INICIAR SESIÓNPablo fue al gimnasio del hotel muy temprano en la mañana, en cuanto entró vio a Brenda.
— Buenos días Brenda.
— Pablo que tal, ya pensaba que tendrías miedo de los cuentos y mala publicidad y no vendrías a ejercitarte aquí.
— No, claro que no, sólo estaba ocupado, pero ya estoy más organizado para retomar el ejercicio.
— Pues aquí tenemos de todo, me gusta trabajar de manera personalizada, lo llevamos de manera secuencial y todo queda documentado en tu expediente, de manera que cuando registras la entrada, en el monitor te indica los ejercicios seleccionados para el día, una vez aquí, los entrenadores estaremos pendiente de ti.
— Comencemos entonces.
— Espléndido, sígueme te llevo para asentar el registro.
Brenda, era sin duda una fuerza de la naturaleza, toda ella irradiaba energía y sexualidad con un cuerpo de infarto. Aunque Pablo no se imaginaba que Sebasthian fuera de los que le gustan rudas y con tatuajes, sin embargo, era una belleza que no se podía pasar por alto. Después del primer día de gimnasio, podía dar fe, Brenda era brutal, pero por algo estaba entre las entrenadoras más famosas del país, a Pablo le gustaba el ejercicio fuerte, se sintió muy conforme con Brenda como entrenadora, pero los días que tenía sin entrenarse en un gimnasio ya sabía le pasarían factura, ya sentía los músculos lastimados, aún era temprano, pero debía hablar con Bernhard, fue a su oficina directo.
— Pablo, buenos días, veo que conociste a Brenda.
Bernhard se sentó en su escritorio e hizo seña a Pablo para que tomará asiento.
— Así es, es en verdad muy buena en su trabajo, veo porqué le gusta a Sebasthian.
— Sebasthian no dudo en darle la gerencia del gimnasio, gracias a ella hay lista de espera.
— Claro, es obvio — Pablo entendió que su tío no tenía ni idea de Sebasthian y Brenda, esto era muy extraño, tanto él como Sebasthian tenían confianza absoluta en Bernhard, en verdad estas chicas llegaron y lo cambiaron todo.
— Tío iré al grano ¿Te molestaría si voy trás Elena?
— Me estás pidiendo permiso para pretender a Elena, deberías hablar con las monjitas que la criaron, no conmigo.
— Sabes perfectamente lo que quiero decir, nunca hemos tenido ningún inconveniente con las mujeres, pero me doy cuenta que Elena es especial para ti.
— Así es…
Cualquiera se hubiera intimidado con la mirada fija de Bernhard Larsson, pero este era su sobrino y todas las estrategias de intimidación habían sido enseñadas por el mismo, Pablo le devolvió la mirada con seguridad y perseveró.
— Entonces ¿No te importa? Es decir, si tú tienes o esperas tener algo con ella, me mantengo a raya.
Pablo pensó, que debió hablar con su tío antes de casi violarla en su oficina, aunque ella le correspondió muy dispuesta.
— Pablo, es Elena quien debe decidir si desea tus atenciones, es decir, ella es libre.
— Pero, si ustedes se traen algo, cualquier tipo de acuerdo.
— Ya te lo dije, Elena decide no yo.
— ¿Por qué no tienes nada con ella? creó que te gusta.
— Cómo hombre de sangre caliente, me gusta, habría que ser ciego y quizás aún así me gustaría, es una chica cálida y de buen corazón. Sin embargo, no quiere aventura y yo le llevó como 20 años, o más, nadie lleva la cuenta, debe tener la oportunidad de conseguir al hombre que pueda darle fidelidad, matrimonio e hijos.
— No es como si pudieras adquirir hombres así en la farmacia, es decir, quizás no supiste como convencerla.
Bernhard se echó a reír.
— Tu arrogancia sólo es superada por mí a tu edad, ¿Ahora me enseñarás cómo conquistar mujeres?, A mí. Pablo lo que buscas es mi bendición, adelante, haz tu intento con Elena, y si te mete en vereda lo celebramos, si te acepta como aventura, que lo disfruten y si te rechaza, insistes, o no lo haces, es tu problema.
— ¿Y si lo que ella quiere es abrirte los ojos?, me utiliza para darte celos, para ponerte entre la espada y la pared —preguntó Pablo con su patentada desconfianza.
— Entonces será mi problema —respondió Bernhard resuelto.
— ¿Quieres decir que si después de tener una aventura conmigo, considera que puede tener una aventura contigo, no te molestará?
