Mag-log inFijo mi vista en él. El mismo hombre que estuvo a punto de matarme ahora quiere casarse conmigo, ¿Acaso quiere terminar su trabajo? Mi esposo murió, aunque no pudiera hacer mucho, de alguna manera me sentía protegida por la lastima de los demás, “no le arruinen más la vida, suficiente con un esposo humano” “Pobrecita, no le hagan daño, no ven que es esposa de un humano” y más comentarios como esos llegan a mi mente como una lluvia de granizos.
En su mirada detecto oscuridad, quitándome la respiración por la maldad en sus ojos. Mi cuerpo se tensa, y mi mano se hace puño clavando mis uñas en mi palma.
—¡¿Es en serio, David?! —habla uno de los alfas, finalmente—. Es viuda de un humano. Y tú el guerrero de la realeza, el esposo de la hija del rey.
Así que, ¿Es casado y quiere casarse conmigo? Esto no puede ser. Veo a mi padre, juntando mis cejas en señal de ayuda, empezando a sentir una pulla en mi pecho. El aroma del caballero abarca todo mi aire, posa su hombro con el mío, su tacto me pone los pelos de punta.
—Lo haré por el terreno, ¿O es que tienen una mejor opción? Acaban de decir que nadie quiere casarse con ella por ser la viuda de un humano, además, ¿No es mejor que el terreno quede a nombre del reino? —Su tono es tan seguro, que muchos empiezan a darle la razón.
Cierro mis ojos, haciendo respiraciones lentas, necesito calmar este miedo que me recorre para no hacerlo más difícil. Mientras ellos empiezan a discutir a nuestro alrededor, yo me quedo callada, y no porque permita que ellos decidan por mí, ya la Diosa lunar me dio luz libre para decidir. Dijo que estoy para algo mejor.
—¡Ya basta! —alzo la voz callando a todos—. Cómo estoy a mi suerte, yo voy a escoger con quién casarme, no deben preocuparse por el terreno, será territorio de los lobos.
Clavo miradas amenazantes para que no hablen, a los que tengo al frente. Por último, veo al hombre que tengo a mi lado, este me sonríe con una especie provocación.
—Si no hablabas ya, estaría decepcionado de escogerte como esposa —suena a una confesión. Eche mi cabeza hacia atrás sin apartar la mirada, mi corazón late con fuerza.
—Veremos si me conviene ser tu esposa —mis palabras suenan valientes, pero estoy segura de que mi cuerpo demuestra lo contrario.
Y sin borrar esa sonrisa, alza su mano, moviéndola en círculos, haciendo que todos se vayan. Sin quitarme la vista de encima, él también coge camino. Se gira, y su gran cuerpo de espaldas muestra lo fuerte que es, es ancho y posiblemente tentador de ver más que su traje de guerrero. Él es el último en cerrar la puerta.
—Hija —es el único que se ha quedado— Deberías considerar aceptar su propuesta.
Con mi reflejo noto que él se aproxima a mí, pero clavo mi vista al suelo. Es mi padre, pero necesito más a mamá para esto.
—Deberías irte papá. Tienes muchas cosas que atender y por eso quieres que alguien se haga cargo de mí, pero no te preocupe, le haremos creer a todos que fue idea tuya, solo tengo que pensar.
Él no es capaz de insistir, así que suspira y también se va del granero. Cierro mis ojos, sintiendo como todo me da vueltas. Cómo me encantaría encontrar a alguien que yo pueda escoger solo para no darle la satisfacción a esos estúpidos hombres. Pero la Diosa Lunar dijo que merezco a alguien mejor, y dejando de lado en cómo me hace sentir ese hombre, lo más inteligente sería casarme con él, me dará estatus, un guerrero de la realeza. El estatus es lo que más necesito ahora, cambiar de viuda de un humano a esposa de un guerrero, aunque sería la segunda mujer de él.
