INICIAR SESIÓNEl nombre quedó suspendido en el aire, Elena parpadeó, sorprendida, pero no indignada.
—¿Qué…? —balbuceó, llevando una mano al pecho.
—Sé cómo suena. —se apresuró a decir Michael— Lo sé, y no espero que lo entiendan de inmediato, pero debo ser sincero, desde siempre… desde que éramos adolescentes, yo… sentí algo por Valeria.
Elena se llevó una mano a la boca, mientras que Fernando frunció el ceño, más por protocolo que por auténtica indignación, y Alex cerró los ojos un segundo.
—Entonces, ¿por qué empezaste a salir con Sabrina? —preguntó Alex, con la voz baja pero firme, y Michael tragó saliva.
—Porque Valeria era apenas una niña, porque… —hizo una pausa, eligiendo bien las palabras. — Porque estar cerca de Sabrina era la única forma de estar cerca de Valeria sin que fuera inapropiado, y sé que suena horrible, y maldición, lo es, y me arrepiento, de verdad, pero… los sentimientos no siempre se eligen.
Michael hizo una pausa, quizás dándole la oportunidad a la familia Reyes te decir alguna queja, pero no sucedió nada, no hubo rayos, ni truenos, ni siquiera un grito de horror, absolutamente nada, Elena solo soltó el aire despacio, Fernando se inclinó hacia adelante y Alex apretó más la carpeta entre los dedos, solo eso y entonces Michael siguió.
—Valeria ahora es mayor de edad, y… ella siente lo mismo, hemos hablado, no queríamos hacer nada a escondidas, ni lastimar a nadie, por eso estoy aquí, ´porque queremos hacer las cosas bien... Formales.
La palabra quedó flotando, dulce y envenenada, casi tentadora para esta familia.
—¿Formales? —repitió Elena.
—Quiero estar con ella, de verdad, y más adelante, si ustedes lo permiten… —Michael sonrió con una timidez ensayada— Me gustaría casarme con Valeria.
Elena sintió cómo los ojos se le llenaban de lágrimas, aunque no de dolor por Sabrina, más bien era una especie de alivio torcido por Valeria.
—Mi niña… —susurró— Después de todo lo que ha pasado… se merece ser feliz.
Fernando asintió lentamente.
—Si Valeria siente lo mismo, y tú estás dispuesto a comprometerte… —dijo, con falsa solemnidad— Yo no me opondré… Pero Sabrina…
—Sabrina está enamorada de ti. —lo interrumpió Alex, cortando el dulce discurso— Lo ha estado desde que tengo memoria, y tú lo sabes, Michael.
El interpelado bajó la mirada.
—Lo sé, lo sé, y créeme que me duele, no quiero hacerle daño.
“Pero lo harás”, pensó Alex.
—Quise convencerme de que podía quererla como ella se merecía. —continuó Michael, con aire resignado— De que con Sabrina podría construir una vida, es buena, es hermosa, es… todo lo que cualquier hombre querría.
“Entonces, ¿por qué no es suficiente?”, quiso preguntar Alex, pero no lo hizo.
—Pero cada vez que veo a Valeria… —los ojos de Michael brillaron con una emoción que nunca había mostrado al hablar de Sabrina— No la veo como a una amiga, ni como a una cuñada, la veo como… como el amor de mi vida, sé que suena cursi, pero así es, no puedo imaginarme un futuro sin ella, y ella me ha dicho lo mismo.
Elena se secó una lágrima que solo era de felicidad.
—Mi niña… por fin tiene a alguien que la ame así.
Fernando asintió.
—Valeria merece eso.
La frase quedó ahí, desnuda, Valeria merece eso, pero Sabrina, al parecer, no, y ante ese pensamiento Alex apretó la mandíbula.
—¿Y Sabrina? —insistió, porque después de todo él era el hermano mayor de ambas— ¿Cuál es el plan? ¿Decírselo así, de golpe? ¿Esperas que lo entienda, que los felicite y que se quede viendo cómo se van felices al atardecer?
—No quiero que sufra. —repitió Michael, como un disco rayado— Solo… quiero que nos dé una oportunidad, que entienda, que no exagere.
“Que no exagere.” Si Sabrina hubiera estado ahí, la palabra le habría atravesado el pecho, y fue cuando Elena intervino, con esa voz suave que Sabrina siempre había confundido con cariño, cuando muchas veces no era más que conveniencia disfrazada.
—Alex, cariño. —dijo, volviéndose hacia su hijo mayor— Sabes mejor que nadie lo que ha pasado tu hermana menor, lo que luchó, lo frágil que es todavía.
—Mamá…
—No podemos exponerla a un escándalo. —lo interrumpió ella, firme— Valeria no puede vivir una relación llena de peleas en casa, se alteraría, y tú sabes lo que pasa con su salud cuando se estresa demasiado, los médicos fueron claros.
