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Durmieron juntos...

Author: Danger Nigga
last update Petsa ng paglalathala: 2026-10-14 23:01:27

Caminando por el pasillo del castillo hacia mi boda, rodeada de hombres para mi seguridad. Nos dirigimos hacia el salón real, guiándonos de una alfombra como si fuera la dirección de mi propio matadero. No veo salida alguna para esta situación, hasta que veo una puerta abierta con una luz que no me deja reconocer que hay detrás, sin embargo, opto por atravesar la puerta con rapidez y cierro está detrás de mí.

La puerta empieza a agitarse, la azotan desde el otro lado para poder abrirla. Veo a mi alrededor, buscando como sellarla, pero la vara que veo está un poco lejos de mí. Así que espero mientras pienso en cómo alcanzarla.

—Hay que llamar a David, ahora —escucho que dicen del otro lado y presiento como sus pasos de van alejando.

Aprovecho la oportunidad de sujetar una vara más gruesa, encajándola entre las puertas para evitar que la abran. Aunque, son lobos, tal vez no tuvieron la fuerza de tumbarme, pero la vara sí, de todas formas, es para ganar tiempo.

Corro hacia el fondo, ignorando que el lugar es bonito. Estoy al aire libre, es lo único que me importa en este momento, pero parece una especie de domo jardín. Reduzco la velocidad buscando la salida de este laberinto de flores y especias, me pega el aroma fuerte de algunas plantas que se usan para la brujería. Finalmente, encuentro una puerta de cristal de emergencia, que dirige hacia el bosque, pero apenas tomo su manilla para abrirla, esa voz gruesa me detiene.

—Abigail —me llama en un tono suave.

Cierro mis ojos mientras que mi respiración se acelera.

—¿De verdad no quieres casarte conmigo? —ahora habla apagado, como si yo lo entristeciera.

—Yo... —respiro hondo, pero me mantengo en silencio.

—Está bien, ve. No voy a retenerte.

Esas palabras me alivian de alguna forma, por lo que me volteo a verlo.

—Si no quieres estar conmigo, está bien. Quiero que estés conmigo libremente, no por obligación —confiesa hechizándome— Solo quiero que sepas que no. No correrás con la misma suerte que Micaela. La Diosa Lunar me eligió para suplantar al Rey, pero cuando el Rey Salim se enteró de esto, quiso matarme por traición. La intervención de la Diosa, fue asignarme a Micaela como esposa, así el amor de esta le impediría a su padre constantemente que me mate, además, públicamente no se vería bien que el Rey mate al esposo de su hija, a un simple guerrero sí. Pero perdí el amor de Micaela, ahora solo me mantiene vivo el estatus, él ha intentado deshacerse de mí, sutilmente, así el pueblo no hace un motín contra él.

Se aproxima lentamente a mí, recogiendo mis manos para juntarlas entre ellas y luego se inca en una rodilla.

—Antes de saber que eras mi luna, yo ya te había escogido. Porque tal vez tengas fama de haber sido esposa de un humano, pero eres fiel, otra mujer loba se habría ido. Así que en mí no está bien tratar mal a una mujer así, ya te dije, te ganaste mis respetos y estoy muy agradecido porque me salvas de mi ira. En la habitación no podía explicártelo, no sé quiénes son mis aliados y quiénes no.

Lo miro desde arriba, con mi corazón palpitando con fuerza. Un sentimiento que no puedo explicar, pero es tan fuerte que se apodera de mí y me impulsa a besarlo. Tomo su rostro entre mis manos y unifico nuestros labios, quienes se mueven con suavidad entre ellos. Poco a poco David toma altura y dominio de nuestro beso, sus manos se ajustan a mi cintura, adhiriéndome a su cuerpo.

—Espero que eso sea un sí —dice con una sonrisa al separarnos y asiento.

Unas campanas comienzan a cantar, asustándome, haciéndome reaccionar y retroceder.

—La boda —reconozco que todos deben estar esperando.

—Tranquila, aquí nadie puede vernos, ni escucharnos —comenta lo último de forma seductora.

Aunque ya hemos estado casados con otras personas, la tradición de no verse o acostarse antes de la boda es esencial para un matrimonio duradero.

—Te veo en el altar y así confirmaré que de verdad quieres casarte conmigo. El beso estuvo muy rico, pero está bien si después de eso no quieres —asegura, sonriendo con calma.

Él se da la vuelta, yéndose y dejándome sola para tomar una decisión. Ese beso encendió motores en mí que ni sabía que existía. Estoy sumamente impresionada con lo que me ha pasado, no sé porque lo hice, ¿Será que la conexión de luna es más fuerte?

