LOGINEn la sala Belinda no podía estar más incómoda con Dante.
— ¿Usted es amigo de Pablo desde hace mucho? —preguntó Belinda tratando de romper el momento incómodo.
— Sí desde la universidad, también somos socios.
— Es arquitecto también —Belinda notó que Dante se relajaba ya que se había incorporado en su silla mirando a Belinda a la cara con esos ojos inquietantes.
— Sí, y ¿tú eres monja; o estudias para monja?
— Quiero serlo, voy a tomar los hábitos, pero de hecho soy licenciada en Contabilidad, bueno recién me gradué.
— ¿Por qué quieres ser monja?; ¿Es verdad que sienten el llamado o algo así?
— Así lo describen, en mi caso yo llegué al orfanato muy pequeña, desde entonces quise ser monja, hoy en día aún quiero serlo, ¿Por qué quisiste tú ser arquitecto?
— Por llevarle la contraria a mi difunto padre, pero disculpa mi curiosidad no quieren las mujeres tener hijos, es por eso que las monjas deben sentir el llamado, debería ser diferente para ellas —dijo Dante contestando a la pregunta de ella muy rápido y volvió a intentar incomodarla.
— En el orfanato la mayoría de las niñas son huérfanas, ellas colman con creces el amor materno, y lamento escuchar que no se llevará bien con su papá —Dante se sorprendió ella le pagó con la misma moneda respondió claro y conciso y luego logró incomodarlo, nunca nadie se interesaba por él, por su manera irreverente, asumían que si el papá no se llevaba bien con él era porque se lo merecía.
— Qué… no te preocupes, murió hace varios años y bueno él jamás iba a sentirse conforme con mi desempeño, así que escogí una carrera que él consideraba inútil.
— Sin embargo, era la carrera que a usted le gustaba.
— Gustarme; es un trabajo, paga las cuentas y soy bueno en eso.
— Pero tampoco sintió el llamado.
— Quieres decir que no sentiste el llamado, interesante; me preguntó ¿Estarás tu llevándole la contraria a alguien al querer ser monja?
— No creo que sea el caso, lo que sí creo es que usted se engaña a sí mismo, si no le gustara su trabajo no fuera bueno en ello.
— Pues ser casi un puto genio me facilita el trabajo —dijo doblando una pierna sobre la otra.
— La vanidad es pecado, sabía.
— Ojalá fuera vanidad, tengo el coeficiente intelectual solo un poco más abajo de lo que se considera un genio.
— Entonces no lo lamente, Dios le dio un don, utilícelo para el bien, pero también debe hacer cosas que le gusten, que llenen su espíritu.
— De espíritu no sé nada, pero de hacer cosas que me gustan, eso es otra cosa.
La miró a la cara y Belinda sintió algo que nunca antes había sentido por un hombre que conociera, sintió como si sus ojos la traspasaran y la calentaran por dentro, pecado este hombre era lujuria andante, se sorprendió de no sentirse terriblemente asustada y cohibida, disfrutaba su compañía.
— Pues se acabó nuestro tema de conversación, ya que yo puedo saber algo de espiritualidad y nada de disfrutar.
— Estoy a la orden para enseñarte.
— Cuando estés dispuesto a que yo te guíe en un sendero espiritual —Dante se echó a reír.
— Touche —Belinda también se echó a reír—. Qué te parece si mientras los tortolos se ponen al día vamos guardando las maletas y eso.
Cuando Elena y Pablo salieron ya Belinda y Dante estaba junto a la puerta.
— Ya estamos listos, ya guardamos los bolsos, nos podemos ir —dijo Belinda, acostumbrada a la organización de personas poco dispuestas a colaborar.
— Sí vámonos que no se haga tarde, que las colas de vehículos son rudas —dijo Dante ya caminando hacia el Hummer.
Dante evitó la incomodidad de Belinda que no sabía dónde se sentaría, si adelante con él o atrás con Elena, cuando muy galantemente le abrió la puerta y le tomó la mano diciéndole.