Alex se pasó una mano por el rostro, sí, los médicos habían sido claros hacía años, durante la enfermedad, pero Valeria ya no era esa niña conectada a tubos, era una joven sana, fuerte, caprichosa, pero nadie parecía querer ver eso.
—Lo mejor será manejar esta situación con cuidado. Por Valeria.
Dijo Fernando y Alex apretó los dientes.
—Entonces propongan algo que no convierta a Sabrina en la villana de la película —dijo, cansado— Porque, les recuerdo, que aquí el que se ha comportado como un cobarde es Michael.
El aludido se removió, incómodo en el sofá, pero solo eso.
—Estoy dispuesto a soportar lo que haga falta —musitó— Lo que Sabrina diga, pero… Valeria no debería estar en el medio, ella es muy sensible.
Elena miró a su hijo mayor, como si esperara que él, una vez más, arreglara lo que los demás decidían.
—Tú siempre has tenido buenas ideas, Alex, eres responsable. ¿Qué propones?
Alex se quedó callado unos segundos.
Vio mentalmente a Sabrina recogiendo los platos en silencio, apagando luces, llevando a Valeria a sus controles médicos, volviendo a casa exhausta del trabajo, solo para salir otra vez porque “Valeria quería helado”. Recordó el día en que la llamaron del empleo anterior porque Sabrina se había ido antes por atender un capricho de su hermana, recordó cómo la despidieron, y la forma en la que Sabrina dijo, con una sonrisa rota, que “no pasaba nada, ya encontraría otra cosa”.
Recordó también las ojeras recientes, las manos temblorosas, la forma en que ahora callaba más que antes, la estaban empujando hacia el borde, pensó, y ahora querían darle el último empujón, pero si lo iban a hacer, al menos no sería delante de sus narices.
—Primero. —dijo, al fin— Sabrina tiene que tener una salida, un trabajo, una vida fuera de esta casa.
Elena frunció el ceño de inmediato, no solo porque necesitaba a Sabrina en su hogar, esta mujer necesitaba tener a cada uno de sus hijos con ella, controlando, vigilando cada uno de sus movimientos, y prueba de ello era que incluso Alex aún vivía allí, Ese era el poder que tenía esta mujer sobre sus hijos, pues tanto Sabrina como Alex tenían sus propios departamentos, mismos que pagaban puntualmente la renta aunque casi no los ocupaban, pues su madre siempre se encargaba que de una u otra forma terminaron regresando a casa.
—¿Quieres echarla?
—Quiero evitar que la aplastemos de golpe. —replicó Alex— Sabemos que no va a aceptar, así como así que Valeria se quede con su novio, y, honestamente, no debería aceptarlo, pero lo que ustedes quieren… —miró a su padre, a su madre, a Michael— es que no haya drama, que Valeria no se estrese, que todo sea… cómodo para ella.
Nadie lo contradijo, porque incluso aunque Alex estaba enojado y frustrado, su voz era monótona, no había un verdadero reclamo allí.
—Lo mejor. —continuó— es que Sabrina consiga un empleo estable cuanto antes, y yo puedo ayudar con eso, en la empresa donde trabajo, los Zhao‑Bach siempre están buscando personal, podría hablar con Recursos Humanos para que la tomen en algo sencillo. Oficina, administración, lo que sea, incluso como encargada de recados, sé que Sabrina se adaptará, siempre lo hace.
Sonó cruel incluso para él, pero sabía que era cierto.
—Eso sería perfecto —se apresuró a decir Elena— Un buen trabajo para Sabrina, una nueva etapa, le hará bien salir un poco de aquí.
“Y así no estará viendo a Valeria y a Michael en el sofá de la sala”, completó Alex mentalmente.
—Mientras tanto. —añadió Fernando— no diremos nada, ni una palabra, mínimo hasta que Sabrina esté más… instalada y ocupada con su nuevo trabajo.
—No podemos ocultar esto para siempre. —objetó tímidamente Michael.
—No será para siempre. —dijo Alex— Solo el tiempo suficiente para que Sabrina tenga otra cosa en qué concentrarse, un trabajo nuevo, una rutina diferente, y cuando… —hizo una pausa— Cuando se lo digan, podrán decir que llevan poco tiempo, que fue algo que surgió que no fue traición premeditada.
Aunque lo era, todos lo sabían, pero ninguno lo diría en voz alta.
—¿Y yo qué hago mientras tanto? —preguntó Michael— ¿Sigo como si nada con Sabrina?
—No. —intervino Elena, rápida— Eso sí que no, pobre Valeria.
Siempre “pobre Valeria”.
