LOGINAbro bien mis ojos, alzando las cejas. El cuerpo de Nabal cae al suelo rebotando. Me aproximo de inmediato, arrodillándome. Sujeto su mano, posiciono dos dedos cerca de la muñeca, tomándole el pulso, pero no se siente la palpitación.
—¡Nabal, Nabal! —agito su hombro sintiendo como mis pulmones se quedan sin aire, pero me esfuerzo a respirar.
Está muerto. Tanto cuidarlo de él mismo, y realmente yo era su propia amenaza. Sigo sin entender como la Diosa Lunar me lo asignó, era obvio que no iba a durar, es débil, pero respeté su decisión, Ahora, ¿Qué significa esto para mí? ¿Seré castigada?
Empieza a sonar truenos estruendosos y sopla un viento tan fuerte que parece que la casa va a volarse. El clima cambió de inmediato, volviéndose gris. La puerta se abre de golpe, entrando un aire helado. Objetos del hogar como los cuadros comienzan a bailar, mientras que las cosas de vidrios vibran caminando al borde hasta impactarse contra el suelo.
Una luz encandila la casa, cierro mis ojos porque siento que esa luz me dejará ciega. Esta presencia tan poderosa solo puede ser de alguien; la Diosa Lunar. Sin importar los vidrios rotos, pego mi frente al suelo. Sus pasos marcan el suelo con un sonido suave y descalzo.
—Abigail, levántate... —me nombra con una voz gruesa, autoritaria.
Me mantengo postrada, en busca de su redención.
—Perdóneme, sé que mi desconfianza lo salvó, pero sinceramente no sabía que la verdad lo mataría —digo con el aliento entre cortado.
Solo estoy pensando en el castigo, en lo doloroso que será.
—Abigail, levántate.
Inhalo y exhalo con fuerza, si va a matarme, seguramente quiere verme a los ojos. Mis piernas tiemblan mientras tratan de incorporarse. Me levanto, pero no alzo la mirada, porque yo también estaría decepcionada de mí, no pude proteger a un simple humano. Claro que me vi en la obligación de hacerlo, yo soy la más fuerte entre los dos. Una mano entibia mi mejilla helada, dándome un calor comprensivo.
—Tranquila, tú fuiste elegida para alguien mejor. Él solo fue un camuflaje para que ningún otro siquiera te pensará —confiesa, alzando mi mentón para poder mirarla.
Trago saliva. No sé qué decir sobre eso, pero si voy a disculparme.
—Perdóneme, por haberme quejado tanto sobre esta decisión.
Agacho mi rostro nuevamente para demostrarle mi sinceridad, aunque mis piernas anhelaban estar en el suelo.
—Tienes un don maravilloso, Abigail. Aceptaré las disculpas por tus quejidos, pero no te enfoques en eso. Fuiste muy obediente al quedarte con él, no creo que otra persona durará tanto tiempo, hasta le fuiste fiel.
—Es que yo vivo para usted. —Hago una reverencia.
—Perfecto. Porque pensé que te dolería saber que yo lo maté. No lo necesitas más, y no, no fue por decirle nuestro secreto. Prepárale un funeral digno de esposo, ya es hora de que todos sepan que eres viuda.
—Sí, Diosa.
La luz desvanece, sintiéndose la casa vacía. Levanto la vista confirmando que su presencia está ausente.
—¡Mi señora! —Cale se oye cerca. En segundos llega a mi puerta— ¿Se encuentra bien? Vine tan rápido en cuanto escuché ruidos extraños.
Mi rostro no tiene expresión alguna, pero si empiezo a limpiar el lugar, recogiendo primero los vidrios antes de que alguno se corte. Supongo que Cale ya ha visto el cuerpo de mi esposo en el suelo, pero no se moverá si no se lo ordeno, su lealtad está conmigo, y él más que nadie sabe cuánto sufrí por ser esposa de un humano.
—A Nabal le ha dado un infarto. Necesito que le avises a todos sus familiares y conocidos. Y alguien que se encargue de un funeral humano —ordeno.
