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Máscaras

Autor: MuSubi GR
last update Data de publicação: 2022-03-15 06:57:22

Dante no podía evitar ir detrás de ella, era como una sirena que lo estaba llamando, se fue quitando su camisa lentamente hasta dejarla caer al suelo, siguió con su cinturón y pantalones que también hicieron una bolita en el suelo, los zapatos habían desaparecido cuando hablo con Santino; abrió la puerta siguiendo el canto que lo llamaba, vio su silueta a través de la cortina que lo separa, de solo pensar que está ahí desnuda sin él su miembro protestó con anheló de reclamarla, estar dentro de ella, dónde es su nuevo hogar. Sin pensar más hace un lado la cortina entrando viendo por completo el cuerpo de su Bianca, esta tan hermosa que quisiera detener el tiempo ahí para que nunca se separarán, ella le sonríe al verlo, ahí tan imponente que puede intimidar a cualquier menos a ella. Él se acerca sin ninguna prisa, sin quitar los ojos de ella, le da gracia a la vida por tenerla, por ser el mejor regalo de su vida. 

—Me encantas,— su grande mano comienza a recorrer lentamente su espalda mojada, llega hasta su nalga y le un apretón haciendo que Bianca suelte un gemido— eres como mi droga, que necesito mi sangre para ser feliz, para vivir, para estar completo— su otra mano acaricia lentamente su mejilla, ella cierra los ojos disfrutando, moviendo su rostro como un gatito que recibe atención, su dedo pulgar acaricia sus labios, su mano viaja de su nalga a la otra para acercarla a su cuerpo, se acerca poco a poco hasta apoderarse de su labios, el agua comienza a caer por su cuerpo que ya está igual que ella mojado. Ella le rodea el cuello con sus brazos, acariciando su cabello, su  fuerte espalda— estoy para complacerte cara mía— deja sus labios para ir besando su cara hasta su oído  dónde le susurra al oído— solo dime qué quieres, y yo lo haré sin protestar— ella sonríe por su declaración, al tenerlo tan cerca su piel le reclama su atención, y sin decir nada aún sus labios van a su cuello que comienza a besar dejando un camino hasta su pecho, ella bajo besando todo su cuerpo, si quería complacerla sería que ella hiciera con su cuerpo lo que quisiera, su mano bajo hasta su duro miembro y lo acarició de arriba a bajo, escucho con el soltó un gruñido por su caricia, y su mano se apoyo en la pared del baño, al verlo como estaba disfrutando con su caricia se pone de puntillas y le susurra al oído

—Hazme tuya, hazme estar en la gloria— y sin decir más da un pequeño brinco rodeando su cadera con sus piernas. Dante la sostiene de sus muslos para que no se separe de él, más bien da un paso adelante pegándola contra la pared sin dejar de besar sus labios, aprieta con fuerza su muslo cuando baja un poco haciendo un impulso para entrar en ella, ella se queda sin aliento cuando siente su primera embestida— ¡por dios!—  se abraza con fuerza a su cuerpo sintiendo una oleada de placer por su cuerpo, su miembro está tocando un punto que la llena, con cada embestida es una ola tras otra, sus uñas se clavan en su espalda por la fuerza de su orgasmo que está por venir, gime en su oído. Para Dante esa es la mejor música, por primera vez desea que ella sea la que disfrute, que tenga en mejor placer de su vida, quiere ser el mejor amante de todos, todo a desapercibido solamente están ellos en el baño, el moviendo sus caderas arriba y a bajo— ¡Dante!— le grita sintiendo el primer orgasmo, el gruñe al derramar su semilla en ella, siente como sus piernas tiemblan pero resiste aún no ha terminado con ella— Gracias por sanar este corazón— siente su labios sobre su hombro— gracias por volver hacer creer en el amor, te amo— a los ojos, el sonríe y su pecho está lleno de orgullo por sus palabras, ella era la que había devuelto su corazón a la vida, con su ternura, su calidez, su fuerza, porque ella no era como otras, ella era única, ella había sobrevivido al igual que él y luchaba cada día por seguir adelante. 

—Te amaré lentamente, te adorare porque eres mi diosa— sus labios siguieron un camino por su cuello hasta sus pechos, ella se arqueó dejando que el pudiera besar sus pechos, sintió como su lengua jugaba con su pezón, y de nuevo comenzó a embestirla con fuerza, le encantaba escucharla gritar, sus gemidos. Ella aprieta con fuerza su cabello, sintiendo sus labios sobre su pecho, de nuevo la estaba llevando al cielo, sus pensamientos estaban solamente en él, sintiendo el movimiento circular de su cadera cada vez que entraba,— tu eres mi todo, tu eres mi vida, sin ti mi corazón no podría seguir,—Bianca se conmueve con sus palabras, siente con su pecho se inflamaba de amor por ese hombre, él al verla feliz,  satisfecha y sonrojada— mírame Bianca— le ordena quiere ver el cielo en sus ojos—mírame— ella obedece mirándolo directamente al sentir de nuevo su embestida entrando más en ella, de nuevo siente como se derrama en su interior al igual que siente su jugos de ella bañando su miembro, siente como ella tiembla en sus brazos, sonríen de satisfacción.

—Eres un sinvergüenza, pero me gustó que entraras a la ducha conmigo— el no deja de sonreír y se acerca a besar sus labios hinchados, ella disfruta el beso que le promete que ahí no parará.