—Termina con Sabrina. —dijo Fernando, seco, como si estuviesen hablando de una mujer ajena a su familia, como si no importara — Pero con cuidado, sin dramatismos, dile que no estás preparado para algo tan serio, que necesitas tiempo, lo que sea, ya sabes cómo es ella de comprensiva, no hará escándalos.
Alex sintió una punzada en el estómago, porque sabía que su hermana, efectivamente, tragaría el dolor antes de levantar la voz.
—Y luego… —Elena miró a Michael con una sonrisa casi maternal— Podrán iniciar algo formal tú y Valeria, incluso podrías mudarte aquí, en casa, sabes que con nosotros estarán más que bien.
—Mientras tanto. —añadió Alex, intentando aferrarse a la última migaja de decencia que veía en el plan— nadie, absolutamente nadie, le dice a Sabrina que tú y Valeria sienten algo el uno por el otro, ¿Está claro?
—No se lo diría jamás así, de golpe. —aseguró Elena— La mataría, y… no quiero eso, es mi hija.
“Es tu hija cuando necesitas justificarte”, pensó Alex, pero se calló como siempre, y Michael asintió, serio.
—Entonces… ¿estamos de acuerdo? —preguntó, mirando a cada uno.
—Estoy de acuerdo —dijo Fernando— Valeria lo merece.
—Estoy de acuerdo —repitió Elena— Una vida tranquila para tu hermana menor es lo más importante.
Alex tardó un segundo más, tratando de convencerse que, de todos ellos, la que más dificultades paso fue Valeria.
—Estoy de acuerdo —dijo al fin— Pero recuerden esto, lo que van a hacerle a Sabrina no es justo, no lo llamen sacrificio, no lo llamen “por el bien de la familia”. Es egoísmo, de ustedes… De nosotros.
Nadie respondió, nadie se atrevía a decir nada, porque sabían que Alex tenía razón.
—Michael. —añadió Alex, clavándole los ojos— Convéncela de que se vaya de la casa antes de dejarla, será más fácil si piensas en lo que quieres construir con Valeria, porque si Sabrina se queda, esto va a ser un infierno para ella, y para ustedes.
Michael palideció un poco.
—¿Vas a pedirme que la convenza de dejar definitivamente su propia casa?
—Voy a pedirte que hagas lo que ya estás haciendo. —contestó Alex, con sarcasmo contenido. — Escoger a Valeria por encima de ella, pero con la diferencia de que, al menos, Sabrina podrá empezar una vida lejos de todo esto, el universo al menos le debe eso.
—El universo también le debe a Valeria una vida feliz luego de tanto dolor. —susurró Elena, como si fuera una oración.
—Es verdad, Valeria se merece ser feliz. —repitió Fernando.
Alex no repitió las palabras, solo pensó en Sabrina, en sus sueños pequeños, siempre recortados por otros.
Mientras tanto en ese momento, Sabrina pagaba en la caja del local el bolso carísimo que colgaba del brazo de su hermana menor.
—No pongas esa cara, Sabri —rio Valeria, enlazando su brazo con el de ella al salir— Vas a ver que todo va a mejorar, solo tienes que confiar en que el universo, te regresara el doble de lo que des, a tu hermanita amada, porque en verdad, me has dado más de lo que crees.
Sabrina sonrió débilmente, el universo, pensó, ya había tenido muchas oportunidades De regresarle así sea un poco de sus buenas acciones, sin embargo, allí estaba, preguntándose cómo haría para pagar la renta ese mes si no conseguía empleo en las próximas 48 horas.
