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El secreto de la sangre (1era. Parte)

last update publish date: 2026-09-06 08:07:47

La misma noche

Londres

Michael

Continúo sosteniendo la mirada de Amanda, esperando que al fin rompa este silencio. Aunque ella siempre tuvo la capacidad de desconcertarme, ahora no sé si cometí una imprudencia o un acierto con mi pregunta sobre Regina Mandarini. Lo único que tengo claro es que jamás le diría nada a Harry sobre mi inesperada curiosidad.

Al fin entreabre los labios y niega con la cabeza.

—Es horrible que nombres a tu exnovia... justo ahora que vamos a tener sexo —me reprocha, clavándome los ojos con una mezcla de celos y desafío.

—Amanda, esa mujer no es mi exnovia... —me remuevo en el sillón y le sostengo la mirada—. Haz memoria.

Ella entrecierra los ojos y levanta el índice hacia mí.

—¿Juras que no es nada tuyo? —me exige, como si estuviera decidida a arrancarme una confesión.

Ojalá sus celos tuvieran algo que ver conmigo. Pero, a juzgar por la forma en que apenas consigue mantenerse en pie, sospecho que el champagne está haciendo su trabajo.

Levanto una mano y llevo la otra al corazón.

—Lo juro... Ahora responde.

Amanda se incorpora con dificultad y se aleja hacia el minibar.

—Amanda, vuelve acá... —la llamo al verla ignorarme—. No hemos terminado de hablar.

Ella ni siquiera se vuelve. Abre el minibar, toma una botella y se sirve otra copa.

—Mandarini... —murmura mientras contempla el vino—. Italiano como el apellido de mi abuela.

La observo con atención.

—Pero si tus abuelos son ingleses... —objeto, intentando entender por dónde pretende llevarme.

Amanda gira hacia mí con la copa entre los dedos y esboza una sonrisa divertida.

—Tengo sangre noble italiana... por mi padre —suelta con una naturalidad que consigue dejarme sin respuesta.

Me quedo mirándola.

¿Sangre noble italiana?

La frase vuelve a despertar aquella pregunta que llevo horas intentando ordenar. No sé qué relación existe entre Amanda, Regina Mandarini y todo lo que estoy intentando descubrir, pero ahora tengo una pieza que antes no tenía.

Me levanto de golpe y extiendo la mano hacia la copa.

—Basta de beber... —le advierto mientras intento quitársela—. Ven, vamos a que te recuestes.

Pero Amanda se adelanta y se bebe el contenido de un solo trago.

Al día siguiente

Me remuevo en el colchón y abrazo la almohada cuando su perfume inunda mis sentidos. Abro los ojos de golpe al recordar dónde estoy durmiendo y giro la cabeza en busca de Amanda.

Su lado está vacío.

Bajo la mirada hacia mi cuerpo y una sonrisa se me escapa al recordar la noche anterior. Entonces escucho abrirse la puerta del baño.

Levanto la vista.

Amanda aparece y, al descubrir que estoy despierto, intenta abandonar la habitación como si pudiera escapar sin que la vea.

—Buenos días, Amanda... —la llamo antes de que alcance la puerta—. ¿No vas a saludar a tu futuro esposo?

Se queda quieta y gira despacio hacia mí.

—Hola, Michael... —responde con una sonrisa incómoda—. Lo que haya sucedido anoche entre nosotros, olvidémoslo.

Suelto una risa corta y me incorporo.

—Eso es imposible... Ayer me sedujiste, tuvimos una noche apasionada y ahora pretendes hacer como si nada hubiera ocurrido. Lo correcto es que formalicemos.

Me levanto de la cama y acorto la distancia.

Amanda baja la mirada mientras juega con un mechón de su cabello.

—No recuerdo nada... —confiesa, escondiendo una sonrisa.

—Pero yo sí... —le aseguro, disfrutando de su incomodidad—. Todavía recuerdo tus besos...

—Lo entendí... —me corta levantando una mano—. No necesito detalles.

La observo unos segundos antes de responder.

—Y yo no quiero que me evadas como lo haces ahora... —espeto con firmeza—. Déjame enmendarlo con una cita. Sin champagne. Esta vez no tendrás ninguna excusa para fingir que no recuerdas nada.

Amanda guarda silencio y juega con la posibilidad de negarse.

Unos días después

Débil, iluso... o quizá ella tiene algún poder sobre mí. Sea lo que sea, solo obtuve una respuesta vaga a mi invitación. Desde entonces le mando mensajes, la llamo y parezco un novio sin serlo, aunque todavía no he cometido el error de aparecer en su puerta con un ramo de rosas en la mano.

Y mientras intento conseguir una respuesta de Amanda, sigo pensando en aquellas palabras que soltó aquella noche sobre su sangre italiana.

Quizá por eso acepté asistir a uno de los desfiles que todavía organiza mi madre. No termino de entender su empeño por mantener en pie su agencia de modelos, pero al menos el movimiento detrás de las bambalinas consigue distraerme de mis propios pensamientos.

Doy otro sorbo a mi copa mientras observo a las modelos entrar y salir, a los asistentes correr de un lado a otro y a los maquilladores corregir los últimos detalles antes de que comience el desfile.

Entonces una voz familiar me obliga a girarme.

—Michael... Pensé que no disfrutabas de estos eventos.

Me vuelvo con la copa en la mano y le sonrío.

—Marie Lefebvre... ¿Qué hace una leyenda del modelaje en este evento?

Ella ríe y ladea la cabeza.

—La respuesta es simple, muchacho... Jaqueline Mckeson es implacable cuando se lo propone.

—¿En serio estás aquí por mi madre? —le pregunto, todavía sorprendido de encontrarla allí.

Marie levanta la copa y se encoge de hombros.

—Confieso que no puedo dejar atrás el mundo del modelaje. Todavía recuerdo aquella vez que compartí pasarela con Martha... Fue todo un éxito.

—¿Hablas de Martha Montero, la esposa de mi difunto tío Christopher? —pregunto, reconociendo el nombre.

—La misma. —Una sonrisa nostálgica cruza su rostro—. Desde entonces somos amigas.

La observo unos segundos antes de llevarme la copa a los labios.

—Entonces debiste conocer a Sasha Rigel y a su esposo, Harry Johnson.

—Sí, la recuerdo. Incluso me crucé algunas veces con ella cuando visitaba a Jaqueline.

Marie bebe un sorbo y luego baja la copa.

—¿Y cuándo te volviste tan curioso?

Sonrío para quitarle importancia a la pregunta, aunque sé que ya conseguí llevar la conversación hacia donde quería. Necesito comprobar si las palabras de Amanda fueron producto del champagne... o si acaba de poner una pieza importante frente a mí.

—Me aburrí de escuchar las mismas historias de mi padre sobre su árbol genealógico... y siempre me pregunté por qué nunca mencionaba a su amigo Harry. Al fin y al cabo, tiene sangre noble italiana, americana y quizá hasta un tercio de rusa... ¿O estoy confundido, Marie?

 

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