ログイン-¿Confías en mí?-Confío en tí.Elio se alejó de ella. Por un momento, Jazmín pensó que se iría, que eso sería todo.-Voy a quitarme la playera y vuelvo a tí ¿Está bien?- Dijo para calmarla. -E-Está bien- respondió la joven, acercándose al borde de la cama, observando en silencio como un niño concentrado en su lección.No es que Jazmín no haya visto un torso desnudo antes en su vida, había visto muchos, de todo tipo. Pero con Elio era distinto, realmente quería ver su cuerpo.Sintió su rostro calentarse cuando su amado se quitó la prenda y se quedó allí parado en silencio, como si esperase alguna negativa. Jazmín se mordió el labio y contempló tímidamente el torso que tenía en frente. Se veía suave, pero también marcado y varonil. Era hermoso, quería deslizar sus yemas por su piel, sentirlo, como si temiera que no fuera real.-P-Puedes tocarme, si quieres…- habló en la tenue luz de la habitación.El silencio no era incómodo, más bien era pesado y lleno de lujuria, y Jazmín se odio por
El tiempo pasa muy rápido cuando se es feliz. Por eso, la vida es cruel. Porque los momentos felices se escurren entre los dedos y se escapan cruelmente ganándole la carrera al tiempo. Jazmín podía estar segura de ello. Los días en su cuativerio bajo la correa de Fox se habían sentido una tortuosa eternidad, lo mismo había sucedido en casa de sus padres. Pero lo peor de todo había sido pasar su embarazado mudándose de casa en casa, soportando los dolorosos síntomas sin que nadie se preocupara por ella. Los nueve meses se habían sentido como años. Jazmín miró el almanaque que colgaba a un costado de su escritorio y comprobó, como si no lo pudiera creer aún, que habían pasado tres años de aquel día en que su vida cambió para siempre. Aquel día de invierno cuando vio por primera vez aquellos ojos negros que la miraban como si existiera, como si mereciera ser vista, ser amada, ser cuidada. Sonrió frente a su diario íntimo, iluminado por la tenue luz de su lámpara amarilla. Sentarse c
“P-Puedes q-quedarte si quieres”Fueron palabras suficientes para que Elio tomara una frazada y la usara de colchón para dormir en el suelo al lado de la cama de su amada, cuidando su sueño y el de su bebé, atento a cualquier pesadilla nocturna o llanto de la niña.Dormir en la cama no era una opción. Aunque moría por hundirse en las sábanas sosteniendola entre sus brazos y contra su pecho. No quería avanzar tan rápido. Necesitaba dar pasos pequeños pero seguros, para que Jazmín confiara en él. Moriría si alguna vez la hacía sentir que era igual a todos los hombres de su pasado. No, él jamás haría algo para dañar a la hermosa criatura.-Descansa Jaz…Yo voy a estar aquí, por cualquier cosa.Desde el suelo, Elio no podía verla. Pero sí podía sentir que su respiración se calmaba hasta quedarse dormida. Las respiraciones pausadas y constantes fueron música para sus oídos.Por primera vez en semanas, Elio durmió sin preocupaciones y con una sonrisa en el rostro.—Meri estaba feliz de no
El sol del nuevo día era intenso lejos de la ciudad, sin edificios ni fábricas que taparan sus rayos. La mañana era perfecta, sin nubes en el cielo y una suave brisa de otoño que lo terminó de despabilar. No es que hubiera dormido mucho por la noche, apenas había logrado conciliar el sueño pensando en su esposo y en si lo volvería a verlo alguna vez o debería comenzar a recordarlo como el hombre de su vida que le había dado dos hermosos hijos.¿Cómo le iba a explicar a sus hijos que su padre jamás iba a regresar?Ya de por sí había sido difícil convencerlos de dormir sin su beso de despedida, quien normalmente los arropaba, les contaba algún cuento que se le ocurría en el momento y se mantenía al borde de sus camas hasta que quedaron profundamente dormidos.Meri podía ser una buena madre, siempre atenta a todas las necesidades de su familia, pero era Adriel quien siempre le daba color a sus vidas, con sus ocurrencias espontáneas, con su torpeza innata y su hermosa sonrisa de hoyuelos
-¡Bájame!- Chilló Jazmín mientras era arrastrada fuera de la habitación sobre el hombro del hombre.Adriel la ignoró, más concentrado en salir de allí y vigilar a los hombres que estaban ocupando el largo pasillo. Ninguno de ellos los detuvo en su huida, pero aún así no podía confiar ciegamente a que no lo atacaran por la espalda. Fox ya los había traicionado una vez, podía hacerlo dos.-¡Que me bajes!-No esperaba que la joven hundiera toda su dentadura en su hombro. Su cuerpo recibió una descarga de dolor que lo detuvo de golpe y lo hizo encorvarse hacia adelante, la herida en su cabeza no ayudó a soportar la mordida y mantenerse estabilizado.Jazmín aprovechó que se acercó más al suelo para forcejear y finalmente caer sentada, rebotando sobre su trasero. Dispuesta a volver a la habitación y rescatar a Elio, dio media vuelta, pero no pudo avanzar ni centímetro cuando fue agarrada con fuerza del brazo. Frustrada, se volteó hacia atrás para seguir protestando, pero el rostro de Adriel
Era como si todos sus sentidos se hubieran unificado en uno. Como si su cuerpo estuviese conectado a una cuerda invisible que sostenía todas sus extremidades, que rodeaba su cuello como una correa y terminaba en la mano de Fox.Con cada palabra del hombre, se ajustaba más, ahorcándola, paralizándola. Y aunque su mente luchaba por alejarse de él y esconderse detrás de Elio, no podía moverse.Todo su pasado, aquel que había escondido con recelo en los cajones más alejados de su mente, se abrió de golpe, rompiendo los candados, recordándole que nunca se habían ido y que ahora deseaban volver otra vez, pero con más fuerza.La risa divertida y satisfecha de Fox se coló en cada célula de su cuerpo y lo estremeció, enviándolo a aquella habitación pequeña que había sido todo su mundo durante años. Donde era solo un muñeco de placer, una criatura hermosa que merecía ser dañada por seres que disfrutaban de verla sufrir.Con el tiempo había aprendido a aceptar el dolor, el sometimiento y los des







