Share

Capítulo 4 — El heredero

Author: 6jay
last update publish date: 2026-09-28 19:33:18

A Lucía se le tensaron los dedos al oír a Leo. Forzó una sonrisa y le apretó suavemente la mano.

—Sería un señor que pasaba por allí. No le des más vueltas. Duerme un poquito, ¿vale?

—Vale, mamá.

Leo asintió y se acomodó bajo la manta. Aun somnoliento, conservaba aquella viveza impropia de su edad. Lucía permaneció a su lado hasta que se durmió, con los labios apretados.

«No voy a dejar que te lleven. No te entregaré a ese hombre».

Había luchado cinco años por su hijo. De Adrián solo necesitaba las pruebas de compatibilidad y la autorización de la fundación. No pensaba concederle nada más.

***

En ese momento, Adrián contemplaba los expedientes de los candidatos desde un sofá de cuero de la duodécima planta. Al otro lado del ventanal se extendía Madrid. Su jefe de gabinete, Gabriel, le había entregado una carpeta tras otra.

—De las 48 solicitudes de este trimestre, hemos seleccionado a 5 menores para una primera entrevista, según las pruebas cognitivas, las recomendaciones y su situación familiar.

Encima de todos los expedientes había uno con una franja roja: «Prioridad médica urgente». Adrián iba a comprobar el nombre cuando oyó movimiento al otro lado de la puerta.

—No busco simplemente buenas notas —dijo—. Necesito a alguien que sepa tomar decisiones en un entorno desconocido y pueda recibir una formación prolongada como sucesor.

Gabriel retuvo la siguiente carpeta sobre las rodillas.

—Una primera entrevista no significa que el niño esté preparado para cambiar de familia, señor.

—Lo sé. Por eso quiero conocerlo personalmente.

—¿Y la persona que se ocupa de él ahora?

Adrián golpeó suavemente la hoja con el índice.

—También estará en la reunión.

La respuesta le pareció suficiente. No había preguntado quién dormía a aquellos niños ni a quién echarían de menos. En el formulario, esas cuestiones parecían pesar bastante menos que su capacidad de aprendizaje.

Gabriel inclinó la cabeza. La puerta se abrió de par en par y Claudia entró con un vestido de firma, un bolso de cuero y una gruesa carta de recomendación.

—¡Adrián! ¿Todavía sigues con esos papeles de adopción?

Se acercó sonriendo y apoyó la mano en el brazo del sofá.

—Un sobrino de uno de los patronos de nuestra fundación es inteligentísimo. En lugar de traer a un huérfano o al hijo de cualquiera, ¿por qué no eliges a alguien de nuestra…?

—Claudia.

Adrián no levantó la vista. El tono bastó para interrumpirla.

—No intentes meter a tu familia en la elección de mi sucesor. Vuelve a cruzar esa línea y anulo el compromiso.

—Adrián… Solo quería ayudarte.

Ella retrocedió, molesta. Él señaló la puerta.

Claudia todavía llevaba la carta en la mano. La dejó en una esquina de la mesa, pero Adrián se la devolvió sin leerla.

—Llévatela.

La sonrisa desapareció de su cara. Recogió el documento y salió. Gabriel esperó a que se cerrara la puerta antes de ordenar de nuevo los expedientes.

Adrián no se disculpó por la escena. Se limitó a recuperar la carpeta de arriba.

***

Cuando Claudia se hubo marchado, Adrián se frotó el entrecejo y se acercó al cristal. Desde allí veía el invernadero de descanso junto al jardín central de la planta baja. Un grupo de médicos y acompañantes rodeaba a un niño con el pijama del hospital.

El pequeño tendría unos cuatro años y llevaba las mangas remangadas.

Desde aquella altura, Adrián solo distinguía un tablero y varias cabezas inclinadas. No podía leer las casillas. Sin embargo, al moverse la mano del niño, algunos adultos se acercaron y luego se miraron unos a otros.

Adrián se desplazó hasta una parte del ventanal libre de cortinas. El pequeño no buscó la reacción de los demás. Volvió a ordenar algo en la mesa, como si toda aquella atención no tuviera nada que ver con él.

Normalmente, Adrián apenas dedicaba al jardín un vistazo mientras hablaba por teléfono. Esta vez no se apartó. Gabriel cerró una carpeta a su espalda y ni siquiera se volvió.

El niño soltó una pieza y se sujetó al borde de la mesa, como si se hubiera mareado. Una enfermera le echó una manta sobre los hombros. Él pareció indicarle que estaba bien y regresó al tablero.

La manera en que levantó la barbilla le recordó a Adrián un gesto de su propia infancia. Sintió el impulso de verle la cara de cerca.

Apoyó la mano en el marco del ventanal.