— Mi lady su carrosa.
Al llegar Belinda junto a él le dijo bajito en tono conspirador —, dejemos a los tortolos atrás —y le guiño un ojo, Belinda sintió de nuevo el extraño calor por dentro, estaba segura de haberse sonrojado, trató de disimular.
— Santa Madre ¿Cómo voy a subirme a este aparato?
— Voltea —dijo Dante junto a ella.
— ¿Ah? —dijo mirándolo y sintió como se despegaba del piso con las manos de Dante en su cintura, no pudo evitar chillar mientras Dante la sentaba en el asiento y cerraba la puerta. Adentro Elena reía que al tener short no necesito de ayuda para estirar primero una pierna y luego la otra y subir sin problema.
— Pero que indigno, como si fuera una niña, que vergüenza.
— No como si fueras una niña, como si fueras una reina, relájate, vamos a divertirnos un rato, la compañía es buena y a partir de mañana mucho trabajo.
— Sí es verdad, no hay nada de malo en ir a la playa con amigos.
— Claro que no.
Mientras tanto Pablo y Dante hablaban afuera sin que las chicas escucharan.
— Eres un hijo de..., mira que arrastrarme a la playa con una monja, me la vas a pagar Pablo Larsson, ya verás.
— Pero bueno y cuando te has rajado frente a un desafío, que pasa, ese no es el Dante que yo conozco; aunque no tenía ni idea, cuando nos recibió y supe que era ella, pensé que ya era monja y que me ibas a matar —dijo Pablo riendo, su rostro estaba rojo porque se reía sin alzar la voz para que las chicas no escucharan, Pablo continuó —, pero no es monja todavía, así que no pasa nada.
— Sí lo que yo sé, es que tengo más posibilidades de estar de rodillas frente a un cura confesando pecados que en la cama con una mujer dispuesta, que pérdida de tiempo este fin de semana.
— Ya, no te hace daño estar de vez en cuando con una mujer que no se habrá de piernas al mirarla.
— Tú tranquilo, ve como me muero de sed en este desierto desde tu verde pradera —Pablo volvió a reír.
— Cuando iban llegando a El Palito había mucho tráfico, avanzaban muy lentamente, este es un espacio al llegar a Puerto Cabello llenó de comercios pequeños, en las aceras había mesas con caladeros en cocinas improvisadas, hacen y cocinan las empanadas y arepitas dulces, allí mismo, las personas se sientan en mesas plásticas para comer, hay locales de ropa playera, vendedores ambulantes, los carros tratando de pararse al lado de la acera, los fines de semanas y días de asueto, la espera era muy larga y muy lenta.
— Vamos Elena —dijo Pablo—, busquemos comida mientras Dante consigue donde estacionarse.
— Sí vamos así adelantamos —Pablo y Elena se bajaron y siguieron a pie por el hervidero de personas, tomados de la mano.
— Dante está un poco desconcertado con Belinda, la verdad, no me la imaginaba así.
— Ella es muy bonita, pero la idea de ser monja la ha tenido desde siempre.
— No si belleza no le falta, pero cuando la vi vestida de forma tan severa, casi ni lo creo y Dante, bueno me quiere matar.
Elena se echó a reír.
— Si me hubieras conocido a mí unos años atrás sin duda no me hubieses vuelto a mirar.
— Y eso ¿Por qué?
— Belinda se viste así porque quiere sentirse acorde con sus planes de ser religiosa, pero su exuberante figura no la ayuda, así que se tapa bajo vestidos anchos para disimular; yo por otro lado no me sabia vestir, la combinación de colores era algo desconocido para una chica miope y criada en un entorno severo, mi sentido de la moda era bastante patético.
— Descubriste la moda cuando dejaste el orfanato.