—Oye este pescado está delicioso— al salir del baño, Ágata había llegado con la comida y la había servido en la sala continúa de la habitación, Dante le había dado una de sus batas que le quedaban enormes las mangas había tenido que amarrarlas un poco para que le dejara hacer sus cosas, no puede evitar sonreír al verla como una niña pequeña sentada en su regazo,

—Si, es la especialidad de Ágata— tomo un poco del puré que acompañaba el pescado con sus dedos y lo llevo a sus labios, ella lo tomo pero sin dejar de besar su dedos, haciendo estragos en el cuerpo de Dante, que su masculinidad brinco de deseó, Dante la imagino tomando su miembro con esa pequeña boca— ¿sabes que vamos hacer?— Bianca miró sus ojos ámbar llenos de deseo, sonrió, era claro que terminarían en la cama

—Salir a pasear en las góndolas bajo la luna y escuchando los cantos— Dante soltó una risita, sabía que estaba jugando, porque ella podía leer perfectamente sus ojos y ellos decían otra cosa

—No, vamos a ir a la cama y te besaré lentamente todo el cuerpo hasta que me pidas que entre de nuevo en tí— Bianca de solo pensarlo su feminidad hormigueo por sus palabras y de solo imaginarlo besando sus labios. Dante sonrió al ver su reacción, tal como a él le había afectado— si quieres cara mía quedarte aquí conmigo— descubrió su cuello un poco para poder besarlo, por dios tenía su perfume sobre su piel, era suya, totalmente suya, su mano se metió entre la bata para ir a tomar uno de sus pechos— quieres querida

—Si.

El sonido de los tambores la despertó agudizó su oído escuchando, mucha algarabía, risas y la música que acompañaba a las personas; se estira sintiendo el cuerpo fuerte de Dante detrás de ella, su grande mano está sobre su cadera y la otra está debajo de su cabeza. La curiosidad hace que quiera levantarse para ver qué sucede por los canales de Venecia, toma su mano y lentamente la quita de su cadera, lo mira no quiere despertarlo ahora que lo ve tranquilo durmiendo, durante el viaje había tenido pesadillas, de hecho había hablado algo que ella no había entendido bien. Al verse libre se levanta caminando a la pequeña ventana sin importar que está desnuda, retira un poco la cortina mirando el canal lleno de góndolas con varias personas y todas con trajes del siglo XVII y máscaras de diferentes formas y colores, nunca había estado en un carnaval y le dan ganas de salir e ir, sería un hermoso recuerdo que tendría con él; voltea a la cama para ver a Dante aún durmiendo pero no es así, está sentado en la cama mirándola con una sonrisa cargada de deseó— ¿quieres ir?— ella asiente sin pensar mucho, si llevaban una máscara nadie sabría que estaba en medio de ellos

—¿Pero como vamos a conseguir una máscara?— el sonrió por su inocente pregunta, se levantó sin importar cubrir tampoco su desnudes. Llega a un enorme ropero que estaba potrado en la pared, Bianca lo siguió con la mirada curiosa; Dante no hace ningún esfuerzo al alcanzar una puerta que está en la parte superior, de ahí saca una caja blanca, la bajo y la lleva hasta la cama, Bianca como niña pequeña se acercó para abrirla, en el interior se encuentra con dos máscaras una de mujer y la otra de hombre— son hermosas, ¿De quién son?

—Eran de mi abuela y mi abuelo— tomo la de mujer de color blanca con tres enorme plumas de diferentes colores, tenía dorado alrededor de los ojos y pintada una flor— con ellas podemos ir

—Si, pero no tengo que ponerme— Dante sonrió eso no era problema— ¿No me digas que tienes vestidos ahí guardados?

—No, pero tal vez Ágata pueda ayudarnos— se levantó buscando la bata que estaba en el suelo junto a la mesa donde estaban los platos de la comida, salió en busca de la mujer, Bianca sonrió mirando la máscara gris, era para Dante, sus dos grandes plumas negras le daban un toque elegante, acarició la forma de la boca que tenía una sonrisa, era más sencilla pero elegante, no tardó mucho cuando entro Dante con un vestido color turquesa que tenía integrado un corsé, junto con un traje negro— listo si quieres te ayudo a vestir— se acercó besando su cuello, ella soltó una risita si lo dejaba no saldrían de esa habitación

—No ahora sí yo puedo solita— tomo el vestido, fue al baño donde había dejado su ropa íntima, Dante se puso el traje mirando la puerta, era la mujer de sus sueños, era la mujer por la que daría su vida para mantenerla segura, si tenía que ir a derramar sangre solo para mantenerla a su lado lo haría, no le importaría morir sabiendo que ella estuviera bien— ¿Cómo me veo?— se quedó sin palabras, era la mujer más hermosa de la tierra, en su cabello se había hecho una trenza que le quedaba como una corona, y su maquillaje era discreto pero resaltaba su belleza natural

—Hermosa, bella, eres…— se había quedado sin palabras, ella sonrió al ver su balbuceo, 

—Ayúdame con el corsé— se acercó dándole la espalda, hace un lado su cabello suelto para dejar que Dante sujete bien las cintas— amor puedo hablar con Pía— Dante sonríe por la primera palabra, si le decía así con cada oración le diría que si, carraspea para ordenar sus ideas, si era su amiga, y sin querer recordó a su madre que de seguro estaba preocupada por no saber dónde estaba su hija, que se había fugado con un total desconocido para ella

—Si, hasta puedes hablar con tu hermano y mamá pero a ninguno le dirás dónde estás y no de tu teléfono— como le diría que su lo había dejado en el auto, pero no podía arriesgarse a que dieran con ellos. Bianca voltio a verlo con el ceño fruncido—lo siento tu teléfono se ha quedado en el auto, lo hago para que no nos encuentren— se defendió al ver su molestia, pero era razonable si se habían ido para que ella no tuviera que casarse 

—Esta bien, con que nos vamos a comunicar— Dante saco el suyo y se lo dio— gracias amor…

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