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El secreto de la sangre (3era. Parte)

Penulis: Cristina75vera
last update Tanggal publikasi: 2026-09-12 07:27:53

Dos días después

Londres

Amanda

Nunca esperé semejante golpe bajo de Michael. Ni siquiera comprendía esa necesidad absurda de vivir restregándome mi obsesión con Lance. En lugar de disculparse, había preferido lanzarme palabras hirientes, como si disfrutara regodeándose en mi dolor. Pésima forma de decirme que le importaba. Cualquiera con dos dedos de frente sabía que no debía nombrar a su rival, pero con Michael esa regla nunca parecía aplicar.

Sin embargo, había dicho una verdad que me dolía admitir: Lance seguía persiguiéndome en los sueños. No había conseguido olvidarlo y, como una tonta, todavía estaba ayudando a Cristina a solucionar los problemas de su hermano.

Y quizá lo peor fue que no me levanté de la mesa. O, mejor dicho, ya no estaba en condiciones de hacerlo.

¡Maldición! Había perdido el control con el champagne y, a partir de ahí, todo se convirtió en una sucesión de recuerdos borrosos. Cuando desperté, estaba desnuda en mi cama y Michael dormía a mi lado.

Lo más grave eran las imágenes que todavía se empeñaban en aparecer en mi cabeza: nosotros sentados en el sillón, mis dedos tirando de su corbata y, después, yo desnudándome delante de él.

Me llevé una mano a la frente. ¿En qué demonios estaba pensando?

Y si aquello no había sido suficiente para ponerme de los nervios, lo que vino después terminó de arrinconarme.

Michael estaba sentado en la cama, con el torso desnudo, cuando intenté escapar de mi propia habitación.

Guardé silencio mientras me mordía el labio.

—No finjo nada... Ni siquiera comprendo cómo llegamos a mi departamento —admití, intentando ordenar los recuerdos.

Michael me sostuvo la mirada.

—Comenzó cuando me diste las llaves y terminamos en la cama —explicó, como si relatar aquella noche fuera la cosa más sencilla del mundo.

Se movió hasta el borde del colchón y se puso de pie.

Por un segundo, mis ojos recorrieron su abdomen trabajado y sus brazos fornidos, y aquella visión consiguió dejarme sin aliento. Aparté la mirada enseguida y crucé los brazos.

—¿Y por eso quieres jugar al pretendiente perfecto con otra cena? —repliqué, intentando recuperar el control.

Michael apretó la mandíbula y dio un paso hacia mí.

—La cena de ayer fue un interrogatorio, no una cita —disparó con la voz cargada de amargura.

¡Diablos! Cada segundo me resultaba más difícil mantener la cabeza fría cuando lo tenía delante.

—Tengo miles de asuntos pendientes. No sé cuándo tendré tiempo para un amigo —respondí, aferrándome a aquella palabra como si pudiera protegerme.

Michael me lanzó una mirada cansada.

—Deja de encasillarme como un amigo —replicó, sin apartarse—. Quiero algo más contigo. ¿De qué manera quieres que te lo demuestre?

Puse los ojos en blanco, aunque aquella declaración consiguió alterarme más de lo que estaba dispuesta a admitir.

—De acuerdo... Veré cómo organizo mi agenda y te llamo.

Desde entonces, Michael me persigue con llamadas y mensajes. Siempre encuentra una excusa para buscarme, aunque solo sea para preguntarme cómo amanecí, desearme buenas noches o rescatar alguna tontería de nuestra infancia. Mentiría si dijera que me desagrada. El problema es que algo me frena. Quizá sea Lance. Quizá sea el miedo a descubrir que Michael puede importarme mucho más de lo que estoy dispuesta a admitir.

Como sea, el celular vuelve a sonar a la misma hora de los últimos días.

Avanzo por la sala para recogerlo de la mesa, pero antes de alcanzarlo escucho el timbre de la puerta.

Miro la pantalla.

Buenos días, Amanda... Anoche recordé aquella vez en que era incapaz de dar un paso sin pisarte mientras bailábamos.

La sonrisa me sale sola.

Hola, Michael... Recibí muchos pisotones hasta que lograste llevarme el paso.

Los tres puntos aparecen y desaparecen.

Quiero repetir el baile.

Me muerdo el labio antes de responder.

Tal vez algún día.

La respuesta llega casi de inmediato.

No pienso esperar demasiado.

Niego con la cabeza mientras vuelvo a sonreír.

Estoy a punto de contestarle cuando escucho unos pasos aproximarse desde la entrada. Despego la mirada de la pantalla.

Ahí está mi padre.

Lleva el rostro serio y una carpeta bajo el brazo. Cierro la puerta y lo sigo con la mirada mientras avanza hacia la sala.

—Harry... ¿Tan temprano vienes a hostigarme o por fin dejaste de ocuparte de los asuntos turbios de Williams? —pregunto, cruzándome de brazos.

Para mi sorpresa, no se ofende.

—Hoy estoy de buen humor, Amanda —responde con una calma que me resulta sospechosa—. Así que voy a pasar por alto tus berrinches.

—Entonces seamos una familia feliz, papá —replico, señalando el sofá—. ¿Qué te trae por aquí?

Harry deja la carpeta sobre la mesa antes de volverse hacia mí.

—Acabo de transferirte el dinero que me exigiste —anuncia—. Y espero que cumplas tu parte y me devuelvas los documentos que tienes en mi contra.

Deslizo el dedo por la pantalla y reviso el saldo de mi cuenta. La cifra me hace fruncir el ceño.

—Papá, no es todo el dinero que estaba estipulado en el testamento de mi madre —disparo sin rodeos—. Tampoco puedo entregarte la única garantía que tengo para obtener el resto de lo que me pertenece por derecho.

El rostro de Harry se endurece.

—Siempre me dices que no confíe en nadie —le recuerdo, sosteniéndole la mirada—. Y eso también te incluye.

—Deberías irte unos días de vacaciones —replica, desviando la conversación con una tranquilidad que no termina de convencerme—. O quizá prefieras seguir ayudando a Cristina con esa locura de la investigación del hijo de Lance.

Frunzo el ceño.

Algo no encaja.

—¿Qué rayos te sucede? —espeto, desconcertada—. Antes ni querías hablar del tema y ahora quieres que viaje a Nueva York.

Harry me sostiene la mirada antes de responder.

—Pensé que querías jugar a la salvadora de Lance —replica—. Pero si ya no quieres hacerlo, podemos irnos de vacaciones juntos a Milán.

—¿A Milán?

Harry cierra la distancia entre nosotros sin apartar la mirada.

—A la antigua casa de mi madre —precisa—. Podemos hospedarnos allí, alejarnos unos días de todo este desastre y pasar tiempo juntos como padre e hija.

—¿Qué opinas?

 

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Maire Novelas
Será que podrá superar ese amor del pasado ...
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Maire Novelas
Me emociona mucho, el misterio siempre está ahí ...
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