No sé cómo el Rey se tome esto, sé que los hombres alfas pueden tener varias esposas, pero él está casado con la hija del rey. ¿Acaso quiere eso para su hija? Bueno, yo creí que a mi padre le importaba verme feliz, pero no, solo quiere verse bien él. Tal vez me quiera, pero más le importa el estatus. Y bueno, al Rey le beneficiaría este terreno.
Todo se detiene en el momento que abro los ojos. Actúo de inmediato, caminando con pasos apresurados, salgo del granero y me detengo a olfatear el ambiente, buscando si aún se encuentra por ahí, y sí, aun su olor se mantenía cerca. Llego a la casa, siguiendo su aroma, él posa al lado del cuerpo de mi difunto esposo.
—Acepto —susurro cuando me encuentro a su lado.
—Eso fue rápido —resopla con una leve risa—. ¿Fue difícil decidir entre tantas opciones?
Antes de responder a su pregunta sarcástica, veo a los lados. Hay demasiadas personas que nos pueden oír.
—¿Vamos afuera? —le pido viéndolo.
Él aparta la vista de mi esposo, se da la vuelta, viéndome. Se hace a un lado y se va. Yo también me giro, recibiendo el pésame de algunas nuevas personas. Salgo de la casa, buscándolo con la mirada, lo hallo muy cerca de su carruaje, camino hasta él recogiendo un poco mi vestido para caminar entre la tierra.
—¿Y eso que has aceptado tan rápido? —insinúa alzando una ceja.
—No sufro de orgullo —Llevo las comisuras de mis labios hacia abajo y me encojo de hombros— y tampoco de rencor, considerando que ayer estuviste a punto de matarme.
—Pero no lo hice —lo dice como si fuera algo bueno.
—Cómo sea, esto nos beneficia a ambos, yo busco respeto y tú el terreno. Por eso aceptaré casarme contigo. —le aclaro cruzándome de brazos y apretando mis labios.
—Yo te respeté en el momento que decidiste dar tu vida por ese ser tan insignificante —dirige su cuerpo hacia mí. Se inclina, posando su rostro sobre mi hombro— yo quiero una esposa así. La mayoría de mujeres que he conocido, son la sombra de un hombre, quiero a alguien que sepa liderarse sin mí. Eres astuta, y eso es muy atractivo para mí —susurra.
Su aliento tibio da un recorrido por mi cuerpo, levantando cada punto de mi piel.
—Así que... no es solo por el terreno. —aclara su garganta, como si le incomodara aceptarlo.
—¿Por qué me dices esto? —cierro mis ojos y controlo mi respiración.
—Para que veas que no te casarás con un monstruo por lo de ayer, que se retiró por lastima, no. Inmediatamente identifiqué lo que hacías, supe en ese momento que te quería para mí, pero la Diosa Lunar me dijo que fuera paciente, que pronto serías mía, porque tú eres mi luna.
Abro mis ojos de golpe, me alejo para poder verlo bien. Mis labios están ligeramente abiertos. ¿Qué cómo me siento? Pues a mí me puso a pensar la Diosa, y a él le dijo quién era yo. Claro, me imagino que, por su forma de ser, es un guerrero que no piensa, hace todo por impulso, así como ayer, estuvo a punto de matarnos solo por haber escuchado el “no te ayudaré”. ¿Por eso ha sido paciente ahorita? Sabe que de cualquier manera estamos destinados a estar juntos. Por eso también su calma con el Rey, tiene con quién justificarse.
—Al menos dame un mes de luto —le exijo y él alza las manos.
—No hay problema. Ya eres mía —retrocede y me sonríe, de esas coquetas y encantadoras— también debo agradecerte.
—¿Por qué? —evito contagiarme de su sonrisa.
Este cambio en mí es muy raro.
—Porque me salvaste de mi ira. Si no me hubieses detenido, la Diosa lunar no me habría perdonado y luego enterarme que eres mi luna, me hubiera causado remordimiento —reconoce mirando al suelo.
