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Capítulo 2

Author: Luis Díaz
Me sentía agotado.

—No es la primera vez que haces una promesa así.

Ella me tomó de la mano, con una mirada suplicante y sincera.

—¡Te juro que esta vez lo haré, Zack! Igual que antes, tú siempre me cubrías la espalda en las misiones. Zack, por favor, confía en mí una última vez.

Miré aquella mano, la misma que tantas veces había sostenido la mía en medio de los disparos y el peligro.

Entonces cedí:

—Está bien. Una última vez.

Emilia soltó un suspiro de alivio.

—Deberías descansar. Iré a a organizar el equipo y a planificar la ruta que tomaremos mañana. Todo estará bien.

Me di la vuelta y me marché sin mirar atrás.

Apenas salí, escuché la voz baja de Dustin.

—Emi, hace un momento daba miedo. ¿Crees que ya…?

La voz de Emilia sonó tranquilizadora.

—No te preocupes. Por ahora está bien.

Regresé a la sala de aislamiento, apoyé la espalda contra la pared y me fui deslizando lentamente hasta quedar sentado en el suelo.

La sensación de ardor en mi brazo derecho se intensificaba a cada instante.

Ya era el segundo día desde que me había infectado.

Según el curso normal de la infección, a estas alturas ya debería empezar a sentir rigidez muscular y pérdida de sensibilidad.

Pero no era así.

Aparte del ardor y algunas punzadas repentinas de dolor, mi mente seguía increíblemente lúcida.

Lo más extraño era que podía sentir algo agitándose dentro de mí.

A lo lejos, los rugidos de los zombis resonaban entre las ruinas.

Por la intensidad del estruendo, estaba claro que no se trataba de un grupo pequeño.

Sin mis habilidades mutantes para reforzar las defensas, el campamento no resistiría mucho más.

Apreté el puño hasta que mis uñas se clavaron en la palma.

Mañana sería el tercer día.

Emilia, esta sería tu última oportunidad.

La primera luz del amanecer apenas asomaba por el horizonte cuando salí furioso de la sala de aislamiento.

Las venas grisáceas de mi brazo derecho ya se habían extendido hasta la mitad del hombro.

Había pasado una noche y el aire olía aún más a podredumbre.

Podía sentir que los zombis se acercaban. Sin mí al frente, el campamento no resistiría mucho más.

La puerta de Emilia estaba entreabierta.

La empujé y me quedé paralizado ante lo que vi.

Emilia estaba acurrucada en la cama improvisada, con Dustin acostado a su lado bajo la misma manta.

Él le rodeaba la cintura, mientras ella dormía profundamente en sus brazos.

Durante tres segundos, mi mente quedó en blanco.

Y entonces exploté.

—¡Emilia!

Entré de golpe, agarré a Dustin del cuello y le di un puñetazo en la cara.

Dustin soltó un grito y cayó de la cama, con la nariz ensangrentada.

Emilia se incorporó de golpe. Su rostro palideció al ver la escena.

—¡Zack! ¿Qué demonios estás haciendo?

Señalé a Dustin con la voz temblorosa.

—¿Qué estaba haciendo él aquí?

Luego seguí gritando, consumido por la rabia.

—¿De verdad me preguntas eso? ¡Emilia, mírense los dos!

Dustin se llevó una mano al rostro, se puso de pie a toda prisa y se escondió detrás de Emilia.

—Anoche empecé a presentar los primeros síntomas de la infección. Me asusté, así que vine a hablar con la capitana Campbell sobre el antídoto…

Solté una risa amarga.

—¿Y para eso tenían que dormir en la misma cama? ¿También era necesario que abrazaras a la novia de otro?

Emilia se interpuso delante de Dustin. Estaba nerviosa, pero sobre todo furiosa.

—¡Zack, ya basta! Dustin empezó a mostrar síntomas de la infección anoche. Como capitana, ¿acaso no es mi deber cuidar de mi equipo? ¡No hicimos nada!

Clavé la mirada en su pijama desaliñada.

—Emilia, ¿de verdad crees que soy un idiota?

De repente, ella alzó la voz.

—¡Mírate! ¡Estás paranoico y agresivo! ¿Acaso ya olvidaste que eres el vicecapitán?

Me quedé inmóvil.

Recordé una ocasión, antes del brote, en la enfermería de la academia militar. Una antigua lesión había vuelto a dolerme durante un entrenamiento especialmente duro y terminé con una fiebre muy alta.

Ese día, Emilia faltó a todas sus clases para quedarse a mi lado. Me cambiaba las toallas, me daba agua y, al final, se quedó dormida junto a mí.
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