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Capítulo 3

Author: Cocojam
Hoy era el aniversario de la muerte de mi madre.

Me encontraba sola frente al monumento de piedra en el terreno sagrado de nuestra familia, vestida con un largo vestido negro.

El nombre de mi madre estaba grabado en la lápida: «Marian Moonstone».

Habían pasado cinco años desde su muerte, pero aún podía escuchar sus últimas palabras.

«Elara, debes recordar que eres el futuro de la manada Moonstone. Liam siempre te protegerá».

Gardenias blancas, su flor favorita, se mecían con la brisa de la mañana, impregnando de su tenue aroma el aire.

Allí esperé durante dos horas completas, pero Liam nunca llegó.

Mi padre envió una corona conmemorativa. ¿Pero Liam? ¿Dónde estaba?

Saqué mi teléfono y marqué su número.

La primera vez, no respondió.

La segunda vez, no respondió.

La tercera vez, tampoco.

Mi mano empezó a temblar y la rabia ardió en mi pecho.

La cuarta vez que llamé, alguien finalmente contestó.

Pero no era la voz de Liam.

—Liam está conmigo —la voz de Dahlia estaba cargada de sueño—. Me está ayudando con mi nuevo perrito. El pobrecito está enfermo y estamos muy preocupados…

En ese instante, la sangre se me heló.

Hoy era el aniversario de la muerte de mi madre. ¿Y mi hermano, el que juró que siempre me protegería, estaba con otra mujer, llevando a su mascota al veterinario?

No dije una sola palabra. Simplemente colgué. Luego bloqueé el número de Liam y cerré nuestro vínculo mental.

No quería volver a escuchar ninguna de sus excusas.

Las lágrimas corrieron por mi rostro durante todo el trayecto de regreso a casa.

«Madre, si tu espíritu estuviera viendo esto, ¿qué pensarías? La devoción que le pediste a Liam… la ha entregado toda a una extraña. Y en el día en que debemos honrarte, eligió estar con otra persona».

Cuando regresé a la residencia, escuché risas y voces alegres desde la sala.

Empujé la puerta y vi una escena que destrozó mi corazón.

Kael y Liam estaban reunidos alrededor de Dahlia, con los rostros radiantes de orgullo.

Había un trofeo dorado reluciente reposando sobre la mesa de centro.

—¡Nuestra pequeña genio ha vuelto a poner en alto el nombre de la manada! —dijo Liam, levantando una copa de champán—. ¡El premio «Estratega del Año» de la Cumbre Anual de los Lobos! ¡Es el mayor honor!

Kael levantó la propuesta de negocio ganadora y la agitó triunfante.

—Deberías aprender de Dahlia, Elara —se burló, al notar por fin mi presencia—. No tiene nada, salvo talento puro y determinación. A diferencia de algunas personas que solo viven del nombre de su familia.

Mis ojos cayeron sobre la propuesta, y me quedé paralizada.

El título en la portada, la estructura de la idea central, la forma en que estaban construidos los modelos de datos… Era mi propuesta. Aquella en la que había volcado noches sin dormir. Mi sangre, sudor y lágrimas… habían sido robados y reclamados como suyos.

—¡Esa es mi propuesta!

Temblé de rabia y me lancé hacia los papeles.

—¡Dahlia, te robaste mi trabajo!

Antes de que mi mano siquiera pudiera tocarlos, una aplastante ola de poder Alfa me golpeó.

Kael había liberado toda su fuerza, y el impacto me alcanzó como una marea devastadora.

No pude resistirlo y caí al suelo.

El mármol frío era implacable, y un dolor agudo atravesó mi codo al golpearme contra él.

Kael protegió a Dahlia detrás de él, con los ojos llenos de ira y desprecio.

—Elara, ¿dices que ella robó tu propuesta? ¿Dónde están tus pruebas? —preguntó, con una voz cortante como el hielo—. Sin pruebas, solo es difamación. ¿De verdad has caído tan bajo?

Miré desesperadamente a Liam, esperando que dijera algo.

Él lo sabía. Sabía que yo había estado trabajando en esto.

Pero Liam se apartó, evitando mi mirada.

Miró al suelo, incapaz de verme a la cara.

—¡Liam! —logré decir pronunciar, ahogándome—. Diles. Tú sabes que es mía. ¡Sabes que trabajé en esto durante meses!

El rostro de Liam estaba pálido. Sus labios se movieron, pero no salió ninguna palabra.

—Yo… no lo sé… —balbuceó—. Tal vez sea una coincidencia…

—¿Una coincidencia? —lo miré, con el corazón haciéndoseme pedazos—. ¿Con tantas similitudes, lo llamas coincidencia?

Protegida por Kael, Dahlia comenzó a llorar.

—Yo no robé nada… solo usé mis propias ideas… ¿Por qué la Luna siempre tiene que atacarme así?

Sus lágrimas caían como perlas perfectas, haciéndola parecer aún más lamentable.

El corazón de Kael se volcó hacia ella y le acarició la espalda para consolarla.

—No llores, Dahlia. Yo te creo.

Se giró hacia mí, y todo el amor que alguna vez me tuvo ahora se había convertido en ira y decepción.

—Elara, me has decepcionado más allá de las palabras. Primero armas una escena en la fiesta. Ahora estás difamando a un miembro de la manada. ¿Qué tan bajo puedes caer, Elara?

Arrodillada en el suelo frío, los miré a los tres.

Mi compañero destinado, mi hermano de sangre y la Omega que me había arrebatado todo. Estaban juntos, como una familia completa. Y yo era la extraña. La que no encajaba.

Sin embargo, justo en ese momento, mis ojos captaron algo en la muñeca de Dahlia.

Era un brazalete, tejido con hilo de plata y colmillos de lobo.

La delicada artesanía, el patrón único, el pequeño dije en forma de corazón…

Mi corazón se detuvo.

Eso era lo único que mi madre me había dejado. El brazalete que simbolizaba el vínculo eterno entre una madre y su cachorra.

Mi voz fue un susurro desgarrado.

—Liam… ¡¿cómo pudiste darle el brazalete que mamá me dejó a mí?!

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