Mag-log in
Mi cabello es tomado a la fuerza por una mano grande, obligándome a incorporarme, quedando con las rodillas apoyadas en suelo mientras él me sostiene, mi cuello queda expuesto y mi mirada hacia el cielo. Haciéndome sentir desnuda ante todos, su agarre me genera un dolor en mi cuero cabelludo, pero el sonido de las risas burlonas de fondo, son las que más queman mis mejillas por la vergüenza.
—Eres muy astuta —me susurra al oído mientras me examina.
Un hombre de cabello blanco y musculoso, un guerrero de la realeza que hace unos minutos amenazó con masacrarnos. Con su dedo áspero traza una línea por mi mejilla, su tacto es helado, congelando mi respiración.
—Y demasiado hermosa para estar con un don nadie, ¿Cómo es que terminaste casada con un humano? —me mira con los ojos entrecerrados y la nariz arrugada, como si estuviera enfrente de una basura.
Cierro mis ojos con fuerza, sintiendo como mi garganta se atora y quema por la rabia contenida. Esa expresión que él tiene, es la misma que me han hecho todos por casarme con un humano, a pesar de que yo no lo elegí.
Años atrás, la Diosa Lunar dictó una sentencia sobre mi padre y sobre mí; mi mate sería un humano, un granjero de tal vez unos casi 40 años en la vida humana, borracho y común. Para un alfa como mi padre, aquello fue una humillación insoportable, mientras que, para mí es una cruz que debo cargar sin objetar. Solo así estoy unida a Nabal, un humano ignorante al mundo de los licántropos, tampoco pienso decírselo, no le tengo confianza, aunque lo quiera y esté encariñada con él. Pues nuestro matrimonio solo me recuerda al rechazo de mi padre, quien me culpa por no ser suficiente para que la Diosa me destinara a un alfa.
¿Y acaso es fácil ir en contra del destino? Claro que no, el que se atreva a desobedecerla, no sobrevive. Todos obedecemos a la Diosa lunar, aunque le fallemos a nuestro corazón. Pero por culpa de Nabal, quién cree que lleva la b****a, nos ha metido en un aprieto, otra vez. Y la verdad es que, quien manda soy yo, usando mi astucia para mantenerlo a salvo, cuidándonos de la furia que nos puede hacer el destino.
Ahora, no sé si saldremos vivos de esta, resulta que la soberbia y la terquedad de mi esposo humano, han provocado a un hombre poderoso, Nabal rechazó ayudar a una manada que nos salvó de unos bandidos, tratándolos de pordioseros y de mentirosos porque lo hicieron sin nuestra presencia, pero claro, como no sabe que son licántropos, se creyó el más fuerte por su dinero, los humanos son tontos con su ego.
Cuando Cale, mi lobo a mi servicio, me informó que venían a cobrar la ofensa, tuve que actuar de inmediato. Despaché a los trabajadores humanos y a mis sirvientas para evitar una masacre inocente. Y me encaminé aquí, cargada de provisiones, dispuesta a arrodillarme si es necesario para proteger a mi mate.
—La Diosa Luna... me dijo que era mi mate —abro los ojos, obligando a mi voz a sonar firme ante un guerrero.
Pero esa valentía se desvanece cuando una risa se contagia en su manada. Su burla me reprocha la carga que llevo encima, ardiendo mis mejillas y bajando mi rostro. Clavo mi vista en la tierra, incapaz de sostenerle la mirada a alguien, muy dentro de mí deseaba saber porque la Diosa Lunar quiso que pasara por esto.
—Solo acepta las ofrendas y déjanos ir —le ruego, sintiendo un vacío en mi pecho por dar mi brazo a torcer.
Físicamente estoy intacta, pero los tratos de esta manada hacia nosotros, han colocado mi estabilidad emocional por los suelos, siendo pisoteados y escupidos, se burlaron sin importar la carga que yo ya estoy llevando, es suficiente con el rechazo de mi padre, pero todos ignoran eso.