— ¿Te ha importado lo que hacen tus mujeres antes o después de la relación contigo?
— No, eso no me concierne.
— Allí tu respuesta.
Pablo afirmó moviendo las cejas y el rostro de lado.
— ¿Estamos claros entonces?
— Como el agua —respondió Bernhard con una tranquilidad que Pablo asumió no sentía.
Pablo volvió a su habitación se dio una ducha y se vistió con un traje gris y corbata negra, ya había hablado con su tío y fue lo más claro que pudo, no iba a decirle que Elena no había tenido esas tales inhibiciones con él, no era correcto comentarlo, pero a su juicio, Elena era una mujer ardiente, eso de querer sólo una relación seria lo decían todas las mujeres, pero la carne siempre era más fuerte, si su tío no lo vio, también fue claro en decir que era su problema, miró su reloj de pulsera y decidió desayunar en el hotel, hoy hablaría con Elena.
Para Elena una de las ventajas de vivir en el lugar de trabajo, era sin duda que ante cualquier accidente con la ropa simplemente iba a su habitación y se cambiaba. Esa mañana había derramado accidentalmente café en su blusa, ya era la hora en que empezaban a llegar los clientes a desayunar, rápidamente tomó lo primero que encontró en el closet, un vestido color beige. Ella evitaba ponerse ese vestido porque a pesar de llegar debajo de la rodilla y no tener escote en los pechos; el color era bastante sugerente el corte del vestido permitía ver los hombros y parecía que su piel se unía al vestido, marcaba todas las curvas de Elena y daban una ilusión de desnudes, esto era el objetivo del vestido, pero Elena no podía evitar sentirse cohibida al usarlo.
— Dios, es tarde, será este el vestido —Se puso un collar de pequeñas perlas, obsequio de Sebasthian en su último cumpleaños, se acordó de él y se prometió llamarlo más tarde un poco de brillo labial, un poco de perfume y listo.
— Ah… los zapatos.
Se puso unos zapatos altos de color beige.
— Ahora si estoy lista.
Elena sale de su habitación cerrando la puerta rápidamente y se encuentra a Pablo, fresco como una lechuga y arrebatadoramente bello.
— Buenos días vecina, wow, eres toda una visión esta mañana.
— Buenos días Pablo, cómo amaneció —Lo decía por amabilidad, muy claro estaba que no quería conversar, Elena sintió una gran satisfacción de haberse puesto el vestido pecador, pero a fuerza de puro orgullo reprimió la sonrisa que pugnaba por salir, estaba decidida a que su trato sea solo profesional.
Elena le pasó por un lado al abrir las puertas del ascensor, y presionó el botón de planta baja, Pablo quedó junto a ella, en realidad muy cerca de ella.
— Amanecí muy bien gracias, aunque después de pasar por el entrenamiento de Brenda estoy bastante estropeado.
— Sí, así suelen dejar los entrenamientos con Brenda. Sauna y masaje y te sentirás mejor.
— ¿Es una proposición?, si lo es, acepto.
Elena enseguida retrocedió hasta la pared lo más alejada que pudo de Pablo, el roce con él le parecía magnético, jamás había sentido ganas de brincar encima a un hombre como lo sentía con él.
— Me refiero al servicio de Spa que ofrece el gimnasio —dijo Elena—, por supuesto ellos están calificados.
— Elena quiero disculparme —Elena lo miró desconcertada—, discúlpame por mi comportamiento la última vez que nos vimos, yo no siempre soy así de imbécil, solo que me cuesta ver buena intención en la gente. Me siento mal por haberte juzgado sin conocerte.
— No… no te preocupes todo el mundo creé que tengo una relación con Berni y como te dije, ya está olvidado —Pablo se acercó a ella y dijo en voz baja.
— No creo que pueda olvidar lo que pasó en tu oficina —Las puertas del ascensor se abrieron en la planta baja.
«Yo tampoco puedo olvidarlo» pensó Elena.
Ambos salieron del ascensor y se dirigieron hacia el restaurante.
— ¿Qué tal si comenzamos de nuevo?
Dijo Pablo con una sonrisa destinada a derretir cualquier negativa. Elena sonrió y no pudo evitarlo, llegaron al recibidor y Elena se puso detrás de la pequeña barra.
— No lo sé Pablo, ese día... —Elena pensó lo que le dijo Brenda y decidió dejarlo fluir— Sabes que, me parece justo comenzar de nuevo —dijo Elena sonriendo.
— Sal conmigo esta noche, es algo difícil que tengamos una cena en un mejor restaurante que este, escoge tú un lugar.
