Partager

CAPÍTULO 5

Auteur: Newt writes
last update Date de publication: 2026-10-03 16:18:33

—Casi era la hora del almuerzo, y Lucian tenía hambre, y Lucius también. Una idea se le pasó por la cabeza a Lucian, y solo de pensarla se le dibujó una lenta sonrisa en la cara.

—Oye, hermano, ¿te apetece almorzar?

—Sí, me muero de hambre. Creo que el éxito con el señor Sakamoto me pasó factura. ¿Qué quieres que te diga? Pura felicidad —respondió Lucius.

—Bueno, estoy pensando que deberíamos invitar a Crescent a almorzar. O mejor vamos a la cafetería y comemos con ella, para no agobiarla —preguntó Lucian.

—A la cafetería, entonces —asintió Lucius mientras se levantaba y se ponía la chaqueta del traje—. ¿Sabes lo difícil que es bloquear ese aroma a jazmín y rosa? Valen se pone todo irritable y difícil de controlar cuando está cerca de ella.

—Seguro que el personal se lleva un buen susto al vernos en la cafetería.

—Lo que hacemos por nuestra compañera, hermano.

Dicho esto, pausaron el trabajo del día, cerraron los portátiles y se encaminaron a un almuerzo maravilloso con su compañera. A medida que se acercaban, su aroma se hacía más fuerte.

Como de costumbre, la cafetería estaba ruidosa. Los cotilleos de oficina siempre estaban en su punto álgido, sobre todo cuando salía algún chisme jugoso. Al llegar a la sala abarrotada, abrieron la puerta y vieron a un grupo de empleados riendo alrededor de Crescent, con la cabeza de Pascal McCain cómodamente apoyada en su hombro mientras se reía. Al principio nadie notó siquiera su presencia.

—Señorita King —tronó Lucius, y su voz sacudió a todos de puro susto y silenció la sala al instante.

Se habría podido oír caer un alfiler. Pascal casi se cae de la silla del susto. Los gemelos le lanzaron miradas asesinas. ¿Quién se creía que era para tocar lo que era suyo, y más aún en una posición tan íntima? Lucian estaba listo para despedir al muy cabrón en cuanto terminaran de ocuparse de él.

Crescent los miró y se levantó por instinto para irse, mientras los ojos de los gemelos se suavizaban un poco ante su estado asustado. Se despidió de Madelyn y de Pascal, y entonces oyeron la suave respuesta de él:

—Hasta luego, nena.

Tanto Lucius como Lucian soltaron al instante un gruñido amenazador contra él, que hizo que Pascal se encogiera. Eso fue todo: estaba muerto antes de que anocheciera. Nadie compartía el mismo aire con su compañera y la llamaba «nena» delante de ellos a menos que estuviera buscando la muerte a propósito. Al mirar alrededor, vieron que su pequeña alborotadora había escapado de vuelta a su escritorio.

Lucian perdió el apetito por completo. Y si ella pensaba que podía huir de ellos, estaba muy equivocada. *¡Es nuestra! ¡Nuestra!*, tronó Malakor en la mente de Lucian mientras los hermanos se dirigían a su oficina.

Lucian abrió la puerta de un tirón violento, y oyeron su chillido de susto al entrar.

—¿Qué significa ese numerito, Crescent? —dijo Lucius, intentando calmar su respiración sin matar de miedo a su compañera.

—Disculpe, señor Sterling, pero no entiendo qué hice mal —dijo su hermosa voz. Lucian se derritió por dentro.

—Lo de que Pascal se sintiera cómodo sobre tu hombro mientras se reía, ¿puedes explicármelo? —le ladró Lucius.

—No es lo que usted piensa, señor. Es mi amigo y fue solo un gesto amistoso —dijo ella, mirando a Lucian con ojos suplicantes, aunque él seguía visiblemente decepcionado y furioso.

—¿Un gesto amistoso, dices? No quiero verte cerca de él, ni de ningún otro hombre, ya puestos —continuó Lucius.

—Señor Lucian, por favor, hable con el señor Lucius; yo no hice nada malo. Passy solo estaba siendo amable porque yo no tenía con quién hablar en la cafetería, y es buena gente —intentó explicar.

—¿Passy? ¿Le has puesto un apodo cariñoso? ¡Se acabó, está despedido! —bramó Lucian. ¿Por qué demonios su compañera le ponía un apodo a otro hombre? Estaba listo para estrangular al tipo.

—¡Por favor, señores, haré lo que sea! ¡Solo no lo despidan, es mi amigo! Vale, no dejaré que me toque en un lugar público...

Los dos hermanos gruñeron con fiereza al oírlo.

—... ¡vale, y mucho menos en un lugar privado! Haré lo que sea, señores, por favor, no le hagan daño a mi amigo —suplicó, a punto de llorar.

Vale, quizá habían reaccionado de más, aunque no era del todo culpa suya, dados sus instintos de híbridos. Al menos sacaron algo agradable de aquella acalorada discusión. Lucian le dedicó una sonrisa pícara a Lucius.