Escucho un “Sí, mi señora” antes de que su presencia deje la casa. Mientras estoy limpiando, recuerdos que tuve con Nabal invaden mi mente. Para que nadie sospechara nada, mi padre lo hizo ver como un negocio para él, en esta época, es muy normal casar a sus hijas por negocio.
Apenas tenía 18 años cuando eso pasó y han pasado 10 años, soportando a un asqueroso humano, sus borracheras y su manera de hacerme sentir inferior por ser una mujer joven. Pero ese viejo solo se mantenía rico gracias a mí, porque él solo lo gastaba en ron y de vez en cuando mandaba en la hacienda, pero se la pasaba más ebrio y de muy mal humor, llegando a perder algunos negocios.
Al principio fui novata para entender a los humanos, porque estuvimos a punto de caer en quiebra, pero me puse las pilas y usé lo que mi padre me enseñó hacer, de como una mujer loba tenía que ser para un alfa. Por debajo de la mesa, negocié con algunos socios de mi esposo, pues el muy tonto era tan déspota que creía que su ganado solo debía venderse a personas que solo a él le agradaban, o sea, los que le daban alcohol. Y tal vez no está bien visto que una mujer negocie, pero esos hombres lo aceptaban solo porque necesitaban la mercancía. Sobre el sexo, claramente se lo di, al igual que mi virginidad, se me revuelve el estómago de solo recordarlo. Veo su cuerpo en el suelo, haciendo una mueca, no le di mucho sexo porque se la pasaba tan borracho que lograba zafarme, y cuando no podía, pasaba un mal rato. Dicen que el sexo es lo más rico, pero yo solo veía al techo deseando que acabara. Ni me esforzaba en moverme o algo, y gracias a la Diosa no tenemos hijos, de igual forma, darle sexo siempre fue estratégico, jamás fue por mi placer.
Durante el día, el trámite para declarar a mi esposo como fallecido fue larga, pues la guardia pensó que lo había matado, pero un doctor confirmó que fue por un infarto y con un exceso de alcohol. No me molesté con los guardias, están haciendo su trabajo, en su lugar, también desconfiaría. Aunque humanamente, se ve que me quiero quedar con el terreno de mi esposo, sinceramente no me importa, ni vivo de sus riquezas, solo estuve pendiente de mantenerlo vivo, y más bien, salía a cazar para comer bien.
Ya para la noche, velábamos a mi difunto esposo en la sala. Yo estaba afuera, fingiendo estar dolida de la muerte de Nabal, en el fondo si duele, porque sentí lastima por él. Unos carruajes desconocidos comienzan a llegar en la hacienda, pero el aroma que emana de ellos, es reconocible para mí. Uno de los hombres se baja para luego abrirle la puerta, sin que se bajara, ya sabía quién era, jamás podría olvidarme ese olor del hombre que me crio. Baja su pie en la tierra húmeda y luego baja el otro, marcando sus pasos hacia mí.
—Hola padre.
Ni hace falta preguntar quién lo llamó, sé perfectamente que los lobos que me dejó fue precisamente para vigilarme.
—Hola. —Su mirada sin emoción se pasea por el lugar—. ¿Tienes un lugar privado? En los otros carruajes se encuentran los alfas que son parte del comité real.
Inclino un poco la cabeza, arrugando mi frente y juntando mis labios.
—No me mires así. Al menos sigues viva, porque venían a matarte —hace el mismo gesto que yo, mientras suavizo mi rostro.
Inhalo inflando mi pecho y luego exhalo. Con la cabeza, le indico a mi padre para que vayamos al granero. Camino en frente para que me sigan, tal vez no tengo ojos en la espalda, pero con mi oído y olfato puedo identificar alrededor de 10 alfas seguirme. Al adentrarnos al granero, se cerraron las puertas para mayor privacidad. Estos hombres se expandieron a mi alrededor formando un circulo como si fuese un juicio, sintiendo sus miradas de repudio hacia mí. Aunque eso me haga sentir pequeña, no bajaré la vista, mi padre está aquí, y no me mostraré derrotada, está vez no. Cuando todos terminan de ponerse en su lugar, veo con más atención a uno de ellos, el guerrero de cabello blanco, el que nos perdonó la vida ayer. Su sonrisa torcida solo enviaba un mensaje, de que otra vez me veía como una presa, pero de esas en la que los depredadores quieren jugar al principio. Sin embargo, sostengo la compostura.
