LOGINGuardó silencio durante unos segundos, parpadeando con incredulidad. Luego estalló en una carcajada, lo que avivó aún más la furia de Reem y la hizo arder de rabia. Incluso volvió a secarse el cabello con la toalla mientras continuaba caminando hasta llegar frente al espejo.
"Querida, no estoy de humor para bromas... Me muero de sueño." Su cuerpo se estremeció durante una fracción de segundo cuando una lámpara pequeña salió disparada por un golpe violento y chocó contra el espejo que tenía delante. Los fragmentos de vidrio cayeron a sus pies. Su sonrisa desapareció por completo, reemplazada por el ceño fruncido y la preocupación. "Reem... ¿qué estás haciendo?" Ella no se había movido ni un centímetro. Respiraba entrecortadamente y su pecho subía y bajaba con violencia, mientras sus ojos brillantes por las lágrimas ardían de rabia. "Reem, cálmate primero y habla conmigo... ¿Qué ha ocurrido exactamente?" Ella soltó una risa cargada de dolor y sarcasmo mientras negaba con la cabeza. "¿Quieres que me calme? ¿Después de todo lo que has hecho?" "¿Y qué he hecho?" Él se aseguró de no responder a aquella tormenta con otra tormenta. La calma y la paciencia eran la mejor opción. Reem se acercó, pisando con el tacón de su zapato los cristales rotos sin mostrar el menor cuidado, y levantó un dedo frente a su rostro. "¿Crees que soy estúpida? ¿Que voy a creer que no sabes nada de esto? Pensabas que eras muy bueno ocultándolo. Siempre has sido bueno en eso en el pasado, especialmente cuando se trataba de mujeres." Guardó silencio durante unos segundos y luego continuó con un tono cargado de significado: "Esa mirada ya la he visto antes y, por mi ingenuidad, la creí... Pero no volverá a suceder, especialmente después de que ella misma viniera a contarme que me has traicionado. Si me hubieras dicho que querías casarte para tener hijos, no me habría opuesto. Pero ¿por qué una traición...?" El pasado que ambos habían enterrado volvía a salir a la superficie. Mazen no se enfadó por sus acusaciones. Le dolía que ella todavía cargara con aquel miedo. "Reem, mírame. Créeme, de verdad no entiendo nada." Ella apartó inmediatamente su mano de su rostro y retrocedió. "No me toques." Él se detuvo y retiró lentamente la mano. "Está bien, no te tocaré. Solo escúchame. Te juro que no sé quién es esa mujer, qué te ha dicho ni de qué hijos estás hablando." Suspiró lentamente. "Sí, cometí errores en el pasado, pero eso quedó atrás. Pagué por mis errores y sé que te hice suficiente daño como para que dudes de mí. Pero no permitiré que creas que he vuelto a ser aquel hombre sin escucharme primero." Ella lo miró durante largo rato. Le creía. Pero recordó que no quería que aquella noche terminara con una reconciliación. Retrocedió. "No tengo fuerzas para escuchar nuevas excusas." Se detuvo junto a la puerta y, con cierta vacilación, dijo: "Lo extraño, Mazen, es que durante todos estos años temí volver a vivir la misma pesadilla. Jamás imaginé que tú harías que fuera todavía peor." Entonces dejó sobre la mesa junto a la puerta una gruesa carpeta blanca que había llevado consigo desde el principio. "No olvides preocuparte por tu hijo. Él no tiene la culpa de que su padre sea un traidor y un mentiroso... ni de que haya traicionado a su madre." ❈-❈-❈ Habían pasado dos días completos desde aquella noche. Dos días de silencio. Reem no había provocado otra discusión, no había repetido sus acusaciones, no había exigido explicaciones ni le había dado oportunidad de defenderse. En cambio, había elegido un castigo mucho más cruel... La indiferencia. Cerró la puerta de su habitación y se negó a salir salvo cuando era estrictamente necesario. Tampoco hablaba con él cuando estaba presente. Incluso sus comidas comenzaron a ser llevadas a su habitación por la empleada. Al principio intentó hablar con ella. Llamó a su puerta una y otra vez, pero solo recibió la misma frase: "No quiero escuchar otra mentira." En la mañana del tercer día, Mazen estaba sentado en su despacho de la sede de la empresa, frente a su enorme escritorio. Tenía varios documentos delante esperando su firma, pero sus ojos no conseguían concentrarse en una sola palabra. Por primera vez en muchos años, había perdido su capacidad para separar su vida profesional de su vida personal. Hacía girar el bolígrafo entre los dedos, con la mente atrapada en un solo nombre... "Asia." La mujer que había aparecido de la nada y había dejado tras de sí un volcán que todavía no se había calmado. No temía tanto conocer la verdad como ignorarla; permanecer impotente, atrapado bajo una acusación para la que no tenía explicación. Unos golpes en la puerta interrumpieron el torrente de sus pensamientos. "Adelante." Entró su ayudante de confianza, Nader. Se acercó para saludarlo respetuosamente y luego abrió frente a él una carpeta negra. "Todo lo que me pidió sobre la joven está aquí, con todos los detalles, señor." Sus ojos permanecieron fijos en la carpeta durante largos segundos, sin tocarla. ❈-❈-❈Se despidió de Salma en la puerta del edificio antes de que ella se marchara en su automóvil, acordando encontrarse por la tarde para visitar a la doctora.En su interior, aquello le provocó una sonrisa amarga.En lugar de sus constantes salidas con su amiga para distraerse, ahora tenían un único motivo para salir...La doctora.Mientras subía las escaleras, con la mente ocupada intentando analizar lógicamente lo ocurrido durante el encuentro de aquel día, se cruzó con el señor Hamdy, su vecino, que acababa de entrar.Él la recibió con una amplia sonrisa que dejó al descubierto sus dientes irregulares.La saludó con una efusividad exagerada, extendiendo la mano:—Señorita Asia, ¿cómo está? Espero que todo vaya bien.No tenía energía para aquello.Le estrechó la mano rápidamente, intentando poner fin a la conversación y marcharse, pero él la prolongó al interponerse en su camino con una pregunta llena de curiosidad:—¿Todo está bien?... Desde hace semanas noto que estás pálida y cansad