—Bien. Lárguense —ordena él sin ningún spray de emoción, haciéndome ver que mi redención solo lo hizo sentir más poderoso e intocable.
Supongo que se debe sentir en un altar, y si me lo llego a encontrar nuevamente, me recordará que debo besarle los pies por haberme salvado la vida, me arrepentiré de esto, pero es lo que me ha tocado hacer.
Sus hombres recogen mis ofrendas para luego desaparecerse por el bosque. En el momento en que no escucho sus pasos, me derrumbo por completo, pegando la frente en la parte superior de mis manos y estas contra la tierra húmeda para dejar salir todo el llanto que contuve.
—No llore, mi señora. Lo logró, nos ha salvado —Cale se arrodilla a mi lado, sobando mi espalda con consuelo.
—¿A qué costo, Cale? —levanto la vista, con los ojos irritados—. Me arrodillé, fingiendo debilidad y me aguanté la burla de todos solo para sobrevivir... porque sé muy bien que a nadie le importa derrotar a los que no se ven como una amenaza. Aun así, estuvimos a punto de morir.
—Usted no es débil —asegura con firmeza—. Nadie se hubiese atrevido hacer lo que usted hizo para evitar una masacre.
Doy una sonrisa titubeante mientras me ayuda a ponerme de pie. Por hoy nos hemos salvado. Demostré agallas y aguanté una vez más ser menospreciada por ser la esposa de un humano. Pero en el fondo, siento una victoria, las esposas son las que verdaderamente mandan al lado de un rey poderoso.
De regreso, el polvo de la granja se adhiere a mis botas. Olfateo el aire del lugar, percibiendo un aroma muy fuerte de alcohol. Mi esposo, se ha emborrachado de nuevo.
Veo a mis lobos, con mi mirada ellos entienden que deben dispersarse para proteger el área. Me encamino hacia la puerta de mi casa, abriendo esta. En el fondo sabía que debía contarle a Nabal de inmediato lo sucedido, pero en su estado de ebriedad, lo mejor será esperar hasta mañana.
A la mañana siguiente, preparo el desayuno para todos, pues quiero que pasen ciertos días antes de que regresen los humanos, asegurarme de que la hacienda esté segura.
—¿Cariño? —escucho la voz de mi esposo, desorientado, aun emana alcohol de él y se veía desorientado.
Me giro viendo su silueta. Bosteza llevándose la mano a la boca, su aspecto es de alguien despeinado, ropa alborotada, enratonado.
—Aquí estoy. ¿Quieres café?
Apresuro a buscar una taza y sírvele del café recién hecho, el aroma impregna la casa haciéndola sentir más hogareño. Esto es lo mejor si quería hablar con él. Dejo el termo en la mesa, me acerco a mi esposo para entregarle la taza. Él la recibe llevándola a su rostro, cierra sus ojos e inhala ese aroma tan relajante. Lo logré.
—Y ven, siéntate —pido usando una voz suave.
Coloco su mano detrás de su espalda, guiándolo a la mesa de una forma envolvente. Siempre lo he atendido de la mejor manera, pero hoy necesitaba hacerlo más.
—Gracias. —responder sin sospechar nada—. ¿Por qué todo está tan tranquilo? ¿Los trabajadores no han llegado?
Él alza su mirada hacia la ventana para ver a través de ella el patio donde se encuentran las cosechas. Cierro mis ojos con fuerza, mordiendo en labio superior antes de contarle, mi respiración empieza a acelerarse sintiendo el pánico, las temperaturas de mi cuerpo están heladas.
—Los despaché ayer hasta nuevo aviso —suelto sin huirle a la verdad, mientras sirvo la comida en el plato.
Nabal, deja sonar la tasa con la mesa, derramando un poco de café en esta, así como también impacta su mano en la madera, asustándome. Su respiración es más pesada de lo normal y agitada. Su corazón late con fuerza. En su rostro, sus cejas están juntas y su nariz arrugada, ni había que preguntarle que tenía porque energía grita lo molesto que está por haber tomado una decisión sin su permiso.