—¿A qué se debe esta visita? —pregunto, controlando que mis piernas no flaqueen.
—Cómo has quedado viuda de un humano, no queda de otra que estas tierras queden a tu nombre temporalmente, sin embargo, tenemos la responsabilidad de avisarte que busques casarte para que este terreno sea manejado por un hombre lobo, como debe ser —habla el más canoso de todos— estamos conscientes del peligro que ha pasado el territorio porque un humano no puede defenderse de un lobo, y es claro que tú tampoco pudiste hacer algo al respecto.
Mi cuerpo se calienta de ira, porque eso es lo que ellos creen.
—Si tanto les preocupa, mi padre puede manejarlo mientras él encuentra con quién casarme —veo a este de reojo. Mi corazón siempre será apuñalado por él.
—Será difícil, pero lo intentaré. La hija de un alfa que fue casada con humano, no es atractivo —responde mi padre.
Sé que el silencio de todos indicaba su rechazo hacia mí, detesto cuando mi cuerpo se ve enfermo por sus energías.
—Yo estoy dispuesto a casarme con ella —esa voz gruesa y firme se vuelve el centro de todos.
Me encojo de hombros ante sus palabras.—El hombre hace lo que sea por la mujer que verdaderamente quiere —respondo, haciéndolas enojar a punto de que ambas se ponen rojas.Ahora me da mucha curiosidad saber esta dinámica familiar, aunque comparado a mi vida anterior, puedo con esto. Todos hacen silencio con la llegada del Rey, nosotras nos levantamos y agachamos la mirada. David se posa a mi lado, y hasta que el Rey no se sienta en la mesa, nosotros tampoco lo hacemos. Antes de sentarme, David corre mi silla como todo un caballero y luego se sienta él. Veo que eso le arde más a sus exes y en el fondo siento una gran victoria, David reconoce que debemos estar unidos y debemos vernos fuertes, como una gran pareja.El Rey hace una seña con su dedo para que la servidumbre comiencen a traer la comida. Alrededor de seis personas dejan los platos con comida en la mesa, entre ellas está la joven Olive con una jarra en mano, quien fue muy amable de recibirme y llevarme a mi habitación ayer. C
Caminando por el pasillo del castillo hacia mi boda, rodeada de hombres para mi seguridad. Nos dirigimos hacia el salón real, guiándonos de una alfombra como si fuera la dirección de mi propio matadero. No veo salida alguna para esta situación, hasta que veo una puerta abierta con una luz que no me deja reconocer que hay detrás, sin embargo, opto por atravesar la puerta con rapidez y cierro está detrás de mí.La puerta empieza a agitarse, la azotan desde el otro lado para poder abrirla. Veo a mi alrededor, buscando como sellarla, pero la vara que veo está un poco lejos de mí. Así que espero mientras pienso en cómo alcanzarla.—Hay que llamar a David, ahora —escucho que dicen del otro lado y presiento como sus pasos de van alejando.Aprovecho la oportunidad de sujetar una vara más gruesa, encajándola entre las puertas para evitar que la abran. Aunque, son lobos, tal vez no tuvieron la fuerza de tumbarme, pero la vara sí, de todas formas, es para ganar tiempo.Corro hacia el fondo, igno