—Tranquila, Princesa —arrulló Lucius con suavidad—. No le pasará nada a Pascal. —Intentó calmar su tensión acariciándole la cara con cariño. Y así, sin más, la había llamado Princesa: los dos estaban completamente rendidos.

Lucian no pudo resistirse más. Avanzó a zancadas para colocarle con delicadeza un mechón de su pelo ondulado detrás de la oreja.

—Qué hermosa —dijo en voz baja.

Ella bajó la vista tímidamente hacia sus pies. La Diosa Luna de verdad les había dado lo mejor de lo mejor.

Más tarde, esa noche, cuando Kalvin aceptó la invitación a cenar de su mejor amiga, no se imaginaba que la encontraría apuñalando con agresividad su helado favorito, Chunky Monkey, mientras comía con pura frustración. ¿Quién demonios la había puesto tan furiosa? Nadie comía helado enfurecido: era una violación absoluta de las leyes del helado.

—Vale, si quieres desahogarte con algo, intenta no matar ese helado delante de mí —dijo Kalvin con sarcasmo.

—Perdona, Kal. Creo que tienes razón: hice un pacto con los demonios. Mis jefes pueden ser muy pesados.

—Cuéntame, soy todo oídos. Además, necesito pistas para conseguirte la redención y salvar tu alma antes de que sea demasiado tarde —le guiñó un ojo Kalvin, y los dos se rieron.

Crescent le relató su primer día y lo ocurrido en la cafetería, y Kalvin terminó riéndose a carcajadas. Su parte favorita del día de ella, de hecho, fue su batalla matutina con Brenda. ¿Quién acosa a la gente a estas alturas? Siguió escuchando mientras se comía su helado hasta que ella terminó de hablar. Lo que de verdad le llamó la atención, sin embargo, fue cuando mencionó lo cariñosos que se habían puesto sus jefes mientras le arrullaban.

—Cressy, creo que le gustas a tus jefes —dijo Kalvin, levantándose para tirar su vasito vacío en el fregadero.

—¿¡Qué!? No, no lo entiendes, o claramente no oíste lo que acabo de decir —protestó Crescent, siguiéndolo a la cocina.

—Bueno, dijiste que le gruñeron a Pascal cuando lo vieron apoyado en ti en la cafetería, ¿no? Eso son celos. Y cuando lo llamaste Passy, te prohibieron tener contacto con cualquier otro hombre. Eso es ser posesivo —razonó Kalvin, sentándose en un taburete de la isla.

Crescent lo miró, totalmente desconcertada.

—¿Cómo sacas tú esa conclusión de mi historia? ¿Te estás oyendo? Quieren controlarme la vida, ¿y tú me dices que les gusto? No vale, Kal —hizo un puchero, enfadada.

—¿Qué tal esto? Intenta hacer lo que dicen por ahora. Observa y mira sus reacciones. Luego, si me equivoco, que nunca me equivoco... —Crescent puso los ojos en blanco—, ...los enfrentas o los denuncias a Recursos Humanos.

—Vale —dijo Crescent, pensativa.

Se sentaron uno al lado del otro para por fin cenar, y siguieron con su charla al azar sobre todo y sobre nada hasta que terminaron la comida.

Continuez à lire ce livre gratuitement
Scanner le code pour télécharger l'application

Dernier chapitre

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 21

    «Lo mataré si lo vuelvo a ver cerca de ti, pequeña». Las palabras de Lucian se entremezclaron con los besos, y Crescent jadeó en busca de aire, pero no duró mucho, porque Lucius volvió a apoderarse de su boca.«Eres nuestra. Solo nuestra. Cada caricia, cada sonrisa, cada beso nos pertenece, y no compartimos lo que es nuestro. Nadie te arrebatará de nuestro lado. ¿Me oyes, princesa?».Su pecho se agitaba. Parpadeó para despejar la niebla que tenía en la cabeza, mareada y aturdida.Oírlo le provocó algo. El calor se acumuló en lo más bajo, húmedo, y gimió, ansiando atención. Dios, era una pervertida. Estaban allí de pie reclamándola, regañándola, amenazándola, y ella se excitaba con cada palabra. Estaba perdida, y lo sabía. Sin pensárselo dos veces, apretó sus labios contra los de Lucius y lo besó con todas sus fuerzas. Él respondió agarrándole el culo con fuerza. Lucian se abalanzó sobre su cuello, chupándolo con toda la intención de dejarle una marca, mientras sus manos le amasaban lo

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 20

    —No me hagas repetirme otra vez, Crescent —advirtió Lucius, caminando furioso hacia ellos con la mirada clavada en Xavier.Crescent deseó desesperadamente que apareciera su hada madrina y se la llevara volando a cualquier sitio lejos de su inminente ira.—Solo estábamos hablando, y la última vez que lo comprobé, en este país hay libertad de expresión —replicó Xavier con descaro.*Madre mía, está muerto si no consigo que cierre la boca,* pensó Crescent frenética.Lucius tenía una expresión asesina, con las cejas temblándole y una vena palpitándole a la vista en el cuello, antes de que su mirada volviera de golpe a Crescent. Entonces recordó su escalofriante amenaza del almuerzo del día anterior: *«Si veo a algún chico a tu alrededor, juro por Dios que lo mato solo por mirarte, no digamos ya por tocarte».*Crescent ya podía imaginar un millón de formas horribles en que podría descuartizar a Xavier, que, por alguna razón, no parecía inmutarse en lo más mínimo ante sus miradas mortales. A