Mazen llegó a casa menos de veinte minutos después.Aunque el trayecto no había sido largo, sintió como si cada semáforo se hubiera empeñado deliberadamente en detenerlo.En cuanto entró en la casa, encontró a la empleada de pie junto a las escaleras, con el rostro tenso.Le preguntó rápidamente:—¿Cómo está ahora?—El médico está con ella, señor.No esperó más.Subió las escaleras a toda prisa hasta llegar al ala privada de ambos. Sin embargo, en lugar de entrar en su dormitorio compartido, se dirigió hacia otra habitación al final del ala, una habitación que ella había convertido en su propio refugio, lejos de él, desde su última discusión.La puerta estaba entreabierta y desde el interior llegaba la voz del médico mientras le daba instrucciones.Empujó suavemente la puerta y se acercó a ellos.Ella estaba recostada sobre la cama, apoyada en varias almohadas detrás de la espalda. Su rostro estaba ligeramente pálido y sus ojos enrojecidos, como si hubiera llorado antes de que él lleg
La frialdad que había cubierto sus facciones desapareció, reemplazada por algo mucho más peligroso... una preocupación intensa y repentina. Se levantó de su asiento de golpe, haciendo que la silla rechinara con fuerza contra el suelo.—¿Ha perdido el conocimiento?La secretaria negó rápidamente con la cabeza.—No, señor. Pero lleva vomitando desde esta mañana y tiene la presión arterial muy baja.Tomó el teléfono y las llaves en un solo movimiento rápido. Ni siquiera parecía recordar que Asia seguía dentro de la habitación, como si todo lo que había ocupado su mente unos segundos antes hubiera desaparecido de repente.—Avísame cuando llegue el médico.—Por supuesto.Se dirigió hacia la puerta con grandes zancadas, pero se detuvo por un instante y giró medio cuerpo hacia Asia.—Continuaremos esta conversación más tarde.Después, simplemente se marchó.La puerta se cerró tras él, y Asia permaneció sentada en su lugar durante largos segundos, completamente inmóvil.Había reunido el valor
—Asia, cálmate... por favor, no te pasará nada.Salma aún la sostenía entre sus brazos desde que habían regresado hacía apenas unos minutos. Le acariciaba suavemente la espalda, mientras el cuerpo de Asia temblaba por completo, como si intentara encogerse dentro de sí misma hasta desaparecer por completo. Sus sollozos eran entrecortados y su voz salió rota mientras se aferraba a la ropa de su amiga:—No lo entiendes... Él no es como nosotros, Salma. Tiene una influencia y un poder enormes. ¿No fueron esas tus palabras antes?Soltó un sollozo entrecortado y añadió:—Se llevará a mi hijo... Estoy segura.Sus últimas palabras temblaron, mientras rodeaba su vientre con ambos brazos temblorosos, ofreciéndole una protección que ella misma necesitaba. Salma suspiró profundamente y se sentó a su lado en el borde de la cama. Luego tomó su mano con firmeza, aunque con delicadeza.—Escúchame bien, Asia... No podemos afrontar esto de esta manera.Asia negó rápidamente con la cabeza, interrumpiénd
"La doctora te llamó esta mañana. ¿Te estás preparando para ir a verla?" La madre de Asia lo preguntó cuando entró en su habitación a mediodía y la encontró vestida, preparándose para salir de casa. Asia guardó sus cosas dentro de su bolso, bastante grande. "No... Voy a pedir una licencia en el trabajo." "¿Qué? ¿Una licencia? ¿Y quién nos mantendrá? ¿Te has vuelto loca?" Asia se enderezó y la miró con dureza. "Todavía no... Pero no te preocupes, es bastante probable que termine volviéndome loca en medio de esta farsa que estoy viviendo. ¿Qué esperas? ¿Que siga trabajando con normalidad y aparezca frente a todos con el vientre abultado de la noche a la mañana?" "¿Buscarás otro trabajo? El alquiler se retrasará por segunda vez, hija. No quiero presionarte, pero no sé qué nos espera." Se colgó el bolso al hombro y besó rápidamente la cabeza de su madre. "No te preocupes, encontraré una solución. Salma ya ha empezado a buscarme otro trabajo. Adiós, nos vemos más tarde." Salió r
Guardó silencio durante unos segundos, parpadeando con incredulidad. Luego estalló en una carcajada, lo que avivó aún más la furia de Reem y la hizo arder de rabia. Incluso volvió a secarse el cabello con la toalla mientras continuaba caminando hasta llegar frente al espejo. "Querida, no estoy de humor para bromas... Me muero de sueño." Su cuerpo se estremeció durante una fracción de segundo cuando una lámpara pequeña salió disparada por un golpe violento y chocó contra el espejo que tenía delante. Los fragmentos de vidrio cayeron a sus pies. Su sonrisa desapareció por completo, reemplazada por el ceño fruncido y la preocupación. "Reem... ¿qué estás haciendo?" Ella no se había movido ni un centímetro. Respiraba entrecortadamente y su pecho subía y bajaba con violencia, mientras sus ojos brillantes por las lágrimas ardían de rabia. "Reem, cálmate primero y habla conmigo... ¿Qué ha ocurrido exactamente?" Ella soltó una risa cargada de dolor y sarcasmo mientras negaba con la cabez







