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Capítulo 25 Isla Larga.

last update Data de publicação: 2021-05-19 01:25:05

   Llegaron a una casa sencilla con el color de las paredes descoloridas y un portón grande muy oxidado los recibieron unos perros ladrando al escuchar el sonido del Hummer, Dante se bajó y tocó la puerta, abrió la puerta un hombre mayor 

   — Luis como estas, viejito —dijo alegre Dante. 

   — Como está muchacho, cuanto tiempo sin visitarnos. 

   — Sí, más o menos, pero el buen hijo vuelve a casa,  vengo con unos amigos ¿Puedo guardar mi camioneta aquí? 

— Seguro pasen adelante, ya te abro el portón —Pablo y las chicas entraron a la casa mientras el anciano iba abrir el portón para Dante. 

   — Mijo esto no es una camioneta es un tanque. 

   — Casi, pero no es anfibio y no puedo llegar a Isla Larga en él. 

   — No se preocupe déjelo aquí, si quiere déjeme la llave para darle una vueltica. 

  — Estás loco viejo —dijo viniendo desde la casa Emma la esposa de Luis— madre santísima, si ni siquiera podrías montarte en esa cosa. 

   — Señora Emma, pero si esta igualita, es el clima de playa que la tiene tan bella. 

  

   — Muchacho lambiscón tiempo que no venias.

   — Si estoy en Valencia, paso por aquí. 

   — Vayan sin cuidado y diviértanse que este monstruo de camioneta queda seguro aquí. 

   Reunieron las cosas en una habitación que les dieron para poder cambiarse las chicas ya que el embarcadero estaba muy cerca, Belinda estaba muy incómoda, no quería irse en traje de baño, pero al pasar en peñero se iba a mojar la ropa, pero se amarró la grande toalla bajo los brazos que le cubría hasta debajo de las rodillas, se puso las chancletas de goma que tenía para bañarse. 

   — Te das cuenta Belinda, si me hubieras hecho caso tendrías unas lindas sandalias playeras. 

   — Y tendrían la misma función que estas, no te preocupes. 

  — Entonces vamos a divertirnos —Elena salió luciendo su traje de baño con el paño amarrado en las caderas no quería incomodar a la pareja de ancianos paseándose semidesnuda finalmente salieron de la casa rumbo al embarcadero que estaba a pocos metros dejando la camioneta y equipaje a buen recaudo, Pablo tomó a Elena de la mano y Dante y Belinda los seguían a poca distancia, al llegar al embarcadero contrataron un peñero que los llevaría hasta Isla Larga, Dante subió primero y ayudó a  subir a las chicas tomándolas de la mano, mientras Pablo ayudaba sosteniendo el peñero con una cuerda, el viaje fue muy corto a través de las azules y hermosas aguas caribeñas, llegaron a Isla Larga una bella isla de aguas calmas y cristalinas, muy cercana a la costa, en estas pequeñas islas consigues todo lo necesario para pasar un buen día de playa, comida, baños, muchos vendedores ambulantes, las lanchas y peñeros llegan a cada instante a los pequeños embarcaderos, ya que no se puede pasar la noche, los turistas salen y entran a cada hora del día, en el pequeño embarcadero, un cartel en tablas les daba la bienvenida y algunas personas disfrutando de un día de playa, contrataron unas sillas tumbonas de plástico en una churuata. 

— El agua se ve buenísima yo quiero meterme de una vez, Belinda vamos. 

    — Ahorita voy —dijo Belinda con las mejillas rojas como tomates maduros, pero había sol así que no se veía lo apenada que se sentía, Elena comenzó a echarse protector solar, Pablo la miraba. 

   — Ven Pablo para ponerte protector, eres muy blanco —dijo Elena acercándose a la silla de Pablo a echarle protector a Pablo en la espalda. 

   — Alguna queja, quizás no te gusten mis pecas. 

   — Me encantan tus pecas —le dijo Elena bajito solo para él. 

   — Y a mí me encantas toda tú —le dijo Pablo dándose la vuelta y halándola para que se sentara en sus piernas. 

    Dante se sintió incómodo y muy molesto al ver a Belinda sentada en su silla y agarrada a esa toalla enorme como si fuera un salvavidas en medio del océano, aunque Dante se enteró sorprendido que el traje de baño no era gris, era de un bonito amarillo cítrico ya que se le notaba una franja que pasaba por su nuca, pero no tenía curiosidad, después de todo ni siquiera creía que fuera a soltar esa toalla. 

   — Me voy a dar un chapuzón. 

   — Espera a echarte protector solar —dijo Elena amigable. 

   — Después me echo no hay tanto sol —se sacó la franelilla por la cabeza y la guindó en el techo que los resguardada del sol junto a un bolso pequeño que trajo y se fue hasta el agua. 