— Me encanta el cine.
Respondió Elena sonriendo, Pablo pensó que no había ido al cine con una conquista desde que era adolescente, sus relaciones comenzaban con sexo, una noche en un hotel, hasta en un restaurante con uno polvo rápido en el baño o en el auto, pero, «el cine, tenían 15 años o qué,».
por lo visto Elena era de citas y manitas.
— Tengo años que no voy al cine, dime ¿aún tienen la costumbre de arrojar cotufas a los asientos de adelante?
— Pues supongo que sí, aunque yo no hago eso, yo me las como todas, soy una obsesiva con las cotufas, puedo comer montones.
— Igual yo, entonces noche de película.
— Me parece muy bien, puedo comprar las entradas desde mi teléfono.
— No nada de eso, las normas de caballero no me permite dejarte comprar las entradas, yo me encargo.
— Está bien, pero la película la escogemos entre los dos.
— Trato hecho, qué te parece si ahora me alimentas, estoy muerto de hambre.
— ¡Oh! por Dios, y yo hablando como un loro, vamos te acompaño a una mesa.
— ¿Rompes muchas reglas si desayunas conmigo?
— ¿Cómo sabes que no desayune ya?
— Tengo que intentarlo, es que no me gusta comer solo.
— La verdad es que no he desayunado, pero no acostumbro comer aquí, lo hago con los empleados o en mi oficina, pero hoy haré una excepción y me sentaré contigo en una mesa.
— No tengo problemas en ir a tu oficina —Y el recuerdo brilló entre ellos como las luces de un tren que se acerca.
— No… no importa, «si vamos a mi oficina comer será lo que menos hagamos» —pensó Elena—, ven vamos a una mesa.
Se sentaron en la mesa que siempre usó Pablo, primero con Bernhard y luego con Dante, de inmediato llegó hasta ellos Germán el maître, le dio a Pablo la carta.
— Buenos días señor, señorita Elena. Veo que va a desayunar aquí ¿desea algo distinto para el desayuno?
— No Germán, comeré lo usual.
Pablo ordenó también.
— En verdad no me gusta comer sólo, por supuesto es consecuencia de mi crianza, mi mamá siempre nos hizo comer en la mesa y debíamos hablar todos, decía que era la mejor terapia.
— Me cae muy bien tu mamá, y obvio es muy sabia, de esa manera siempre se podía dar cuenta si algún hijo tenía un problema, buena estrategia, es mejor que tener a los hijos comiendo frente al televisor.
— Recuerdo que a Sebasthian le gustaba, pero yo siempre me quejaba porque quería comer viendo la televisión como la gente normal, así le decía, pero mi mamá, tú la verás muy tierna, pero esa señora es implacable.
— Yo comía siempre frente al televisor hasta que fui a vivir al orfanato, ahí todas comíamos en una larga mesa en el más profundo silencio, recuerdo que Brenda siempre tenía alguna travesura preparada, como un ratón muerto para hacer gritar alguna niña que se hubiera portado mal con alguna de nosotras.
— Creciste en un orfanato, lo siento, y yo hablando de mi familia.
— No te preocupes mis padres murieron en un accidente, quedé con mi abuela que era mi única pariente, ella estaba enferma y comenzó a llevarme para que fuera familiarizado con el orfanato y las hermanas, sabía que era necesario, poco tiempo después también murió, fui a vivir al orfanato, allí está mi familia sustituta.
— ¿Cómo llegaste a trabajar aquí con mi tío?, creo que él me dijo que estudiaste publicidad.
Elena enrojeció, llegó el incómodo momento en el que tenía que decir que estaba divorciada, «qué palabra tan fea» pensó.
— Elena, si es algo muy personal no tienes por qué decirme nada.
Elena quedó muy sorprendida con lo perspicaz que era Pablo, al notar su incomodidad.
— No es eso, conocí a Bernhard al comienzo de mi divorcio, yo quería apartarme del mundo de la publicidad y él me ofreció la gerencia del restaurante y desde entonces estoy aquí.
Pablo se quedó mirando a Elena mientras pensaba, que era una chica que creció en un orfanato y además era divorciada, que ya se puso el vestido blanco y estaba desengañada respecto al vivieron felices para siempre. Seguía sin ver la inocente criatura que veían su tío y Sebasthian, Germán trajo la comida, la colocó y se retiró discretamente.
— Lo logró señorita Elena, me dio la información general y me dejó más intrigado con respecto a usted.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