Asiento con lentitud. Es un hombre diferente, ahora lo veo. Y sin saber quién era yo o quién era él, ya nos llamábamos la atención, y es por eso, estamos destinados de una forma distinta.
—¿Y qué hay de tu esposa? —le pregunto.
—La Diosa lunar me la asignó como mate, pero sabes que los mates son temporales, cumplen su misión —me explica.
—¿Y no puedes esperar que ella cumpla el suyo antes de casarte conmigo? Es que no me siento cómoda con eso. —Arrugo la nariz como si algo oliera mal.
Él niega detenidamente.
—Te quiero ahora.
Se sube al carruaje dejándome con la palabra en la boca. Mientras este se marcha, consulto en una oración a la Diosa Lunar, para asegurarme de que lo que me dice es cierto. “Sí, es cierto. Te dije que te merecías algo mejor. Y David es lo que quiero para ti. Y tú eres lo que quiero para él, porque con tu astucia, lo llevarás al trono”, eres la Diosa Lunar, lo puedes mover sin mi ayuda, “Él suele desviarse del camino, y tú lo encaminaste, no solo necesita mis órdenes desde el cielo, también necesito a alguien fiel a mí, que lo ayude. Él tiene un buen corazón, por eso lo he escogido, pero a veces se ciega, y tú me has hecho caso todo este tiempo, se complementarán el uno al otro”.
Me encojo de hombros ante sus palabras.—El hombre hace lo que sea por la mujer que verdaderamente quiere —respondo, haciéndolas enojar a punto de que ambas se ponen rojas.Ahora me da mucha curiosidad saber esta dinámica familiar, aunque comparado a mi vida anterior, puedo con esto. Todos hacen silencio con la llegada del Rey, nosotras nos levantamos y agachamos la mirada. David se posa a mi lado, y hasta que el Rey no se sienta en la mesa, nosotros tampoco lo hacemos. Antes de sentarme, David corre mi silla como todo un caballero y luego se sienta él. Veo que eso le arde más a sus exes y en el fondo siento una gran victoria, David reconoce que debemos estar unidos y debemos vernos fuertes, como una gran pareja.El Rey hace una seña con su dedo para que la servidumbre comiencen a traer la comida. Alrededor de seis personas dejan los platos con comida en la mesa, entre ellas está la joven Olive con una jarra en mano, quien fue muy amable de recibirme y llevarme a mi habitación ayer. C
Caminando por el pasillo del castillo hacia mi boda, rodeada de hombres para mi seguridad. Nos dirigimos hacia el salón real, guiándonos de una alfombra como si fuera la dirección de mi propio matadero. No veo salida alguna para esta situación, hasta que veo una puerta abierta con una luz que no me deja reconocer que hay detrás, sin embargo, opto por atravesar la puerta con rapidez y cierro está detrás de mí.La puerta empieza a agitarse, la azotan desde el otro lado para poder abrirla. Veo a mi alrededor, buscando como sellarla, pero la vara que veo está un poco lejos de mí. Así que espero mientras pienso en cómo alcanzarla.—Hay que llamar a David, ahora —escucho que dicen del otro lado y presiento como sus pasos de van alejando.Aprovecho la oportunidad de sujetar una vara más gruesa, encajándola entre las puertas para evitar que la abran. Aunque, son lobos, tal vez no tuvieron la fuerza de tumbarme, pero la vara sí, de todas formas, es para ganar tiempo.Corro hacia el fondo, igno