A la mañana siguiente las manitas no tardaron en ocupar la habitación con una eficiencia silenciosa, Sabrina despertó a medias, envuelta todavía en la blandura pesada del sueño y el dolor, no abrió los ojos de inmediato; primero percibió el murmullo suave de pasos contenidos, el roce delicado de telas al moverse, el aroma tenue del té recién servido y algo más difícil de nombrar, una clase de calma extraña, casi reverencial, que parecía haberse instalado en el penthouse entero, y cuando por fin abrió los ojos, descubrió que una de las mujeres estaba junto a la cama, sosteniendo una bandeja con agua tibia y una pequeña toalla doblada con precisión.—Buenos días, señora —dijo con una inclinación respetuosa y Sabrina tardó un segundo en procesarlo.—Yo... no——Los señores han pedido que no haga ningún esfuerzo —intervino la otra manita, acercándose con una prenda cuidadosamente doblada en brazos— También dijeron que eligiera esto para usted.Sabrina alzó la vista, la tela que le mostraba
Sabrina había despertado el tiempo suficiente como para alimentarse, aunque había rehusado tomar los calmantes, alegando que no sentía ningún dolor, aun así Haruki la incitó a tomarlos, y Sabrina simplemente obedeció, quizás era el hecho de que él era uno de sus jefes, tal vez sintió vergüenza de comportarse como una niña pequeña, quizás simplemente Haruki tenía ese poder de convencimiento de quien todo lo controla y que lo mejor que puedes hacer es obedecerlo, y es que a pesar de que Sabrina no tuviese ninguna molestia, Haruki sabía que la medicación era necesaria para que pudiera descansar, el médico ya se lo había informado no importaba el tiempo que hubiese dormido en el hospital, ella en verdad necesitaba descansar su mente para poder afrontar el seguir viviendo, y así fue al poco tiempo que tomó la medicación los párpados de Sabrina comenzaron a cerrarse y las manitas se encargaron de arroparla una vez más como si fuese realmente una niña pequeña, mientras los hermanos Zhao reg
El ascensor privado se abrió directo al piso superior del penthouse, y Haruki fue el primero en salir, con esa clase de seguridad silenciosa que hacía parecer que todo el lugar obedecía a su voluntad, Sabrina lo siguió un paso atrás, todavía estaba pálida, y llevaba en el rostro la huella de todo lo que había perdido, y aun así se obligó a mantener la compostura, porque no quería parecer débil, tampoco queria ser una carga, pero el simple hecho de estar allí, de dejar que otros decidieran por ella una vez más, le dejaba en el pecho una sensación extraña, casi hueca.Haruki abrió la puerta principal y la condujo sin rodeos hacia el interior.—Este será tu lugar por ahora —dijo con naturalidad y Sabrina apenas asintió.La recibieron dos mujeres que aguardaban con una discreción impecable cerca del área principal, eran jóvenes, sobrias, elegantes, y se movían con una eficiencia serena que delataba experiencia, no tenían la rigidez de una empleada común, ni la distancia fría de alguien co
Sabrina fue dada de alta cerca del mediodía, aunque el proceso fue lento y tuvo que escuchar varias instrucciones médicas, aceptar medicamentos que apenas podía recordar y prometer que no permanecería sola durante los siguientes días, mientras tanto Hikara se encargó de cada documento y Haruki le preguntó tres veces a la enfermera si estaba segura de que Sabrina podía caminar.Sora permaneció junto a la puerta, silencioso y atento y cuando Sabrina salió finalmente de la habitación, vestida con ropa limpia y demasiado grande, se detuvo al verlo, Sora inclinó la cabeza.—Señorita Reyes.Sabrina no respondió, pero sus ojos se llenaron de lágrimas y Sora enderezó la espalda, preocupado.—¿He cometido algún error? — consulto, pero ella negó lentamente.—No. — dijo finalmente y dio un paso hacia él. —Tú me encontraste. — aseguro y Sora permaneció inmóvil. —llamaste a una ambulancia, no te fuiste... No me dejaste sola. — Sabrina tomó aire, pero la respiración se le quebró. —Y protegiste a mi
Kaito llegó temprano a la empresa, mucho antes de que los empleados ocuparan sus puestos, los ascensores comenzaran a llenarse y las salas de reuniones se convirtieran en escenarios de discusiones interminables, a esas horas, el edificio parecía pertenecerle únicamente a ella, silencioso, pulcro y demasiado grande para una sola persona.Dejó el bolso sobre su escritorio y contempló la torre de documentos que la esperaba.—Esto no estaba en mis planes —murmuró.Y es que, en realidad, nada de aquello estaba en sus planes, porque Kaito ni siquiera debería encontrarse en ese continente, ella solo había viajado a acompañando a su esposo, Luka Vasilki, abogado de la familia Zhao, y es que Luka estaba ejerciendo como defensor de su primo Yong Zhao, acusado de asesinar a un agente encubierto llamado Andrea.La situación era tan absurda que Kaito no sabía si reírse o maldecir a alguien, porque en verdad había cientos de motivos reales por los cuales podrían haber acusado a Yong, y es que él er
Sabrina despertó sin saber qué hora era, y durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo blanco de la habitación, sin poder recordar cuando había podido conciliar el sueño, aunque su cuerpo parecía haber decidido por ella.Todo le dolía de una manera sorda y profunda, el abdomen, la espalda, la garganta reseca y, sobre todo, el pecho, no era un dolor físico… Era el vacío, la ausencia de su bebé ocupaba cada rincón de su mente, ya no podria verlo, pero tampoco podía dejar de imaginarlo, a veces pensaba que todavía lo sostenía entre los brazos, otras, recordaba el peso pequeño contra su pecho y despertaba con la certeza de que alguien se lo había arrancado.Giró apenas la cabeza, observando que Haruki estaba dormido en una silla junto a la ventana, incluso dormido conservaba una postura rígida, como si su cuerpo se negara a relajarse por completo, Hikara, en cambio, se había quedado junto a la cama, con la cabeza apoyada sobre uno de sus brazos y su otra mano descansaba sob