—Ese niño… ¿Quién es?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El multimillonario que me abandonó quiere adoptar a su propi   Capítulo 57 — Volver a casa

    Tres años después de la boda, Adrián se detuvo ante una silla diminuta.—¿Vas a caber ahí? —preguntó Lucía.Él dobló las rodillas con cuidado. Las sillas del aula de primaria quedaban demasiado bajas para un adulto. Intentó enderezar la espalda, renunció y colocó ambos pies bien juntos bajo la mesa.Leo se volvió desde la primera fila.—Papá, no hagas ruido. Va a empezar la clase.A sus ocho años, ya no le confiaba la mochila como antes. A veces le buscaba la mano y la soltaba disimuladamente al ver a algún amigo. Adrián había dejado de intentar agarrársela otra vez.En la pizarra figuraba el orden de las presentaciones sobre actividades en familia. Lucía se había pedido el día libre en el instituto y Adrián no había concertado ninguna cita a esa hora. Era la

  • El multimillonario que me abandonó quiere adoptar a su propi   Capítulo 56 — Lo que le gusta a Lucía

    —Papá, es el cumpleaños de mamá. ¿Por qué vas a reservar lo de mis trenes?Leo tapó el móvil con un dedo. En la pantalla aparecía un restaurante temático que ofrecía fiestas de cumpleaños.Adrián lo miró unos segundos y cerró la página.—Pensaba que te haría ilusión.—Es el cumpleaños de mamá.La corrección era justa. Aunque el regalo que había pensado Leo tampoco resultaba muy distinto: quería un robot grande para que cargara con las cosas cuando su madre estuviera cansada.—¿Ese robot puede llevar cosas de verdad?Al responder, al niño se le apagó un poco la voz.—Todavía no.Se sentaron juntos a la mesa y empezaron de nuevo. Lucía había prometido volver del instituto sin retrasarse. Ellos solo le

  • El multimillonario que me abandonó quiere adoptar a su propi   Capítulo 55 — Tres votos

    —¿Quién ha recogido esto?Leo examinó el suelo del salón. Lucía apartó los ojos del portátil y miró donde señalaba. Por la mañana había estado a punto de tropezar con las piezas y las había guardado en una caja.—Yo. Iba a limpiar.—No había terminado. Estaba uniendo la estación con las vías.Leo arrastró la caja y la volcó. Al ver desmontadas incluso las partes que ya había completado, hizo un puchero. Lucía apartó la silla y se levantó.—No lo sabía. Tenía que habértelo preguntado. Perdona.—Hazlo otra vez.—¿Me enseñas cómo lo habías puesto?—¿Tampoco lo sabes?—No. Solo lo vi cuando ya estaba montado.La decepción se le marcó todavía má

  • El multimillonario que me abandonó quiere adoptar a su propi   Capítulo 54 — A solas

    —A las cinco hay que venir a recogerlo.Gabriel miró su reloj. Adrián asintió, pero Leo le tiró de la manga.—No te lo dice a ti. Me lo dice a mí, por si luego quiero seguir leyendo.Gabriel había reservado la tarde del sábado para acompañarlo a la biblioteca infantil, tal como el niño le había pedido. Lucía le entregó la bolsa con la merienda y el agua.—Si surge algo, llámanos.—Y vosotros no os limitéis a leer libros y volver a casa.Adrián alzó una ceja. Leo ya estaba mirando hacia la entrada.Después de despedirse de su hijo, notaron un espacio extraño entre los dos. Faltaba la manita que solía ocupar el centro. Lucía buscó primero la de Adrián.—Vamos. Se nos hará tarde.—No hemos reservado nada.—Me refiero

  • El multimillonario que me abandonó quiere adoptar a su propi   Capítulo 53 — El heredero descansa

    Leo había traído un folleto de una clase de prueba de ajedrez avanzado. Adrián consultaba el horario cuando el niño dejó otro papel en la mesa: la invitación al cumpleaños de Mateo, su amigo del colegio.—Es el mismo día.—Veamos si hacen la clase de ajedrez en otra fecha.Mientras Adrián daba la vuelta al folleto, Leo acariciaba el tren dibujado en la invitación.—La profe dice que juego muy bien y que puedo probar.—¿Te apetece?—En casa de Mateo hay un tren nuevo.La respuesta no encajaba con la pregunta. Adrián dejó el folleto.—Quieres ir a su cumpleaños.—Sí. Pero, si no voy al ajedrez, ¿se me olvidará jugar?Adrián tardó en responder y Leo se puso serio. Lucía, que se secaba las manos junto al fregadero, los miró.

  • El multimillonario que me abandonó quiere adoptar a su propi   Capítulo 52 — Fotos para el abuelo

    Leo metió las fotos en la mochila y volvió a sacarlas. Comparó la de la boda con la de la mesa. Al final guardó las dos en una carpeta transparente.—¿Cuál le gustará más al abuelo?Lucía se sentó a su lado.—Al abuelo le gustaba verme sonreír.—Sales sonriendo en las dos.—Pues llevamos las dos.Solo entonces cerró Leo la carpeta. Junto a la puerta, Adrián comprobó que el termo de té que Lucía le había pedido estaba bien tapado.Camino de El Escorial, el niño habló un buen rato antes de dormirse. En los árboles que pasaban junto a la ventanilla asomaban hojas nuevas. Lucía miró el asiento trasero y bajó la voz.—Pensé que quizá te resultaría incómodo que te pidiera venir a ver a mi padre.—Me dijist

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status