El carruaje real me espera fuera de mi casa. David cumplió su palabra al dejar pasar el mes de luto, pero ya es hora de que esté en sus brazos. Camino hacia la puerta, estiro mi brazo para abrirla, pero esta me vibraba. Trago con fuerza ese nudo atorado en mi garganta, inhalo con profundidad apretando la manilla y finalmente la halo para abrir la puerta.A simple vista se puede encontrar alrededor de diez hombres, cinco a mi servicio y cinco al servicio de David, olfateo reconociendo el olor de algunos; los mismos que se burlaron cuando escucharon que era la esposa de un humano, ahora están con cuerpo firme y la vista en alto, mostrando respeto. Con mis manos, tomo parte de mi vestido y lo alzo para poder dar mis siguientes pasos. Antes de que llegue al carruaje, me hablan.—Mi señora —la voz de Cale me hace detenerme— nosotros no podremos ir. Ahora que se casará con un alfa, nosotros debemos volver con su padre, le pertenecemos a él.Cale se inclina haciendo una reverencia, al igual
Fijo mi vista en él. El mismo hombre que estuvo a punto de matarme ahora quiere casarse conmigo, ¿Acaso quiere terminar su trabajo? Mi esposo murió, aunque no pudiera hacer mucho, de alguna manera me sentía protegida por la lastima de los demás, “no le arruinen más la vida, suficiente con un esposo humano” “Pobrecita, no le hagan daño, no ven que es esposa de un humano” y más comentarios como esos llegan a mi mente como una lluvia de granizos.En su mirada detecto oscuridad, quitándome la respiración por la maldad en sus ojos. Mi cuerpo se tensa, y mi mano se hace puño clavando mis uñas en mi palma.—¡¿Es en serio, David?! —habla uno de los alfas, finalmente—. Es viuda de un humano. Y tú el guerrero de la realeza, el esposo de la hija del rey.Así que, ¿Es casado y quiere casarse conmigo? Esto no puede ser. Veo a mi padre, juntando mis cejas en señal de ayuda, empezando a sentir una pulla en mi pecho. El aroma del caballero abarca todo mi aire, posa su hombro con el mío, su tacto me p
Abro bien mis ojos, alzando las cejas. El cuerpo de Nabal cae al suelo rebotando. Me aproximo de inmediato, arrodillándome. Sujeto su mano, posiciono dos dedos cerca de la muñeca, tomándole el pulso, pero no se siente la palpitación.—¡Nabal, Nabal! —agito su hombro sintiendo como mis pulmones se quedan sin aire, pero me esfuerzo a respirar.Está muerto. Tanto cuidarlo de él mismo, y realmente yo era su propia amenaza. Sigo sin entender como la Diosa Lunar me lo asignó, era obvio que no iba a durar, es débil, pero respeté su decisión, Ahora, ¿Qué significa esto para mí? ¿Seré castigada?Empieza a sonar truenos estruendosos y sopla un viento tan fuerte que parece que la casa va a volarse. El clima cambió de inmediato, volviéndose gris. La puerta se abre de golpe, entrando un aire helado. Objetos del hogar como los cuadros comienzan a bailar, mientras que las cosas de vidrios vibran caminando al borde hasta impactarse contra el suelo.Una luz encandila la casa, cierro mis ojos porque si
Mi cabello es tomado a la fuerza por una mano grande, obligándome a incorporarme, quedando con las rodillas apoyadas en suelo mientras él me sostiene, mi cuello queda expuesto y mi mirada hacia el cielo. Haciéndome sentir desnuda ante todos, su agarre me genera un dolor en mi cuero cabelludo, pero el sonido de las risas burlonas de fondo, son las que más queman mis mejillas por la vergüenza.—Eres muy astuta —me susurra al oído mientras me examina.Un hombre de cabello blanco y musculoso, un guerrero de la realeza que hace unos minutos amenazó con masacrarnos. Con su dedo áspero traza una línea por mi mejilla, su tacto es helado, congelando mi respiración.—Y demasiado hermosa para estar con un don nadie, ¿Cómo es que terminaste casada con un humano? —me mira con los ojos entrecerrados y la nariz arrugada, como si estuviera enfrente de una basura.Cierro mis ojos con fuerza, sintiendo como mi garganta se atora y quema por la rabia contenida. Esa expresión que él tiene, es la misma que







