MasukCapítulo 46. El silencio de un santuario, roto por un desquiciado.Catalina no se fue por las ramas, y el jefe de seguridad sonrió tenebroso al darse cuenta de aquello.- Conoces perfectamente el protocolo de la reja principal. Nadie ingresa a esta residencia sin una convalidación directa de Sebastián o mía. ¿Quién te ordenó abrir esa puerta a las dos de la mañana? –El jefe de seguridad dio un paso corto hacia el frente, acortando la distancia de una manera física que encendió todas las alarmas en el pecho de la joven madre.- Yo no la deje ingresar, señora... hice la consulta de rutina por la radio, y cuando recibí la confirmación la deje entrar... – intentó mentir el traidor, pero sus dedos presionaron la funda de su arma con más fuerza.Antes de que Catalina pudiera responder o exigir el desarme del empleado, el parpadeo intermitente de unos faros a través de la reja principal llamó la atención de la diseñadora, quien esperaba que sea su esposo el que regrese a casa para aclarar l
Capítulo 45. ¿Por qué dejaste entrar a Marion?Sebastian observó el número de su esposa en la pantalla, con una fijeza peligrosa en la mirada. Las camionetas que estaban con él devoraban la carretera a una velocidad salvaje, abriéndose paso entre la densa neblina típica de la madrugada en esa parte de la ciudad.Los nudillos del magnate se tornaron blancos alrededor del dispositivo. El rugido del motor reflejaba perfectamente la furia posesiva que le quemaba el pecho.Al otro lado de la línea el tono de llamada se escuchó una, dos, tres veces antes de pasar directamente al buzón de Catalina. - ¡Maldición! – rugió Sebastián, golpeando el interior de la cabina como un trueno.En la habitación principal el teléfono de Catalina vibraba en silencio sobre las sábanas de seda en una cama vacía. Ella se encontraba abajo, en el inmenso vestíbulo de mármol, intentando disipar la agitación que la visita de Marion le había dejado en el cuerpo.Ajena por completo a la llamada de su esposo, Catali
Capítulo 44. Una carrera llena de desesperación.Adriano más consciente de la realidad extendió sus manos con una rigidez aristocrática, permitiendo que los guardias le colocaran las esposas sin poner resistencia física.Sin embargo, antes de ser arrastrado hacia la parte posterior de la patrulla principal, el anciano se detuvo en seco, giró su rostro canoso hacia Sebastián y una chispa de revelación letal y odio puro iluminó sus pupilas opacas.- Crees que ganaste el juego, Sebastian – le gritó el anciano con una frialdad macabra, que terminó por tensar el ambiente.- Crees que por meter al padre de tus hijos a la cárcel y confirmar la adopción exprés de los niños Miller, has blindado tu santuario familiar – un brillo peligroso se asomó en los ojos del magnate.- ¿Qué pasa... ahora te acuerdas de que has dejado a tu familia sola en la mansión...? – una risa tortuosa se escuchó mientras se alejaba.- Deténganse un momento – gritó ahora Sebastian. Los policías lo hicieron, nadie quería
Capítulo 43. La interrupción del destino.Catalina fastidiada de escuchar las tonterías de su ex amiga, se dio media vuelta cansada. Sabía que Sebastian necesitaba tiempo, se lo había pedido a su asistente, lo que no entendía era el por qué el hombre de confianza de Sebastian había dejado ingresar a Marion a la mansión.El costoso y penetrante aroma a jazmines de la diseñadora inundó las fosas nasales de su ex amiga cuando se disponía a irse.- Tu no me liberaste de nada, mujer – le respondió Catalina con un tono ronco y seco que congeló el ambiente.- Tu solo querías todo lo que yo poseía, sin importarte nada. Tu egoísmo y tus inseguridades solo me quitaron de encima a un títere superficial que nunca valió la pena... –- ¡Tú...! – la señalo Marion furiosa.- Quieres que te agradezca por eso... bien, gracias por eso, porque me permitiste cruzar el mundo y convertirme en la persona que ahora tienes al frente. Yo si pude construir una fortuna tan inmensa, que reduce el apellido Montalva
Capítulo 42. El umbral de las traiciones y una espera que desespera.Si Felipe y Adriano eran capturados en ese aeropuerto privado esa misma noche por la policía, el juicio penal se aceleraría de forma brutal, y el viejo Adriano no tendría la oportunidad de ejecutar ese "trabajo de sangre" para destruir al magnate en los tribunales.En su lógica retorcida, la supervivencia de Sebastián significaba que Catalina seguiría blindada bajo el manto protector de su esposo, destruyendo por completo la oportunidad de aparecer como su único salvador.- No puedo dejar que las cosas sigan así... – susurró para si mismo, mirando la pantalla bloqueada de su portátil. Él necesitaba hacer algo para obligar a Catalina a considerarlo en su vida una necesidad.Mauricio guardó el disco duro en el interior de su chaqueta con un brillo peligroso en la mirada. Su rostro había palidecido por la rabia acumulada de ver su red de obsesión resquebrajarse ante la incompetencia de los que consideraba sus aliados.S
Capítulo 41. El fracaso de un oscuro plan.Antes de que Felipe pudiera articular una sola palabra en medio de su estupor, Marion tomó las llaves de su auto, se dio media vuelta y salió del departamento dando un portazo salvaje.La furia y el despecho mutaron de inmediato en una sed incontrolable de venganza. Ella no iba a permitir quedarse en la ruina absoluta mientras los dos hombres Montalvan huían con los últimos millones del consorcio.Caminó a paso apresurado por la acera fría de la capital, quitarle las llaves del auto fue lo mejor que pudo hacer, aunque eso no iba a detener a Felipe de escapar, pero al menos podía ganar tiempo mientras pensaba que hacer...En ese momento sacó su teléfono y marcó un número confidencial que mantenía guardado en su agenda personal... no era la policía, tampoco la fiscalía... menos el abogado que había demostrado estar encantado con el regreso de Catalina, ella se comunicó directamente con la oficina central de Ferruso Corp. exigiendo hablar con el