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 19

    Los tres amigos estaban sentados en su mesa favorita, cotilleando de todo un poco mientras comían contentos. Para Crescent era un alivio estar lejos de sus jefes gemelos, que andaban ocupados con llamadas. Se había escabullido de su despacho, segura de que le cortarían las orejas al volver, pero por suerte la reunión de la mañana se había aplazado hasta la tarde.Crescent se aclaró la garganta.—Maddy, en una sola frase, ¿puedes explicar qué pasó ayer por la mañana y cómo nos dejaste plantados en el almuerzo por los jefes? —movió las cejas con burla hacia su amiga.—Eh, no pasó gran cosa. Vine a trabajar como todos vosotros y me arrastraron a comer por la fuerza —se encogió de hombros Crescent, sorbiendo su zumo de naranja.—O sea, que sales por casualidad de su coche de la mano, como si fuerais amantes o estuvierais en una relación a tres, y encima comes con ellos al mediodía. Vaya, qué tópico —dijo Pascal, boquiabierto, mirándola con sospecha.—¡Eh, eh, eh! Antes de que me devoréis

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 18

    ¿Por qué tenía que ser siempre tan controlador, con su elegante traje gris de Armani a juego con la corbata y los zapatos azul marino? Crescent juraba que lo odiaba con toda su alma, sobre todo esa estúpida expresión que Lucian llevaba plantada en su sexi cara.*Espera, se supone que estoy enfadada, no que los esté repasando. Crescent, concéntrate,* se dio una bofetada mental.—Vale, pero solo porque tengo hambre... Además, no creo que sea prudente tener tanta confianza con vuestra asistente.—Me alegra que hayas dicho *nuestra* asistente, nena, así que eres asunto nuestro y de nadie más. Ahora ven aquí antes de que pierda la paciencia y te castigue.Crescent sintió que hacía el camino de la vergüenza, sabiendo que no podía ganarles la discusión. Lucian la arrastró despacio hacia el centro de la sala mientras los dos hermanos se levantaban y se quitaban las chaquetas del traje, marcando sus bellos músculos con sonrisas diabólicas.*Madre mía, creo que estoy babeando.*—O sea, que pase

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 17

    Solo pensar en su fin de semana con los gemelos era increíble. Sorprendentemente, habían cumplido su palabra, aunque eso no significaba que se hubieran privado de robarle besos y de provocarla sin parar, dejándola toda acalorada y alterada.Cuando Crescent despertó, fueron de compras a pesar de sus quejas, que cayeron en saco roto, y después pararon en el centro comercial a por su helado de chocolate favorito. Nunca había sabido que fueran *tan* famosos, con un enjambre de paparazzi pisándoles los talones, pero por suerte sus disfraces la salvaron de acabar en una de esas revistas de cotilleo.Por desgracia, después del trabajo de hoy Crescent volvería a la realidad sin ellos. Pero no pensaba dejar que notaran que había cedido. La experiencia es la mejor maestra, y desde luego no quería darle la razón a ese dicho. Así que ahí estaba, sentada justo entre los gemelos mientras iban de camino al trabajo. ¡Ja! La broma les había salido al revés, ya que no la perdían de vista ni un segundo,

  • El compañero predestinado de los jefes    CAPÍTULO 16

    Lucius observó cómo Crescent se sentaba con las piernas cruzadas, la cara sonrojada y el pelo revuelto, jugueteando con los dedos y evitando mirarlos a los ojos. De pronto, estalló en carcajadas.—Qué hermosa estás cuando estás confundida y excitada.Ella se puso roja como un tomate y escondió la cara en el hueco del cuello de Lucian, justo cuando su estómago soltó un rugido fuerte y frenético.—Ven, nena —dijo Lucian, ayudándola a levantarse—. Vamos a darte algo de comer y a saciar a esa ballena moribunda que llevas dentro.—Perdona que nos hayamos distraído y nos hayamos olvidado del desayuno que te preparamos —añadió Lucius, poniéndole delante un plato lleno de tostadas, una tortilla y beicon, junto con un vaso de zumo de manzana.Ella les regaló una sonrisa letal, de esas que devolverían a alguien a la vida.—No pasa nada, lo entiendo.Le dieron espacio para que estuviera cómoda y se sentaron en el extremo opuesto de la isla para observar lo nerviosa que parecía. La vieron comer c

Plus de chapitres
Découvrez et lisez de bons romans gratuitement
Accédez gratuitement à un grand nombre de bons romans sur GoodNovel. Téléchargez les livres que vous aimez et lisez où et quand vous voulez.
Lisez des livres gratuitement sur l'APP
Scanner le code pour lire sur l'application
DMCA.com Protection Status