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¿Quién anda ahí?

Autor: MuSubi GR
last update Data de publicação: 2022-04-21 09:02:22

Bianca caminaba por los viñedos, respirando el aire fresco, por primera vez en días no se sentía presa, por qué ese viñedo se había vuelto una cárcel, en que la única presa era ella. Siempre teniendo a uno de los hombres de Sandro atrás o al mismo Sandro sentía que no podía respirar, que se ahogaba en esa casa.  Al salir por la pequeña puerta de la capilla había pensado en ir al pueblo nuevo, ir sola, y caminar hasta que los pies se cansarán pero el tiempo no daba para más, no quería que Sandro descubriera esa pequeña puerta, no que ahora mismo había burlado a uno de sus hombres para salir corriendo por el viñedo, sabía que tenía que volver pero quería disfrutar más del aire que llenaba sus pulmones, tenía que planear muy bien las cosas si quería escaparse unas horas, primero tendría que ser casi de inmediato después de entrará en la capilla y los hombres de Sandro creyeran que permanecía adentro, era una oportunidad, una opción para intentar ir al pueblo en algún día que agarrara el valor, estaba convencida que el absurdo tratamiento que le había dicho Sandro era solamente algo para mantenerla ahí encerrada, le había dicho que estar rodeada de varias personas desconocidas le provocaría una crisis, pero no sucedió nada, todo salió perfectamente, hasta había hablado con algunas personas del bazar después de hablar con el italiano hizo que su corazón brincara como no lo hacía desde que despertó, si realmente amaba a Sandro porque no sentía esa emoción al tenerlo cerca, sonrió también la había llevado de vuelta a su país. Al regresar Sandro le había preguntado cómo le había ido, y simplemente había dicho  que todo fue muy bien, y no supo porque pero omitió decirle que conversó con un hombre italiano, como dijo que se llamaba, así Luca Vitali, era un hombre guapo y sus ojos color ámbar habían sido lo que más le había llamado la atención. Después se fue a la habitación, sabía que si le preguntaba a Petra, ella tal vez le diría de ese encuentro pero no fue así, Sandro confío en su palabra. Observó el lugar sabía perfectamente que ya tenía que volver pero ver la carretera deseó seguirla y ver a dónde la llevaba, por última vez respiro sintiendo el aire que llenaba sus pulmones, comenzó a bajar caminando tranquilamente, cuando sintió un mareo, sintió que podía caer en cualquier momento, respiro tratando de controlar su malestar, se llevó la mano a la cabeza, tal vez había hecho mucho esfuerzo, respiro cerrando los ojos y consiguió que desapareciera el malestar. No iba a correr solamente caminar más deprisa, tenía que estar en capilla antes que Sandro volviera a dónde fuera, y no debía descubrir que había salido de la capilla sin el gorila que estaba cuidándola. El camino de regreso fue más rápido, aunque le hubiera gustado correr pero el mareo le había indicado que debía tomar precauciones, se detuvo un momento a ver un racimo de uvas que se le antojaron, se acercó a tomar una, y la mordió sintiendo el dulce y la dureza de la cubierta, cerro los ojos disfrutando el fresco de la uva, de pronto escucho como un paso, de inmediato abrió los ojos buscando quien había provocado el sonido, dio media vuelta esperando encontrar a uno de los hombres que andaban rodeando la casa pero no había nadie, estaba ella sola, pero no era verdad ella podía sentir que la observaban, sentía una mirada intensa sobre ella, comenzó a caminar a dónde había escuchado el tronido de la rama romperse— ¿Quién está ahí?— pregunto pero nadie contestó, siguió caminando pero se tuvo en seco cuando escucho como venía entrando un auto, debía ser Sandro, desistió de su búsqueda y comenzó a trotar hasta la capilla,  miro el camino y se encontró con un taxi que venía entrando, tenía que acelerar su trote, comenzó a correr más rápido mirando el camino de entrada viendo cada vez más cerca el taxi de la entrada, no entendía si tenía a Jaime porque no se lo llevaba si ella no podía salir de ese viñedo sin su autorización, estaba muy cerca de la capilla, sonrió lo estaba logrando pero la sonrisa se borró al sentir que alguien la venía siguiendo, alguien venía detrás de ella corriendo, miro al camino el taxi estaba cada vez más cerca, miro detrás y no venía nadie pero no podía evitar sentir es presencia, esa mirada intensa. Si era fuera uno de los hombres de Sandro de seguro le iría con el chisme, buscaría esa pequeña puerta que era su escape de unos minutos de libertad, tenía que entrar y ocultarla bien, si ese decía algo ella lo negaría, pero no le quitarían esa pequeña libertad que tenía con esa puerta. Estaba a nada y aún Sandro no se baja del vehículo, ella entro a la capilla por la pequeña puerta, la cerro y corrió a dónde se supone debía estar, respiro varias veces tratando de calmar su agitación, sentía la adrenalina correr por todo su cuerpo. Respiro logrando controlar su respiración cuando escucho que la puerta de madera se abría, cerro los ojos y escucho los pasos de Sandro que se acercaban;