—¡¿Y POR QUÉ CARAJOS HICISTE ESO?! ¿QUIÉN TE CREES PARA HACERLO? ¡SOLO ERES MI MUJER! —declara en voz alta.
—Porque… —marco una pausa para inhalar paz y exhalar ira.
Yo también tengo ganas de ahorcarlo, pero no puedo, por eso optó por mantenerme como el agua de una piscina que nadie usa.
—Casi nos matan. Y no iba a dejar que gente inocente muriera.
Le dejo el plato en la mesa. Lo miro con severidad.
—Las personas que rechazaste ayudar por habernos salvado, era peligrosas, Nabal.
—Pudimos llamar a la policía si eso era así. Mendigos, bandidos y delincuentes, dicen o hacen lo que sea para sobrevivir. —su calor corporal empieza disminuir color.
—No, Nabal. Ellos no iban a poder con esas personas porque… son licántropos. —Cierro mis ojos, inhaló, retengo el aire y boto— es la verdad porque yo soy una.
De momento no oigo nada. Abro mis ojos, lo veo explotar de la risa. Su reacción quiere indicarme que deje de mentir, pero manteniendo mi postura, sus carcajadas disminuyen. Abre su boca, su cuerpo se vuelve caluroso, pero de inmediato se vuelve frío, pálido, su corazón se acelera, sonando con fuerza, y luego se detiene…
Me encojo de hombros ante sus palabras.—El hombre hace lo que sea por la mujer que verdaderamente quiere —respondo, haciéndolas enojar a punto de que ambas se ponen rojas.Ahora me da mucha curiosidad saber esta dinámica familiar, aunque comparado a mi vida anterior, puedo con esto. Todos hacen silencio con la llegada del Rey, nosotras nos levantamos y agachamos la mirada. David se posa a mi lado, y hasta que el Rey no se sienta en la mesa, nosotros tampoco lo hacemos. Antes de sentarme, David corre mi silla como todo un caballero y luego se sienta él. Veo que eso le arde más a sus exes y en el fondo siento una gran victoria, David reconoce que debemos estar unidos y debemos vernos fuertes, como una gran pareja.El Rey hace una seña con su dedo para que la servidumbre comiencen a traer la comida. Alrededor de seis personas dejan los platos con comida en la mesa, entre ellas está la joven Olive con una jarra en mano, quien fue muy amable de recibirme y llevarme a mi habitación ayer. C
Caminando por el pasillo del castillo hacia mi boda, rodeada de hombres para mi seguridad. Nos dirigimos hacia el salón real, guiándonos de una alfombra como si fuera la dirección de mi propio matadero. No veo salida alguna para esta situación, hasta que veo una puerta abierta con una luz que no me deja reconocer que hay detrás, sin embargo, opto por atravesar la puerta con rapidez y cierro está detrás de mí.La puerta empieza a agitarse, la azotan desde el otro lado para poder abrirla. Veo a mi alrededor, buscando como sellarla, pero la vara que veo está un poco lejos de mí. Así que espero mientras pienso en cómo alcanzarla.—Hay que llamar a David, ahora —escucho que dicen del otro lado y presiento como sus pasos de van alejando.Aprovecho la oportunidad de sujetar una vara más gruesa, encajándola entre las puertas para evitar que la abran. Aunque, son lobos, tal vez no tuvieron la fuerza de tumbarme, pero la vara sí, de todas formas, es para ganar tiempo.Corro hacia el fondo, igno
