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Paseó

Autor: MuSubi GR
last update Fecha de publicación: 2022-04-16 10:04:19

Habían pasado los días y aún no podía acostumbrase a estar con Sandro de nuevo, ni mucho menos en esa casa que si era hermosa pero sentía que era otra prisión, por lo menos ahí si la dejaban salir al jardín y los viñedos pero siempre iba seguida por algunos de los hombres que su padre había contratado, según Sandro por su seguridad, pero era mucha gente, muchos hombres cubriendo casi toda la casa, era como si temiera que alguien pudiera entrar por algo muy valioso. ¿Pero que?

Cada tercer día Petra le llevaba las flores para que hiciera los arreglos y los pusiera frente de las pequeñas urnas de madera, gracias a Sandro que había ordenado que cuando entrará a la capilla la dejarán sola era que descansaba y bueno cuando estaba dentro de la casa, eran los momentos que podía respirar sin tener a ninguno de esos hombres detrás de ella. En la capilla duraba al menos dos horas rezando por ellos. Al terminar antes de salir sintió como un aire golpeaba su rostro, y no era la primera vez pero había visto alrededor y no había encontrado la fuente de dónde pudiera venir, de nuevo lo sintió. Con una sonrisa miro a la puerta que estaba cerrada era la oportunidad para averiguar de dónde se colaba ese aire, camino hasta la parte de atrás del altar y ahí estaba una pequeña puerta, estaba por abrirla cuando escucho que estaban por abrir la puerta de madera, regreso a su lugar no quería que nadie supiera su nuevo descubrimiento

—Cariño aquí estás— entro Sandro con un ramo de flores en su mano. Caminaba con una enorme sonrisa hasta que llegó junto a ella

—¿Y esas flores?— le pregunto mirando las rosas que no eran su flor preferida no se podía negar las hermosas que eran

—Son para ti— se las entrego en su mano— quiero conquistarte de nuevo, quiero que nunca muera tu amor por mí— acarició su mejilla— y quiero celebrar contigo que tenemos un nuevo vino— Bianca recibió el ramo, y las contempló sin escuchar a Sandro, y mirando las encontró una pequeña nota de color azul, estaba muy abajo que dudaba que Sandro la hubiera puesto ahí— como ves que el nuevo vino se llamará como tú quieras— la abrazo cuando se sentó junto a ella y le dio un beso en la mejilla

—Pero yo no sé de eso— dijo guardando la nota en la bolsa de su pantalón— como puedo escoger el nombre de un vino

—No de cualquier vino, sino el primero desde que lo tenemos— levanto las cejas — piensa que esto será un nuevo comienzo, será nuestro vino de amor no te gusta

—Si, está bien voy a pensar en algo— llevo una de las rosas rojas a su nariz para percibir su aroma— vamos por un jarrón para ponerlo en agua— se levantó y camino junto a él por el pequeño pasillo de la capilla. Al salir a lo lejos miro la carretera, ya la había notado antes y sabia por Petra que llegaba a un pueblo. Mirando la luz que un auto emitía por el sol que le pegaba sintió ganas de ir a verlo, si era su nuevo hogar quería conocer más de ese lugar, quería caminar aquellas calles— ¿Quiero ir al pueblo?— Sandro disimuló muy rápido su asombro y su resistencia, ¿Por qué no la dejaba sola?, Porque era claro que sí no estaba con él, siempre tenía alguien vigilando. Sonrió mirando el viñedo

—Lo siento cariño pero por orden del médico no puedes salir de aquí— no podía creer lo que estaba escuchando, 

—¿Qué estas diciendo?— comenzó a sentir como un calor ascendía por su cuerpo, ya estaba harta de seguir de nuevo en una prisión, que la dejaban salir a dar un paseó ahí alrededor solamente, ella simplemente quería dar una vuelta— ¿Por qué no puedo?