El carruaje real me espera fuera de mi casa. David cumplió su palabra al dejar pasar el mes de luto, pero ya es hora de que esté en sus brazos. Camino hacia la puerta, estiro mi brazo para abrirla, pero esta me vibraba. Trago con fuerza ese nudo atorado en mi garganta, inhalo con profundidad apretando la manilla y finalmente la halo para abrir la puerta.A simple vista se puede encontrar alrededor de diez hombres, cinco a mi servicio y cinco al servicio de David, olfateo reconociendo el olor de algunos; los mismos que se burlaron cuando escucharon que era la esposa de un humano, ahora están con cuerpo firme y la vista en alto, mostrando respeto. Con mis manos, tomo parte de mi vestido y lo alzo para poder dar mis siguientes pasos. Antes de que llegue al carruaje, me hablan.—Mi señora —la voz de Cale me hace detenerme— nosotros no podremos ir. Ahora que se casará con un alfa, nosotros debemos volver con su padre, le pertenecemos a él.Cale se inclina haciendo una reverencia, al igual
Fijo mi vista en él. El mismo hombre que estuvo a punto de matarme ahora quiere casarse conmigo, ¿Acaso quiere terminar su trabajo? Mi esposo murió, aunque no pudiera hacer mucho, de alguna manera me sentía protegida por la lastima de los demás, “no le arruinen más la vida, suficiente con un esposo humano” “Pobrecita, no le hagan daño, no ven que es esposa de un humano” y más comentarios como esos llegan a mi mente como una lluvia de granizos.En su mirada detecto oscuridad, quitándome la respiración por la maldad en sus ojos. Mi cuerpo se tensa, y mi mano se hace puño clavando mis uñas en mi palma.—¡¿Es en serio, David?! —habla uno de los alfas, finalmente—. Es viuda de un humano. Y tú el guerrero de la realeza, el esposo de la hija del rey.Así que, ¿Es casado y quiere casarse conmigo? Esto no puede ser. Veo a mi padre, juntando mis cejas en señal de ayuda, empezando a sentir una pulla en mi pecho. El aroma del caballero abarca todo mi aire, posa su hombro con el mío, su tacto me p
Abro bien mis ojos, alzando las cejas. El cuerpo de Nabal cae al suelo rebotando. Me aproximo de inmediato, arrodillándome. Sujeto su mano, posiciono dos dedos cerca de la muñeca, tomándole el pulso, pero no se siente la palpitación.—¡Nabal, Nabal! —agito su hombro sintiendo como mis pulmones se quedan sin aire, pero me esfuerzo a respirar.Está muerto. Tanto cuidarlo de él mismo, y realmente yo era su propia amenaza. Sigo sin entender como la Diosa Lunar me lo asignó, era obvio que no iba a durar, es débil, pero respeté su decisión, Ahora, ¿Qué significa esto para mí? ¿Seré castigada?Empieza a sonar truenos estruendosos y sopla un viento tan fuerte que parece que la casa va a volarse. El clima cambió de inmediato, volviéndose gris. La puerta se abre de golpe, entrando un aire helado. Objetos del hogar como los cuadros comienzan a bailar, mientras que las cosas de vidrios vibran caminando al borde hasta impactarse contra el suelo.Una luz encandila la casa, cierro mis ojos porque si
Mi cabello es tomado a la fuerza por una mano grande, obligándome a incorporarme, quedando con las rodillas apoyadas en suelo mientras él me sostiene, mi cuello queda expuesto y mi mirada hacia el cielo. Haciéndome sentir desnuda ante todos, su agarre me genera un dolor en mi cuero cabelludo, pero el sonido de las risas burlonas de fondo, son las que más queman mis mejillas por la vergüenza.—Eres muy astuta —me susurra al oído mientras me examina.Un hombre de cabello blanco y musculoso, un guerrero de la realeza que hace unos minutos amenazó con masacrarnos. Con su dedo áspero traza una línea por mi mejilla, su tacto es helado, congelando mi respiración.—Y demasiado hermosa para estar con un don nadie, ¿Cómo es que terminaste casada con un humano? —me mira con los ojos entrecerrados y la nariz arrugada, como si estuviera enfrente de una basura.Cierro mis ojos con fuerza, sintiendo como mi garganta se atora y quema por la rabia contenida. Esa expresión que él tiene, es la misma que







