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CAPITULO 18

Author: W.S.Q
last update publish date: 2026-10-27 09:42:46

Era de madrugada. Alexander permanecía sentado con un vaso de whisky en la mano, mientras la mujer con la que había estado yacía en el suelo, con el rostro golpeado y lágrimas deslizándose por sus mejillas.

—Me duele… —murmuró ella.

Alexander la observó sin mostrar preocupación.

—Te pagaré un poco más. Ahora guarda silencio sobre lo que pasó. A nadie le importa una puta.

Se levantó, satisfecho con lo ocurrido, o al menos eso quiso creer.

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  • El corazón equivocado   CAPITULO 18

    Era de madrugada. Alexander permanecía sentado con un vaso de whisky en la mano, mientras la mujer con la que había estado yacía en el suelo, con el rostro golpeado y lágrimas deslizándose por sus mejillas.—Me duele… —murmuró ella.Alexander la observó sin mostrar preocupación.—Te pagaré un poco más. Ahora guarda silencio sobre lo que pasó. A nadie le importa una puta.Se levantó, satisfecho con lo ocurrido, o al menos eso quiso creer. ***Durante el camino de regreso a casa, el rostro de Alma volvió a su mente. Recordó su mirada y la forma en que se había mantenido firme cuando él esperaba verla suplicar a Samuel que no se marchara. Había querido verla de rodillas, desesperada ante la posibilidad de perder a la persona que más quería, pero Alma no le había dado esa satisfacción.Eso iba a cambiar.Ahora tenía en sus manos aquello que más le importaba a ella, y estaba dispuesto a aprovecharlo.Al llegar a la mansión, e

  • El corazón equivocado   CAPITULO 17

    Ver al hombre que amaba siendo besado por otro rompió algo en el corazón de Alma. No se detuvo a pensar. Corrió hacia ellos y, antes de que pudiera arrepentirse, agarró a Alexander del brazo y lo apartó de Samuel.—¡¿Qué demonios te pasa?! —espetó, mirándolo con una indignación que apenas podía contener—. ¿Cómo te atreves a hacerle algo así?Alexander recuperó el equilibrio y acomodó tranquilamente la manga de su chaqueta, como si Alma acabara de interrumpir una conversación desagradable y no una escena capaz de cambiarlo todo. Cuando levantó la mirada hacia Samuel, su expresión perdió parte de aquella seguridad.Samuel no había dicho una palabra. Seguía mirándolo con los labios entreabiertos y la respiración irregular. No parecía enfadado como Alma habría esperado. Tampoco había intentado golpearlo ni salir huyendo. Había sorpresa en sus ojos, desconcierto y una inquietud que no sabía cómo interpretar.Era la primera vez que Alma veía aquella expresión en su rostro, y la incertidumbre

  • El corazón equivocado   CAPITULO 16

    El miércoles por la mañana, Alma buscó a Samuel con la mirada en cuanto entró al aula. Su lugar continuaba vacío.Al principio pensó que llegaría unos minutos tarde, pero la clase comenzó y él no apareció. Una compañera le dijo que había escuchado que estaba enfermo. Alma quiso escribirle, pero terminó guardando el teléfono. Todavía tenía presente la discusión del martes y no sabía si su mensaje sería bien recibido.Durante el resto de la mañana intentó concentrarse. Tomó apuntes, respondió a los profesores y entregó los ejercicios como siempre. Aun así, cada vez que alguien mencionaba a Samuel, su atención se desviaba hacia la conversación que seguía sin resolverse.No le gustaba haberse separado de aquella manera. Podía aceptar que estuviera molesto, pero le dolía recordar la frase sobre su padre. Nunca había pretendido hacerle sentir que sus dificultades eran sencillas. Solo quería que comprendiera que tenía derecho a elegir.El jueves Samuel tampoco asistió.El viernes el asiento

  • El corazón equivocado   CAPITULO 15

    Al dia siguiente Alma esperó a que terminara la clase para acercarse al escritorio del profesor Ramírez. Llevaba su currículum en una carpeta que había revisado tantas veces durante la mañana que conocía de memoria cada línea, y aun así, al entregárselo, sintió la misma inquietud de siempre cuando debía confiar en que algo saldría bien.—Voy a preparar una carta de recomendación y pediré a otro colega que haga lo mismo —dijo el profesor, hojeando los documentos—. Tú reúne el resto de los papeles y presentalos dentro del plazo. Después, la decisión ya no dependerá de nosotros.Agradeció al profesor y guardó la carpeta con cuidado. Por primera vez en varios días, su futuro dejó de parecerle una lista de obstáculos y se volvió algo que podía alcanzar.Al salir del aula, esa alegría perdió parte de su fuerza.Samuel y Alexander conversaban junto a las ventanas del pasillo, sin pullas ni tensión, con una naturalidad que a Alma le resultó extraña, como si hubieran encontrado una forma de ent

  • El corazón equivocado   CAPITULO 14

    El lunes por la mañana, Alma repasaba unas anotaciones en el margen de su cuaderno cuando Samuel dejó su mochila en el pupitre.—¿Estudiaste todo el fin de semana?—Casi todo.—Eso significa que sí.Alma le dedicó una sonrisa breve y volvió a sus apuntes. Antes de que Samuel pudiera insistir, el profesor Ramírez entró y dejó una carpeta sobre el escritorio.—Antes de empezar, una noticia. El instituto renovó sus convenios con varias empresas y despachos profesionales, así que los alumnos de último curso podrán hacer estancias formativas durante las próximas semanas.Un murmullo recorrió el salón.—¿Y eso para qué? —preguntó alguien desde el fondo—. Es una pérdida de tiempo.Algunos rieron. Para muchos de ellos las prácticas no significaban nada: sus padres ya tenían empresas donde colocarlos cuando quisieran.—Quienes ya tengan una opción propia pueden presentarla —dijo el profesor, sin alterarse—. Pero el instituto también ofrecerá plazas por convenio. No todos tienen las mismas posib

  • El corazón equivocado   CAPITULO 13

    La cafetería había estado más concurrida de lo habitual aquella tarde. Desde que comenzó su turno, Alma apenas se detuvo. Iba de un lado a otro con la libreta en una mano y la bandeja en la otra, atendiendo, retirando platos y asegurándose de que nada quedara pendiente. El cansancio le pesaba en las piernas, pero cada mesa nueva significaba mejores propinas, y cada dólar extra la acercaba un poco más a lo que necesitaba.No era la primera vez que terminaba una jornada pensando en todo lo que debía pagar: los documentos de la beca, los materiales, los gastos de la graduación. Había aprendido a organizarse con lo poco que tenía, a guardar y a distinguir entre lo necesario y lo que podía esperar. No quería que la falta de dinero decidiera hasta dónde podía llegar.Antes de servir cada pedido, lo revisaba. Después de servirlo, lo volvía a mirar. Contaba el cambio dos veces. Comparaba los recibos. Aun cuando todo estaba correcto, una duda mínima bastaba para que regresara sobre sus pasos. N

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