— No, para nada, era muy tímida, ya me había acostumbrado a no llamar la atención, fue cuando conocí a Berni que aprendí; no sé, a quererme más a mí misma, empecé a verme en el espejo.
— Mira Dante pudo pararse cerca —Otra vez su tío, lo mejor era no seguir indagando, Elena sí tenía historia con Bernhard, quizás una esperando por comenzar, su tío quizás no quisiera amarrase cuando la conoció, pero después podría querer quedarse con Elena, definitivamente muy incómodo, decidió recordar que después de que ellos vivieran su momento, no sería su problema.
Se sentaron en una mesa plástica a comer empanadas y maltas, pidieron unas arepitas dulces también, Pablo pagó la cuenta.
— Belinda vamos a esa tienda a comprar los trajes de baño.
En la tienda el problema fue mayor cuando descubrieron que no había trajes de baño entero para la talla de Belinda.
— No me importa, puedo llevar uno que me quede un poco grande.
— No Belinda no puedes usar un traje de baño grande, la primera ola te dejaría los pechos al aire.
— Y un short de hombre.
— Estás loca, ponte un traje de baño de 2 piezas y ya.
— No puedo, que pensaran de mí.
— Nada, vamos a la playa ni que vayas andar en topless, mal pensarían si te ven con un short de hombre.
— No lo sé.
— Anímate Belinda, yo te cuidaré y no dejaré que nadie te falte al respeto.
— Por favor Elena sabes que no es eso, no soy una niña, Brenda me enseñó defensa personal, soy perfectamente capaz de andar en la playa sin que nadie me moleste.
— Perfecto, ¿Qué te parece este amarillo?
— No creas que no distingo la manipulación, pero tienes razón es muy bonito este amarillo.
Elena escogió un lindo traje de baño estampado en naranja, azul celeste y algo de amarillo con dibujos hawaianos en el corpiño que era amarrado con finas tiras naranjas en la nuca y en la espalda, la parte delantera tapaba bien cada seno en forma de triángulos atados en el medio de ambos pechos en un pequeño aro del que colgaba un adorno de tela y pequeños aros plásticos azul celeste, el biquini era atado a cada lado de la cadera, el de Belinda tenía corpiño más tapado amarrado en la espalda con tiras amarillas y en la nuca se sujetaba por una amplia franja de tela unida a la parte delantera del corpiño que tenía en un pecho una mariposa de colores y en el otro pecho flores al igual estaba unido al centro por un pequeño aro del que colgaba el adorno en tela y pequeñas flores de plástico el biquini era igual al de Elena amarrado a cada lado de la cadera, Elena escogió dos sombreros de paja con flores que combinaban con cada traje de baño paños grandes para cada una.
— Belinda ven escoge unas sandalias y unos lentes de sol.
— No Elena estoy bien, ya el sombrero es excesivo, pero lo aceptaré porque es muy bonito.
— No seas tonta, ven y escoge.
— Ya terminaron señoritas —dijo Pablo alegre entrando a la tienda.
— Sí estamos listas, apúrate Elena se va hacer más tarde.
— Está bien Belinda —Elena se dirigía a la caja a pagar, pero ya la chica de caja tenía la tarjeta de crédito de Pablo en las manos y una sonrisa coqueta en los labios, Elena puso los ojos en blanco, será que no se aburrían los Larsson de ir dejando mujeres babeadas a su paso.
— Yo iba a pagar por los trajes de baño —le dijo Elena en voz baja a Pablo.
— Pero ya yo los pagué, yo las invité, déjame hacer de caballero andante.
Elena le sonrió, seguramente con la misma cara de tonta que las chicas de la tienda, en eso entró Dante a la pequeña tienda.
— Pero y todavía vestidas, se nos hace tarde.
— Ya compramos, tenemos puesto los trajes de baño de bajo de la ropa —Dante vio a Elena, que se le notaba el nudo naranja en la nuca, prefirió no imaginar cómo sería el traje de baño de Belinda de seguro gris.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