  — Voy a ver que encuentro para tomar —dijo Pablo—si quieren vayan a bañarse mientras tanto. 

   — Está bien —dijo Elena dándole un beso rápido y lo vio alejarse. 

   — Vamos Belinda —dijo Elena cuando estaba solas— yo sé lo que te encanta la playa, aquí no están los muchachos para que te de vergüenza, una vez que te hayas metido al agua te mimetizaras con las demás personas vamos. 

   — Está bien, es verdad me moría de vergüenza por quitarme la toalla delante de ellos. 

   — Tonta, si eres preciosa. 

   — No Elena, tu eres preciosa, yo soy exuberante. 

   — Estas diciendo que no soy sexi —le dijo mientras la hacía girar para echarle protector solar en la espalda. 

   — No claro que no, lo que quiero decir es que yo no soy bella, soy muy pálida y mi pelo no tiene color especifico, solo soy exuberante en los lugares que hacen pecar de pensamiento a los hombres. 

   — Eso no es malo. 

   — Ya hablas como Brenda. 

  — Sera que es contagioso, vamos chica que me quiero meter al agua —entraron corriendo como cuando eran niñas, echándose agua en la cara y gritando, Pablo las veía desde el restaurante, estaba sonriendo cuando Dante llegó junto a él. 

   — ¿Que ves? 

   — Ah… ¿Dónde estabas? 

   — Nade un poco ¿Y las chicas? 

   — En el agua —Pablo encargo fruit ponch para las chicas y cervezas para él y Dante, regresaron a la churuata. 

   — No puedo creer este día Pablo, con todas las locuras que hemos hecho desde que nos conocemos, que me arrastraras a la playa con una monjita, jamás creí este escenario posible. 

   — Puede que no te decepciones tanto después de todo, el día está empezando. 

   — Sí dame vacías esperanzas, perro desgraciado —Pablo se echó a reír, él había visto a las chicas cuando se metieron al agua y ya sabía que Belinda era despampanante, pero no quería decir nada a Dante, era muy divertido verlo molesto, llegaron las bebidas, Pablo tomó un trago de cerveza. 

   — ¿Te acuerdas de la llorona? —Dante casi se ahoga con la cerveza al echarse a reír. 

   — Creí que la estabas matando. 

   — Tú y todos los que estaban en un radio de un kilómetro. 

   — Quizás más, bueno era una chica apasionada. 

   — ¿Y cuándo me dejaste a pie después de descubrir que la chica que me tocaba ya la había conocido? 

   — Eso no vale no te quedaste desamparado, conseguiste compañía muy rápido, además no soy adivino, como iba a saber que ya la conocías. 

   — Según yo, todavía no estamos a mano. 

   — Oh claro que no, tú me debes una y muy grande. 

   — Quién sabe —Pablo se levantó y fue hacerle señas a las chicas para que vinieran a tomar las bebidas. Elena levantó un brazo en señal de que lo había visto. 

   

    — Pablo nos llama para que nos tomemos algo —dijo Elena a Belinda. 

    — Bueno llegó el momento en que me vean y piensen que tengo el cuerpo de una zorra y no el de una religiosa. 

    — Sabes que Belinda, me alegro mucho de que vengas a Caracas con Brenda y conmigo, tienes una extraña baja autoestima. 

    — Sé que exagero, pero estoy un poco nerviosa, el traje de baño es muy bonito, pero sigo sintiéndome incomoda. 

    — Aquí todo el mundo tiene traje de baño, nadie se fijará descaradamente en ti. 

   Ambas caminaron hacia la churuata, Elena al lado de Belinda para que no se cubriera con ella, Pablo y Dante estaban sentados cómodamente con los pies cruzados en las tumbonas. 

   — Oh mon Dieu (Oh Dios mío) —dijo Dante y

Pablo se rió disimuladamente. 

   — Sera que hay esperanza de que te lleve al cielo —dijo bajito Pablo. 

   — Mejor si la llevó a mi infierno —Dante susurró. 

   — El agua esta divina —dijo Elena sentándose en su tumbona sin secarse. Belinda, quiso pasar rápido hacia la toalla, pero Dante obstaculizaba el paso. 

   — Podrías alcanzarme la toalla por favor. 

   — Ah… disculpa, me acabas de dejar idiotizado ¿Qué le dan de comer en ese orfanato niñas? Belinda dio la vuelta más larga y agarró la toalla y se cubrió. 

   — De verdad, ahora estoy bastante interesado en dar un buen donativo. 

   — Espero que lo diga en broma, si va a colaborar con el orfanato es por una obra de caridad noble, no me gusta el tono de insinuación con el que habla. 