—Son las órdenes del médico, si no nunca te hubiera dejado salir de la clínica— le devolvió las flores y comenzó a caminar molesta a la casa pero al ir llegando se topo que Jaime estaba lavando el auto y sin pensarlo nada subió al auto y cerro la puerta con seguro— Bianca baja de ese auto

—No, yo quiero ir al pueblo— se cruzó de brazos, no iba a bajarse del auto hasta que la llevarán al pueblo cercano

—Por favor cariño todo esto lo estamos haciendo por tu bien, baja del auto— ella no se movió ni un centímetro, si tenía que permanecer en ese auto todo el día lo haría— el doctor dijo que era mejor mantener en un lugar lejano, que si estabas en lugares concurridos podrías sufrir una crisis

—Yo quiero salir, ya me cansé de ver lo mismo aquí— a parte que estaba cansada de cada lugar que iba dentro de la propiedad la seguía uno de esos hombres— me llevas Jaime o no nunca salgo de aquí— Sandro miro al chófer indicándole que no moviera ningún músculo de dónde estaba

—Por favor Bianca escúchame, yo también he querido llevarte al pueblo por qué es un lugar muy hermoso pero no es posible aún— respiro hondo tratando de calmar su molestia al ver la actitud de niña en Bianca, estaba sentada haciendo un berrinche— cariño sabes que siempre busco tu bienestar por favor baja y hablemos 

—No quiero, ya dije que quiero ir al pueblo— miraba solamente al frente, Sandro no volvería a envolverla con sus palabras, como no era el que estaba prisionero no se quejaba.

—Señor si me permite opinar, será mejor que llevemos a la señora a dar una vuelta— Sandro lo voltio a verlo con una mirada dura, estaba perdiendo la paciencia con Bianca y sentía como le temblaban las manos,— le prometo que la voy a cuidar en todo momento— miro el perfil de Bianca, estaba claro que no ganaría está partida, miro a uno de los de seguridad

—Tu irás con ellos siguiéndolos y Petra acompaña a la señora— soltó un soplido, al final había ganado ella— pero si tienes una crisis, no me culpes si regresas a la clínica— Bianca sonrió se había salido con la suya, Sandro miro a Jaime— si le pasa algo tú serás el único responsable

—Si señor no se preocupe, yo asumo las consecuencias— se puso el saco y subió al auto, miro a Bianca por el espejo retrovisor y le guiño un ojo, espero solamente un momento para que Petra subiera al auto— nos vamos señora Marchetti— ella asintió con una enorme sonrisa…

Bianca caminaba por la plaza principal, era pequeña con ocho árboles que la rodeaban, estaba al frente de la pequeña iglesia del lugar con una arquitectura moderna, sin saber por que sentía la necesidad de entrar, camino despacio hasta atravesar la pequeña puerta de madera, el lugar estaba totalmente vacío y estaba sintiendo la paz que hace días no sentía, camino hasta las bancas que estaba adelante y contempló el altar que tenía en el centro un cristo, si pensar metió las manos en las bolsas de los pantalones, sintió la pequeña nota verde que había visto en el arreglo de rosas. Miro a Petra que se había quedado un poco atrás, tenía la oportunidad de leer lo que decía la pequeña nota…

“Tu eres mi mitad sin ti solo tengo media alma”

Bianca leyó varias veces las palabras ahí escritas, ¿quien le había mandado esa nota?, no dejo de leerlas hasta que las memorizo en su cabeza y en su corazón que latía con fuerza, pensó en Sandro poniendo esa pequeña tarjeta entre las rosas pero esa imagen nunca apareció, él no era de los hombres que tuvieran esos detalles, de hecho lo de las flores le había sorprendido, durante el noviazgo antes de la boda solamente una vez le había llevado una flor, sonrió tal vez estaba cambiando. 

Salió de la iglesia mirando calle abajo un grupo de comerciantes que gritaban llamando la atención de las personas que iban pasando,— ¿Qué hay ahí?

