharse y cambiarse. Al bajar de nuevo, encontró a Kalvin en la co

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 32

    —¡Crescent Zuri King! ¿Acabas de aclarar que tu cita no es con un hombre, sino con *dos*? —gritó mamá con una furia desatada, y los dos hijos dieron un respingo en sus asientos.—Mamá, ojalá pudiera explicarlo, pero es tan complicado. Ni siquiera sé qué decir, porque yo misma sigo en shock, pero sé que los quiero —intentó razonar Crescent con su madre, con la voz temblorosa.—Me das mucha pena, Crescent. Creía que tu padre y yo te lo habíamos dado todo, la mejor crianza, educación, vida y comodidades, ¿y ahora nos dices que has caído bajo el hechizo vudú de dos hombres a la vez? —el señor King la miró con una pesada mezcla de decepción y dolor.—Siento que estés decepcionado, papá —susurró ella, mientras unas lágrimas gruesas le llenaban los ojos y se obligaba a no parpadear para que no se derramaran.—Kalvin, ¿por qué no la disuadiste de esta locura? ¿Te das cuenta de que va a arruinarse la vida entera si esto se sabe? ¡¿Qué va a pensar la gente de ella, deseando a dos amigos?! —le e

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 31

    Con un movimiento rápido y practicado, Crescent le dio un manotazo con la palma abierta en la nuca a Kalvin, que soltó un chillido y se tambaleó hacia delante.—¡Ay! ¿Y eso por qué? —se frotó la zona a la defensiva.—A ver, en la frase más corta posible, ¿por qué demonios le dices a mamá que tengo una *cita*? —lo regañó Crescent, fulminándolo con la mirada.—Deberías alegrarte de que no dije *citas*, pero aun así, tiene que saber lo que pasa en tu vida. No puedes esconderlo para siempre. Aunque mi objetivo principal era, desde luego, pura y simple venganza —sonrió con malicia.—Te odio tanto. Ay, Kal, ¿qué les voy a decir este fin de semana? ¿Que salgo con dos tíos y ni siquiera sé explicar por qué me atraen los dos? En sentido literal, se supone que no puedes querer a dos hombres a la vez, lo que también significa que me mandarán al manicomio de un momento a otro. —Crescent paseó de un lado a otro antes de desplomarse en el borde de la cómoda, al borde de un ataque de pánico en toda

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