   — ¿Cómo logras pasar de sirena a tiburón? —Dante hizo muecas con las manos como haciendo una gran mordida. 

   — ¿Qué hay de beber? —preguntó Elena alegre para olvidar el momento. 

   — Fruit ponch, ¿te gusta? 

   — Sí —Elena bebió— sí esta rico, toma el tuyo Belinda, ella buscó el vaso y esta comenzó a tomar. 

   — Vamos al agua, tú no has entrado Pablo —dijo Elena entusiasmada. 

   Entraron todos al agua y pronto comenzaron a jugar como niños, cuando Elena propuso que jugaran a ver quién tumbaba más veces si ella o Belinda, luchando arriba de los hombros de ellos, Dante y Pablo pensaban que Belinda se negaría, pero descubrieron que Belinda no vio reparos, de hecho, era como una inocente niña en el cuerpo de una actriz porno, tenía un espíritu muy competitivo, así que cuando Elena dijo que Pablo y ella eran más altos que Belinda y Dante, pronto estuvo dispuesta. 

   — Que mientras más altos, más duro caen, además nosotros no somos pequeños, Pablo es tan alto como una casa y nosotros la vamos a demoler, verdad que sí genio arquitecto —Belinda dijo esto último dirigido a Dante. 

   — Pues empecemos tiburoncito —dijo Dante. 

   Las chicas forcejearon riendo, la primera vez Dante haciendo trampa le halo un pie a Pablo este al ver la intención de Dante se cayó pero no sin llevarse a Dante del brazo y se fueron los cuatro al agua, así que rieron y tragaron bastante agua, duraron así un rato. 

   — Tiburoncito vamos a ver el barco hundido, se ven muchos peces allí y dejamos un rato solos a los tortolos. 

   — Está bien, pero vamos para echarme protector —Belinda y Dante llegaron hasta la churuata, Belinda se secó y echó protector solar le dio el frasco de protector a Dante, este se echó en los brazos y en la cara. 

   — Ahora si hubiera un alma caritativa que me echara en la espalda. 

   — Está bien voltea —Belinda le echó el protector en la espalda, ya estaba un poco rojo y estaba caliente, Belinda sintió que le recorrió el calor que emanaba de él, ya había notado lo duro y fuerte que eran sus hombros y brazos, era la primera vez que tocaba a un hombre, mordió sus labios tratando de ocultar la sonrisa que se negaba a abandonar su cara, en un principio pensó que solo era flaco, pero al verlo en traje de baño y ver el abdomen cincelado y el caminito de bello oscuro desde el ombligo y que desaparecía detrás del traje de baño, y esos ojos que parecían casi dorados con el reflejo del sol y el agua, se regañaba así misma por pensamientos lujuriosos, pero Dante tenía magnetismo en cuanto a ella— ya está voltea para acomodar el de tu cara. 

   — Como no, ya me quieres manosear, es que yo lo sé, soy irresistible. 

   — Ahora no te acomodo y te dejo el pegote

   — Mentira, mentira… era un chiste tiburoncito acomódame. 

   Belinda comenzó acomodar las partes mal distribuidas alrededor de la nariz y en el mentón. 

   — Y no me digas así...  

   Belinda tardó un poco más de lo necesario, pero finalmente quitó sus manos, se sorprendió un poco cuando el hizo lo mismo y le acarició el rostro regándole la crema, no tuvo tiempo de decir nada, porque ya Dante había bajado las manos también, buscó una cámara fotográfica dentro del pequeño bolso. 

   — Vamos pues, le dijo Dante mientras le tomaba una foto con su cámara fotográfica. 

   — Pero si se moja se dañará. 

   — No, está la puedo meter al agua, hasta aguanta golpes, estará bien. 

   Belinda buscó la toalla y se lo amarró a la cintura. 

   — Tiburoncito ¿cómo harás con la toalla cuando te quieras meter al agua?

   —  ¿Cómo harás tú con la cámara?

   — Ya te dije se puede mojar, tu toalla no, deja eso, si alguien se mete contigo, le golpeo en la nariz. 

   — ¿Y por qué  se metería  alguien conmigo?, yo no voy a provocar a nadie. 

   — Estoy seguro que no apropósito, pero el que diga algo le diré: que te pasa porque ves así a mi novia

   — Ni soy tu novia, ni tendrás que defenderme si me cubro. 

   — Cobarde, pronto te darás cuenta que con la toalla llamaras más la atención. 

    — ¿Tú crees?, quizás sea verdad, la dejaré. 

***

FELIZ DE QUE ME ACOMPAÑEN EN MI HISTORIA, AL TERMINAR DE LEER ELENA DE LARSSON, NO TE PIERDAS LA HISTORIA DE BELINDA Y DANTE POR AQUÍ:

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