De vuelta al castillo, camino sola hacia el altar, porqué sí, he decidido casarme, a los lados del camino hay personas sentadas importantes, así como también las que no, solo por lealtad al rey. Y en el fondo se encuentra David, entre la princesa y el Rey, prácticamente está contra la espada y la pared. Llego hasta él, me pongo en frente, le sonrío y el mismo Rey es quien nos oficializa.

Terminada las palabras, sellamos nuestra unión en un beso, esos de los que encienden la llama. David me carga en sus brazos, sacándome de la ceremonia y llevándome a una habitación, pues era hora de disfrutar la luna de miel, sin perder el tiempo, es un hombre de guerra, así que debe hacer las cosas en el momento o luego se ocupará y no podrá. Me reposa en la cama con delicadeza, se aleja quitándose sus prendas poco a poco.

—Tú mandas, así que dime que quieres hacer.

¿Realmente esto es lo que quiero? Sí, claro que sí, hace años no había estado con alguien que no me genera asco.

—Quiero que me ayudes a quitarme este vestido. Y me hagas tuya —respondo sin cortar nuestra conexión visual.

David sonríe en complicidad, hay una química impresionante entre nosotros, y una atracción sexual que te deja sin palabras. Al fin y al cabo, somos hombre y mujer, lobo y loba, lunas destinados a estar juntos.

Él se aproxima a mí, apoyándose en la cama, me toma de la cintura y me voltea quedando boca abajo. Siento como la presión del corset empieza a perder fuerzas. Poco a poco nos fuimos deshaciendo de la ropa hasta quedar desnudos. Vuelve a girarme, quedándose a admirar mi cuerpo, mientras que yo también al suyo.

Era de imaginarse, es un guerrero, aunque tiene sus músculos bien marcados, también tiene cicatrices de peleas. David se posa sobre mí con delicadeza, a su vez dándome caricias con sus manos. Sus labios hacen contacto con mi cuello enviando pequeñas corrientes de electricidad por todo mi cuerpo. Esas corrientes se vuelven más intensas cuando sube sus besos, pasando por mi barbilla y quedándose en mis labios.

Es ahí cuando nuestras lenguas hacen electricidad. Supongo que antes hacía esa pequeña chispa como dos imanes de polos diferente que se estaban buscando y generar la chispa mayor.

Entre mis piernas siento una punta gruesa, suave y húmeda queriendo entrar en mí con la ayuda de la mano de él. Muevo un poco las caderas para ayudar a que esta conexión encaje a la perfección.

***

—¡Disculpe, mi señor, el Rey lo necesita! —Tocan la puerta interrumpiendo nuestros sueños.

David y yo amanecimos abrazados al otro, dándonos calor. Él me aparta con delicadeza y se levanta con pesadez.

—Cuando sea Rey, tú y yo tendremos las mañanas largas —promete mientras se viste, sacándome una sonrisa. Se acerca a mí y deposita un beso en mi frente— te veo en el desayuno.

Asiento aceptando eso. En lo que se va, me preparo para ir a desayunar. En la mesa real, esperamos al rey y a David, ambos tuvieron que reunirse con urgencia. Así que, por ahora solo estamos; la esposa del rey, sus cuatro hijas y yo.

Sentada frente a ellas comienzo analizar la situación, necesito hacer Rey a David pronto, aunque no tengo toda la información de lo que sucede aquí, que David este con el Rey reunidos como si no se odiarán me tiene intranquila. Parece una red de fachadas y mentiras, todos se toleran por un bien mayor. El Rey Salim hipócrita queriendo matarlo siempre y su hija Micaela siempre dejándolo en bandeja de plata, solo porque no quieren dejar el trono. Salim es un Rey desobediente, por eso la Diosa quiere sacarlo del trono astutamente, sin que el pueblo deje de adorarla por haber quitado a un Rey que se hace pasar por bueno. ¿Qué pasa? Que, si la Diosa lo quita porque sí, la juzgarán.

—¿Y cómo pasaste la noche? Seguramente fue fría, como todas —me habla Micaela, pero en una forma de querer iniciar una pelea. Yo con una gran sonrisa en mis labios, le respondo.

—Gracias a David, no pasé frío.

Una de las hermanas estaba bebiendo vino y al escuchar lo que dije, bañó algunos alimentos de ese líquido.

—¿David durmió contigo? —pregunta Micaela con gran impresión y asiento.

—¡Es absurdo, David no duerme con nadie! —se altera la hermana que escupió el vino. Lo que me hace deducir que David estuvo con las dos.

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