LOGINLuego de aquel reencuentro, de la reconciliación y el perdón, Laura se abrió a la posibilidad de una segunda oportunidad junto a Marcos. Sin embargo, quería ir poco a poco, con calma, segura de que aquel paso que ambos deseaban dar juntos, fuese firme, seguro y sobre todo recuperando la confianza que había sido pisoteada por él, tiempo atrás. Durante los meses siguientes, él se entregó por completo a la tarea de reconquistarla. No hubo día en que no buscara una forma, por pequeña que fuera, de demostrarle cuánto lamentaba el error cometido. Había comprendido, quizá demasiado tarde, el valor de lo que había estado a punto de perder, y aquella certeza lo impulsaba a no rendirse.Cada gesto, cada palabra, cada mirada suya era una promesa de no fallarle otra vez. Ya no se trataba solo de pedir perdón, sino de reconstruir, con paciencia y ternura, los cimientos de algo más fuerte que antes. Ella lo observaba con cautela, intentando resistirse, pero era imposible no percibir la sinceridad
Mientras Marcos y Laura se acercaban y se reconectaban emocionalmente, la pareja de recién casados disfrutaba en la intimidad de su luna de miel, celebrando su amor con calma y ternura. —¿Estás feliz? —preguntó él, mientras acariciaba su cuerpo desnudo luego de haber hecho el amor. —Muy feliz, mi amor —respondió ella mirándolo a los ojos.— Me has hecho la mujer más dichosa del mundo. Marta cerró los ojos sobre el hombro de Benito, respirando su aroma y sintiendo que no había duda alguna; aquel era su lugar.Benito, la rodeó entre sus brazos, dichoso de haberla encontrado nuevamente. —Siempre estuve enamorado de ti —confesó él. Ella volvió el rostro hacia él, sorprendida con sus palabras.—Pero si éramos unos mocosos. —¿Y eso qué? —dijo él— El corazón no tiene edad. Marta besó sus labios con ternura. La vida le había dado una segunda oportunidad. Una que ella no estaba dispuesta a desperdiciar. Esa misma noche, la policía irrumpió en la casa de Manuel y se lo llevaron detenido,
Un mes después, todo estaba preparado para la boda de Marta y Benito. Laura, sería la madrina de la boda por parte de ella y Juan, el ex compañero de Benito quien lo acompañó la tarde en que ellos se reencontraron luego de más de doce años, sería el padrino. La iglesia estaba decorada con flores blancas y rojas. La luz del atardecer se colaba por los coloridos vitrales. Marta caminaba hacia el altar, luciendo su delicado traje blanco, hermosa y radiante, mientras Benito la esperaba con una sonrisa nerviosa en los labios. —Hoy comienza nuestra vida juntos —susurró Benito al tomar la mano de Marta—. Y no hay nada que pueda separarnos.Mientras los invitados aplaudían, en las sombras, un joven observaba la escena desde lejos infiltrado entre los invitados. Su veía tenso y nervioso. Estaba allí, contratado por Raquel para cumplir su mandado, ponerle fin a aquella historia de amor. —Hazlo durante la boda, no falles. —ordenó. Cuando el joven logró colarse entre las primeras filas, su
Marta despertó al lado de Benito, sintiendo aún el calor de su cuerpo contra el suyo. La piel erizada por los recuerdos de la noche, cerró los ojos un momento y dejó escapar un suspiro cargado de deseo. Cada caricia, cada susurro, cada sonrisa compartida había convertido aquel encuentro en un sueño del que no quería despertar. Benito la miró con una intensidad que hizo que su corazón se acelerara, y al entrelazar sus dedos, Marta sintió que el mundo entero podía desaparecer; allí, en la quietud de la mañana, solo existían ellos dos, atrapados en una intimidad que se sentía infinita.Benito deslizó suavemente su mano por la espalda de Marta, recorriendo cada curva con delicadeza y firmeza al mismo tiempo. Ella se estremeció, sus labios entreabiertos dejando escapar un suspiro que parecía prolongar la conexión que los unía. No hacía falta hablar; sus miradas lo decían todo. La risa ligera que escapó de sus labios se mezcló con el roce de sus cuerpos, con la tensión de un deseo conteni
El juicio de Lucía, fue un antes y en después en la vida de Laura y Marta. Haber vivido aquella situación trágica seis meses atrás y finalmente darle un cierre a esa etapas de su vida, consolidó en ellas ese lazo que se había rotó en algún momento de sus vidas. —¿Entonces piensas regresar a tu casa? —preguntó Laura con cierta melancolía.—Sí, creo que es el momento de seguir adelante con mi vida. —respondió con voz suave y cálida— Aleska y tú deben estar juntas. Sin mi presencia constante. —¿Y si eso le afecta? —preguntó Laura con preocupación. —No, por el contrario. Ella debe verle como su tía, no como su madre. Estuve conversando con una terapeuta y recomienda que debo alejarme físicamente por un tiempo. —Gracias por todo, Marta. Aleska es todo lo que tengo en la vida y es gracias a ti. Marta sonrió levemente. —Laura, antes de irme quería pedirte perdón por todo lo que sucedió. Te juro que nunca tuve intenciones de involucrarme con Marcos. Las cosas sucedieron de forma inesper
Mientras Laura y Marta desayunaban esa mañana, Mercedes entró al comedor, con un sobre pequeño de color blanco. —Señora, acaba de llegar esto. Laura y Marta intercambiaron miradas. —¿Qué es? —preguntó Laura tomando el sobre en la mano. —Lo trajo un oficial. Debe tratarse de su hermana Lucía. Laura asintió, abrió el sobre y sacó la hoja de papel prolijamente doblada. La abrió y leyó en silencio, mientras Marta la observaba con expectación. —Es el tribunal, el juicio se llevará a cabo en dos días. Debemos estad presentes; yo, como testigo de lo ocurrido, y tú, como víctima del intento de homicidio. —Aunque no quiera debo ir —afirmó Marta. Aquel momento había sido fuerte para ella. Pero Lucía merecía estar en la cárcel al igual que Ignacio. Ambos habían orquestado un plan para hacerles daño. Benito, por medio de uno de sus compañeros había recibido información acerca del caso y aunque estaba al tanto de todo, no se sentía emocionalmente preparada para ello.Dos días después, lleg