—Mi amor no estás cansada— escucho la voz de Sandro a su espalda más cerca, pero no sé movió, respiro más calmada logrando disimular su agitación, sintió su mano en su hombro y su labios cerca de su oído— mi amor— ella siguió con los ojos cerrados, quería que creyera que se había quedado ahí dormida— amor…— su mano la agitó un poco, pero ella no despertó, seguiría con su simulación— querida te has quedado dormida— sintió como se sentaba a un lado suyo, su brazo le rodeaba y la atraía a su cuerpo, sintió sus labios en la frente— te ves tan hermosa, quisiera que volviera a quererme, se que en el pasado hice muchas cosas que te dañaron pero quisiera que me dieras la oportunidad de demostrarte que soy otro, que merece tu amor, quisiera que dejarás que yo te amará, que formemos una familia con…— sintió como su mano tocaba su vientre pero se quedó callado cuando la voz de la asistente lo interrumpió;

—¡Señor le tengo una noticia!— dijo con una gran emoción, para Bianca fue molestó que ella llegará a interrumpir, quería escuchar lo que le estaba diciendo Sandro, desde que despertó del coma estás palabras le sonaba por primera vez sinceras; Sandro retiro la mano de estómago solamente la mantuvo abrazada a él.

—Estoy ocupado no sé da cuenta— Bianca no podía ver su cara pero estaba segura que estaba molesto por la intromisión de ella. Sintió como su mano le acariciaba el brazo de arriba a bajo, se movió un poco ya no podía seguir fingiendo estar dormida así que poco a poco fue abriendo los ojos,— ahora vallase en seguida iré a ver lo que me quiere mostrar

—Lo siento señor— escucho la voz de pena de la mujer, y escuchó como se iba de la capilla, tal vez con vergüenza por haber interrumpido algo, y sí no había dejado que Sandro terminará de hablar. Fingió en su voz algo de pereza

—Me quedé dormida— movió la cabeza de un lado a otro y se estiro un poco, fingiendo que tenía algo de malestar en su espalda y en su cuello por quedar dormida en una mala posición, fijo la vista en Sandro que le sonreía— ¿cuanto tiempo tienes aquí?— se talló los ojos y noto su frente que estaba sudando, por dios esperaba que no comenzará a sospechar lo que realmente había hecho. Escuchó la voz de Sandro con una sonrisa, era claro que creía que se había quedado ahí dormida.

—Voy casi llegando— Sandro se acercó a darle un beso en los labios— pero no quise despertarte porque te vez como un ángel— Bianca sonrió aceptando el cumplido de Sandro

—Un ángel todo desaliñado— dijo ya un poco más despierta

—No nada de eso, eres el ángel más hermoso que me ha dado Dios— tomo su rostro entre sus manos y le beso castamente los labios— ya es hora de ir a comer vamos— la tomo de la mano y juntos se levantaron de la banca de madera— por cierto te tengo una sorpresa.

—¿Qué es?— sonrió pensando que pudiera decirle que volvían a Italia

—El fin de semana vamos a tener un pequeño cóctel— Bianca se desilusiono al escuchar eso, pero pensando sería una pequeña fiesta, tendría un momento de socializar, de conversar con alguien más, del tema sería cualquiera como lo había hecho con el hombre del bazar— pero solamente vas estar conmigo en la presentación del vino, sabes bien que no puedes estar entre tantas personas

—Pero el otro día que fui al pueblo cercano estuve en medio de un bazar y no me pasó nada— junto sus manos y se detuvo en medio de la capilla— por favor que sea por más tiempo, si siento que comienzo con una crisis te juro que me retiro— Sandro la vio con su rostro que hacía un pequeño puchero, era tan bella que no podía negarse, cerró los ojos y soltando un suspiro

—Esta bien— tomo su mano— vas estar conmigo, pero en el momento que sientas ansiedad por estar entre las personas entras a la casa, y tomas la gotas que te mando el doctor me lo prometes— Bianca levantó la mano derecha prometiendo

—Si, te lo prometo, gracias— por la felicidad se colgó de du cuello, Sandro la rodeó con sus brazos la cintura y se acercó a besarla, primero dulcemente pero poco a poco su necesidad de estar con ella comenzó hacer que la intensidad del beso fuera más intenso. De pronto se escuchó como caía una piedra detrás del altar junto con un maldición.

—¿Quién anda ahí?...

****

Dante había entrado por la parte más baja de la cerca del lado sur del viñedo, ya se había comunicado con Alfonzo, y este le había asegurado que las cámaras de esa zona estaban apagadas, al ir caminando por el lugar la brisa le trajo el perfume de Bianca, su olor nunca lo podría olvidar porque lo tenía impregnado en él, siguió su perfume y la vio que iba caminando un poco aprisa, como quería ir en ese momento por ella, y sacarla de ahí, sería tan fácil solo que aún no tenían listo el avión para irse de ahí de inmediato, y no tenía mucho tiempo además la manera que Alfonzo lo haría entrar sería buena, enfrente de las narices de Sandro se la llevarían, miro como tomaba la uva y la llevaba a sus labios, esos labios que le pedían a gritos que los besará, pero el sonido del motor del taxi la hizo salir corriendo de nuevo a la capilla, el memorizo el camino había ido a investigar una ruta de escape aunque eso le tocaba a Valente que estaba todos los días adentro. Llegó por la pequeña puerta por dónde ella había entrado, y entró quería tener un poco más de tiempo mirándola, lo que nunca imagino que vería sería a Sandro besándola, apretó con fuerza su mano queriendo ir a partirle el rostro por estar besando a Bianca, y lo peor fue cuando ella lo abrazo y lo beso, ya no podía seguir ahí soportando que Bianca lo besará, ella era suya, con furia golpeó una piedra que tenía cerca y soltó una maldición que se escuchó en toda la capilla...

—¿Quién anda ahí?

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