—Un bazar que se pone cada sábado señora— le respondió Petra. Bianca sin dudarlo camino calle abajo quería ver qué vendían, aunque sabía que no llevaba ni una moneda o billete en su bolsa— señora no deberíamos ir hay mucha gente, y el señor dijo que puede sufrir una…

—No va pasar nada— le sonrió para darle confianza— yo quiero ir, no salí solamente por cinco minutos, quiero ver lo más posible—  yo quiero ir,— miro al hombre de negro que las seguían muy cerca sin apartar la vista— además traemos a un perrito faldero.

Siguieron hasta los puesto al ir llegando pudo notar ya algunas cosas, entre ellas algunos jarrones antiguos, muñecas de porcelana, ya estando más cerca miro en una mesa varias cajas con libros, sin tener ninguna manifestación de una pizca de ansiedad se internó entre la gente que miraba cada puesto con entusiasmo, al igual que ella, se acercó a una de las cajas que tenía varios libros de poesía, cuando iba a tomar uno chocó su mano con una mano fuerte que también iba tomar el mismo libro— lo siento— dijo al levantar la vista y encontrarse con unos ojos color ámbar que le sonreía, no pudo evitar mirarlo era evidente que era más alto que ella, su cabello rubio caía sobre su frente, y sus lentes lo habían ver un intelectual

—No se preocupe picolla— su voz gruesa y con ese acento Italiano hizo que sus piernas se doblarán— tome el libro usted

—No, yo puedo escoger otro— el hombre sonrió al escuchar su acento italiano

—Veo que también es de Italia— ella sonrió, un mechón de su cabello cayó sobre su rostro así que lo recogió atrás de su oreja

—Si, soy de Italia— le tendió la mano— Bianca Pal…— se detuvo, ya no podía usar el apellido de soltera— Bianca Marchetti mucho gusto y usted

—Yo Luca Vitali— Bianca abrió los ojos, ese nombre Luca hizo que su corazón hiciera un brinco en su pecho— soy de la Toscana italiana mucho gusto 

—Que gusto haberlo encontrado aquí, no sabe cuánto extraño mi país— bajo la vista, más que nada lo que extrañaba era ser Bianca Palmieri

—¿Tiene mucho fuera de Italia?— le pregunto sin dejarla de verla, 

—Realmente no sé, llegué aquí por un tratamiento…— se detuvo como era que le estaba contando todo así de fácil a un desconocido— no sabe cuánto deseo volver

—¿Y porque no lo hace?— Bianca comenzó a caminar mirando más cosas que le había llamado su atención, Luca no perdió la oportunidad para caminar a su lado

—Por que el tratamiento no lo permite— tomo entre sus manos un colgante que tenía una letra 

—Perdón mi pregunta ¿Qué enfermedad tiene?— ella sonrió, estaba hablando de más con un hombre que acaba de conocer

—Hace cinco años quedé en coma, mi esposo y mi papá me trajeron aquí para un tratamiento que logro que despertara— dejo el colgante, dando otros dos pasos miro un anillo con una extraña piedra— pero aún no puedo volver, el médico no lo autoriza

—Oh ya veo— llevo sus manos atrás de su espalda— espero de corazón que se mejore, y que pronto vuelva a casa picolla, debe tener familia que la espere— sus palabras hicieron recordar a Valente y a su madre que estaban en unas urnas 

—En Italia nadie me espera— soltó un suspiro lleno de tristeza— mi esposo está aquí junto a mi, y mi padre ya casi vive aquí en España— sintió la mano de Petra sobre su hombro

—Señora tenemos que irnos— le dijo al oído, Bianca asintió, su libertad había acabado

—Lo siento me tengo que ir— le extendió la mano— espero verlo de nuevo— Luca llevo su mano a su labios

—Yo también querida picolla, yo también— la soltó poco a poco. Bianca sintió la calidez de sus labios sobre el dorso de su mano, u sintió de nuevo un calor la invadía pero éste era otro tipo de calor. 

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Último capítulo

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