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129: FIN DE SEMANA

last update Data de publicação: 2026-09-14 09:33:21

Me acerqué a ella y percibí cierta vacilación en su mirada, pero no dije nada. Le cogí la mano y nos dirigimos hacia la casa.

—Como ahora vienes acompañado, he pedido que prepararan la mejor suite para vosotros —dijo Marcus mientras caminábamos.

—No hacía falta que te preocuparas.

—Claro que hacía falta. No puedo dejar pasar por alto la gran hazaña de que hayas venido acompañado. Estás prometido, Dante. Eso merece una celebración.

Mientras Marcus hablaba, no pude evitar la incomodidad que empez
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Último capítulo

  • En las garras del juez   170: ¿HABRÁ PAZ?

    —Tranquila, Fabiane. No estoy diciendo que vaya a hacerle nada a tu hermano.—Entonces, ¿qué piensas hacer?Permaneció unos segundos en silencio antes de responder.—Resolver el problema de raíz.—Dante…—Tenemos dos problemas que resolver. El primero es impedir que tu familia descubra lo nuestro y lo convierta en un escándalo. El segundo es evitar que la prensa descubra cosas sobre tu familia y las utilice contra mí para intentar manchar mi imagen.Como si estuviera trazando un plan en su cabeza, volvió a quedarse en silencio.—Estoy seguro de que, con una buena planificación, podemos resolverlo de la mejor manera para los dos.—Escucha —llamé su atención—. ¿No crees que sería más fácil terminar nuestro compromiso?Aunque lo dije como si fuera simplemente la solución más lógica para todos aquellos problemas, se me encogió el corazón con solo imaginar aquella posibilidad. Era contradictorio. Durante tanto tiempo, lo que más había deseado era librarme de aquel hombre, pero ahora, mient

  • En las garras del juez   169: SORPRESA

    Quería contarle todo lo demás sobre el chantaje de Flávio y cómo las cosas habían llegado hasta aquel punto, pero no tenía valor. La verdad ahora involucraba directamente a la familia de Dante, y revelarlo todo podía traer consecuencias para el idiota de mi hermano. Por mucho que no mereciera que lo protegiera, yo seguía haciéndolo, mucho más por el sufrimiento que cualquier cosa que le ocurriera a Flávio le causaría a mi madre que por él mismo. Porque, si dependiera únicamente de mí, por las actitudes que había estado teniendo, ya era más que hora de que mi hermano aprendiera una dura lección de la vida.—Sí, fue por eso.Bajé la cabeza, porque en aquel momento estaba tan avergonzada que ya no conseguía mirarlo a los ojos. Le estaba contando el lado más feo de mi familia, exponiendo cosas que había pasado tanto tiempo intentando ocultar, y aquello me daba una vergüenza enorme.Ojalá pudiera decir que venía de una familia humilde que, a pesar de las dificultades y la falta de dinero,

  • En las garras del juez   168: CONFESIÓN SINCERA

    Mi corazón simplemente se detuvo. Debía de estar oyéndolo todo mal. ¿Cómo podía decir aquellas cosas justo cuando yo estaba empezando a contarle mis problemas? Todavía no sabía ni la mitad de ellos.—No sabes lo que estás diciendo —dije casi sin voz.—Estoy lo bastante lúcido como para saber exactamente lo que estoy diciendo.Respiré hondo, sintiendo que, si no hablaba en aquel momento, quizá volvería a perder el valor.—Dante, escúchame. Tengo muchas cosas que contarte.—Pareces nerviosa. ¿Estás segura de que quieres contármelas?—No, no quiero —confesé.—Entonces no tienes por qué hablar.—No —repliqué rápidamente—. Necesito contarte la verdad. Si no lo hago ahora, voy a cargar con esto en la cabeza para siempre.Todavía con la mano sobre la mía, permaneció en silencio durante unos segundos.—Está bien, habla. Voy a escucharte.Respiré hondo, pero parecía que el aire no llegaba a mis pulmones. Había pasado tanto tiempo ocultándole a mi familia, inventando excusas e intentando soluci

  • En las garras del juez   167: CENA

    Cuando ya estaba cerca del coche, Dante se acercó y depositó un beso en mi frente.—¿Nos vamos?—Vamos.Sabía que aquel beso podía ser simplemente otra forma de mantener las apariencias. Estábamos delante de la universidad, rodeados de personas que lo reconocían, así que sería perfectamente normal que actuara como un prometido cariñoso.Aun así, algo se removió dentro de mí. Quizá porque, después de todo lo que estaba ocurriendo entre nosotros, cada vez resultaba más difícil distinguir qué gestos formaban parte de nuestro acuerdo y cuáles hacía Dante simplemente porque quería. Y el problema era que empezaba a sospechar que, por mi parte, ya tampoco existía tanta diferencia.Entré en el coche y nos marchamos de allí. En cuanto salimos del campo de visión de la gente y las calles empezaron a quedarse más desiertas, sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo. En cualquier momento, imaginaba que Dante empezaría a preguntarme por los treinta mil reales.Esperé. Un minuto. Dos. Nada.Seguía c

  • En las garras del juez   166: PROBLEMAS Y MÁS PROBLEMAS

    Estaba desesperada, pero no había nada que pudiera hacer en aquel momento. Llegué a pensar que Dante me llamaría inmediatamente para preguntarme por qué acababa de sacar treinta mil reales de su tarjeta, pero la llamada no llegó. Ningún mensaje, ninguna pregunta, absolutamente nada. Y, por extraño que pareciera, aquel silencio conseguía ponerme todavía más nerviosa.Cuando comenzaron las clases, entré en el aula buscando ya a Talita, pero no la encontré. Su sitio estaba vacío.—Hola, Fabi —me saludó una de mis compañeras, acercándose.—Hola.—¿Cómo estás?—Estoy bien. ¿Y tú?—Yo también estoy bien. —Se sentó a mi lado y me observó durante unos segundos—. Confieso que pensaba que estarías más afectada.Fruncí el ceño, sin entender a qué se refería.—¿Cómo que más afectada?—Pues… ¿todavía no te has enterado de lo de Talita?Al oír el nombre de mi examiga, me extrañé de inmediato.—¿Qué ha pasado?—Ha dejado temporalmente la universidad por la boda.—¿Cómo?—Vaya, pensaba que lo sabías.

  • En las garras del juez   165: TRANSACCIÓN

    —Vaya… —Fue lo único que conseguí decir.—Me ha dado pena porque estaba haciendo muy bien su trabajo.Oír a Júlia elogiar el trabajo de mi hermano me hizo sentir un poco mal. Si aquel imbécil supiera utilizar sus habilidades para algo bueno, podría estar trabajando de verdad en alguna casa, ganando su propio dinero y siguiendo con su vida sin meterse en problemas. Pero Flávio no quería trabajar; su principal objetivo era volverme loca, y a aquellas alturas ya tenía la cabeza bastante alterada.—No te preocupes por eso. Seguro que hay muchos profesionales por ahí tan buenos como él o incluso mejores —respondí.Noté la sorpresa en la mirada de Júlia, como si mi respuesta le hubiera parecido un poco insensible, pero no me importó. Si demostraba demasiado interés o empezaba a hacer preguntas sobre la repentina marcha del encargado de la piscina, podría acabar despertando alguna sospecha. Lo mejor era no meterme.Subí las escaleras y caminé hacia el dormitorio. Sin embargo, antes de entrar

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