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capitulo 9

Author: Hanabi
last update publish date: 2026-07-31 23:50:23
OLIVIA

William apareció frente a mi hotel con un ramo de flores, un deportivo nuevo y la seguridad de que todavía podía comprar mi perdón.

Lo observé desde el ventanal de la habitación donde me había instalado después de abandonar la cafetería. La boda que debía celebrarse aquel día había sido aplazada, pero William seguía convencido de que bastaría con encontrarme para recuperar el control.

Durante años creí que la mujer impulsiva y vengativa que había sido en mi juventud había desaparecido.
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    OliviaHéctor giró la computadora hacia mí antes de que pudiera preguntarle qué había encontrado.Reconocí el auto de William. Después vi a Eva junto a la puerta del pasajero, con una mano apoyada en su pecho.En la siguiente fotografía se estaban besando.Dejé el bolso sobre mis piernas y me incliné hacia la pantalla, buscando sin querer una explicación que no estaba allí. William le sujetaba la cintura. Cuando ella se apartaba, él volvía a acercarla.—Las tomó el investigador durante el seguimiento —explicó Héctor—. Desde la calle, a la salida del edificio. Envió la secuencia completa.Me mostró las imágenes restantes sin apresurarme. Había fechas, horas y suficiente claridad para reconocerlos a ambos.Llevaba tanto tiempo esperando algo que William no pudiera negar que me desconcertó no sentir alegría.—¿Quieres que las quite? —preguntó Héctor.Negué con la cabeza.—Quiero dejar de preguntarme si estoy viendo lo que estoy viendo.Él retiró la mano del ratón.Volví a la primera foto

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    OLIVIAHéctor llevaba veinte minutos discutiendo con Noah sobre el presupuesto del almacén cuando descubrí que me gustaba verlo trabajar incluso cuando no estaba de acuerdo conmigo.—Podemos reducirlo —dijo Noah, girando la computadora hacia nosotros—. Pero prefiero que sepan qué están quitando antes de prometerles una cifra que después no voy a poder cumplir.Me incliné para revisar sus anotaciones. Su rodilla rozó la mía debajo de la mesa y ninguno se apartó.Habían pasado tres días desde que Diana me mostró la fotografía. William sabía que había visitado aquel hotel; todavía ignorábamos cuánto más había descubierto. Por eso habíamos mantenido la reunión con Héctor y, antes de salir, yo le había dicho a Noah que regresaría a mi hotel al terminar.Tenía el bolso junto a la silla y un automóvil reservado para las siete. Aquella organización tan sensata me resultaba menos satisfactoria a medida que se acercaba la hora.Terminamos aprobando una primera etapa de las modificaciones. Hécto

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    DIANAHabía decidido no contestar a Gabriel hasta encontrar una manera elegante de explicarle que besarlo había sido una equivocación. El problema era que llevaba dos días buscando esa explicación y todas sonaban menos convincentes después de recordar el beso.Aquella mañana fui al taller a recoger el abrigo que Héctor había enviado a limpiar después del desastre de la tubería. Pensaba entrar, agradecer el favor y marcharme antes de encontrar otra complicación.Gabriel apareció junto a mi automóvil mientras yo cerraba la puerta.—Te llamé —dijo, deteniéndose frente a mí.—Lo vi —respondí, acomodándome el bolso.Sus ojos recorrieron mi rostro con una atención que me hizo desear haberme puesto los lentes de sol.—También vi tu auto desde la esquina —explicó Gabriel—. Quería hablar contigo.—Ahora no es un buen momento —contesté, mirando hacia la entrada del taller.—¿Hay alguno que quieras proponerme?Me molestó que preguntara con tanta calma. Un hombre ofendido habría sido mucho más fá

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    OLIVIAHabían pasado cuatro días desde que William me dijo que recogiera mis cosas. Lo había hecho esa misma tarde, aunque todavía me sorprendía despertar en un hotel y encontrar una pared donde antes estaban los ventanales de nuestra habitación.Mi maleta seguía abierta. La abogada revisaba lo que Eva me había enviado y esperaba la conversación completa; yo esperaba que Eva dejara de tratar mi libertad como una oportunidad de negociar. Mientras tanto, William había anunciado al nuevo director del proyecto de Noah con una fotografía y una felicitación pública tan generosa que daban ganas de preguntarle cuánto le había costado fingirla.Noah apenas mencionó el anuncio. Trabajaba en su propia propuesta, buscaba clientes y, cuando hablábamos, conseguía interesarse por mis pedidos sin convertir cada conversación en un inventario de lo que su padre nos había quitado.Lo extrañaba de una manera que empezaba a resultarme poco razonable. Extrañaba incluso sus distracciones: cómo dejaba enfria

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    OLIVIAWilliam me ofreció la mano para bajar del automóvil y sonrió al guardia que nos recibió. Yo la acepté con la misma expresión que había utilizado durante años para acompañarlo a reuniones donde nadie debía advertir que algo andaba mal.La diferencia era que esa mañana llevaba en el teléfono una confesión suya.«Mi esposa no puede enterarse».Al entrar al ascensor, William me acomodó un mechón detrás de la oreja. Tuve que contener el impulso de apartarlo.—No hace falta que estés tan tensa —comentó, observando nuestro reflejo—. Vamos a aclarar unas cosas.—Entonces espero que escuches las respuestas —contesté.Su mano cayó lentamente. El resto del trayecto transcurrió en silencio.Noah y Camille ya estaban en el despacho. Ella sostenía el bolso sobre las rodillas; él permanecía junto al ventanal, con una carpeta bajo el brazo y la mandíbula tensa.Noah se volvió al verme. Sus ojos encontraron los míos y recordé la cafetería, la caricia junto a las tazas y aquella silla que había

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    OLIVIACuando llegó el mensaje de William, llevaba diez minutos comprobando una caja que Héctor ya había revisado.«Mañana, a las nueve, ven conmigo a la oficina. Camille y Noah también estarán».Pensé en la llamada de diecisiete minutos que Camille había convertido en una coartada de más de una hora. William quería reunirlos para encontrar una contradicción, y yo tendría que sentarme a su lado mientras intentaba destruir a las dos personas que habían decidido protegerme.Dejé el teléfono sobre el escritorio cuando Eva apareció en la puerta.—Necesito hablar contigo —dijo, entrando con el bolso todavía en el hombro.Había regresado de Bennett Group poco antes. Le indiqué la silla, pero ella permaneció de pie.—Estuve con William esta tarde —añadió.—Llevaste los documentos.Eva sostuvo mi mirada.—También me acosté con él.No respondí inmediatamente. Había esperado una prueba durante tanto tiempo que recibir aquella confesión me dejó sin la satisfacción que imaginaba. Recordé seis año

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