El carruaje real me espera fuera de mi casa. David cumplió su palabra al dejar pasar el mes de luto, pero ya es hora de que esté en sus brazos. Camino hacia la puerta, estiro mi brazo para abrirla, pero esta me vibraba. Trago con fuerza ese nudo atorado en mi garganta, inhalo con profundidad apretando la manilla y finalmente la halo para abrir la puerta.A simple vista se puede encontrar alrededor de diez hombres, cinco a mi servicio y cinco al servicio de David, olfateo reconociendo el olor de algunos; los mismos que se burlaron cuando escucharon que era la esposa de un humano, ahora están con cuerpo firme y la vista en alto, mostrando respeto. Con mis manos, tomo parte de mi vestido y lo alzo para poder dar mis siguientes pasos. Antes de que llegue al carruaje, me hablan.—Mi señora —la voz de Cale me hace detenerme— nosotros no podremos ir. Ahora que se casará con un alfa, nosotros debemos volver con su padre, le pertenecemos a él.Cale se inclina haciendo una reverencia, al igual
Fijo mi vista en él. El mismo hombre que estuvo a punto de matarme ahora quiere casarse conmigo, ¿Acaso quiere terminar su trabajo? Mi esposo murió, aunque no pudiera hacer mucho, de alguna manera me sentía protegida por la lastima de los demás, “no le arruinen más la vida, suficiente con un esposo humano” “Pobrecita, no le hagan daño, no ven que es esposa de un humano” y más comentarios como esos llegan a mi mente como una lluvia de granizos.En su mirada detecto oscuridad, quitándome la respiración por la maldad en sus ojos. Mi cuerpo se tensa, y mi mano se hace puño clavando mis uñas en mi palma.—¡¿Es en serio, David?! —habla uno de los alfas, finalmente—. Es viuda de un humano. Y tú el guerrero de la realeza, el esposo de la hija del rey.Así que, ¿Es casado y quiere casarse conmigo? Esto no puede ser. Veo a mi padre, juntando mis cejas en señal de ayuda, empezando a sentir una pulla en mi pecho. El aroma del caballero abarca todo mi aire, posa su hombro con el mío, su tacto me p
Abro bien mis ojos, alzando las cejas. El cuerpo de Nabal cae al suelo rebotando. Me aproximo de inmediato, arrodillándome. Sujeto su mano, posiciono dos dedos cerca de la muñeca, tomándole el pulso, pero no se siente la palpitación.—¡Nabal, Nabal! —agito su hombro sintiendo como mis pulmones se quedan sin aire, pero me esfuerzo a respirar.Está muerto. Tanto cuidarlo de él mismo, y realmente yo era su propia amenaza. Sigo sin entender como la Diosa Lunar me lo asignó, era obvio que no iba a durar, es débil, pero respeté su decisión, Ahora, ¿Qué significa esto para mí? ¿Seré castigada?Empieza a sonar truenos estruendosos y sopla un viento tan fuerte que parece que la casa va a volarse. El clima cambió de inmediato, volviéndose gris. La puerta se abre de golpe, entrando un aire helado. Objetos del hogar como los cuadros comienzan a bailar, mientras que las cosas de vidrios vibran caminando al borde hasta impactarse contra el suelo.Una luz encandila la casa, cierro mis ojos porque si
Mi cabello es tomado a la fuerza por una mano grande, obligándome a incorporarme, quedando con las rodillas apoyadas en suelo mientras él me sostiene, mi cuello queda expuesto y mi mirada hacia el cielo. Haciéndome sentir desnuda ante todos, su agarre me genera un dolor en mi cuero cabelludo, pero el sonido de las risas burlonas de fondo, son las que más queman mis mejillas por la vergüenza.—Eres muy astuta —me susurra al oído mientras me examina.Un hombre de cabello blanco y musculoso, un guerrero de la realeza que hace unos minutos amenazó con masacrarnos. Con su dedo áspero traza una línea por mi mejilla, su tacto es helado, congelando mi respiración.—Y demasiado hermosa para estar con un don nadie, ¿Cómo es que terminaste casada con un humano? —me mira con los ojos entrecerrados y la nariz arrugada, como si estuviera enfrente de una basura.Cierro mis ojos con fuerza, sintiendo como mi garganta se atora y quema por la rabia contenida. Esa expresión que él tiene, es la misma que







